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Ezra Pound
Blandula tenula vagula
Traduccción
y nota de Circe Maia
What hast thou, O my soul, with paradise?
Will we not rather , when our freedom ‘s won
Get us to some clear place wherein the sun
Let drift in on us through the olive leaves
A liquid glory? If at Sirmio
My soul, I meet thee, when this life ‘s outrun
Will we not find some headland consecrated
By aery apostles of terrene delight
Be not our cult be fouded on the waves
Clear sapphire, cobalt, cyanine
On triune azures, the impalpable
Mirrors unstill of the eternal change?
Soul, if She meet us the, will any rumour
Of havens more high and court desirable
Lure us beyond the cloudy peak of Riva?
Blandula tenula vagula son las tres palabras con las que
comienza un poema escrito por el emperador Adriano, unos días
antes de morir, para ser puestas sobre su tumba. Lo original de
este poema es que se trata de un diálogo con su propia alma,
por alguien que no cree en el destino sobrenatural de los espíritus.
El emperador era una mente escéptica en el terreno religioso.
En el poema de Pound se trata también de un diálogo
con el alma, a propósito del momento en el que deba separarse
del cuerpo. ¿Querrá el alma remontarse al paraíso?
La respuesta es: No, no querrá. No querrá dejar el
mundo, no cambiará la belleza terrenal por ninguna otra.
Esta es la idea central, pero no se trata de una idea abstracta,
sino que aparece encarnada en imágenes, no “ilustrada”
por ellas.
El poema consiste en una serie de preguntas que son afirmaciones
indirectas. La primera de ellas es la más importante y la
que resultó más difícil traducir, por el empleo
de la forma antigua del inglés y por la palabra “paraíso”,
que debió sustituirse por la palabra “cielo”,
por razones rítmicas.
De cualquier manera lo importante es el tono abrupto de la pregunta,
lo inesperado de ese rechazo de todo lo “paradisíaco”,
de todo lo “celestial”.
Los términos como “gloria” y “apóstoles”
son términos religiosos pero se integran al nuevo contexto,
volviendo sagrados lugares como colinas o promontorios junto al
mar.
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¿Qué tienes tú que ver, mi alma, con el Cielo?
¿Acaso no querrías, cuando ya estemos libres,
buscar un lugar claro, adonde el sol
suelte sobre nosotros, a través de las hojas
su gloria líquida? Y si en Sirmio
te encontrara, mi alma,
cuando esta vida esté ya terminada,
¿no hallaremos tal vez una colina
un lugar consagrado
por aéreos apóstoles de terrena delicia?
No estará nuestro culto dedicado a las olas,
Zafiros claros, cobaltos o cianóticos
Triúnicos azures, impalpables,
Los inquietos espejos del permanente cambio?
Mi alma, si Ella llega, qué rumores traería
De refugios más altos, de cortes más deseables
Que pudiera atraernos
Más allá de la cima, entre nubes, de Riva?
Es el mar, en definitiva, el centro del nuevo culto, propuesto por
el poeta. Y más que el mar, sus olas, con su constante cambio:
el mar es siempre diferente a sí mismo pues los tonos de
su azul cambian constantemente.. Aparece entonces una nueva Trinidad,
los tres distintos tonos del azul: “triúnicos azures”.
En la gradación de los azules están sugeridos las
tonalidades diferentes de la vida: desde las más esplendorosas
a las más sombrías.
En la última pregunta aparece lo que podríamos llamar
“tentación de la trascendencia”: ese rumor de
altos puertos o refugios. Ningún rumor semejante puede atraer
al alma y llevarla más allá del pico de una montaña.
Es interesante notar dos detalles: el verbo “lure”,
que es atraer con engaños, para señalar esa tentación
celestial a la que no cede el alma. El otro detalle es el pico brumoso,
escondido en las nubes, es decir, cercano al cielo, pero terrenal.
Es la cima de una montaña real, con nombre propio, en un
lugar determinado. Parece ser el de un pueblo de Austria, cerca
del cual existía la antigua Sirmio.
La referencia geográfica nos vuelve otra vez al mundo romano
antiguo, a una civilización ya en profunda crisis, cuando
Adriano escribía sus melancólicas líneas.
Circe Maia
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