julio-agosto 2017, AÑO XI, Nº 62

logo.png

Editora

Ana Porrúa

Consejo editor

Osvaldo Aguirre  /  Irina Garbatzky
Matías Moscardi  /  Carlos Ríos
Alfonso Mallo

Columnistas

Paulo Ricci
/  Ezequiel Alemian

Nora Avaro
/  Juan José Becerra

Gustavo Bombini
/  Miguel Dalmaroni

Yanko González
/  Alfonso Mallo

Marcelo Díaz
/  Jorge Wolff

Aníbal Cristobo
/  Carlos Ríos

Rafael Arce
/  Ana Porrúa

Antonio Carlos Santos
/  Mario Ortiz

José Miccio
/  Adriana Astutti

Esteban López Brusa
/  Osvaldo Aguirre

Federico Leguizamón
/  David Wapner

Julio Schvartzman

Colaboran en este número

Adriana Bocchino
/  Irina Garbatzky

Matías Moscardi
/  Mario Ortiz

Carlos Ríos
/  Marcelo Díaz

Ulises Cremonte
/  Juan L. Delaygue

Julieta Yelin
/  Alberto Giordano

Luciana Sastre
/  Sebastián Bianchi

Curador de Galerías

Daniel García

Diseño

Irina Garbatzky

Componer, en lo disperso, situaciones de interlocución
Entrevista a Franco Ingrassia

¿Qué es la dispersión? ¿Hay estéticas de la dispersión? ¿Cómo se articulan la dispersión y el mercado? ¿Cuál es el lugar de las prácticas artísticas y de la crítica hoy en día? Estas son algunas de las preguntas que sobrevuelan la entrevista a Franco Ingrassia, el coordinador del libro Estéticas de la dispersión, recientemente publicado por Beatriz Viterbo (ver la reseña en este mismo número de BazarAmericano).

 

-¿Cómo comenzó la idea de Estéticas de la dispersión? 

-A fines de 2008 me empezó a rondar la pregunta en torno a la relación entre las prácticas estéticas y las condiciones de dispersión. En realidad, lo que yo me propuse hacer fue intentar armar una especie de campo de indagación de una serie de prácticas que fuesen constituyendo un territorio de pensamiento.

Quería pensar esa pregunta: las relaciones entre condiciones de dispersión, sostenidas por la centralidad del mercado, en el ensamble y desensamble de las relaciones sociales, y el modo en que esto afectaba a las prácticas estéticas.

Entonces, lo que se me ocurrió hacer fue, por un lado, armar un blog que funcionara como un archivo de materiales y de avances de investigación y, por otro, una serie de conferencias, que es lo que, a fines de 2008, le propuse a Martín Prieto, director del Centro Cultural Parque de España. Invitar a determinados miembros de una cierta generación a pensar conjuntamente esta pregunta.

 

-¿En qué sentido una generación...?

-A mí me interesaba generar una situación de interlocución con una generación que no es la nuestra ni es la de nuestros padres. Es una generación intermedia que es además la generación siguiente a los que podríamos llamar “los ya consagrados”. Hablo de los que nacieron en los 60: personas que tienen ya un desarrollo importante sin estar en un lugar de referencialidad generalizado, algo que muchas veces termina en la sobreexposición. Tiene que ver, además, con cierta hipótesis, que es que, en condiciones de dispersión, no existen dinámicas objetivas que armen generaciones. Una generación no es tanto una franja etaria, sino el compartir ciertos problemas o ciertos mecanismos de problematización. Apuntar a eso en condiciones de dispersión significa componer situaciones de interlocución para ver si se despeja algo común o no.

 

-Lo que me interesa de tu trabajo es que el concepto de dispersión aparece definido muy singularmente, más allá de las formas estéticas. Es un concepto crítico.

-Sí, es un concepto que remite a una hipótesis sobre una mutación en la ontología de lo social. Hay algo que pasa en el último tercio del siglo XX, que cambia el modo de ser de lo social. Ésa sería la hipótesis. Y entonces la palabra dispersión deja de tener un valor descriptivo para pasar a adquirir estatuto teórico, es lo que nombra esa hipótesis.

