La compleja
imagen de Pablo Neruda: el gran mal poeta, el único poeta
Entrevista de Alejo Steimberg a Bart Vonck, traductor
del Canto general al neerlandés
Bart Vonk (Brujas, Bélgica, 1957) es periodista, poeta
y traductor literario. En 1984 llevó a cabo la primera traducción
al neerlandés del Canto general. Ha traducido la
casi totalidad de la poesía de Lorca, y en 1995 tuvo a su
cargo la realización de una antología de César
Vallejo, de la que también fue el traductor. Antes de abocarse
a la retraducción del Canto... tradujo la antología
de José Ángel Valente La composición del
silencio. Entre 1988 y 1989 organizó, junto a otros
especialistas, un festival multidisciplinario para conmemorar el
centenario del nacimiento de Lorca. Actualmente colabora con la
asociación literaria Het Beschrijf, con sede en Bruselas,
en un proyecto para la difusión de autores flamencos en España.
A fines de abril se presentó su traducción de Residencia
en la tierra.
1. Leer y traducir, leer para traducir
Alejo Steimberg: ¿Cómo surgió la idea
de retraducir el Canto general?
Bart Vonk: Es una historia bastante compleja. La editorial
que me pidió la traducción de Neruda en el 84 cayó
en bancarrota seis meses después, pero antes de eso una editorial
holandesa de libros de bolsillo, Rainbow Pockets, ya había
comprado los derechos, y de esa edición se vendieron 36.000
ejemplares. Es la misma editorial que me encargó la retraducción.
Ya me habían propuesto hacer una reedición de la primera
traducción, pero nunca quise.
A.S.: ¿Por qué motivo?
B.V.: Bueno, fue mi primera traducción literaria
publicada... Uno aprende mucho en casi veinte años, y yo
siempre consideré esa traducción como un pecado de
juventud (risas), y no quería una reedición.
A.S.: Más allá de sus propios cambios como traductor,
¿qué diferencias encuentra entre traducir el libro
hoy y hace casi veinte años?
B.V.: En primer lugar, que ha habido una edición
científica del Canto general, la de Mario Santí
para Cátedra. Además, se han editado hace un par de
años las obras completas de Neruda también en edición
científica en el Círculo de Lectores de Galaxia Gutenberg,
y el primer volumen, que contiene el Canto general, está
a cargo de Hernán Loyola. Loyola es un verdadero especialista
en Neruda, y orientó el estudio de sus obras hacia perspectivas
más académicas. Muchos otros estudios, excluyendo
por supuesto el de Alonso y el de Rodríguez Monegal, no tenían
una base realmente científica.
En segundo lugar, ha cambiado mi visión sobre Neruda. Hay
que ver un poco el contexto de los años 80: yo y muchos colegas
y amigos estábamos muy involucrados en comités de
solidaridad con la lucha en América Central, en El Salvador,
en Nicaragua... Con el tiempo cambió mi lectura del libro:
ahora le he dado muchísima más importancia a la dimensión
mítica y a todo lo que sale del contexto meramente político.
Para mí, en resumen, retraducir el Canto... ha sido
un placer, porque si uno deja un poco de lado la inspiración
política, que por supuesto está presente en el Canto...,
puede ver que además es la obra de un gran poeta. Juan Ramón
Jiménez dijo una vez que Neruda era un gran mal poeta (risas),
pero bueno... es un gran poeta. Yo creo que el Canto...
es una gran obra; es una enciclopedia, también, del continente.
A.S.: ¿Pero era un gran mal poeta?
B.V.: Yo le voy a citar a otro escritor español, novelista
esta vez, Juan Benet, que dijo: “Todo río caudaloso
es turbio” (risas). Y yo creo que está mejor dicho.
