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Episodios sonoros

Ana Porrúa

Episodios sonoros

Sobre:

Parar la oreja: Notas sobre la escucha, de Gabriel Giorgi, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tenemos las máquinas, 2025.

Esta es una reseña híbrida, hecha de collages propios y citas de Parar la oreja de Gabriel Giorgi. Los intervalos son indicios del momento en que el ojo se cierra y al abrirse trae unos fragmentos visuales y también auditivos. Me propuse un ejercicio crítico que permita escuchar con los ojos. Por qué no, tramar un ritmo de lectura.

 

"No se trata de un diario, tampoco de una investigación; evita cualquier atisbo de escucha de tipo etnográfica o sociológica. Me interesa más ejercitar la escucha de aquello que no se termina de articular como palabra y como sentido: el ruido, los tonos, lo que recorre en, por así decirlo, el subsuelo de la lengua y también lo que hace a sonidos ambientales que hablan de una mutación de las atmósferas, de los climas y la textura de lo cotidiano.” (10)


“La cultura política argentina ha girado, durante todo el siglo xx, en torno a la dramaturgia aural de la plaza, la calle, el balcón. Perón con los brazos levantados ante el clamor de la multitud en la Plaza de Mayo, la ronda silenciosa de las Madres, la «recuperación» de las Malvinas, los cacerolazos de 2001: todo en la política argentina suena; es un teatro de la voz y de la escucha. ¿Qué es un presidente aislado en esa tradición? Lo acompaña el rumor del clic, el sonido que hacen los seguidores en sus plataformas. ¿Qué significa? ¿Qué termina y qué empieza?” (36)

 

“En sus primeros momentos, el gobierno de ultraderecha argentino se jugó en torno a dos escenas de escucha. Por un lado, el ruido. Un gobierno deliberadamente ruidoso no solo por el tipo de semiótica aural que cultiva (el grito, el «rugido», la masculinidad caricaturesca de la voz), sino fundamentalmente porque busca desorientar, saturar de señales contradictorias el espacio público, confundir y agotar las mentes y los cuerpos. Meter ruido para desorientar todo el tiempo como método de gobierno.” (24)

 

“A su vez, la otra escena de escucha pasa por lo inarticulado. Se supone que los gobiernos de ultraderecha  emergen allí donde hubo una enorme falla en la escucha política: sectores que quedaron no solamente abandonados, sino obturados en su expresión en campos discursivos en los que los progresismos y las derechas neoliberales habían demarcado el campo de enunciaciones. Eso no escuchado, esa falla, encontraría en la ultraderecha su vía de expresión y de articulación.” (25)

 

Parar la oreja, entonces, para empezar a pensar y ejercitar la escucha en un contexto de mutación radical de los modos, los regímenes, las reglas de la atención. Implica a la vez prestar atención y desacelerar el flujo de estímulos: un ejercicio para activar otros tiempos. Subrayo ejercicio: una práctica en el tiempo para aprender una capacidad o una destreza que se albergaba, latente, en el cuerpo. Un modo de (re)aprendizaje de destrezas: reaprender a hacer lo que ignorábamos que sabíamos hacer. Habitar esa vacancia de saber, junto a la desorientación y a las posibilidades que vienen con ello, es parte central del ejercicio.” (16)

 

“Los tonos de la política en el experimento de ultraderecha son los de una saturación incitada de la escucha: es una suerte de régimen de lo audible que busca instaurar una nueva tolerancia hacia altísimos decibeles de violencia verbal, estrategias de aturdimiento colectivo y movilización de plataformas digitales que impactan en las formas de la lengua. Incluye también, por supuesto, nuevos silenciamientos, nuevas obturaciones, nuevas formas de lo indecible y de lo inescuchable. Aturdimiento es una palabra que me sirve para pensar la gestión de los tonos: se mueve entre lo auditivo y lo cognitivo, y va directamente a la cuestión de la atención, que aparece como una cuestión tanto política como cultural y subjetiva.” (19)

 

“La violencia, la motosierra, el rugido, el insulto, la agresión: todo se justifica para correr el velo de los engaños populistas. Ahí la escucha: porque lo que el experimento quiere hacer, su mayor apuesta y la medida de su éxito, es que cada vez que escuches sus palabras enemigas —y efectivamente, sus enemigas son algunas palabras: «justicia social», «derechos humanos», «inclusión», «Estado presente», «diversidad» y finalmente, «democracia »—inmediatamente, y sin margen de duda, de manera automática, las reemplaces por «engaño», «curro», «privilegio», «ñoqui». Ese deseo de realismo es una operación de escucha e interpretación.” (149-141)

 

“El gobierno de la atención como campo de batalla del presente; la escucha como herramienta central por el entrenamiento que supone. Nacemos a la escucha a la vez en la distracción y la atención: oír y escuchar son sus dos polos.” (13)


