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Adriana A. Bocchino
“Donde habita el monstruo: los cuentos de Antonio
Di Benedetto:”
Sobre: Antonio Di Benedetto. Cuentos completos. Buenos
Aires: Adriana Hidalgo, 2007. 706 págs. Edición al
cuidado de Jimena Néspolo y Julio Premat, con “Introducción”
de Julio Premat.
Entrarle a los Cuentos Completos de Antonio Di Benedetto
presenta dos alternativas diametralmente opuestas: una, sumergirse
dejándose llevar sin pretender saber dónde, descubriendo
cada palabra, cada historia, la disimetría de las imágenes
dislocadas, la aparición de un personaje conocido en nuevos
cuentos por venir, la rotunda muerte de otros… o dedicarse,
académicamente hablando, a descifrar el jeroglífico.
Yacimiento arqueológico, Cuentos Completos de Antonio
Di Benedetto resulta arcón de marcas, detalles, guiños,
señas, contraseñas, cifras y toda la galería
de artificios ofrecidos al estudio, análisis e interpretación.
Usted elige. Usted puede elegir también hacer las dos cosas
porque, a lo mejor, no hay nada que elegir sino, precisamente, hacerlas.
A usted puede parecerle que elige pero Di Benedetto, al final, casi
que obliga.
La presentación redactada para la edición de una
antología que habría de llamarse Cien cuentos,
bajo el objetivísimo título de “Información”,
es un breve ejemplo. Escrita para la publicación que reunía
los textos según una apariencia temática – “De
nostalgia”, “De lo irreal”, “Ominosos”,
“Transrealistas”, “Cortísimos (de humor,
extrañeza e ironía)”, para citar sólo
algunas de las clasificaciones de entre una larga lista- en principio
no son cien sino ciento seis y lo de cien, al decir del autor, “es
sólo para redondear”. Por otra parte, cuentos y presentación
nunca llegan a publicarse.
Ahora, Cuentos Completos, al cuidado de Jimena Néspolo
y Julio Premat, con la excelente introducción de Premat,
intenta mostrar, poner al descubierto, ofrecer, de la mejor manera
posible, la multitud de efectos contenidos en los cuentos de Di
Benedetto. Todos juntos, sobre la mesa, en un gran libro.
Las palabras “dispersión”, “arbitrariedad”,
la dupla “orden/caos” y otras alternativas por el estilo,
puntúan y ordenan, paradójicamente, los textos en
la introducción de Premat llamada “Lo breve, lo extraño,
lo ajeno”, así como la reproducción de las informaciones
y advertencias del propio Di Benedetto. En ambos casos se trata
de prevenir al lector frente a la marea incontenible que se avecina.
Los cuentos se inician en el esfuerzo por presentarse en la mejor
versión que podría pensarse, es decir como la más
o menos definitiva. Si algo caracteriza la producción de
Di Benedetto, como artificio máximo -principio constructivo-
es la corrección constante, la reagrupación permanente,
la distorsión, el movimiento, la fuga. Nadie, nada, nunca,
queda en su lugar. El esfuerzo de los editores radica -literalmente-
en buscarle un lugar a cada cuento, con todos los avisos que cada
caso merece. Mundo animal, de 1953, se edita con las correcciones
hechas por el autor en 1971; Cuentos claros, de 1957, cambia
su título ¿original? –Grot- respetando
la segunda edición y se especifica, respecto de esta segunda,
cada una de las reediciones dispersas de algunos cuentos en otras
antologías; Declinación y ángel, de
1958, bilingüe en principio, merece, obviamente, acotaciones;
y así todos y cada uno de los textos que aquí aparecen:
cada cuento, entonces, cuenta un cuento pero también, como
pequeño objeto, un constructo, tiene su propio cuento. De
aquí que, si bien no resulta académico, me resulta
fácil decir que los textos de Di Benedetto son pequeñas
alimañas, monstruos fabulosos, piezas de relojería
antigua que cada vez que son miradas vuelven a configurarse ante
los ojos y parecen, más bien son, otras. Ahora bien, ellas,
indiferentes, como si oyeran llover, estos cuentos/objetos, con
vida propia, meten al lector en un mundo extraño donde los
pisos se mueven, las paredes existen y no, los chicos se ahogan,
mueren, si quieren reviven, los padres se cuelgan del caño
de la lluvia en el baño, los “bichos” tienen
su historia y anidan, triunfalmente, en la cabeza de la gente, un
hombre puede ser una vaca o transformarse en un pedazo de pan, un
perrito habita sólo los sueños y una mujer convive
con su marido muerto, un señor observa sigiloso su propia
muerte y, así siguiendo, un largo etcétera de realísimas
alucinaciones. Incluso la memoria puede transmigrar en la materia
que se come o se devora. También en los cuentos que se leen.
