Sobre:
Mujeres del rap, de Alika, Buenos Aires, Editorial Sudestada, 2026
Anillos dorados, uñas esculpidas y tatuajes de pequeñas coronas acompañan la mano que sostiene el micrófono en la tapa de Mujeres del rap. Alika, su escritora, es una de las primeras voces femeninas en el hip-hop argentino y, sin dudas, una de las más importantes de nuestro país. Cuando veo la tapa me pasa algo sinestésico, escucho su voz cantando “Once again i pick up the microphone”, verso que da comienzo a su canción “Oye mi amiga”, una de las que más reprodujo el MP3 que acompañó mi adolescencia. Ahora para empezar, en vez del micrófono, agarra la lapicera para amplificar su voz. Entre esa canción y este libro ya no parece haber tanta distancia.
Incluso, todavía me acuerdo que veía sus videos en el canal Quiero Música en mi Idioma y uno de ellos quedó grabado en mi memoria: “Galang” (2008). En esa filmación, ella estaba en un bosque, muy parecido al Bosque Energético de Miramar, y miraba a la cámara rapeando en distintas zonas del lugar. También había unos chicos que aparecían sosteniendo fotos de presidentes como George Bush o Carlos Saúl, para mostrar el contraste entre esas figuras y los pibes que tienen las imágenes. Algo que siempre me gustó de Alika es esa impronta política, que ya aparece antes de iniciar su carrera solista. En 1994 se forma Actitud Maria Marta, banda de rap feminino en la que participa, y que tenía, principalmente, un mensaje de protesta. Claro que, como su nombre indica, no le faltaba actitud a las voces que sonaban enojadas. En el disco Acorralar a la bestia (1996) lanzaban versos denunciando las injusticias del contexto social y en canciones como “Así está la cosa” lo hacían sobre el 2001.
Mujeres del rap puede leerse como un viaje en el tiempo, no solo porque lo escribe una de mis hiphoppas favoritas de la adolescencia, sino, sobre todo, por la mirada retrospectiva del texto. Alika elabora un archivo personal en el que cada capítulo muestra una artista que marcó su camino. Estas entradas llevan como título el nombre de la rapera y están acompañadas por una ilustración y una frase que funciona no solo para mostrar alguna de sus características, sino como una especie de enseñanza que ella atesora. “Alma de fuego y puente entre mundos” aparece, con un tono poético, debajo de la ilustración de Little Simz, “Activismo y dedicación”, sin dobles sentidos, en Viki Style y, casi como un recordatorio, “Respetar el propio ritmo” en Gabylonia. Estas son algunas de las frases que, con distintos registros, muestran aquello que la escritora destaca de las performances. Menciono que las atesora porque ese es el tono del libro, que está escrito desde un lugar personal y afectivo. No solo nos da información, sino que cuenta su experiencia de escucha, las influencias que generaron en ella y las reflexiones que tuvo con algunas de las canciones. Si bien pasa por artistas de distintos momentos, lugares, estilos y modos de hacer, no pretende escribir toda la historia del rap femenino, sino que propone un repaso por aquellas que atraviesan su vida. Su recorrido también puede pensarse como un archivo para uso colectivo, un agrupamiento que funciona como un highlight de las mujeres en la historia del hip-hop. Encontramos artistas tanto de la vieja escuela como de la nueva, una gran cantidad de yankees, y en menor medida latinoamericanas, españolas y argentinas. Esto tiene que ver con que ella inició su carrera en los años 90, cuando el rap en Argentina estaba en manos de varones, con muy pocas excepciones.
En este sentido, el libro tiene la particularidad de ser escrito desde adentro de la cultura hip-hop. Ya en el epígrafe Alika se incluye entre las artistas, al dedicarlo “Para nosotras, las creadoras de nuestro propio camino y nuestro propio flow”. Quienes disfrutamos de escuchar este género musical, también disfrutamos de pasar el tiempo entre estas páginas. La experiencia de lectura se parece a la charla con una amiga que te recomienda música o, si nos vamos unos años atrás, es como si esa amiga te hiciera un compilado de canciones en un CD. Eso se siente leer Mujeres del rap. Sobre todo, se siente así para quienes tenemos un interés por el hip-hop y, especialmente, para quienes estamos un poco cansadas de su sesgo de género y queremos escuchar a las voces femeninas de esta cultura. Y ahí es cuando la mirada de Alika se vuelve interesante, porque, desde Actitud María Marta, ella está presente haciendo música cuando lo que hoy es mainstream era un nicho, y particularmente un nicho masculino. Al hojear el índice del libro, me sorprendió la cantidad de artistas que no conocía y ese, creo, es uno de sus aportes más valiosos. Cuando pensábamos que podíamos contar con los dedos a las voces femeninas, nos encontramos con más de treinta reinas del rap, como a Alika le gusta llamarlas. También aclara que muchas otras han quedado afuera, aunque las menciona y dice que en ellas está el futuro, pero como esto se trata de su memoria, no les dedica un apartado.
