Esquinas
Silvestre
Revueltas
De todas
las calles y de todos los barrios. Probablemente, al que escucha
le será difícil imaginarse en una esquina. A mí
también. Con buena voluntad se podrá imaginar cualquier
cosa: calles, callejones, plazuelas, plazas. Sería divertido
encontrar en esta música ruido de claxons, tranvías,
camiones, etcétera. Desgraciadamente no hay nada de eso.
(AI menos, ingenuamente, así lo creo.) Más bien el
ruido, o silencio, el tráfico interno de las almas que veo
pasar cerca de mí. Algunos entendidos en música son
capaces de encontrarle forma determinada -binaria, ternaria, lied.
No ha sido esa mi intención. El tráfico de que hablaba
es multiforme y sin coherencia aparente. Este sujeto al ritmo de
la vida, no a la distancia de un lado al otro de la calle. Desde
el punto de vista técnico musical no puedo decir nada, porque
no me interesa. Algunas personas de buen humor dicen que tengo técnica;
otras, de mal humor, que no. Deben saberlo mejor.
Esquinas de ayer con emoción de hoy, observadas desde otros
caminos del corazón con nueva mirada, más comprensiva,
más fiel, por más experimentada; modelada con nuevo
material, dejando intacta su atormentada angustia de aspiración
encadenada, su dolor persistente clavado en la mitad de la calle,
su grito desgarrado de pregonero pobre y desamparado, fecundo en
rebeldía que ahora siento un poco extraño dentro del
alentador optimismo de mi deseo actual, alegre y fuerte como una
clara montaña de nueva energía y esperanza nueva.
Solo quedó lo esencial de esas esquinas tumultuosas, que
guardan el rumor de las multitudes en lucha, su agrio sabor de desconsuelo
y su dura consistencia del pueblo forjado en todos los dolores.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991) |