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Una revista en presente
Beatriz Sarlo
Homenaje a cuatro revistas culturales de los últimos
veinte años: Punto de vista, viernes 26 de
marzo 2004, Centro Cultural Rojas.
Los 25 años de la revista a nosotros curiosamente se nos
habían escapado hasta que, a comienzos del 2003, un estudiante
de letras de La Plata, Gonzalo Oyola, nos escribió ofreciéndose
para organizar una reunión donde se hablara de la revista
en su primer cuarto de siglo. Allí nos dimos cuenta de que
el día a día de hacer la revista nos había
hecho pasar por alto algo que otros consideraban de alguna importancia.
Decidimos entonces hacer el CDRom con la colección completa
de esos 25 años.
El olvido compensado por los estudiantes de la universidad de La
Plata era inevitable. Para decirlo de la manera más breve:
el presente de Punto de Vista se impone sobre su pasado.
Y así debe ser.
Lo que quiero decirles ahora, después de agradecerle a Jorge
Fondebrider por la invitación, forma parte de un programa
ideal (como me gustan las revistas, cómo me gustaría
que fueran) y también refleja los mejores momentos de nuestra
revista. Naturalmente no los refleja a todos, porque una revista
atraviesa también esas planicies grises donde todo el esfuerzo
está puesto en sostenerla.
Paso entonces al programa ideal de una revista de intelectuales.
Una revista se conjuga en tiempo presente. A diferencia de un libro
que la ambición de los autores piensa como algo destinado
a la permanencia, aunque se la alcance pocas veces, una revista
sólo tiene sentido si está conectada con aquello que
le es estrictamente contemporáneo. Un libro puede pasar ignorado
y revivir después de bastante tiempo. Una revista no puede
darse esos lujos de posteridad.
Sólo si está conectada con el presente tendrá
alguna oportunidad de seguir significando algo en el futuro. Esto
proviene de otro rasgo de una revista como la nuestra: su carácter
de banco de prueba de ideas e hipótesis. Se escribe en una
revista cuando las ideas recién están formándose,
cuando se trata de ensayar, en todos los sentidos de esta palabra,
una interpretación. Una revista es siempre, de algún
modo, experimental.
Estos dos rasgos (el vínculo con el presente y el carácter
exploratorio, experimental) diferencian a una revista de intelectuales
no sólo de los libros que estos mismo intelectuales escriben
sino de las revistas académicas. La revista de intelectuales
tiende a ser más ensayística, tiende a mantener con
sus objetos una relación más abierta a la innovación
y, por supuesto, más abierta a la crítica.
Para poner ejemplos: quien hoy lea el libro de Hugo Vezzetti, Pasado
y presente, estará frente a un texto concluido, donde Vezzetti
ha dispuesto sus ideas y sus análisis de un modo que aspira
a ser definitivo (con toda la relatividad de la que hay que rodear
este término). Sus artículos en Punto de Vista,
que precedieron y prepararon ese libro durante más de diez
años, fueron en cambio intervenciones cuyo destino no era
evidente, hechas, muchas veces, en el repique de los acontecimientos,
para responder a ellos. Sus artículos tienen el presente
como horizonte. El libro se instala en una temporalidad menos volátil
y pretende una estabilidad de ideas que en los artículos
sólo comenzaban a probarse. Casi lo mismo diría de
un libro que todos esperamos en estas semanas, el de Federico Monjeau
sobre música, crítica y teoría musical contemporáneas:
sale de dos revistas: Lulu, que él fundó y es hoy
una publicación legendaria, y Punto de Vista, que
Monjeau también integra.
La historia es una carga para una revista. Por un lado, si esa historia
es relativamente exitosa y ha logrado persuadir y conservar lectores,
hace posible que la revista siga existiendo. Esto es fácil
de entender: una revista, por lo que dije antes, y a diferencia
de un libro, necesita ser leída a medida en que va siendo
publicada, no puede confiarse a la llegada de un futuro que le dé
una visibilidad que no tuvo en el presente. Si una revista no operó
sobre el presente, no tiene ningún futuro.
