A
propósito de Morton Feldman y su Segundo Cuarteto de
cuerdas
Mariano
Etkin
Morton
Feldman decía que se podía vivir sin arte pero que
no se podía vivir sin el mito acerca del arte. Uno de esos
mitos supone que las obras tienen duraciones más naturales
que otras, un poco a la manera en que Rameau y su época proponían
a la armonía tonal como algo natural. Feldman compuso, en
sus últimos años, obras de una duración desacostumbrada,
entre ellas el Segundo Cuarteto de cuerdas, ejecutado por
el Cuarteto Pellegrini en Buenos Aires en 2001. Esa duración
muy extensa está alejada de cualquier pretensión de
grandiosidad. Lo extenso aparece como atributo vinculado con los
materiales pero no con una ritualidad. "El fabricante de mitos,
decía Feldman, tiene éxito porque sabe que en el arte,
como en la vida, necesitamos la ilusión del significado.
Él estimula esa necesidad. Nos da un arte vinculado con sistemas
filosóficos, un arte con una multiplicidad de referencias,
de símbolos, un arte que simplifica las sutilezas del arte,
que nos alivia del arte". Existen dos obras que son antecedentes
insoslayables, no solamente para vincular a Feldman con una preocupación
por el tiempo y la duración, sino para situarlo en una línea
de continuidad con compositores que, como él, cuestionaron
las premisas más sólidas de la música de arte:
Vexations de Erik Satie y 4´33´´
de John Cage.
Además
de aventurarse en el terreno de las duraciones, Feldman logró
casi lo imposible: despojar a los instrumentos de los gestos, convenciones
y giros adquiridos en su paso por la cultura occidental. Volvió
así a convertirlos en instrumentos y a relacionarlos con
el sonido, más acá de la música.
Su actividad
como sastre hasta bien entrada la década del 70 probablemente
favoreció el desarrollo de su refinada sensibilidad por los
detalles y hasta su interés por cierto tipo de alfombras
orientales. "Mi música, decía, está hecha
a mano: soy como un sastre. Hago los ojales a mano. El traje queda
mejor".
Si hay
una música paradojalmente contemporánea y al mismo
tiempo fuera de su época, esa es la de Feldman. Su mundo
es esencialmente anti-mediático, anti-tecnológico
y, por cierto, nada espectacular. En los años que han pasado
desde la muerte de Feldman, éste ha dejado de ser, gracias
a la grabación y el análisis de casi todas sus obras,
un compositor marginal. (Es bueno recordar que ya hacia mediados
de los años sesenta, Buenos Aires era uno de los poquísimos
lugares del mundo -fuera de los círculos de la Escuela de
Nueva York- donde la música de Feldman comenzaba a ser tocada
y apreciada.) Su música -quizás haya que decir felizmente-
no ha dejado de serlo.
(Publicado
por primera vez en la revista Segundas Jornadas de Música
Contemporánea, Facultad de Bellas Artes, Universidad
Nacional de La Plata, La Plata, Argentina, 2001.) |