En este contexto, me pregunto ¿por qué este libro puede parecer una caja de sorpresas? Si ellas convivieron con los que son referentes del hip-hop, ¿por qué no las conocemos? ¿Solo las mujeres estamos al tanto de lo que nosotras hacemos? Aunque las MC´s que ella recopila hayan ganado premios, no son reconocidas como las caras visibles del movimiento, excepto por una o dos figuras como Lauryn Hill o Ana Tijoux. Desde esta perspectiva, Alika presenta un libro que puede leerse, más bien, como el acote en una batalla de rap. Se parece a un contrapunto filoso que va dedicado a quienes pensaron que en el hip-hop no había voces de mujeres que valgan la pena. “Ahora tienen bastante para ponerse a escuchar”, podría ser la cuarta barra que cierra la estrofa en una batalla de gallos, o el beef en una tiradera. Sin dudas, es un golpe de sentido en la cara que hace que giremos la oreja hacia otro lado.
Nuestra escucha se posa en estas páginas y, como si fuera un libro-álbum, necesita de algo más que texto escrito para completarse. Pero ya no es la imagen lo que se requiere, sino la música. En este sentido, la idea de un libro-álbum musical parece ser un poco más acertada. Además, se replica la estructura del disco dada por “Intro”, “Interlude” y “Outro”. Al mismo tiempo, se combina con las formas de escucha de las plataformas digitales y podríamos nombrarlo también como libro-playlist, ya que al final nos encontramos con un QR para acceder a una lista con varias canciones. Es interesante que a veces pide explícitamente que frenemos la lectura y nos pongamos a escuchar: “…momento de hacer una pausa en la lectura para ir a ver esa batalla épica.”. En este caso ver quiere decir, además, oír. La teatralidad de las batallas de hip-hop implica la unión de ambos sentidos. Plantea, de este modo, un diálogo implícito y explícito con la escucha y la performance. Así, las canciones funcionan para complementar la lectura, realizando una especie de movimiento pendular que va de la música al libro y del libro a la música.
En sus páginas muestra el rap como un viaje hacia el interior, en el que el placer y el disfrute son tan importantes como el mensaje que se transmite. Aparecen constantemente palabras como esencia, autenticidad, mística, que forman parte de la cosmovisión espiritual de Alika y que se relacionan con el lugar afectivo que elige para leer, pensar y escribir. En medio de sus recuerdos y experiencias, comparte algunas reflexiones sobre las letras, los beats y la industria musical. Cuando relata la primera vez que escuchó a la rapera guatemalteca Rebeca Lane señala: “la amé, de verdad la rompió toda en esa batalla, tanto pero tanto que hoy, ocho años después…me acuerdo de ella y todo lo que dijo de principio a fin, su actitud, la energía que transmitió”. Después resalta la impronta política de sus versos y, puntualmente, su valor en el movimiento feminista: “Haciendo rap esta reina está haciendo memoria histórica, política, espiritualidad y para mí también está brindando medicina, abriendo heridas para sanarlas desde lo profundo”. Este tono acompaña el repaso por datos de las artistas y le da ese tinte personal. Así, no solo menciona los discos que hicieron, los premios que ganaron, las canciones que se destacaron, sino que deja ver a la oyente que no esconde su admiración. Incluso, ese sentimiento se vuelve su punto de partida para escribir.
Después del tono punk de la protesta política de Actitud María Marta en los 90 y del rap conciencia soundsystem con tintes rastafaris de su etapa solista de los 2000, ahora elige dedicarse también al quinto elemento de esta cultura: la difusión del conocimiento. Parece como un broche de oro para una figura que, desde el inicio, vive en el polo opuesto de la música de entretenimiento. Alika revolea sus rastas y disemina data sobre hip-hop. Escribe en un tono relajado, como si no fuera para ella una ardua investigación sino más bien hablar sobre su propia vida, destrabar un recuerdo y narrarlo. Así encuentra su fluidez oral en un formato escrito. Con su archivo personal de la memoria, propone conocer nuevas artistas y volver a escuchar la música que nos gusta. Su texto se erige en un lugar sin límites claros, en el que confluyen la escritora, la MC, la oyente, la colega, la admiradora. Todo eso convive, se mezcla, se remixea para formar una nueva arista de su voz, la de escritora. Su recopilación amplía, como parlante, la voz de las reinas del micrófono y, después de pasar por más de treinta artistas, parece decir: éstas son, aquí están, son parte de mi, son mis influencias, mis modelos, mis compañeras, son las mujeres del rap.
Agosto • Octubre 2026

