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Un aire parecido

Larisa Cumin

Un aire parecido

Sobre:

Montaigne, etc. de Isabel Zapata, Buenos Aires, Rosa Iceberg, 2025


Y yo soy de los que sostienen que la poesía nunca sonríe tanto como lo hace en un asunto juguetón e informal. Michel de Montaigne

 

En este momento en que se nos han atiborrado las pantallas de fotos antiguas que cobran movimiento artificial y las personas sonríen con una risa que no les pertenecía (pero quién sabe ya cómo era la risa); en este momento de caudal de texto chato y complaciente producido por IA imitando estilos; Isabel Zapata revive a Montaigne y lo hace hablar de forma artesanal, cuidada, medida y particular.


Montaigne, etc. es un libro raro y en poesía los libros raros deben ser celebrados porque la poesía es ahí donde la lengua se escapa, no en donde se repite, se vuelve monocorde, aesthetic o cool. Hacer hablar a Montaigne hace hablar a Zapata y hace hablar a una época de otra forma y sobre todo por fuera de la confusión instantánea del scroll que va olvidando y aplanando el lenguaje en esa superficie por la que nos patinan los dedos.


La poesía es una forma de conocer y dar a conocer, de inventar memoria, parece reafirmar con este libro “el más inesperado” tal lo nombran en la contratapa. Como lo hizo ya en Un ballena es un país (Rosa Iceberg, 2023) donde llevaba al poema el discurso de la biología para torcerlo y hacerle decir lo que no logra decir sobre los animales acá también la poesía se presenta como una forma posible del ensayo y de ensayar una lengua. En Montaigne, etc. suena por momentos la sintaxis de la filosofía, los ribetes de una escritura al inicio de la modernidad y también sus trucos, su vista gorda. Suena, además, la poesía contemporánea, el siglo de oro español y el modernismo latinoamericano. Suena el trabajo: se han contado los versos y los acentos en el golpeteo de los dedos en una mesa, se han leído y releído estos poemas en voz alta, se ha amasado la masa sonora del poema (como decía Idea Vilariño). El resultado es una lengua y una voz que no es contemporánea ni pertenece exclusivamente al pasado, es más bien anacrónica. Anacrónica en los términos que Didi-Huberman lo plantea en Ante el tiempo cuando encuentra en las estrellas hechas de salpicaduras en un fresco florentino del 1400 un gesto digno de Pollock.


Es posible leer este libro sin haber leído a Montaigne y sin haber leído antes a Zapata. Es posible leer a Montaigne a través de Zapata y viceversa. Estos poemas son por un lado una invitación a leer Montaigne, pero asimismo y sobre todoson una invitación a leer más allá de lo sincrónico y de la época actual.


Se dice de Montaigne que es el padre del ensayo y Zapata lo recuerda también padre de sus hijas (la que vivió, las que murieron antes de los tres meses y la del corazón: Marie Le Jars de Gounay, su albacea):


He intentado olvidarlas, no he podido. Da igual si fueron cinco o fueron siete, en fantasmas bebés se han convertido.

 

Y lo recuerda hijo porque hablan, igualmente, Pierre, su padre, y Antoinette, su madre:

 

En el territorio de su infancia parecía extraviado, pero extraviado con curiosidad, extraviado sin miedo. (…) Lo contemplé asombrada, lo amé como se aman los paisajes que no podemos abarcar.

En este foco puesto en los vínculos familiares, la crianza, la maternidad, las pérdidas, es posible escuchar a las obsesiones de Zapata. Pero el libro no se queda ahí. En el montaje polifónico tienen voz todavía los amigos y los detractores de Montaigne. En el 1500 puede estar hablando también nuestra época. En el recuerdo de una masacre (la masacre de San Bartolomé en París donde católicos mataron a cuatro mil protestantes), suenan los misiles y los dolores de un genocidio actual que despedaza niños y los filma, aún con la religión como excusa para matar:


La violencia sigue dentro y fuera de las tripas, como el agua de un río que se ha teñido para que salga el sol en algún sitio para que crezcan flores en su orilla

 

Zapata encuentra además en Montaigne no sólo un motivo y otra obsesión para escribir, sino también un procedimiento de escritura del que se apropia. Como si se tratara de una máquina de escritura potencial de la Oulipo, señala y bordea las operatorias de ficción presente en Los ensayos y las pone a funcionar de nuevo. Si Montaigne como sospecha Zapata fantaseó la entrevista con el tupí guaraní para escribir su ensayo “Los caníbales”, entonces una poeta mexicana puede hablar en nombre de Montaigne. Puede crear un Montaigne latinoamericano y recrear esa entrevista imaginaria cortando y montando partes del original. Remixea “Los caníbales” para hacer un poema largo que leemos salpicado en el libro:

 

¿Es cierto que pasan el día entero bailando? Al romper el sol, cuando el anciano nos acerca los cuencos y bebemos tomamos los tambores, las sonajas, y somos puro ruido acumulado.

 

Por último este libro nos trae a la memoria algo más que para escribir hace falta tener cuerpo con todo lo que eso implica: padre, madre, pérdidas, enfermedades, humor, hambre, cansancio, dudas y deudas, mala memoria, falta de tiempo, curiosidad, obsesiones y un sinfín de etcéteras:

 

Yo mismo soy materia de mi libro, advertí antes de empezar, para evitar malentendidos. ¿No ven que mi retrato es un espejo? ¿Qué respiramos todos un aire parecido? 

Diciembre 2025 • Marzo 2026

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