noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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Elvio Gandolfo: el regreso
El libro de los géneros recargado, de Elvio E. Gandolfo, Buenos Aires, blatt & ríos, 2017.

La risa

¿De qué se ríe Elvio Gandolfo en la tapa de El libro de los géneros recargado? Podemos trazar algunas hipótesis: se ríe con risa festiva de la (gran) idea de blatt & ríos de reeditar este libro (diez años antes había salido por editorial Norma) con agregados, como si se tratara del «corte del director» de una película; se ríe de quienes aún hoy intenten seguir sosteniendo la minoridad de los géneros que aquí se analizan (ciencia ficción, policial, terror, literatura fantástica) porque, si algo logra Gandolfo con esta antología de prólogos, artículos y notas, es convencernos de que estos géneros llamados menores son cruciales en el asunto de mantener saludable a la literatura, fresca, con periódicos movimientos de renovación. Y eso, definitivamente, no es menor. Se ríe también, tal vez, de sus propias contradicciones, de sus polémicas internas, que no intenta ocultar sino que elige ponerlas frente a nuestros ojos para que las analicemos y veamos no sólo la evolución de los géneros, sino también la evolución de su reflexión respecto de esas matrices literarias, su sólido tránsito intelectual. Si incluimos el prólogo, el trabajo de Gandolfo sobre los géneros alcanza ya los cuarenta años. Gandolfo se ríe, también, del tiempo.

La posibilidad de que nuevamente esté en circulación este libro, en la cuidada edición de blatt & ríos –es más cómoda que la anterior incluso hasta en su tamaño–, nos vuelve a recordar todo lo que le debemos a Gandolfo: entre otras cosas, la conformación de un acervo histórico-crítico-teórico acerca de cuatro géneros que ya tienen larga vida y a los que aún les queda mucho por dar, dado que ahora su «minoridad» está, definitivamente, superada. Nadie ha trabajado con tanta constancia en tarea semejante en nuestro país (sí, tal vez, en el campo específico de la ciencia ficción podemos mencionar a Pablo Capanna, de quien Gandolfo reconoce su labor en reiteradas oportunidades).

 

La recarga

Lo nuevo (the director’s cut): como el propio autor indica en el prólogo, se han agregado en esta edición notas sobre William Gibson, un análisis de Solaris (la novela y sus versiones cinematográficas), Jonathan Lethem, Georges Simenon, Sherlock Holmes (en literatura, cine y series), Mankell, las novelas finales de Philip Dick, el último tramo de la obra de Stephen King (desde que casi lo mata una camioneta en la ruta hasta la fecha de edición del libro), Murakami, Las crónicas de Narnia (en libros y películas) y Richard Matheson.

Como vemos, no se trata de una mera estrategia comercial, una excusa vana para volver a vender el libro: hay, sí, mucho material nuevo y muy bueno. La reconstrucción biográfico-literaria de Simenon, por sí misma, ya vale la compra del volumen. Lo mismo podemos decir de la aguda mirada trazada sobre el devenir del personaje Holmes en el cine y la televisión. En el panorama actual del espectáculo, el dominante mundo-Netflix, ese texto nos hace anhelar un libro de Gandolfo enteramente dedicado al análisis de los géneros dentro del mundo del streaming. Incluso para el lector que ya tuviera la edición previa, los agregados del volumen «recargado» valen la pena. Un detalle: no están presentes los tres cuentos del propio Gandolfo que coronaban la edición de Norma. Se extraña, dado que Gandolfo además de agudo crítico es un excelente narrador, la inclusión de un muestrario, de una puesta en acto de los géneros por la mano del propio autor (antes de abrir el libro imaginaba que iba a incluir, otra vez, tres cuentos –pero otros).

 

La ciencia ficción

La primera sección del libro está dedicada a la ciencia ficción. Doce textos que conforman un amplio panorama del surgimiento y la consolidación del género – incluyendo a los llamados «precursores»–, de su consolidación a partir de la década del cincuenta a nivel internacional y de su derrotero en Latinoamérica y Argentina. El detalle de haber incluido en todos los casos el dato acerca de la primera publicación de cada texto de Gandolfo nos permite ver el papel crucial que ejerció el Centro Editor de América Latina no sólo en la circulación de la ciencia ficción (y de los otros géneros aquí analizados), sino también en la reflexión acerca de ella: gran parte de El libro de los géneros recargado son prólogos o estudios preliminares encargados para ese proyecto editorial.

