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Escuchando el Segundo Cuarteto de cuerdas, de Morton Feldman

Beatriz Sarlo

Teatro San Martín, Buenos Aires. Ciclo de Música Contemporánea organizado por Martín Bauer. 13 de noviembre de 2001.

El arte moderno me enfrenta de golpe con una trascendencia negativa. Estoy escuchando la obra de Feldman como una experiencia de trascendencia por extenuación. La repetición es un principio estético (incluso el tedio puede hacer surgir un infinito). Volver a pensar la extensión como noción estética. La necesidad de la larga duración.

No hay instante de rapto, pero toda la audición es una situación de rapto, casi inmaterial, a diferencia de una materialidad fuerte como las del rock y el jazz.

¿El olvido se perfecciona en la duración o comienza a percibirse una unidad ilusoria? Justo en la mitad del Cuarteto, me pierdo, no sé cuánto tiempo. Me encuentro cuando los instrumentos hacen un pizzicato al unísono. Desconcertante: me parece, de pronto, que las cuerdas suenan como otros instrumentos (escucho la percusión de las notas de un clavecín).

¿Se puede hablar de partes? ¿Percibo partes del Cuarteto? ¿O sólo células, unidades mínimas de sonidos perfectamente organizados y significativos? Unidades: en cada una de ellas hay formas diferentes de tocar las notas: con los dedos, con el arco en forma continua, en pequeñas frases, nota a nota, acordes de los cuatro instrumentos, unísonos, pequeños quejidos, fugas…

¿La música se eleva? Creo escuchar fragmentos idénticos, pero tocados en registros cada vez más altos, más agudos. No sé si estoy escuchando bien, si la duración no es un principio de deformación de la escucha.

El límite: la duración como lo imposible. Llegamos al final del cuarteto y creemos estar en el principio. Sin embargo, no tengo ninguna sensación de circularidad, por la variación, la repetición de células cuyos contornos me parecen inconmensurables.

Han transcurrido cuatro horas: hay lo que yo llamaría un protagónico del violín, respondido por acordes continuos de los otros instrumentos. Distingo todo con una claridad casi excesiva. Sin embargo, la música tiene una cualidad ondulante y respiratoria.

¿Qué sucedería si los músicos grabaran el Cuarteto en una cinta y luego se la pasara por medios electrónicos en un auditorio estéticamente más adecuado a la música de Morton Feldman? Necesito la visualidad de Rothko Chapel, recuerdo las inmensas pinturas de Rothko..

Las partituras sobre los atriles parecen plegadas de modo tal que, en vez de hojas, consisten en un largo rollo de pentagramas. ¿Los músicos vuelven a sectores de ese rollo? ¿Siempre van hacia adelante?

(Notas tomadas durante la interpretación del Segundo Cuarteto de cuerdas de Morton Feldman.)