Sobre:
Fugarse de época. Cultura y precariedad en México, de Martin De Mauro Rucovsky, Villa María/ Còrdoba:
EDUVIM / Serie Zona de Crítica, 2025
Fugarse de época. Cultura y precariedad en México, de Martín de Mauro Rucovsky, describe en su título un ejercicio muchas veces deseado, muchas veces practicado. Podríamos mencionar el drop-out de Timothy Leary, los autonomismos italianos, la deserción que ahora mismo nos está proponiendo Bifo Berardi. Fugarse como una acción activa, uno se va, se escapa más bien. El libro recorta una época, el neoliberalismo, sus orígenes y su consolidación pesadillesca. De esos momentos es necesario fugarse. En esas operaciones de salida, fuga o expulsión ubica o, mejor, encuentra punks y costureras sindicalizadas que ejecutan a su modo, y desde posiciones radicalmente distintas, siempre precarizadas y feminizadas, formas de vida alternativas que brotan pese a todo desde los márgenes.
En efecto, el libro, publicado en la Serie Zona de Crítica de EDUVIM, se propone explorar los modos en que la precariedad, aquí entendida como categoría política, afectiva y corporal antes que meramente sociológica, se ha encarnado en determinadas figuras pertenecientes a dos momentos históricos: mediados de los años ochenta y nuestra contemporaneidad. De Mauro construye, a partir de Judith Butler, Isabell Lorey, Verónica Gago, Gabriel Giorgi y Silvia Federici, el sintagma de la “precariedad feminizada”, con el cual busca hacer visibles las tecnologías de generización que históricamente han recaído sobre cuerpos feminizados, desde mujeres cis, feminidades trans, en su articulación con el trabajo no reconocido como tal, doméstico y reproductivo, y la captura financiera de la vida cotidiana.
Dividido en tres el capítulos, el libro propone cuatro escenarios culturales. El primero analiza la trilogía fílmica punk de Sarah Minter (Nadie es inocente, Nadie es inocente 20 años después, Alma Punk), que documentan las vidas de un conjunto jóvenes punk: Alma y sus desplazamientos y la pandilla “Los mierda punk”. El análisis de estos films es uno de los momentos más logrados del libro. De Mauro identifica en las vidas punks una forma de resistencia oblicua, no programática, que opera por sustracción respecto del imperativo neoliberal del trabajo y la productividad. La figura del lüftmensch,, el vagabundo improductivo, es retomado aquí no como marginalidad a lamentar sino como un punto de vista desde el que se vuelven visibles las gramáticas culturales del trabajo. El cotejo entre las vidas masculinas de Nadie es inocente y la vida feminizada de Alma permite al autor introducir la asimetría de género como elemento que complejiza la escena sin reducirla a un puro esquematismo.
El segundo escenario tiene como eje el terremoto de 1985 en Ciudad de México y la "causa de las costureras" de Tlalpan. El sismo destruyó cientos de talleres textiles del centro y dejó a miles de costureras sin trabajo. Frente a la desidia estatal y el abandono de los propios dueños de las fábricas, las trabajadoras se organizaron en campamentos, con apoyo de grupos feministas, que culminó en la fundación del Sindicato 19 de Septiembre. El libro lee ese proceso como una genealogía de la precariedad mexicana. El terremoto es catástrofe y punto de inflexión política, hiato que hace visible una explotación laboral hasta entonces invisibilizada. A través de las crónicas de Carlos Monsiváis y del documental No les pedimos un viaje a la luna de María del Carmen de Lara, Martín de Mauro muestra destreza analítica para moverse entre historiografía, crítica cultural y memoria feminista.
El tercer escenario se focaliza en el trabajo del colectivo Agujas Combativas, cuyas intervenciones artísticas sobre datos estadísticos y demográficos en torno a la industria textil contemporánea habilita una reflexión sobre la datificación y algoritmización de la vida y las pedagogías críticas que buscan politizar la indiferencia como afecto. De Mauro aquí reconstruye con detalle los "procesos objetos" del colectivo fundado por la bordadora e historiadora Daniela Whaley bajo la consigna de resignificar la aguja como arma de lucha, desde el tendedero que expone prendas cosidas con indicadores laborales (salario, aguinaldo, jornada, sindicalización) hasta el bastidor común, donde bordadoras convocadas y remuneradas con salario mínimo tejieron banderines mientras discutían sobre su propio oficio.
El cuarto escenario, que el autor llama occursus, toma como objeto la película La camarista (2018) de Lila Avilés. De Mauro lee en ese espacio cerrado y aparentemente asfixiante tanto la captura neoliberal de los cuerpos como los desvíos infinitesimales, una cierta pragmática plebeya, y un conjunto de pequeños saberes de la resistencia que coexisten con la explotación sin cancelarla. El análisis se apoya en un contrapunto sugerente con la serie televisiva Severance para pensar cómo la arquitectura laberíntica del hotel, compuesta por pisos, pasillos, oficinas administrativas, lavaderos, multiplica una topología sin exterior, un “aquí y ahora” donde el tiempo de la producción y el espacio doméstico dejan de poder distinguirse. Ese cruce entre los flujos territoriales y temporales del trabajo es leído, en clave deleuziana, como el punto en que la vida de Evelia, la protagonista, se convierte en una suerte de línea de fuga que atraviesa el código-tiempo y el código-territorio del capital sin poder abandonarlos del todo: la escena final, con Evelia caminando por la terraza del hotel tras el fracaso de su ascenso laboral, condensa esa tensión entre encierro y apertura que recorre todo el capítulo.
Fugarse de época es un libro notable que contribuye a los debates sobre precariedad, cuerpos feminizados y cultura en América Latina. Uno de sus méritos, entre muchos otros, reside en la riqueza de sus heterogéneos materiales, desde el video arte, la crónica periodística, hasta el activismo artístico o el cine, y en un análisis que no los homogeneiza sino que deja ver sus diferencias de textura, de tono y de potencia política. Recupero el comienzo de la reseña para sumar un nuevo sentido a la fuga, el sentido deleuziano de puntos de fuga. Fugarse de época funciona como detector de puntos de fuga en situaciones que parecen asfixiantes y en proyectos de escala micropolítica para expandir formas de vida que enfrentan el régimen neoliberal.
Agosto . Septiembre 2026

