noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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La política como guerra civil
Stasis. La guerra civil como paradigma político, de Giorgio Agamben, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2017.

Antes de comenzar a reflexionar sobre algunos problemas de Stasis, de Girogio Agamben, debo confesar, aunque sé que es innecesario –pero justamente por eso lo hago– que los últimos libros del autor italiano editados por Adriana Hidalgo, llegaron a mí en momentos en que sus títulos no hacían sino anunciar una interpelación con la actualidad política contemporánea de Argentina. Se podría pensar que esto es meramente una cuestión de conveniencia editorial, comercial, pero incluso aunque esto fuera también posible, los libros de Agamben estimularon la reflexión sobre los dispositivos de poder políticos en las coyunturas actuales (y no solo nacionales). Permiten reflexionar sobre las mismas desde una concepción que, proveniente de culturas no exactamente latinoamericanas, no dejan de agitar el pensamiento sobre lo que nos toca. Este nuevo libro, un estudio acotado sobre los dispositivos políticos de la guerra civil, permite reparar en los mecanismos de la guerra mediático-judicial-económica y política en tanto guerra civil que la nueva alianza de poder alimenta a diario en nuestro país, promoviendo un estado de excepción que deja a toda la población, incluido a sus votantes, en manos de un autoritarismo patoteril que enfrenta con violencia a la sociedad en pos de un odio estereotipado tras una axiología de purismo moral. Sin dudas, el paradigma de la guerra civil como reality-show es la forma de política que la actual coyuntura construye en nuestro país.

En el nuevo libro de Giorgio Agamben traducido por Rodrigo Molina-Zavalía para Adriana Hidalgo, es la relación entre política y guerra civil la que se problematiza. Desde el inicio, se sostiene que en la actualidad hay una ausencia de doctrinas y reflexiones respecto de la guerra civil, al tiempo que va “de la mano con el avance de la guerra civil mundial”. No se trata, sin embargo, de los conflictos bélicos actuales el campo de reflexión de este nuevo libro, si no de las guerras intestinas o, mejor dichos, de las diferentes guerras intestinas que han sido postuladas, al menos en tres momentos de la historia occidental y que según Agamben, hoy constituyen modos expandidos en el mapa mundial: la stasis griega, la lucha del Leviatán de Hobbes con el hombre como lobo del hombre, y la de la guerra como seriedad contrapuesta a las guerras ficticias de la antigüedad en el pensamiento de Schmitt. Y en esta dirección, Agamben señala que “el paradigma del consenso, que actualmente domina tanto la praxis como la teoría política, no parece compatible con la investigación seria de un fenómeno que es al menos tan antiguo como la democracia occidental”.

Así, la primera parte del libro se divide en dos apartados: “Stasis” y “Leviatán y Behemoth”. En Stasis, Agamben observa que este término que denotaba la discordia y la guerra civil que se vertía sobre la polis desde el oikos. Es decir, en el mundo griego, la guerra civil era una invasión de lo familiar en la esfera de la ciudad o de la política, como discordia violenta entre las partes en conflicto, pertenecientes a una misma familia o a familias diferentes. Y allí se configuraba una de las tensiones que Agamben viene explorando desde sus reflexiones anteriores como El reino y la gloria entre oikonomia y polis como formas de regulación del poder social. Solo que la stasis lo que señala es una indiferenciación, un umbral, donde la oikonomia desborda sobre la polis como violencia entre las partes y más que regular genera una discordia social. Así, concluye que: “En el curso sucesivo de la historia política de Occidente, la tendencia a despolitizar la ciudad transformándola en una casa o en una familia, regida por relaciones de sangre y por operaciones meramente económicas, se alternará, por el contrario, en fases simétricamente opuestas, en las cuales todo lo impolítico debe ser movilizado y politizado. Conforme prevalezca una tendencia o la otra, cambiará también la función, la dislocación y la forma de la guerra civil; pero es probable que mientras las palabras “familia” y “ciudad”, “privado” y “público”, “economía” y “política” sigan teniendo aún en sentido lábil, la tensión no podrá ser borrada de la escena política de Occidente”.

