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Partituras
Federico Monjeau
Sobre:
Gerardo Gandini. Eusebius (cuatro nocturnos para piano o un
nocturno para cuatro pianos) 13183. Eusebius (cinco nocturnos
para orquesta) 13513. Ricordi Americana.
En ocasión
del estreno de Eusebius (cinco nocturnos para piano), por
la Filarmónica de Buenos Aires con dirección de Juan
Pablo Izquierdo (Teatro Colón, septiembre de 1995), el compositor
Gerardo Gandini escribió para las notas del programa: “La
figura de Schumann, su música, sus mitos, sus distintas identidades
fueron, durante 1984, una presencia obsesiva para mí. Y pretendí
exorcizarla a través de varias obras compuestas durante ese
año”. En efecto, durante 1994 Gandini escribió
cuatro obras que de un modo a otro se refieren a Schumann: las dos
versiones de Eusebius (la primera para piano y la segunda,
completada en 1985, para orquesta); RSCH: Escenas, para
piano y orquesta; y RSCH: Testimonios, para recitante,
piano y sonidos electrónicos.
Eusebius había sido una obsesión de Schumann.
Con ese nombre firmó buena parte de sus incursiones en la
crítica musical, tituló algunas piezas para piano
e identificó a uno de los personajes de su círculo
imaginario La liga de David. Schumann no fue menos afecto
a las construcciones imaginarias que a las especulaciones sobre
teoría estética. Pensaba que las artes poseían
una misma estética y que solo los materiales de una y otra
eran diversos, premisa típicamente romántica y algo
difícil de sostener, aunque no deja de resultar atractiva
cuando Gandini ha imitado, en Eusebius” el trabajo
de un escultor: restar partes a una materia que en su estado bruto
contiene la forma final.
La primera versión de Eusebius, subtitulada Cuatro
nocturnos para piano o un nocturno para cuatro pianos, consiste
en cuatro lecturas o, mejor, cuatro filtrados distintos de una pieza
para piano de Schumann, la nro. 14 del ciclo Danzas de la liga
de David. Cada nocturno mantiene la estructura original de
40 compases de tres cuartos; no hay cortes verticales sino horizontales
o, más precisamente, de lado a lado, ya que Gandini no procede
en línea recta sino en forma muy sinuosa. Cada nocturno toma
algunas notas de Schumann; las que omite serán sucesivamente
aprovechadas en formas posteriores, que superpuestas en un hipotético
quinto nocturno vendrían a reconstruir la pieza de Schumann.
A diferencia de lo que ocurre comúnmente en la escultura,
no hay aquí desechos de material. De cualquier manera, no
se trataría exactamente de una reconstrucción sino
de una metamorfosis: los nocturnos retoman las notas de la pieza
de Schumann en el momento de su aparición, coinciden en el
ataque, pero el modo específico de ese ataque varía,
como también lo hacen la duración y la dinámica,
con lo cual se crean superposiciones, polifonías, relaciones
armónicas y planos completamente ausentes en Schumann; desde
luego, tampoco quedan rastros de la rítmica original.
Esas cuatro lecturas de la pieza de Schumann no siguen un recorrido
azaroso. Hay un criterio por medio del cual se seleccionan unas
notas y no otras: ese criterio es de orden tonal. El primer nocturno
prefiere relaciones cromáticas: segundas menores, séptimas
mayores, novenas menores; el segunda toma cuartas y quintas justas,
el tercero toma terceras y sextas; las octavas aparecen en el cuarto.
Pareciera haber un movimiento progresivo hacia una configuración
más cadencial; con todo, el elemento cadencial nunca se afirma
por completo. La ambigüedad es quizás lo esencial de
Eusebius. En rigor, el criterio tonal allí aplicado no tiene
que ver con la funcionalidad armónica sino, mucho antes,
con un colorido. Cada nocturno tiene un color tonal distinto.
