Ana Porrúa, Poesía argentina en la red
¿Cómo funciona la poesía en Internet, cómo circula y se multiplica? Porrúa hace una lectura aguda de las modalidades en que aparece (y desaparece) la poesía argentina en la red, sus formas de atomización y reagrupación.
Escribe Porrúa: El presente no es en este caso sólo lo que se está produciendo, los novísimos, aunque la mayor parte de los publicados en “Afinidades” y en “La infancia” sean poetas muy jóvenes. El presente es, más bien, la apuesta a la simultaneidad que permite internet cuando simultaneidad se transforma en desjerarquización y en mezcla. En “Afinidades”, no hay figura de antólogo y, en consecuencia, tampoco hay un programa que responda a una poética. Entre las versiones más difundidas bajo cuerda sobre este sistema está la que cuenta que los amigos recomiendan a otros amigos, sin más. Habrá de eso, ciertamente, en un blog que lleva 380 entradas de poetas; también se podría suponer que los amigos recomiendan amigos a los que además consideran buenos poetas; pero en algunos casos el criterio de las elecciones no es amical, sino que se inscribe dentro del sistema más neto de la literatura (e incluso del canon). Son, por ejemplo, muy pocos los que no nombran algunos poetas “mayores”, como Diana Bellessi, Mirta Rosenberg, Arturo Carrera e incluso Juan Gelman. Pero hay, por supuesto, un desplazamiento de la figura del crítico (de aquél que puede antologar, como lo hizo en su momento Freidemberg o luego Carrera) y “afinidad” puede pensarse muchas veces asociada al gusto personal (e incluso a partir de cierta carencia de lecturas). Tal vez todas las posibilidades están dadas en “Afinidades….”.
El error, en todo caso, es leer este proyecto solamente como un proyecto literario, cuando desde sus bases aclara que el método está tomado de la sociología. La técnica “bola de nieve” en esta disciplina se utiliza en estudios de campo que necesitan relevar de opiniones. Lo que se busca son informantes; cada persona proporciona datos o perspectivas y, a su vez, menciona a otros que pueden hacerlo. La muestra nunca es infinita, por supuesto; en algún punto se considera que esa cantidad de personas –y ese corte de la selección mediada por los elegidos– es suficiente. Por momentos, uno puede leer “Afinidades” como una mimesis de esta función sociológica en grado cero. Algunos escritores, de hecho, parecen funcionar como meros informantes. En este caso el espacio pierde tensión crítica, porque se radicaliza el efecto de multiplicación a partir del gusto personal y de la mención de aquellos que seguramente son los poetas amigos, o del núcleo cercano a quien escribe. Pareciera que el sitio es, en esa instancia, un lugar de visibilidad de algunos que están fuera del régimen que permite adquirirla –publicación de libros o plaquetas, e incluso aparición en revistas o sueltos y en la red–, o de poetas que recién comienzan (al menos así puede entenderse que no figure entre las “elecciones” algún poeta con obra o con cierta trayectoria). Sin embargo, la mayor parte de las veces lo que se lee es un gesto de intervención en el campo literario.
(Artículo completo en Punto de Vista, número 90, abril de 2008.)
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