El ensayo titulado «La ciencia ficción argentina» es un ejemplo de la capacidad lectora del escritor rosarino: se nos aparece como una gran máquina de deglutir textos y textos y elucubrar no sólo un enorme y detallado panorama histórico, sino también hipótesis de lectura novedosas, inesperadas incluso, como la colocación de ciertos cuentos o pasajes de la obra de Cortázar, Macedonio o Arlt dentro de la ciencia ficción: «En todos estos autores (…) la ciencia ficción entra sin estridencias dentro del tono total de su obra, y por consiguiente forma parte de la mejor literatura argentina (…) se podría incluir dentro de ese grupo otros textos, como algunos trozos o cuentos de El jorobadito (1933) de Roberto Arlt (…) o “Martha Riquelme” (1956) de Ezequiel Martínez Estrada». Por supuesto, todas sus lecturas están sostenida sobre un análisis meticuloso de los modos compositivos de cada texto y sus vinculaciones con la ciencia ficción en general o con la obra de reconocidos autores del género en particular (tal es el caso del tándem Cortázar-Ballard). Como vemos, el trabajo sobre la(s) tradición(es) literarias nacionales es amplio, profuso y, lo que es incluso más interesante, nos conduce a observar con atención la obra de autores que típicamente no identificaríamos como «escritores de ciencia ficción». En el modo Gandolfo de lectura hay, también, una pedagogía de la mirada: nos enseña a ver con los lentes del/los género/s: a detectar en los intersticios de una obra los lugares en los que emerge una posible relación con esas cuatro matrices que han sabido transformarse en claves de la literatura contemporánea (pensemos, por ejemplo, en Borges, representante indiscutible de la gran literatura a nivel mundial y sus múltiples formas de trabajar –reescribir, reelaborar, desfondar– el policial, la ciencia ficción y el fantástico –e, incluso, el terror: pienso, por ejemplo, en «Las ruinas circulares» y sus presencias fantasmagóricas, de sueños dentro de sueños–).

Los análisis de obras como las de Dick, Gibson, Lethem y Stapledon, por citar sólo algunos autores, descubrirán al lector sus claves de lectura y, a la vez, no tengo dudas, despertarán en él la extrema necesidad de conseguir algunos de los textos que Gandolfo analiza, para leerlos con voracidad (en mi caso, por ejemplo, corrí hacia Philip Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, El hombre en el castillo y La mente alien, una antología de cuentos que incluye el mítico «Las prepersonas» (básicamente, en el mundo que nos presenta el relato, son prepersonas los que aún no cumplen doce años de edad: antes de ese número, los padres pueden decidir “abortar” al niño, deshacerse de él, digamos, si no les cae del todo bien por alguna razón. Una siniestra camioneta pasará a buscarlos)).

 

El policial

Al igual que con la ciencia ficción, el primer texto de la sección dedicada al género policial se ocupará de trazar sus características fundamentales (con un énfasis mayor en el policial de enigma) y su recorrido histórico, desde los antecedentes hasta su consolidación en la obra de autores como Conan Doyle o Chesterton. Estos textos son clave para cualquiera que se quiera acercar a la ciencia ficción o al policial y podrían ser, incluso, interesantes para trabajar en ámbitos como la educación secundaria, a fin de reemplazar esos raquíticos textos de manual de una página en los que falta todo lo que aquí tenemos: la explicación coherente de los saltos evolutivos del género, la relación con el contexto histórico y el sistema de pensamiento de cada época, la identificación de los grandes autores (y de qué los hace grandes), entre otros elementos.

En esta sección se destaca también un artículo de 1986, «Perdónalos, Marlowe, porque no saben lo que hacen», en el que traza una cáustica mirada sobre las novelas policiales «duras» o «negras» argentinas. Dice, por ejemplo, que comparten con las novelas norteamericanas su agilidad en la lectura, su fluidez, pero por razones diferentes: «en un caso se trata de la tensión del relato, en el otro de la carencia de conflictos, del apego general a la falta de espesor lingüístico basado en el empleo de un coloquialismo de superficie tan neutralizante como el de gran parte de la poesía de los años 60». El artículo termina con una irónica sección de «Agradecimientos», en los que explicita los títulos y autores que anteriormente habían sido citados sin nombrarlos.

La sección incluye también una interesante entrevista que le hizo Jorge Lafforgue al autor en 1996 –en la que se tocan temas como la evolución del mercado editorial policial en nuestro país o la relación de la propia obra narrativa de Gandolfo con el policial y la ciencia ficción–, abordajes de las obras de James Ellroy y Patricia Highsmith y buena parte del material nuevo del libro: el ya mencionado artículo sobre Simenon, el análisis de los personajes de Holmes y Watson en la literatura, el cine y la TV y la desmitificación de Suecia como paraíso a partir del análisis de las novelas de Henning Mankell y su ya clásico detective Kurt Wallander.