Estos procedimientos piden de inmediato una transcripción
orquestal: por la caracterización tímbrica de cada
una de esas piezas; por la posibilidad de una polifonía más
definida, menos virtual; y de poner en escena, dentro del mismo
espacio y con los mismos medios, el quinto nocturno, la hipotética
reconstrucción de la pieza de Schumann; pero también
por la posibilidad de desarrollar algo que ya estaba latente en
la escritura pianística de los nocturnos, que es la melodía
de timbres -una melodía discontinua, fragmentada, no expresamente
temática o, para decirlo con Boulez, una melodía en
abstracto. El quinto nocturno de la versión orquestal consiste
en una superposición literal, exacta, de los otros cuatro
(superposición que la edición ha resuelto con una
partitura de formato vertical). El primer nocturno lleva flauta,
oboe, clarinete, corno, trompeta, vibrafón, glockenspiel,
celesta, arpa y cuarteto de cuerdas; el segundo Ileva flauta, oboe,
dos clarinetes, fagot, come, trompeta, violín, viola y cello;
el tercero es pare orquesta de cuerdas y el cuarto pide flauta,
corno inglés, clarinete bajo, fagot, dos cornos, trompeta,
trombón, platillos, tam-tam, piano, violines, cellos y contrabajos.
La distribución instrumental es consecuente con la lectura
del material original: a excepción del tercer nocturno para
cuerdas no hay cortes definidos por sección sino distintos
cortes a lo largo, distintos filtros de la orquesta. Se trata de
una orquesta descompuesta, como suele ocurrir en la música
de Gandini aun cuando los instrumentos son presentados en su disposición
convencional. Naturalmente, esta descomposición instrumental
sigue la lógica o el color tonal de cada pieza: la configuración
más bien etérea del primero se corresponde claramente
con el principio de la melodía de timbres, mientras que el
cuarto incluye algunos instrumentos más cadenciales, por
decirlo así; y más apropiados pare las duplicaciones
de octava (trombón, clarinete bajo, contrabajos).
La primera
versión de Eusebius fue editada por Ricordi en 1990;
la versión orquestal acaba de salir de la imprenta. Ambas
partituras constituyen uno de los ensayos más audaces de
Gandini; ensayo en un sentido preciso, como puesta a prueba de unos
procedimientos completamente originales.
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991)
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Oscar
Edelstein
Sobre:
Francisco Kröpfl. Música 66. Piano 13480. Ricordi
Americana.
Esta
obra fue escrita como ejercicio de acciones básicas para
los cursos de composición dictados por Kröpfl durante
la década del '60.
Las posibilidades de evolución de estas acciones básicas
o eventos mínimos en su localización formal son tomadas
en reemplazo de aquellas que, en el discurso tradicional, ocupaban
los motivos o unidades temáticas.
Así, los comportamientos complejos que conforman las diferentes
superposiciones (texturas) de estos elementos, pueden ser precisados
y extendidos a la forma global.
Las acciones mencionadas son definidas como unidades de altura (alturas
puntuales y alturas globales -bandas cromáticas-) y unidades
de tiempo (puntuales, globales –acciaccaturas independientes-
y acciaccaturas dependientes al comienzo o final de valores de duración
puntuales), más ornamentos (dobles o triples articulaciones,
mordentes o trinos o trémolos, arpegios o bandas o desplegadas);
las alturas no surgen de una serialización previa, sino que
se articulan desde sus relaciones de grado y teniendo en cuenta
el movimiento melódico o las relaciones verticales Para obtener
una planificación acomodada a la necesidad expresiva.
Los eventos o acciones básicas de Música 66
fueron concebidos desde un principio a modo de un repertorio de
signos gráficos. Esta representación de eventos sonoros
se basaba predominantemente en la analogía entre magnitudes
temporales y de espacio gráfico, criterio muy difundido en
la década del 60."
Las unidades correspondientes a las dimensiones de unidades de altura
y de unidades de tiempo antes mencionadas, se asocian en diversas
combinaciones constituyendo acciones básicas de diversas
características:
A los ornamentos, a la vez, se les puede aplicar las unidades de
tiempo puntuales en su organización rítmica.
Un aspecto a destacar en Música 66 es el procedimiento
de enmascaramiento. Se trata de ‘ocultar’ el momento
de aparición de eventos por contrastes súbitos de
la intensidad, distancia en registro y/o velocidad combinada."
Todo el material analítico de la pieza está en la
partitura: las unidades de tiempo y altura utilizadas, el esquema
formal de la primera y segunda parte con sus distintas secciones,
un breve y acertado análisis de la pieza y las instrucciones
de ejecución para algunos comportamientos. Esto hace de la
edición de Música 66 un material muy útil
para estudiantes e intérpretes, una pieza que enseña
múltiples recursos de formalización y puesta, de control
y extensión de unidades básicas a procesos complejos
de estructuración, repasando, por uso en repertorio, varios
de los comportamientos habituales en el lenguaje musical contemporáneo.