Las poéticas de Juan Ramón y de Neruda se oponían
completamente: que un poeta dijera de otro con una concepción
de la poesía opuesta a la propia que es un gran mal poeta...
bueno, no es sorprendente. Yo creo que Neruda es un río que
baja de la montaña y arrastra todo lo que está en
su camino. El canto undécimo, “Que despierte el leñador”,
es un canto político muy ingenuo, pero hay otros cantos que
para mí son magistrales: “Alturas del Machu Picchu”,
por ejemplo. También es muy bueno el último canto,
más bien autobiográfico, que deja un poco de lado
la retórica de la Guerra Fría.-
A.S.:¿Qué otro aspecto de la obra siente que
está mejor reflejado en la nueva traducción?
B.V.: Los cambios de perspectiva: Neruda pasa de retratos
muy detallistas a una visión panorámica muy amplia,
y esto es muy importante en el Canto... . Santí
dice en la introducción que en el Canto... hay dos
instancias autoriales: el cronista y el poeta Neruda, y yo estoy
totalmente de acuerdo. Cuando habla como cronista tiene una visión
distante, como un águila desde el cielo, mientras que como
poeta político se preocupa de los más mínimos
detalles de la dimensión humana. Para mí es muy interesante
esa tensión entre un punto de vista micro centrado en el
hombre y su contexto inmediato, y la visión del paso de la
historia y de la génesis del mundo y del continente.
A.S.: Se trataría entonces del contraste entre grandes
paisajes histórico-socioculturales y retratos hiperrealistas.
B.V.: Sí. Pero además de un contraste, una
correlación: los personajes retratados a veces encarnan una
visión de la dinámica de la historia. Como en “Los
conquistadores”, donde se condensa todo un grupo social o
una cultura en un único retrato.
A.S.:¿Cuáles le parece que son las dificultades
de traducción que la obra plantea?
B.V.: Las dificultades básicas en una traducción
siempre surgen de las características de las lenguas en juego.
Por ejemplo, Neruda hace un abundante uso de palabras abstractas,
menos comunes en neerlandés que en español y más
asociadas al discurso filosófico que al poético. Como
ese efecto es todavía más fuerte si se las utiliza
en plural, yo evité usar palabras como “soledades”.
Algo parecido me sucedió con las formas del gerundio, que
ya no se usan en neerlandés porque suena muy obsoleto. Decidí
entonces pasar los verbos en gerundio al tiempo verbal del verbo
principal, dando de esa manera una idea de sucesión de hechos.
Se trató de un trabajo de transposición, y yo creo
que esa elección encaja bien en el discurso del Canto
general; es casi una obra épica, que relata eventos.
Ahora bien: en ese relato, Neruda empieza a veces con un tiempo
del pasado y sigue en presente; como eso es muy difícil de
hacer en neerlandés, lo respeté en algunos casos y
en otros no.
El carácter más abstracto del español frente
al neerlandés que antes mencionaba se hace especialmente
presente al traducir el Canto...: para el adjetivo “endurecido”,
que Neruda usa repetidamente, hay en neerlandés una larga
serie de posibilidades más específicas. Cuando el
contexto era claro, yo opté por la opción más
precisa (“endurecido por el hielo”, por ejemplo ).
A.S. ¿Cuál fue su actitud frente a un elemento
específico de la escritura de Neruda como es el ritmo?
B.V.: Lo tuve muy en cuenta. No miré mi traducción
anterior porque sentí que esta vez sí lo había
captado. La vez anterior no me había dejado fascinar tanto,
y eso hace una gran diferencia, ya que es un aspecto esencial del
Canto.
A.S.:¿Y esto incluyó prestar atención
a la métrica de algunos pasajes?
B.V.: Sí, por ejemplo en los fragmentos más
épicos, donde la métrica resulta esencial para transmitir
el efecto de acción constante.
A.S.: El Canto... es una obra pluridimensional, con
secciones muy diferentes; ¿hay alguna que le haya planteado
más dificultades que otras?
B.V.: Una sección que me resulta muy difícil
es “Los ríos del canto”, las cartas a los poetas.