En cierto momento conversábamos con Ignacio Lewkowicz y él decía que había que tomar las hipótesis que Zygmunt Bauman formulaba en sus prólogos más en serio que lo que él mismo lo hacía. En el prólogo de Modernidad líquida hay una hipótesis muy fuerte en relación a la caracterización de las etapas de la modernidad y luego los capítulos del libro son apenas pinceladas sociológicas sobre la vida contemporánea. Pero de ese prólogo uno puede derivar todo un programa teórico. La noción de dispersión va en ese sentido. Hay un cambio fuerte entre el capitalismo de “los gloriosos ‘30” y lo que pasa del neoliberalismo para acá, de Thatcher, de Reagan, de la dictadura, para acá; de la gran derrota de las luchas obreras italianas del 77 para acá, o del fin del franquismo en España para acá. Hay una serie de cuestiones que pasan entre mediados de los '70 al 2001. La dispersión nombraría el efecto en lo social implicado en ese pasaje, que también podría llamarse transición de las condiciones estatales a las condiciones de mercado, donde el juego es otro. Es lo que se propone señalar Deleuze cuando habla del pasaje de la disciplina al control. Es algo que uno puede ir encontrando en distintos momentos, durante todo el debate modernidad/posmodernidad. Entonces, ese pasaje, ¿cómo se percibe desde el sesgo de las prácticas estéticas?

 

Cuando llevé la propuesta y la conversamos con Martín definimos hacer las conferencias con varios meses de anticipación, a mediados del año siguiente. Una vez que se confirmaron las invitaciones yo comencé a enviar materiales a los invitados y lo fui publicando en el blog. Eran materiales de muy distinto orden, que a mí me parecía que servían para ir jalonando ese territorio de pensamiento que estábamos intentando delinear. Por ejemplo, un fragmento del guión de la película Network de 1976, una sección de la novela La inmortalidad de Milan Kundera, un fragmento de un ensayo teórico de Lewkowicz. Textos de diversa procedencia pero que para mí funcionaban como síntomas o proporcionaban herramientas que podían resultar útiles para establecer las coordenadas de las cuestiones a las que estaba invitando a pensar. Ahora estoy proyectando editar un libro digital que recopile estos materiales, más allá de que estén disponibles en el blog (ver acá).

Todo esto fue estableciendo ciertas condiciones para el diálogo. No era simplemente invitar, tirar un tema y “en tres meses nos vemos”. Fue muy interesante, porque cada invitado, partiendo del mismo punto de referencia, tomó un sesgo distinto. Obviamente, en mayor o menor cercanía con esas hipótesis, porque cada uno venía trabajando con su propia agenda de pensamiento.

Releyendo el libro, me encontré con que todas las ponencias tienen al menos una punta que se podría seguir desarrollando, puntas desarrollables, expandibles.

 

-Hay algo que te escuché decir en distintas oportunidades que tiene que ver con lo que mencionabas de estos encuentros, la puesta en común. La idea de que en este momento de la dispersión sería interesante re-conectar o generar un movimiento inverso.

-Justo ayer le reenviaba a Pablo Hupert un tweet publicitario de Samsung que decía así: “Las reglas cambian. Viví sin barreras”. Es la publicidad de un teléfono. Ese es hoy el discurso del capital. En la misma senda, toda la campaña de Claro está construida en torno al significante “ilimitado”. Yo entiendo que éste era el discurso del '68. Si vos lo tomás sólo a nivel semántico es sesentayochismo puro. Yo tengo dos fotos pegadas. Una de Coca-Cola Zero que dice “Disfrutá sin límites” y otra, de mayo del '68, que dice: “Gozá sin trabas”. Uno es un graffiti de la mayor avanzada contra el capitalismo que tuvo la Francia de la posguerra para acá y el otro es un anuncio de Coca-cola. ¿Qué pasó ahí? El capitalismo se transformó radicalmente.

Y ahí uno podría preguntarse ¿qué pasó con los discursos críticos?, pero en realidad la interrogación tiene que ser más profunda, porque no es sólo el hecho de que tiene que cambiar el contenido o el foco de la crítica. No es que si antes criticábamos al poder disciplinario ahora tenemos que empezar a criticar la idea de lo ilimitado, etc. Sino que cambia también el estatuto que pueden tener los procedimientos críticos en sí mismos, el valor que puede tener la estrategia crítica, una estrategia que apuntaba a transformar por ruptura una estabilidad. Ahora sería necesario generar un desplazamiento de un pensamiento crítico a un pensamiento constituyente. Donde el eje no está tanto en lo que vos críticas, en el interrumpir determinado funcionamiento dominante, sino que el pensamiento apunta desde el inicio a poder constituir alternativas. Es una estrategia de pensamiento distinta, no se trata del abandono de los procedimientos críticos (no se trata de hacer una “crítica de la crítica) sino de resituarlos como ciertos medios tácticos, entre otros, en el marco de una estrategia que es constituyente. Así como antes, en la etapa de predominio de la crítica, los procedimientos compositivos o “acumulativos” tenían como objetivo intensificar las capacidades de ruptura. Por ejemplo, los colectivos de artistas se constituían para tener más fuerza en la acción crítica: el objetivo era componer para subvertir o destruir. Hoy la crítica solamente vale si sirve como recurso para seguir componiendo nuevas formas de vida.