Más allá del proyecto didáctico expresado,
está la obra muy lejos de esas aproximaciones; sonando, la
pieza enmascara también sus relaciones elementales, los rasgos
distintivos mínimos y las clasificaciones de orden se presentan
solo como imágenes mentales definidas en un espacio menos
concreto. Los materiales, pulverizados y dispersos, adquieren en
la sucesión, una movilidad que solo permite el seguimiento
estadístico; el que escucha es tomado por esos puntos, bloques
y líneas, sintiéndose obligado a la destreza de subdividirse.
El ejercicio propuesto entonces, transporta, se multiplica.
La relación -por oposición- con el discurso tradicional,
una composición acertada de los distintos niveles de organización,
una forma fuerte o precisa que utilice elementos discretos en complementos
o en superposición, una controlada marcha de intervalos de
altura o de tiempo, solo predispone, sitúa, ubica, lejos...,
claro, en esta otra selección que puede ejercitar el que
escucha atento.
En ella, siempre menos civilizada que algunos números de
orden, lo de 66 no obtiene mayor beneficio que la exploración
de esos años de la vida, o el juego de inversión real
(99) que colocaría a la cifra en posibilidad de ser utilizada
hacia adelante, en aproximados 8 años de reloj. Más
o menos lejos de la actualidad, las fechas se integran con el título
en esta obra, fijándola en la década del 60. La pieza
se ve entonces libre de los tiempos actuales, original (por duradera)
y solo tardía en su edición.
Pero lo que justifica plenamente haber editado esta obra 30 años
tarde, es la actividad que supongo provocará en los músicos
cuando los datos cesen; cuando las relaciones queden solas contra
la memoria o en la música del piano; reconstruyendo o transfigurando
una a una las limitaciones del número, de los procedimientos,
de las mecánicas. O de las fechas y su vínculo con
otras obras de estudio, de experimentación, de búsquedas,
de enseñanzas verdaderas, ocultas detrás de la precisión
y el encantamiento.
Música 66 fue estrenada por Renato Maioli y existe
una gran versión inédita, de Gerardo Gandini. La grabación
de Gandini se podría editar en el 2022 para que los cálculos
no provoquen alguna confusión que altere la normal evolución
de las estructuras.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991)
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Carmelo
Saítta
Sobre:
César M. Franchisena. Trío (de las proporciones).
Para flauta, clarinete y piano. Compositores argentinos del siglo
XX. BA 13477. Ricordi Americana, 1990.
Se podría
definir a Franchisena, entre otras cosas, como un incansable experimentador.
A su búsqueda en el campo material -técnicas no convencionales
de producción en instrumentos tradicionales, la incorporación
de medios electrónicos, el tratamiento de masas, etc.- debemos
agregar su preocupación por los procedimientos de organización
temporal. En este sentido, además de los procedimientos derivados
de modelos estadísticos, en los últimos años
se ha ocupado de la “transferencia" al campo musical
de problemas propios de lo que podríamos llamar una concepción
topológica del espacio.
Aunque en términos generales (no nos referimos a la espacialización
acústica) podemos decir que el concepto de espacio es un
concepto interior referido al devenir musical -devenir básicamente
temporal-, Franchisena se ha ocupado sistemáticamente de
establecer dos planos temporales simultáneos diferentes,
con la intención de generar un vivencia del tiempo musical
de manera análoga a la que se puede experimentar en el espacio
cuando consideramos una relación entre una concepción
tradicional y otra topológica.
Este trío es un claro exponente del problema anteriormente
enunciado; de allí que todo análisis o ejecución
debe considerar este doble aspecto en la sucesión temporal
(tanto en la sucesión como en la simultaneidad). Esto es:
la sucesión de secciones o partes, donde en unas la secuencia
de los sonidos responde a la concepción tradicional (causalidad
temporal) y en otras la duración general del fragmento es
una segmentación que excluye en su interior dicha determinación.
Esta doble cualidad se hace más evidente, todavía,
en lo que podríamos llamar la "simultaneidad" o,
más correctamente, en la superposición de planos en
los cuales, en un mismo lapso del transcurso del tiempo, "cohabitan"
mensurabilidades determinadas de antemano con otras de "Iocalización"
aleatoria dentro del mismo espacio. Se establece así, desde
el punto de vista contrapuntístico, más que una relación
punto-contrapunto, la de puntos contra grupos.
Otra idea a tener en cuenta es la que el autor llama "anamorfismos",
como el representado por el símbolo del factorial de un número
que sirve en el trío para indicar las veces que dei repetirse
la sección encerrada entre corchetes.