Que acaban de leerse. No sólo de atrás hacia delante,
también a la inversa, produciendo memoria del futuro, verificable,
como corresponde, en los diarios que todavía no se fundaron.
Uno bien puede discurrir con Aristóteles sobre el pensamiento
de una anguila que recorre el camino del mar de los Sargazos hacia
las, por entonces, desconocidas Antillas Hispánicas –faltan
aun más de mil quinientos años para su descubrimiento-
o bien sentir en cada metro cuadrado que se pisa toda la historia,
completa, concentrada, en un abrir y cerrar de ojos.
Los cuentos de Di Benedetto pretenden explayar el tiempo y el espacio
y la materia de un instante más que humano, algo que podría
describirse como sístole cósmica, un relumbrón,
de aquello que pasó en algún momento y decidió
que fuéramos lo que somos pero también otra cosa,
la posibilidad de otra cosa, otro animal, o agua o fuego, aquí
o del otro lado del mundo, hoy o hace miles de años, no necesariamente
hacia atrás.
Lo que apabulla de los Cuentos Completos -desde los de
1953, los del ´57 y los del ´58 ya citados, los de El
cariño de los tontos, de 1961, los alejados de Absurdos
de 1978, hasta los últimos, Cuentos del exilio,
publicados en 1983, e incluso otros, publicados en revistas o diarios
y no reeditados o excluidos o no retomados en libros, y algunos
inéditos- es que logran imponer(nos) una vibración
de minúscula partícula, persiguen hacernos sentir
insignificantes –y lo logran. En ellos se habita un universo
absolutamente indiferente al nosotros, a un nosotros. La subjetividad
parece un invento demasiado humano, por lo tanto sin valor alguno
en la cosmología Di Benedetto. Los Cuentos Completos
ensayan materialidad verbal, emparentando cada cosa y cada ser y,
a la vez, disolviéndolo, en un universo sin pasado ni futuro
sino sólo atento a sus propias reglas, en la impasibilidad
de una memoria repetida.
Muerto en 1986, cuando estaba preparando las compilaciones para
Relatos Completos y los Cien cuentos, Di Benedetto
es un autor desconocido para la inmensa mayoría en lo que
hace a los cuentos. Esta edición reequilibra la fama que
obtuviera por sus novelas –Zama de 1956, El silenciero
de 1964 o Los suicidas de 1969. Fuera de canon, fuera
de sistema, a contratiempo con la época y los lectores que
reclama su cuentística, leer ahora los Cuentos Completos
deja sin aliento y vale mucho más que una pena. Sin duda,
luego usted buscará El pentágono de 1955,
la primera “novela en forma de cuentos” al decir del
autor, que aquí no se incluye pero que Di Benedetto pensó
editar “deconstruida” entre los Cien cuentos,
para mostrar, una vez más, la dinámica de la inestabilidad
y la puesta en duda constante. La voluntad de una reedición
“desperdigada” signa su escritura –hasta en los
títulos- y por eso, digo, no haga caso de lo “completos”.
Como dice Premat, “No se trata de un proceso de corrección
hacia una especie de ideal exigente o de escritura progresiva en
busca de un resultado acabado, sino la muestra de una relación
conflictiva con la creación, que llevaría más
a una negación que a una afirmación, a un silencio
más que a una expresión inteligible, a un desplazamiento
más que a una posición estética firme.”
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