Utiliza frases larguísimas en poemas larguísimos,
lo que obliga a prestar muchísima atención a la estructura
y a lo que dice cada poema. Además, cambia constantemente
de registro, y es muy importante para la traducción percibirse
esos cambios. Otro canto bastante difícil es “Machu
Picchu”: hay varios símbolos que resultan todavía
oscuros para la crítica; Neruda se basó en muchos
libros, y no los conocemos todos. Es un ladrón, ¿eh?
(risas). Neruda usa muchas citas en el libro, pero también
hay muchas otras frases que también son citas y no lo sabemos.
2. La imagen de un poeta: Neruda o la sombra del padre
A.S.: ¿Cuál diría que es la imagen de
Neruda para el lector medio en neerlandés? ¿Hay alguna
de las facetas de su producción que sea más conocida?
El poeta amoroso, el poeta comprometido...
B.V.: Creo que esas dos caras de Neruda son las más
conocidas, pero eso no implica que lo conozcan como poeta, y creo
que pasa lo mismo con el público hispanohablante. Lo que
es conocido es el personaje romántico, tanto en su lado amoroso
como en su lado político. Lo mismo ha sucedido con Lorca:
siempre lo han vinculado a la República o a lo gay. Lo han
convertido en un mártir de la causa gay, cosa que no tiene
mucho sentido porque él no asume en sus textos su homosexualidad,
no es Walt Whitman. O sea que la imagen popular es la del mártir
de la causa gay, cosa que es en parte falsa, o la del mito republicano,
el intelectual, si no revolucionario, democrático o antifascista.
Neruda no era gay, que yo sepa (risas), pero también es percibido
por el gran público desde dos o tres perspectivas básicas.
Hernán Loyola está haciendo una investigación
sobre la relación entre el posmodernismo y los últimos
poemas de Neruda. No es que sean posmodernistas, pero hay una evolución
en su obra que la gente no conoce.
Son notables las reacciones que Neruda ha producido también
en los escritores posteriores. La manera en que lo trata por ejemplo
Roberto Bolaño es casi la reacción de un hijo frente
a la inmensa sombra del padre que le oscurece la mitad del mundo.
Yo creo que faltan lectores adultos de la obra de Neruda. De todas
maneras si yo fuera chileno también tendría que liberarme
de Neruda, e incluso he tenido que hacerlo después de la
primera traducción del Canto...: durante años
he dicho “¡No, Neruda es un mal poeta, es un poeta retórico!”
y cosas así (risas), y poco a poco me fui dando cuenta de
que era mucho más. Creo que, como Lorca, es un poeta para
el siglo XXI. Con sus debilidades y todo (a mí no me gusta
su poesía amorosa), es un gran poeta.
A.S.: Me ha recordado una escena de Los detectives salvajes
que muestra que Bolaño parece haber reflexionado sobre
su posición: en ella su álter ego discute con un escritor
chileno mayor y termina por ponerse a llorar ante la imposibilidad
de justificar su rechazo a Neruda.
B.V.: Es que Neruda es un padre fundador de la nación
chilena, y en Chile se lo sigue considerando como el único
poeta. Esto, por supuesto, como dice Bolaño, es una exageración;
es olvidarse de grandes poetas como Tellier o Lihn. La poesía
chilena también es un río caudaloso.
A.S.: ¿Le parece que la republicación del Canto...
puede jugar un papel importante en la transformación de la
figura del autor?
B.V.: Hay que ver la republicación dentro del
marco del centenario del nacimiento de Neruda. Yo fui a la conferencia
de prensa conjunta de las organizaciones que armaron los festejos,
y tengo que confesar que no han aprendido nada (risas). Me parece
que no los mueve el interés literario, que es fundamental.
Neruda es un escritor que durante buena parte de su vida tuvo una
voz política muy fuerte, pero es mucho más que eso.
