diciembre-enero 2023, AÑO 22, Nº 90

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Colaboran en este número

Osvaldo Aguirre
/  Carlos Ríos

Ana Porrúa
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/  Ulises Cremonte

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/  Julio Schvartzman

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Julieta Novelli
/  María Eugenia López

Felipe Hourcade
/  Carolina Zúñiga Curaz

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Diseño

Ulises Cremonte

Un vacío lleno de sentido
El plano Barrofón, de David Wapner, Rosario: Beatriz Viterbo Editorta, 2023.

Comienzo por el final. En “Cuento cabal” David Wapner despliega las líneas de su constelación literaria, donde el peligro alegórico del uso de los “cabales” como término rector del relato queda sepultado bajo la premisa de que estamos ante un problema doméstico, de intercambio comercial. Alguien compra cabales, quiere otros, no los consigue, después sí, etc. Si la alegoría trabaja en sintonía deudora con el afuera, con temas universales, externos al texto, los cabales de esta “noveleta” renuncian a ejecutar todo intento de lección de vida. Wapner, poeta, narrador y músico, es un cultor de la palabra. La palabra en una dimensión topográfica, porque si decíamos que no era deudora de un afuera, hay una melodía que parece caracterizar a cada uno de los relatos y es la idea de frontera. “Las paredes son lo más importante en este mundo”, dice el narrador de “Cañoforte”, que en otro pasaje ambiciona ampliar “las fronteras individuales y colectivas”. Y hay también fronteras en esos relatos reunidos al comienzo del libro, allí donde el autor construye un universo literario propio, sólido, pero a la vez poroso. Porque lo real, la urgencia de lo real, con referencias a Jordania, a Judea, a Jerusalén, a Palestina, a África, penetran con su peso coyuntural, pero no opacan, ni aplastan el sentido. La virtud de una lengua en función de la ficción. 

“El plano Barrofón”, ya desde su título deja en claro dos premisas: el tono cartográfico del asunto, y arbitrariedad léxica. Wapner crea términos para crear mundo, mundos que no son autistas, que no renuncian a ninguna contigüidad fáctica. Y sin embargo, los eventos juegan bajo las reglas que el autor propone. Porque aún cuando se diga que la narrativa israelí es “un vacío que se rellena con balas, que, de acuerdo a su propia naturaleza, no hacen otra cosa que agrandarlo”, hay en esta sentencia una muestra (más) de que el espacio se llena con vacío. Vacío de balas o vacío de sentido. La frase, que no renuncia a una posición política, es también, (creo que sobre todo) una declaración estética, un manifiesto. Las referencias noticiosas entran a la ficción, sí, pero para agrandar el vacío. O no hay acaso, un vacío de sentido en ese magistral cuento titulado “El profeta” donde Moisés choca (literalmente) con las dificultades concretas de la vida, mientras recorre los paisajes bíblicos en colectivo o en tren. Hay un cielo, un cielo abandónico, en el que ya no acecha Dios, sino los drones. En esta fauna no podrían faltar los animales, de una presencia marcada en “Mecanismo de sustitución en el país de los cuervos”, donde se establece una zoología recreativa, de un darwinismo parodiado o no conclusivo. Si estos tópicos nos acercan al pulso de la fábula, las etiquetas pierden su potencia adhesiva en el nombre de la deriva episódica la cual, por fortuna tiene un único norte: irse por las ramas. Esto se ve marcadamente en los diálogos, de alta dosis de graduación beckettiana en sangre. Hay onomatopeyas (“Flexiones sobre un chiste”) y acciones sin palabras (“Dos que se sientan”) en polaridades que, justamente, ensanchan aquel vacío. Un vacío en el que se insiste en el final de “El cancionero”, donde después de la música y las voces, no había nadie, no había nada, salvo tierra revuelta.

Vuelvo a “Cañoforte”, noveleta no recomendada para lectores atentos. El lector atento busca en la trama, indicios, con un propósito: más que vivir la ficción, su ambición es entenderla. Y si bien aquí, tenemos algunos elementos que pueden funcionar como “pistas” en la presencia nominal rockera de Pappo o de Pomo, su peso no logra la fuerza gravitacional para apresurar un posible cierre interpretativo. “Cañoforte” propone o más bien necesita de un lector derivativo, no detectivesco, sino paseante, lúdico, tan lúdico como cuando uno de sus personajes, Quique, decide inventar con tubos de plástico y globos de goma, el artefacto que no solo le da título al relato, sino que también gana la escena, se constituye como un actante más de esa urbanidad anacrónica. Es la pequeña biografía de un objeto, sus usos, o abusos, de cómo, algunas veces, la imaginación está en las cosas y no en las gentes. 

La edición de Beatriz Viterbo tiene el plus de dibujos e imágenes, a la esplendorosa tapa de Ana Camusso, se suman las viñetas realizadas por el autor en un pulso eléctrico y trazo grueso o más bien subrayado. Hablando de cosas y de gentes, hay, en la editorial rosarina, un sostenido cuidado por la cultura gráfica, algo que en esta época. absurdamente mesiánica, es un milagro. Ya no se transforma el agua en vino, pero la trasmutación de ideas a palabras y palabras a libros vale tanto o más.   

 

(Actualización diciembre 2023 – febrero 2024/ BazarAmericano)         




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646