top of page

La novela polifónica en un periplo por la ría de Bahía Blanca

Milton López

La novela polifónica en un periplo por la ría de Bahía Blanca

Sobre:

El bravo ríadista, de Esteban Sabanés, Bahía Blanca: Puerto edita, 2024

«Y la inteligencia del nadador no importa»

Daniel Durand. Durand deberías estar escribiendo

 

En la primera novela de Sabanés, ganadora del primer premio del concurso de narrativa 2023 del Consorcio de Gestión del Puerto de Ingeniero White, se despliega un cruce entre Historia y Fantasía, se narra una travesía, un raíd acuático por un territorio imposible. En esta gesta (que remite a los cantares fundacionales) el héroe realiza trayectos a nado, su Azaña es recorrer distancias en cursos abiertos de agua.

 

Sin embargo, no es una gesta que resulte inalcanzable, nos señala que cualquier persona puede ser un héroe, hacer algo grande: “Nuestro hombre se arroja además a las aguas de todos. Todos se tiran al agua aquí”. Jorge “Corchito” Sugden emprende en los años 50 un recorrido real y fantástico por las aguas lodosas del Estuario de Bahía Blanca. El protagonista se arroja al agua barrosa de la historia. Allí todo fluye, es un agua contaminada porque cada uno de los residentes aporta su gota, pero sobre todo porque va a comenzar a representar el flujo de los grandes capitales.

 

La actividad ociosa se opone a los grandes trayectos que recorre este personaje estoico. Nadar se equipara al hacer. Pero un hacer que no produce más que el símbolo de su acción voluntariosa. Hacer es nadar. Hacer nada; hacer frente a la nada que avanza. Hacer frente a la gran fábrica. Frente a la gran producción se propone un hacer en calma.

 

Otras voces intervienen esa actividad silenciosa: registros del relator radial, el coro de trabajadores como una mano de la que él es un dedo más. Voces como manos que también hacen la historia. Manos curtidas por la labor exigente del capital. “La ría es también como una mano”, es el escenario que condensa una totalidad social, política, económica e individual. No solo su forma parece una mano con dedos que se bifurcan, también es el lugar de la actividad industrial y social, es uno de los miembros de la ciudad que agarra las herramientas y genera producción.

 

Aun así, la empresa exitosa aquí no es la capitalista. El nadador se mueve en el mundo material como una acción continua y cronometrada, pero se opone a los modos de producción modernos. Su medio es el cuerpo en el agua: “no es un acto de arrojo, aunque se arroje al agua, ni una gesta salvaje o solitaria.”

 

El territorio que se abarcará se describe desde lo conocido: Esteban Echeverría, en el poema La Cautiva, recordando los viajes intercontinentales, utilizaba la metáfora del mar para describir a la pampa inconmensurable, Esteban Sabanés aquí invertirá esa referencia: “Dicen que el mar es como la pampa”. Un hombre con los pies en la tierra se transformará en anfibio como medida de contestación. Iniciará un viaje ultramarino al revés, no para conquistar sino para ser conquistado por ese ambiente que nadie puede llegar a conocer del todo, ser un baqueano de lo insondable.

 

¿Y qué come el bravo ríadista? Esta máquina perfecta, este Ulises de las aguas, funciona con alimento de madre, “como cualquier cristiano”. No hay secretos, nos pasa la receta del campeón para nadar incansablemente. Aunque la receta final será nunca bajar los brazos, voluntad voluntad voluntad, volverse un barco de sí mismo, con resistencia de acero.

 

¿Y por qué nada Sugden? Nada por la exaltación de un cuerpo saludable en un sistema que destruye los cuerpos, nada por los niños que juegan en el barro en una sociedad que privilegia a los hombres que no están aquí para jugar, pero también “nada cronométricamente para batir records y quebrar tiempos”, necesita de la mirada de alguien que lo mida, y que así lo ayude a romper los relojes de las máquinas. Para eso, se transformará él mismo en una máquina, en una locomotora de mar.

 

¿Hay algo de artístico en el nado de Jorge? La pregunta queda flotando. Lo que hay es dedicación, esfuerzo. La rutina del deportista lo lleva al Güines Record en 1949 por flotar infinitamente. La oniria domina los pensamientos del ríadista: recuerda una locomotora que viaja sola, sin motorman, los vagones caen al agua, despierta. ¿Es la premonición de un país decapitado que se va “a pique gluglu”?

 

La ría es un laberinto en el que se encontrará con El Hombre Escafandra, un buzo que existió, trabajador de las usinas, un Eternauta que le recuerda cuánto puede un cuerpo. También va a ver a los pescadores artesanales, históricos sujetos en tensión con este ambiente que lo avivarán para que continúe su empresa. Y, por último: el monstruo, ¿el enemigo? Los límites del territorio los pondrá el hombre, la ley instaurada por la política, sus zonas navegables y sus sectores prohibidos. Hay espacios que no pueden atravesarse en ese raíd, se ejerce un control sobre el cuerpo del nadador que intenta expresar su arte en las aguas. Es también el límite de la narración, de la literatura.

 

¿Desde cuándo está nadando Jorge Sugden? Nuestro ríadista nada hacia el momento presente, hacia un espacio que se va cargando cada vez más de normativas para proteger a la empresa capitalista en detrimento de empresas de este tipo: improductivas, infértiles, artísticas, deportivas, heroicas. El hombre se topa con la falta de libertad. Desde que salió hasta la tarde se enfrentará con los cambios rotundos en el paisaje, que de natural se vuelve industrial. Ya pasó casi un siglo, el trabajador está agotado, pero quiere seguir.

Agosto • Octubre 2026

bottom of page