No habría que centrarse tanto en la voz política:
su último poemario al respecto es una diatriba contra Nixon,
que parece la obra de un mal poeta. Para mí el poeta es mucho
más grande que el hombre político por la fuerza de
su imaginación. Es increíble cómo puede ver
en cosas concretas toda la historia de América Latina, cómo
se atreve a escribir el Canto general como si fuese la
Biblia; el primer canto es “La lámpara en la tierra”:
Fiat lux. Es el Génesis con una corrección:
no es la lámpara en el cielo sino en la tierra.
Creo también que Neruda es víctima del marxismo, que
es una filosofía muy pobre para dar cuenta de la realidad,
porque no se puede aislar la realidad política de la realidad,
y me parece que es lo que han hecho. Neruda se creyó marxista,
y eso fue muy pobre de su parte: él no leyó bien a
Marx, yo no creo que haya logrado hacer del Canto... una
obra materialista.
A.S.: ¿Qué tan grande es la proporción
de las obras de Neruda traducidas al neerlandés?
B.V.: Se han hecho varias antologías, pero se han
traducido muy pocos poemarios enteros: creo que sólo los
Veinte poemas..., los Cien sonetos de amor y el Canto...
Se privilegió más el costado amoroso y político.
Salvo el Canto..., no se ha publicado ninguna de las grandes
obras, como Extravagario o las dos Residencia en la
tierra, el Memorial de Isla Negra, las Odas...,
los últimos poemarios.
A.S.: ¿Cuál diría que es el lugar que
ocupa hoy por hoy el Canto... en la obra de Neruda?
B.V.: Creo que Neruda, con el Canto general,
quiso hacer una autocorrección. En las dos primeras Residencia...
se había dejado influenciar por el surrealismo y había
desarrollado una visión muy trágica y oscura del amor.
Me parece que tuvo miedo de este aspecto oscuro de su poesía
y que trató de autocorregirse a través de la política.
No parece haber resultado, porque en las obras posteriores él
vuelve a sus temas. Creo que el Canto... es su poemario
más preparado, tanto en cuanto a la lectura como a la escritura,
y tiene un peso especial por haber formado parte de su obra clandestina.
Creo que es un magistral intento de enciclopedista; él no
pudo mantener esa línea hasta el final, y eso es para agradecer
(risas).
A.S.: ¿No se podría decir lo mismo de todos los
grandes escritores que han intentado ceñir su obra a un proyecto
programático? Estaba pensando en Zola y en su intención
de producir una novela científica tan real como lo real:
uno puede pensar, leyendo Nana, que lo extraordinario es el fracaso
maravilloso de ese proyecto, como en la escena grotesca y sobrenatural
de Nana hipnotizando a cientos de hombres en un teatro con el movimiento
de sus caderas
B.V.: Puede ser una buena comparación, porque Neruda era
un gran seductor, tanto a nivel amoroso como político.
A.S.: Pero es una comparación con Nana, no con Zola!
(risas)
B.V.: Es que era realmente un seductor, un hombre con
un ego muy grande que se apoderaba de las cosas que le gustaban.
Eso puede comprobarse si uno visita sus casas y ve las enormes y
variadas colecciones que tenía: él quería todo.
Veía una espuela y quería toda una colección;
un caracol, y lo mismo (risas). Todas esas cosas eran extensiones
de su ego. En su casa de Isla Negra él se sentaba frente
a una mesa hecha con una tabla encontrada en el mar, y yo creo que
estaba convencido de que tenía una relación privilegiada
con el mar, de que el mar le hablaba como a ninguna otra criatura.
Esa es una idea muy romántica. Sus Odas... también
son una colección: de frutas, de objetos... . Él se
identificaba con todo o, mejor dicho, quería que todo se
identificara con él (risas).
(Una versión reducida de este reportaje se publicó
en Panorámica Latinoamericana n° 19, Bruselas,
abril de 2004.) |