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Expuestas ante nosotros

Nicoleta Vader

Expuestas ante nosotros

Sobre:

Nadadoras, de Daniel García 

Jóvenes, solitarias, casi desnudas, de pie en el centro de nuestro campo visual, mirando en nuestra dirección, aunque algunas tengan la mirada perdida. Las nadadoras que nos presenta Daniel García son figuras ambiguas: a pesar de su pequeño tamaño —apenas unos treinta centímetros— tienen cierta monumentalidad. Se las ve expuestas, desamparadas, vulnerables, melancólicas, pero aun así, intensamente presentes. Enmarcadas por la retícula formada por los fríos azulejos, nos recuerdan a las fotografías antropométricas lombrosianas de finales del siglo XIX, o a los retratos policiales (algo nada extraño en la obra de García).

 

El ambiente en el que se encuentran es ascético, algo decadente, y de una higiene al menos dudosa. Para quien haya practicado alguna vez la natación, estas imágenes traen enseguida a la memoria el aroma del cloro, el recuerdo de los pisos mojados, la sensación de los cuerpos expuestos en los vestuarios, la melancolía de los clubes de barrio, de los natatorios públicos. Sin embargo, no parece que ese sea el tema de las pinturas. A pesar de su realismo, las imágenes son intensamente oníricas. Son nadadoras que no nadan. Se podría decir que son peces fuera del agua, y eso acentúa su vulnerabilidad. Solo una de ellas —la que ocupa el espacio central en la muestra— está sumergida hasta el pubis. Otras dos solo tienen sus pies cubiertos. El resto están en un tiempo detenido, quizás antes o después del nado. Unas pocas parecen intentar comunicarse, al menos mediante un gesto, pero tal vez solo están meditando. A pesar de la uniformidad en la exposición, cada una tiene claramente su identidad, no son seres anónimos. Y luego están las sombras. Duras, marcadas, como provenientes de un film noir. No son un mero efecto de la luz, hay una fisura, una separación entre ellas y los cuerpos. Se constituyen como un segundo personaje del cuadro, acechando o dialogando con las nadadoras. Dan la sensación de algo que siempre nos acompaña, y a veces se proyecta aún más grande que nosotras. Dije al comienzo que están casi desnudas. Lo están en un entorno que no ofrece refugio, pero tampoco espectacularidad. Un espacio de tránsito, en el cual no son objeto de ninguna narrativa clara. Solo son una presencia.

 

El artista rechaza informarnos sobre ellas. Dice que trabaja con intuiciones y no con intenciones. Que eran imágenes que sintió que debía pintar. Como muchas de sus pinturas, estas imágenes tienen un referente fotográfico: en este caso, fotografías creadas mediante una IA, según un prompt redactado por el propio artista, ajustado y reelaborado hasta sentir que la imagen era la correcta.

 

En el catálogo de la muestra, las imágenes se acompañan con un fragmento de un poema de Alicia Genovese, que, como las pinturas, es de una belleza devastadora: Cuando me hundo / en el desierto de la falta / un agua interna aparece, / en ondas crecientes / como un mar / soplado por la adversidad. / El braceo que provoca / de idas y venidas obcecadas / reemplaza la carencia, / en ese oleaje nuevo / y agotador.

 

El libro Aguas, de Genovese, no fue la única referencia literaria para García. Hacía tiempo que había leído En el Estanque, de Al Alvarez, El nadador de Héctor Viel Temperley y Bocetos de Natación de Leanne Shapton. Luego, durante la preparación de esta serie, se sumaron 62 brazadas de Silvina Lopez Medin y Nadadora de Marta Miranda, junto con otros poemas sueltos. La literatura está no para que las pinturas la ilustren, sino para crear un determinado clima, un sustrato inconsciente que de algún modo las nutre.

 

Esta muestra actual es una etapa más en la deriva que las nadadoras han venido tomando desde su primera aparición hace algunos años en la obra de García. En marzo de 2022 el artista compró una escultura en cerámica de Noëlle Lieber, una nadadora yoguini, y decidió representarla en una pintura de gran formato. Esa pintura se convirtió en el germen de una muestra conjunta que incluyó pinturas de García, cerámicas de Lieber y a Natalia Perez bailando vestida de nadadora. La muestra tuvo lugar en la Alianza Francesa de Rosario en 2023, y se denominó Confluencias. Paralelamente a las grandes pinturas de nadadoras que exhibió en esa muestra, García fue elaborando una serie de trabajos sobre papel con influencia de los colores vibrantes y las formas expresionistas de Edvard Munch. Parte de esa serie apareció en un artículo de la edición neerlandesa de la revista Flow en 2024, y al año siguiente en la edición alemana. Sus imágenes pueden verse en el Instagram del artista.

 

Pero este año el tono de las nadadoras cambió, y ya no están rodeadas de agua ondulante como las anteriores, sino que están allí, con toda su fragilidad, expuestas ante nosotros, compartiendo con su sombra un ambiente que tiene algo de claustrofóbico, resistiendo como pueden esa agua interna, ese oleaje agotador.

 

En Galería Mar dulce, Uriarte 1490, CABA, hasta el 23 de mayo.


Foto de Mariano Sanjiao
Foto de Mariano Sanjiao

Mayo • Julio 2026

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