 

Terror

«En la base del relato de terror, o de horror, hay una emoción tan básica como el sexo». Así empieza «El terror argentino» (escrito en colaboración con Eduardo Hojman), que abre la parte dedicada al género del miedo: una vez más, vamos a notar aquí cómo nuestro país siempre se instaura en una política escrituraria del desvío respecto de las marcas fundantes de los géneros: «si, como sostienen algunos, el terror basado en lo sobrenatural tiene la función de proveer un escape ante los terrores demasiado reales y cercanos –guerras, pestes, crisis, hambrunas–, ¿qué pasa con la psiquis de una literatura que se niega ese escape?». Como ya identificaban Gandolfo y Hojman en ese texto escrito hace quince años, el terror argentino parece seguir el camino contrario al escapismo: va hacia el trauma, lo procesa y lo incluye como materia ominosa de sus relatos. Pienso, por ejemplo, en el cuento «Las cosas que perdimos en el fuego», de Mariana Enríquez, en el que las mujeres comienzan a prenderse fuego como respuesta a la violencia machista, o en la novela Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, donde el peligro representado por los agroquímicos es el trasfondo de una historia perturbadora, protagonizada por unos inquietantes niños en algún pueblo perdido de Argentina.

En esta sección (como en el género mismo que se analiza) la presencia del cine será crucial. Así, encontraremos análisis sobre la obra de John Carpenter y la película Alien («Alien: un falo anda suelto») y un panorama del cine de terror en «Dentro y fuera del género. Cine y terror», en el que no dejan de apuntalarse las relaciones entre cine y literatura, como la polémica Kubrick-King o la adaptación de Poe hecha por Fellini.

Finalmente, si en «Un fenómeno llamado Stephen King» (originalmente aparecido en 1981, cuando el autor de Cementerio de animales contaba apenas con seis novelas publicadas) vemos a un Gandolfo preocupado por la oposición literatura / bestsellerismo (o acaso a un King aún preocupado por eso), en «La máquina de narrar», del 2001, ya lo coloca a la altura de Poe o Lovecraft: es decir, en apenas veinte años el autor norteamericano ha logrado colocarse como un clásico viviente dentro de la literatura de terror (o de la literatura a secas).

 

Literatura fantástica

La última sección abre, también, con un estudio preliminar hecho para el Centro Editor de América Latina (al que nunca dejaremos de agradecerle) en el que Gandolfo repasa pormenorizadamente las distintas definiciones y caracterizaciones del género. Es, por supuesto, otro texto clave, de esos que vale la pena tener siempre a mano. A continuación aparece «El mundo verdadero de la ficción», en el que analiza la ya clásica novela del alemán Michael Ende, La historia interminable y al que parece preferir sobre otro de los grandes de la fantasía, como es Tolkien. Dice, al compararlos: «Aunque la historia supuestamente interminable tenga una extensión mucho menor que El señor de los anillos, esa extensión le basta para describir con rapidez, sin la precisión –a veces agobiante– de cartógrafo realista de Tolkien, lugares y personajes donde se mezclan el surrealismo de El Bosco, Arcimboldo o Magritte con los viejos cuentos de hadas y la mejor literatura fantástica metafísica e intelectual de este siglo».

En «Los países de la mente» se centra en la obra de Henri Michaux, texto que puede servirnos para rescatar a ese gran autor algo (injustamente) olvidado y en «El mito y la historia» se ocupará de la novela La mansión de las rosas, de Thomas Burnett Swann: otro rescate. Por último, el libro cierra con tres textos nuevos, no incluidos en la edición original: «Entre Proust y Miyazaki», un abordaje de la obra del eternamente nominado al Nobel Haruki Murakami; «C.S. Lewis y el mundo de Narnia», análisis biográfico-literario del autor irlandés y «Es leyenda», sentido homenaje a Richard Matheson que rescata, además, su faceta como guionista de la serie (ahora de culto) La dimensión desconocida.

 

Final

Diez años pasaron entre El libro de los géneros y El libro de los géneros recargado. Imagino, o más bien espero, que en lo sucesivo Gandolfo siga escribiendo sobre la ciencia ficción, el policial, el terror y el género fantástico, de modo que nos permita tener El libro de los géneros recargado volumen II, El libro de los géneros recargado volumen III y así sucesivamente. Algo, además, muy propio de los géneros que él analiza: ¿no le pasó, acaso, a Conan Doyle, obligado a resucitar a su personaje aunque ya estaba harto de él? ¿No vimos crecer a Harry Potter durante siete novelas (y sus correspondientes películas)? ¿No sigue apareciendo Freddy Krueger desde las pesadillas, incansable? Más allá de la broma, futuras nuevas ediciones de este libro nos asegurarían, al menos, dos felicidades: sabríamos que los géneros aún siguen vigentes y, sobre todo, que todavía tenemos a Gandolfo.

 

(Actualización noviembre 2017 - febrero 2018/ BazarAmericano)

 

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646