Alrededor
de México
Mariano
Etkin
Porque lo que
se repite, anteriormente ha sido, pues de lo contrario no
podría repetirse. Ahora bien, cabalmente el hecho
de que lo que se repita sea algo que fue, es lo que confiere
la repetición su carácter de novedad.
Soren Kierkegaard, La repetición.
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A comienzos
de la década pasada escuche por primera vez una canción
revolucionaria de Silvestre Revueltas titulada Frente a frente,
escrita con motivo de la Guerra Civil Española. Más
que por cualquier otra característica, la recuerdo por la
combatividad que transmitía. Esa idea de confrontación,
aunque desprovista del elemento combativo, fue uno de los impulsos
para componer Frente a frente, que escribí en 1983.
Otro estímulo importante fue el sonido de la palabra "ha".
"agua" en idioma maya yucateco, que había escuchado
poco tiempo antes, en una primera visita a México. De hecho,
ese sonido interviene literalmente. La "hache" es exhalada
con gran velocidad y culmina con un golpe de glotis que interrumpe
bruscamente el sonido de la brevísima "a" y el
ruido de creciente intensidad que la precede y acompaña.
El corte es tan brusco que permite imaginar al hablante o cantante
necesitando exhalar, en silenciosa continuidad; el aire restante
luego del golpe de gtotis.
Interrupción.
Las construcciones mayas de Chichen Itzá y Tulum también
la proyectan. La fisonomía de los actuales pobladores, igual
a la retratada en los monumentos, genera un extraño paralelismo
entre la piedra y la carne que no hace más que corroborarla.
En una segunda visita, otra vez surge la interrupción. Recorro
el excelente Museo de las Intervenciones, en el Distrito Federal,
donde se despliega la historia de la voracidad de franceses y estadounidenses.
Lo interrumpido, aunque mutilado, nuevamente persistió. También
podría pensarse al revés: el Museo, en lugar de dar
cuenta del pasado, es como un eco del presente, pero invertido.
Primero se escucha la resonancia o desinencia y luego el ataque,
análogamente al sonido de la palabra maya "ha".
En cada museo mexicano recorrido esta posibilidad volvió
a insinuarse.
Por la
noche, celebrando Ios 80 años de Blas Galindo, se ejecutan
dos obras del homenajeado. La inadecuación entre materiales
muy restringidos -y procedimientos armónicos- texturales
que enfatizan esa restricción- y esquemas formales de origen
germano usados escolásticamente es flagrante. Finalmente,
termino agradeciéndole a Galindo la claridad de la lección.
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Tiene
razón Julián Orbón cuando dice que "la
falta de afinidad de los músicos latinoamericanos con las
grandes formas está en un rechazo de nuestro específico
ser creador". Esa incopatibilidad idiosincrática con
organismos o estructuras (o instituciones) cerradas, unidireccionales
y relativamente previsibles, a manera de la sonata clásico
romántica derivada de un principio único y unificador,
quizá tenga algo que ver con un momento fascinante de la
historia de México. Hacia 1519 Moctezuma accede que los invasores
españoles levanten un altar con una Cruz y una imagen de
la Virgen en un rincón de la pirámide del Templo Mayor,
como concesión ante el pedido de Cortes para derrocar todos
los dioses nahuas erigidos en el Templo. El politeísmo, es
decir, la repetición del concepto de dios, podía admitir
algo tan ajeno como la cruz y una imagen de la Virgen; lo inadmisible
era el monoteísmo. Y la sonata es, sin duda, una de las cumbres
del pensamiento monoteísta.
El monoteísmo europeo -esa suerte de concentración
de la energía en un solo lugar, se vincula con la idea de
progreso y desarrollo. Silvestre Revueltas tuvo el talento y la
inteligencia no de saber, sino de saber qué sabía.
En su música la- forma no proviene de modelos aplicados con
esfuerzo y mecánicamente sobre materiales que se les resisten.
