Rafael Filippelli, Hernán Hevia, David Oubiña, Santiago Palavecino, El cine moderno revisitado
En enero de 2008 se reunieron Hernán Hevia, David Oubiña, Santiago Palavecino, Alejo Moguillansky, Manuel Ferrari y Matías Piñeiro, respondiendo a una iniciativa de Rafael Filippelli. El debate transcurrió durante una tarde y parte de esa noche, en la oficina de Punto de Vista. Revisado y corregido por los participantes (que antes de la reunión habían intercambiado ideas por escrito), publicamos este encuentro como el último sobre cine organizado por la revista.
Escribe Filippelli: ¿De qué hablamos cuando hablamos de cine moderno? A la discusión sobre la modernidad, si se lo compara con otras artes, el cine llega tarde; por lo tanto, es tardía la división entre cine clásico y cine moderno. Se sabe que el cine tuvo primero una vanguardia y después un período clásico; esta cronología estética le es específica. Deleuze señaló la diferencia entre dos cines al distinguir entre imagen movimiento e imagen tiempo. Pero ¿es cierto que, en el cine clásico, el tiempo se subordina al movimiento y, en el cine moderno, el movimiento se subordina al tiempo? En las notas preliminares a esta reunión y los correos que intercambiamos, Oubiña planteó el paralelo entre esta distinción de Deleuze y la oposición cine clásico/cine moderno. También Palavecino advirtió el riesgo de que llamemos moderno a todo el cine que nos gusta, y, en consecuencia, la categoría perdería potencial. Otro problema es el que señaló Hevia en esas notas que intercambiamos; se refería a la relación estrecha de modernidad y realidad (una relación ontológica); pero hay modernismos que no admiten lisa y llanamente ser pensados sólo o únicamente desde esa relación. Tanto Deleuze como Daney han cuestionado o modificado la perspectiva de Bazin. Por otro lado aparecen tres temas: el primer plano, el montaje y el plano secuencia. El primer plano es sinónimo de montaje y hoy ya no se podría decir que el montaje exterior a ese plano es propio de un cine no moderno. Sin duda, el plano secuencia define una tendencia del cine moderno, pero también lo condena a una especie de cliché, en películas que se filman cumpliendo todos los protocolos (como diría Santiago) del programa moderno. Si el plano secuencia se pone como condición del cine moderno, quedan afuera un conjunto de cineastas: Resnais, Casavettes, Bresson. Y la idea de Deleuze de que, en el cine moderno, la acción deja de ser el motor de la narración, excluiría a Tarkovski y a Kiarostami. En las notas preliminares, Palavecino se refiere a la recusación de la alegoría y de la univocidad y propone la ironía como el discurso característico del cine moderno. Es cierto que la ironía es una de las formas de la distancia y, evidentemente, muchos cineastas modernos son irónicos; sin embargo, creo que un cineasta como Straub, aunque practica un cine fuertemente distanciado, no es irónico. Cuando pensamos el cine de vanguardia, estamos dispuestos a admitir diferentes vanguardias, la surrealista, la soviética; en lo referente a la modernidad, deberíamos estar dispuestos también a pensar diferentes modernidades. Es obvio que la primera noción de modernidad cinematográfica aparece, teóricamente, con Bazin, lo cual no nos obliga a afirmar que sea la única, porque también hay una modernidad que mantiene una relación alusiva y débil con lo real.
(Artículo completo en Punto de Vista, número 90, abril de 2008.)
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