“Escuchamos en simultáneo una conversación, el ruido de la calle y la música de fondo. Lo compaginamos, nos distrae, nos fijamos momentáneamente a algunos de esos registros y luego volvemos a otro: el sujeto de la escucha es un sujeto en dispersión permanente, el sujeto que sin cesar debe pelear por mantener la atención para navegar los mundos aurales que lo atraviesan. Me gusta esa posición: el que pelea por su capacidad de atención. Creo que es donde nos situamos en este momento de la tecnología y de la sensibilidad. Por eso el sujeto de la escucha se puede volver un personaje metodológico eficaz para navegar el presente.” (70) 

 

“[...] son las tecnologías las que iluminan en cada inflexión histórica la naturaleza viral de la lengua: eso que me habita y que nunca termino de controlar (quizás, incluso, de conocer). Esa naturaleza viral es el umbral mínimo, podemos pensar, de lo político: donde la lengua se vuelve cautiverio o herramienta de emancipación. Apunto esto como punto de partida de toda política de la escucha de la lengua pública en el momento de irrupción de las ultraderechas en el poder.” (42-43)

 

 “La escucha no es democrática en el sentido de escuchar a «todos», «todas» las voces. No hay tal «todo» para la escucha. Al contrario, la escucha es singularidad, textura, diferencial del sentido. Se escucha en singular, nunca en general. Por eso, en contextos en los que el aturdimiento es la estrategia comunicativa del poder, donde la cacofonía de las plataformas lo que busca es anonadar y agotarnos, me parece clave ese «derecho a la escucha» invocado por Brandon LaBelle: el derecho a moverse lo más tácticamente posible en la saturación del presente, no negando las fuerzas que lo componen, pero sí desplazando énfasis y modos de la atención y reorientándola hacia lo aún-no-escuchado. Un modo de movernos ante la captura constante en la última agresión, la última crueldad, la última provocación.” (75-76)

 

“Lo audible o lo escuchable marca la trama de materialidades sonoras, silencios, campos vibracionales a partir de los que se entretejen las disputas entre lo decible y lo indecible. Repone la infraestructura acústica a las disputas por lo inteligible. Nos recuerda que no hay marcos de inteligibilidad que no pasen por la urdimbre de la escucha, por el tejido aural en el que se trama y que lo produce.” (96)

 

“[...] en lo audible nos encontramos con agencias no humanas. La escucha combina palabras, gritos, ruidos, silencios, cantos, mundos sonoros múltiples que nos llegan todo el tiempo, o mejor dicho: que habitamos, que atravesamos, que están en y con nosotres, e incluyen animales, máquinas, atmósferas, territorios. Lo decible es —Foucault será el ejemplo inescapable— fatalmente antropocéntrico: el «decir» propiamente humano, sus límites y sus reversos. Lo audible nos saca de ahí. Y arrastra el mundo sensible que habitamos hacia una mutación y una apuesta.” (97)

 

 “Poner el oído en la lengua: un entrenamiento de la escucha. Escuchar lo que le pasa a la lengua en un momento determinado y hacerlo resonar en la escritura. La literatura, al menos la que me interesa, es la que trabaja con esos materiales orales y aurales. Las voces de otrxs, claro, pero también ruidos, afectos, tonos, silencios, atmósferas: la escritura es la práctica de resonancia con mundos sonoros." (131)


“El sujeto de la escucha no es autobiográfico. Dice «yo» porque no le queda más remedio. Se trata más bien de un campo de resonancias, no de un individuo; la resonancia no puede ser nunca puramente individual.” (123)

 

"Ensayo una tarea crítica en torno a estas relaciones entre escritura y escucha. Creo que hay algo ahí que interrumpe la idea de la literatura como lenguaje privado, como pliegue del yo, como esquina de la individualidad. Lo que resuena ahí es algo público, lo que se filtra en la lengua y que es siempre territorio atravesado por mundos colectivos. “ (131)

 

“El sujeto de la escucha entre la ignorancia y el exceso de saber, trabajado por una vacancia, por un hiato del saber. Y en esta doble posición de sujeto de la escucha ante el saber, un elemento clave: la distracción. No nos cansamos de repetirlo: la condición del sujeto de la escucha, su punto de partida, es la distracción como modo de existencia. El sujeto de la escucha nace a la distracción. Está siempre atravesado por estímulos, por llamadas, por ruidos, por silencios que ponen en juego y en cuestión, siempre, su sentido de orientación y de atención. Esa distracción permanente es su potencia y su debilidad.” (145)

 

“La escucha, eso que nunca puede ser individualizado, eso que sucede entre cuerpos, para volver a hacernos la pregunta por lo público precisamente en el momento en que la vida pública se vuelve objeto de los ataques más brutales por parte de las ultraderechas. Ecuaciones entre escucha y lo público: un laboratorio de la crítica que se activa ahí para los tiempos que se vienen.” (201)


Marzo • Mayo 2026

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