Si aquellos están presentes son como ecos o sombras, en un
sentido casi rulfiano. Desmiente así la afirmación
de Eduardo Mata -característica del director de orquesta
colonizado por el sinfonismo romántico y el "show business"-
de que "nos ha costado muchisímo trabajo los latinoamericanos
llegar a los estadios superiores del arte musical. Identificando
las grandes formas (el subrayado es nuestro) No es aventurado afirmar
que la falta de dominio artesanal ha frustrado, en nuestros países,
la total realización de talentos superiores".1
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El oficio
no consiste en poder imitar modelos "superiores" sino
en lograr la más exacta correspondencia entre intenciones
y resultados. Más aun cuando "nuestra herencia es una
red de agujeros".2 En cuanto a la "total realización",
no deja de ser una idea pletórica de carrerismo mezquino
y oportunista, al estilo del "you-made-it", que Revueltas
repudiaba y que Raúl Scalabrini Ortiz describió con
maestría como contraria al Hombre de Corrientes y Esmeralda,
el que está solo y espera. Ese hombre porteño tiene
conciencia de su finitud, de su discontinuidad: "Solamente
puede considerarse infalible el que ha olvidado que se muere. Fenecer,
no ser eterno es falta más grande que errar. El europeo juzga
como si fuera eterno. El porteño no puede".3
Mas allá
de un muy obvio significado de autoafirmación, la presencia
de la repetición en la música latinoamericana quizá
pueda escucharse como alusión involuntaria a un estadio previo
a la escritura o a la notación. En ese, la falta de un soporte
almacenador hace necesaria la utilización de la memoria del
músico-intérprete -como en algunas músicas
no europeas- para definir los limites y la forma de la obra. De
ahí la importancia de la repetición. El simultáneo
rechazo a las "grandes formas" puede verse como expresión
de esa arcaica desconfianza hacia el soporte-objeto que sustituye
a la memoria -libro, partitura- permitiendo un desarrollo; es decir,
despegarse del comienzo -sabiéndose seguro de poseer el Todo-
y dirigirse, oportunamente, hacia otros lugares unidos por un delgado
pero indestructible hilo.
Además,
la repetición en la música latinoamericana podría
vincularse con la presencia de la muerte en la vida mexicana. El
pasado se mezcla con el presente "para reunir el reino de los
vivos y a los muertos en una imperceptible franja fronteriza".4
El
Hombre que está Solo y Espera nunca olvida que morirá.
Su incredulidad para con las "grandes formas" y las "realizaciones
totales" lo Ileva a estar ahí, repitiéndose,
como encarnación de la música, a la que Stravinsky
consideraba como el único dominio donde el hombre realiza
el presente.
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En una
de las tumbas prehispánicas de Zaachila, en el Estado de
Oaxaca, se ve a un sacerdote sacrificador con un puñal en
la mano, máscara de serpiente y el cuerpo cubierto por una
caparazón de tortuga. La conjunción del puñal
y la tortuga producen una tensión singular.
AI volver a la ciudad de Oaxaca escucho en las calles alas Marimbas
del Estado. La continua resonancia inarmónica producida por
las membranas de los resonadores recuerda cierta música asiática.
Cuando me acerco a conversar con el que oficia de coordinador del
grupo, su natural modestia y parquedad contrasta abiertamente con
el extraordinario virtuosismo desplegado hace un rato. "No
tenemos arte. Hacemos las cosas lo mejor que podemos", dicen
los balineses, citados por Cage.
Notas
1- Eduardo
Mata, "Discurso de ingreso al Colegio Nacional", Pauta
n° 12, octubre 1984, México, p. 9.
2- Visión de los vencidos. Relaciones indígenas
de la Conquista. Introducción, selección y notas
de Miguel León-Portilla, México, UNAM, 1971, p. 166.
La city proviene de un 'icnocuícatl' (cantar triste) poscortesiano
compuesto hacia 1523. La estrofa completa dice: "Golpeábamos,
en tanto, los muros de adobe,/ era nuestra herencia una red de agujeros/Con
los escudos fue su resguardo,/pero ni con escudos puede ser sostenida
su soledad".
3- Raúl Scalabrini Ortiz, El Hombre que está Solo
y Espera, Buenos Aires, Ed. Plus Ultra, 1991, 17° edición,
p. 67.
4- Fabienne Bradu, Ecos de Páramo, México,
Fondo de Cultura Económica, 1989, p. 31.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991) |