En “Leviatán y Behemoth”, Agamben analiza el frontispicio del libro Leviatán de Thomas Hobbes, de 1651, como un dispositivo óptico que le permite comprender la concepción política del autor. En las figuras bíblicas y esotéricas de Leviatán y Behemoth, a partir de una lectura del emblema, Agamben demuestra cómo la concepción política estaba estructura, por un lado, a partir de las dicotomías soberano/multitud, cabeza/ cuerpo, Estado/súbditos, naturaleza/ ciudad; y, por el otro, a partir de una polivalencia del término “pueblo” entre multitud de hombres en un territorio y persona civil en tanto representantes de una voluntad en la que está incluida la de cada uno. Esas dictomías en el emblema de Hobbes, según Agamben, tienen la particularidad de que se encuentran en una tensión y deslizamiento permanente con un horizonte mesiánico en el que ambos términos se aniquilarán mediante una guerra descarnada para dar lugar al gobierno y voluntad divina como concordia y consenso universal. “Esto significa que guerra civil, Common-wealth y estado de naturaleza no coinciden sino que están unidos en una complicada relación. El estado de naturaleza, como Hobbes explica en el prefacio al De Cive, es lo que aparece cundo se considera a la ciudad como si estuviera separada […], es decir, desde el punto de vista de la guerra civil; en otras palabras, el estado de naturaleza es una proyección mitológica hacia el pasado de la guerra civil; la guerra civil es, a la inversa, una proyección del estado de naturaleza de la ciudad, es lo que aparece cuando se considera la ciudad desde el punto de vista del estado de naturaleza”. Por ende, toda promesa de seguridad dada por el Estado es un engaño, ya que ese estado solo “coincide con el advenimiento catastrófico del Día del Señor”, y el Leviatán es inseperable de su lucha con Behemoth.

En la segunda parte, “Nota sobre la guerra, el juego y el enemigo”, se avanza sobre la definición de la política en torno de “amigos” y “enemigos” en los textos de Carl Schmitt. Agamben indica cómo allí, la guerra es la posibilidad misma de lo político, pero, a diferencia de Schmitt, señala que no toda guerra civil estuvo separada del “divertimento”, el agón o lo lúdico desde siempre. Al contrario, plantea Agamben, a partir del análisis de textos de Vernant respecto de las guerras ficticias de la antigüedad como ritos entre poblados, ciudades o hasta familias griegas, estos eventos muchas veces sanguinarios y comparados con competencias deportivas, estaban regulados con leyes y tiempos idénticos a la lógica del juego. Por ende, “podemos proponer entonces la hipótesis –opuesta a la de Schmitt– de que en el origen la guerra era un aspecto de la función agonal-lúdica, consustancial con la convivencia entre los hombres, a través de la cual se construyen relaciones de integración y de philia entre grupos extraños o, en el seno de la misma comunidad, entre distintas clases de edad. La guerra como nosotros la conocemos es, por el contrario, el dispositivo a través del cual la función agonal lúdica es capturada por el Estado y dirigida a otros fines”. A pesar de que la hipótesis de Agamben resulta endeble en su refutación de las de Schmitt, sobre todo en cuanto a la pobre bibliografía para argumentar a su favor la cuestión del “juego”, lo central del argumento de una guerra entre amigos y enemigos que estructura el poder político en un devenir histórico, con o sin el juego, es un modelo de política occidental que está lejos de haberse clausurado en la actualidad.

La guerra civil como juego ficticio, o como realidad, o como desborde de la naturaleza humana por sobre el Estado, o como Estado que no garantiza la seguridad sino en función de una catástrofe como promesa, o de un derrame de lo familiar como política sobre la polis, son términos que no resultan ajenos a los avatares de la política argentina en su etapa democrática, que se ha profundizado en niveles de violencia descarnada en la actualidad, y nos obligan a pensar, como el mismo Agamben lo plantea, cómo imaginar otras formas posibles de política.

 

(Actualización noviembre 2017 - febrero 2018/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646