 

-¿Antes no era para componer?

-Yo creo que en la etapa anterior se consideraba que la reconstrucción iba a venir de suyo. No se pensaba tanto qué iba a nacer después de la revolución. Era “destruyamos el museo”, pero una vez que lo destruyamos surgirá inevitablemente una cultura mejor. Esa cultura mejor no se asumía que había que construirla desde el aquí y ahora. En ese momento el peso de lo dominante era muy grande, entonces realmente obturaba cualquier vía constituyente: era necesario agrietar lo instituido; lo instituyente iba a venir de suyo. Ahora esto es distinto. La centralidad de los procesos está en su dimensión compositiva, se confronta cuando ello deviene necesario para la reanudación del proceso constituyente: la crítica es la crítica del obstáculo que te impide seguir componiendo. Pero no empezás por la crítica esperando que la consecuencia del accionar crítico sea la nueva experiencia, sino que fundás  nuevas experiencias y, cuando aparece algo que las obstaculiza, te preguntás qué hacer con eso. Yo creo que, en el período anterior, esto funcionaba al revés, pero por buenas razones, por razones de eficacia. La estrategia era la crítica y lo constituyente tenía estatuto táctico. Por ejemplo, la famosa acumulación de poder o la construcción del Partido: se construía en función de la Revolución, por eso no había demasiada reflexión en torno al tipo de  vida partidaria, y se debatía si había que constituir, por ejemplo, un ejército con rangos, sabiendo que esa no era una prefiguración de la sociedad igualitaria que se quería construir, sino la herramienta que se necesitaba para golpear al sistema que se quería destruir. Es una discusión larga, pero la idea central es que la dimensión constituyente cobra un nuevo estatuto ahora.

En el ámbito estético, la estrategia cada vez más central a la hora de producir experiencias con consecuencias es lo que se podría llamar cierto tipo de autolimitación expansiva. A mí me parece que los proyectos estéticos más interesantes (más preñados de consecuencias) son aquellos en los que quienes los llevan adelante organizan la experiencia de acuerdo a reglas muy estrictas de autolimitación. La dispersión suele implicar también la accesibilidad a una cantidad de posibilidades expresivas inmensas. Pienso en la música electrónica, por ejemplo. En la década del noventa vos tenías el sintetizador que tenías y un efecto o dos, y te manejabas con eso: tenías una limitación objetiva. En cambio vos ahora te podés bajar una cantidad de generadores de sonido de lo más diversos, ¿cómo producís algo que organice algún tipo de lógica estética consecuente? Por autolimitación. Trabajar con determinados sonidos o a partir de determinada premisa, donde la exploración se vuelve significativa a partir de esa premisa. Todo lo otro es tan múltiple, tan heterogéneo, que finalmente se vuelve indistinguible del caos de la vida cotidiana. O sea: las reglas cambian, vivo sin barreras y escucho una música donde las reglas cambian y funciona sin barreras. Ni siquiera espeja mi experiencia en un sentido que me permita mirarla de otra manera; eso se vuelve parte de la dispersión, ¿y qué consecuencias tiene? Es lo que empecé a trabajar últimamente a partir de la experiencia ya realizada en estos años de trabajo sobre estas cuestiones: sustituir el par ruptura/repetición (central en la era crítica) por el par consecuencia/inconsecuencia. Más allá de si determinado hecho innova o de si repite algo que ya se hizo,  la pregunta que para mí es central hacer es: esta intervención, este acto, repetitivo o innovador, ¿tiene consecuencias o es inconsecuente? Uno de los aspectos de la dispersión es que todo suceso tiende a la inconsecuencia: se repite, pero se repite inconsecuentemente; se innova, pero se innova inconsecuentemente. En el período anterior era imposible imaginar una innovación sin consecuencias, sin un cimbronazo, sin una crisis. La emergencia de la dispersión para mí desplaza la cuestión. Vengo encontrando que empieza a ser más plausible que resulten más consecuentes aquellas producciones que logren, por la vía de la autolimitación, generar un universo expansivo de significación: producen un corte y permiten vivir un régimen distinto de la vida, incluso para volver sobre la vida cotidiana en algún sentido que la transforme o que permita que ciertas transformaciones valiosas se asienten, permanezcan en el tiempo y se desarrollen.

 

 

(Actualización julio – agosto 2013/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646