Sin embargo, su propia historia le plantea a la revista un problema:
para ser fiel a su pasado, en el cual demostró que estaba
en la sintonía de aquél presente de entonces, debe
serle infiel. La clave es cómo, cuándo y qué
cambiar. Y aquí es necesario pensar a la revista con una
imagen: ella debería ser una antena y un observatorio del
presente. Una revista demuestra su necesidad en el tiempo de lo
actual y para poder hacerlo debe, en primer lugar, entenderlo y
entender las necesidades profundas de ese tiempo.
Aquí aparecen dificultades. Una revista de intelectuales
se diferencia de un suplemento o de cualquier otro órgano
de difusión cultural por varios rasgos: en primer lugar,
su escritura y la confianza en la extensión de su escritura
que debería diferenciarse tanto del periodismo como de la
academia; en segundo lugar, su resistencia a adoptar la agenda del
mercado (o la de los suplementos culturales) como su propia agenda.
Esto se dice fácil pero es complicado, porque una revista
tampoco puede vivir de espaldas a esa agenda en la medida en que
desee intervenir en el presente. Esa agenda es una parte del presente.
A diferencia de un suplemento cultural que la piensa como todo el
presente, una revista debería estar en condiciones de incorporarla
como un rasgo más del paisaje. Una revista debe construir
su propio programa intelectual. Pero, actuando en el presente, ese
programa tendrá que estar en condiciones de abrir el debate
con los “eventos” (y uso la palabra con toda intención)
que se producen en los medios. No deberá hacerlo siempre,
ni en todas sus coyunturas, pero una revista demuestra su sensibilidad
y su sintonía con lo actual cuando sabe elegir sobre qué
y de qué modo intervenir en el debate o provocarlo.
Por supuesto, tanto o más que los libros, una revista es
un espacio de confrontación de ideas. Contra la costra del
sentido común intelectual, estético, ideológico
o político, una revista que quiera vivir en el presente debería
estar en condiciones de abrir discusiones, que hoy no pasan por
otros lugares. La colocación de una revista no consiste sólo
en aquello que tiene para decir sino también en aquello que
tiene para contra-decir. En el vaivén entre decir y contradecir
una revista reconoce el valor del conflicto como motor del campo
cultural. Si se teme al conflicto, la revista quedará instalada
de modo demasiado seguro en lo que sabe hacer y no en lo que tiene
que aprender a hacer si quiere seguir siendo una fuerza del presente.
Contra las certidumbres de lo que sabe, una revista explora para
saber mejor lo que sabe y también para aprender, porque el
presente es, para los intelectuales un tiempo de aprendizaje y no
de cosecha. Lo peor que puede sucederle a una revista es girar con
el capital ganado en el pasado: una revista debe saber renunciar
a su curriculum. Y lo mejor que puede sucederle es aceptar el principio
de la incertidumbre. El capital del pasado se gastaría muy
rápidamente si en el presente una revista no siguiera interviniendo
con la vitalidad que le permitió acumularlo. Hacer una revista
es renunciar, de antemano, al ahorro.
Quizás quede claro, por lo que voy diciendo, que una revista
salvo que elija su desaparición debe estar tan alerta a la
renovación de ideas como a la incorporación de nuevos
protagonistas. Una revista construye muy rápidamente un sentido
común compartido. Esto es indispensable pero, al mismo tiempo,
peligroso ya que en ese espacio de límites conocidos, los
viejos integrantes corren el riesgo de empezar a actuar con el automatismo
inevitable de quien se mueve en su propia casa. No se trata sencillamente
de variar protagonistas generacionales. Se trata de variar relaciones
establecidas en el interior de un espacio reducido de producción
intelectual. La fijeza en su propia autoimagen es la fijeza en el
pasado.
Pocas cosas más que decir: que les agradezco a los amigos
de la revista que están acá y a quienes quizás
hoy se llegan para conocerla. Ojalá haya alguno de estos
últimos. Y quizás inevitable, una frase efectista,
porque el sentimentalismo siempre lo es: podría suceder que
yo dejara de dirigir Punto de Vista. Lo que es imposible
es que Punto de Vista dejara de dirigirme. Muchas gracias.
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