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Todo lo sólido se disuelve en el óleo

Elena Blasco

Los temas, los motivos de las pinturas de Elena Blasco aparecen como sencillos y evidentes: un jarrón, una puerta, unas flores, un baño. Y, sin embargo, las obras están impregnadas de misterio. El mundo que nos muestran esas pinturas, a la vez precisas y difusas, es silencioso y fantasmal. No hay humanos en él, aunque parecen haberse retirado hace instantes: las flores están recién cortadas, los fuegos encendidos, una campera sobre el sofá, todo está impecable. Solo aparece un rostro, oscuro, en el reflejo sobre la superficie del microondas en El Hornito (2024). Pero ¿es un rostro? ¿Es la artista? ¿Es un fantasma?


En este momento se me ocurre una hipótesis: así como no podemos ver a los fantasmas, tal vez ellos no pueden vernos a nosotros, los vivos. Quizás las imágenes de las pinturas nos traen el punto de vista de los fantasmas. Ánimas que deambulan por espacios solitarios, donde los humanos están ausentes. Sí vemos animales en los cuadros. Una gata, o un gato. Dos perros, siempre juntos, a veces en primer plano, a veces en el fondo del cuadro (La Pileta, 2024). Pero quienes protagonizan son la luz y el aire. Los reflejos se multiplican sobre las diversas superficies, las sombras trazan figuras sobre la tela y todos los objetos parecen vibrar y disolverse en el aire. Un aire luminoso, espeso, constituido por la misma materia de la que están hechas las cosas. Por supuesto, esa materia es la pintura, el óleo. Todo lo sólido se disuelve en el óleo, podríamos decir, parafraseando el famoso título de Marshall Berman.


Sabemos que la pintura no reproduce la realidad; es un objeto real que, en algunos casos, evoca el mundo tangible que nos rodea y, mediante la misma operación, se muestra a sí misma. Es el dedo que señala la luna, y nosotros debemos ver la luna, y el dedo, que es, en este caso, una pintura trabajada exquisitamente.  Cuando nos acercamos a las obras de Elena, hay zonas donde la imagen se disuelve en pintura pura, manchas de color tenues, que parecen invitarnos a fundirnos con ellas, y que pueden verse como obras abstractas, como sucede, solo por dar unos ejemplos, con La Pileta, o con la pared de La Bañera (2020). 


En algunos casos, un mismo motivo se repite en varias versiones, como en Hogar Dulce Hogar (2023); en otros, como en La Pileta, se nos ofrecen dos puntos de vista del mismo tema. En Jarra, flores y ventana (2025), la misma vista, pero en una escala distinta, se compagina para componer la obra. En El Crisantemo y la gata, y en El Hornito, un espejo y un reflejo crean una situación de cuadro dentro del cuadro. En todos los casos, esas pinturas que parecen surgir de nuestra memoria, le confieren duración a lo efímero y consistencia a lo etéreo. No dejo de sentir que nos presentan el punto de vista de un fantasma, o quizás, de un par de ojos incorpóreos, recorriendo un mundo a la vez familiar y distante, definido pero inasible, que, con extremada lentitud, se disuelve en sutiles pinceladas.


Sobre la autora:

Elena Blasco es artista visual y docente. Estudió en las escuelas Nacionales de Arte Pueyrredón y Cárcova y se formó en arte contemporáneo con referentes como Graciela Sacco, Jorge López Anaya, Claudia Laudanno y Lucas Fragasso. Realizó clínica de obra en Clínica Vecino–Burgos y participó en el Proyecto PAC (2018). Actualmente coordina su taller en Buenos Aires y codirige la editorial de poesía visual independiente 1de1 Editora. Fue residente en La Rural (Tucumán, 2018) y obtuvo becas del Fondo Nacional de las Artes en 2020, 2021 y 2022. En 2024 integró jurados del Salón Provincial de La Pampa y de las Becas a la Creación del FNA, así como del salón Nacional de Tucumán en 2021. Su última muestra individual fue en 2025 en el Centro de Arte de la UNLP. Exhibió en el Salón Manuel Belgrano, UADE, Salón Nacional de Tucumán, Osde, SNAV entre otros. Participó en exposiciones en Museo Sívori, Fundación OSDE, CCK, Museo Rosa Galisteo, Museo T. Navarro, Museo Caraffa. En 2018 ganó el Primer Premio Nacional de Pintura, en 2021 el segundo premio en UADE y en 2024 el 2do premio del Salon Manuel Belgrano. Ha sido parte de muestras colectivas e individuales en museos, premios y fundaciones del país desde 1992. Actualmente seleccionada en el Premio Witcomb 2026. Su obra se inscribe en el cruce entre paisaje contemporáneo, autobiografía y lo simbólico.

Marzo • Mayo 2026

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