España
Silvestre Revueltas
16 de
julio [de 1937]
Frontera
al fin. 1 1/2 de la tarde. Retraso. Noche en blanco. Cansancio.
Cerbère: Francia; Port-Bou: España.
Otra vez sudar, revisar, abrir, cerrar maletas, maldecir las aduanas,
las fronteras, los empleados, el destino.
El Mediterráneo nos da desde lejos la bienvenida. (Mediterráneo:
tu nombre iluminó con su azul de tarjeta postal los sueños
de mi infancia. Hoy lo realizo felizmente porque no me Ilevas a
la Côte d'Azur, sino a las rojas y trágicas playas
de España.)
No he podido tomar el tren de las tres para Barcelona. Hay que esperar
a las tres de la mañana que sale otro tren. Otra noche en
blanco, pero en España; en Cataluña. Port-Bou: delicioso
pueblecito catalán a orillas del Mediterráneo.
Silencio de la noche y el mar. Quietud.
¿Estamos en guerra? ¿Qué significan estas palabras?
iGuerra!
De pronto un cañonazo en el esplendor del silencio estrellado.
No es nada. Nadie interrumpe sus charlas en los pequeños
cafés del pueblecillo. Vuelve el silencio.
Solo las luces que salen de las puertas de los cafés iluminan
pálidamente las calles. Las dos o tres calles de los cafés.
Todo lo demás a oscuras.
Pero es una noche tan transparente, que la luz de las estrellas
se refleja en el mar.
iQué quietud más bella!
Caminar por las calles dormidas, confiadas. iQué extraordinaria
seguridad!
En estos momentos se combate en toda España. Miles de almas
indomables defienden una noble causa con valor, con esperanza. Estoicamente.
Ilusionados por la nueva vida; llenos los ojos de porvenir.
Hombres, mujeres, niños de esta República de Trabajadores.
iNoche maravillosa del Mediterráneo, en Port-Bou de Cataluña:
te pido la belleza serena para este pueblo en lucha, en la hora
de su martirio y en la hora de su triunfo!
Salgo para Barcelona a las tres de la mañana.
El mar va con el tren largo rato. (S. R.)
17-18
de julio. Barcelona.
Rambla
de Cataluña. Paseo de Gracia. Tibidabo. Me invade una alegría
mezclada de tristeza. Parece que he llegado a mi país. Sin
embargo, me siento extranjero. Mi habitual timidez, mi hosquedad,
me impiden acercarme más a las gentes; tengo miedo de parecerles
importuno; más bien de importunarlos realmente... entonces
no me atrevo a hablar y aparezco ceñudo y poco amigo; me
da pena y me siento aislado.
Oigo las voces familiares en castellano aquí y allá.
Toda la gente lo habla pero prefieren hablar su lengua catalana
que suena dulcemente y que quisiera comprender; solo comprendo una
que otra palabra.
En Barcelona no parece sentirse la guerra. La gente hace su vida
habitual con poca diferencia.
Además me parece encontrar una revolución organizada,
muy lejos del lirismo charro de nuestras exaltaciones momentáneas.
La gente esta seria: lucha y trabaja. Saluda con el puño
en alto, gravemente, sin teatralidad. El teatro es el frente: Inmisericorde
y sin make-up.
Hoy por la noche saldré para Valencia. Hay que ir a la estación
con tres o cuatro horas de anticipación para encontrar lugar
y comprar los billetes. Los trenes van abarrotados.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991) |