Por último diremos que el autor recurre a dos tipos de grafías:
la simbólica y la analógica, para enfatizar estas
dos formal del devenir temporal de su obra.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992)
Sobre:
Julio Martín Viera. Música para piano y cinco
percusionistas. Compositores Argentinos del siglo XX. BA 13521.
Ricordi Americana, 1991.
Música
para piano y cinco percusionistas pertenece al restringido
número de obras, de las muchas que usan instrumentos de percusión,
que pueden servir como modelo para el uso de estos instrumentos.
Obras como Ionisation, de Varèse; Circles,
de Berio; Auriga, de Smith Brindle; Constructions in
Metal, de Cage; Continuunm, de Serocki; Zyklus,
de Stockhausen; Hierophonie V, de Taira; Synchronisms
N° 5, de Davidovsky, y ahora ésta de Julio Viera,
mas allá de los aspectos estéticos que caracterizan
a cada compositor, constituyen un material que llena el vacío
existente en los tratados de instrumentación y orquestación
con respecto a estos medios.
Son muchos los compositores que, por diferentes razones, se sienten
inclinados al uso de la percusión, pero muy pocos tienen
en cuenta sus particularidades acústicas y técnicas.
Julio Viera, por el contrario, ahonda en estos aspectos, y plantea,
desde el punto de vista compositivo, una serie de problemas no siempre
claros entre nuestros compositores y los resuelve eficazmente y
de manera muy personal.
Un análisis de la obra nos lleva a destacar los siguientes
aspectos:
-La similitud estructural entre los instrumentos escalares y los
no escalares, debida a que estos últimos son usados como
instrumentos de diseño y se integran en buenas configuraciones.
-La excelente integración entre el piano, los instrumentos
de placa y la percusión no escalar que logra que ésta
no aparezca como un mero acompañamiento.
-La unidad lograda desde el punto de vista formal -a pesar de las
múltiples fragmentaciones que presenta la obra-, atribuible
al buen manejo que el autor hace de estos medios y que implica,
más que en otros, un conocimiento de sus cualidades sonoras.
-Por último, y tal vez lo más importante, el dominio
tímbrico, que sirve de base a su orquestación y que
le ha permitido conformar una obra sólida en su estructura
y de gran belleza expresiva.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992)
Sobre:
Giacomo Manzoni. Doktor Faustus. Opera en tres actos (once cuadros,
un interludio y un epílogo) sobre la novela de Thomas Mann.
Ricordi Milán, Scene sinfoniche per Il Doktor Fautus. Con
coro ad libitum. Ricordi Milán, 133790, 1988. Traducción:
Carla Fonseca
A raíz
de la visita a Buenos Aires de Giacomo Manzoni, en agosto de 1992,
Ricordi Americana ha puesto en circulación buena parte del
catálogo del compositor italiano, incluyendo su obra probablemente
áas significativa, Doktor Faustus”y, en otra
edición, la Scene sinfoniche per Il Doktor Faustus,
ópera cuya proyección en el Instituto Italiano de
Cultura fue presentada en aquella oportunidad por el propio Manzoni.
Doktor Faustus, basada en la novela de Thomas Mann, tuvo
su primera representación mundial en la Scala de Milán,
en mayo de 1989, con puesta en escena de Bob Wilson. A continuación
se reproduce el artículo de Joachin Noller incluido en el
programa del estreno.
Ningún pasaje de las Escenas sinfónicas para el
Doktor Faustus es idéntico a una escena del Doktor
Faustus; los módulos, englobados en la ópera,
son más breves y proporcionalmente más numerosos.
Las “Escenas sinfónicas” no constituyen una suite.
El hecho, digno de notar, de haber sido compuestas anteriormente,
recalca la posición predominante de la música. El
proceso compositivo no se inicia con una estructura literario-dramática
sino con una estructura musical, en la cual se experimentan posibilidades
constructivas y expresivas con relación al material. Es sorprendente
la nueva cualidad de la melodía en el desarrollo del estilo
de Manzoni, donde las estructuras interválicas armónicamente
determinantes son también utilizadas en forma lineal; de
tal manera, se instala un nuevo equilibrio entre estructuras horizontales
y verticales.
Después de haber constituido durante años un subproducto
de la búsqueda sonora de Manzoni, la melodía gana
nuevamente importancia y autosuficiencia, asumiendo en determinados
momentos funciones directamente temáticas.
Mientras que en las Escenas sinfónicas todos los
elementos están reunidos en la masa orquestal, las melodías
en Doktor Faustus son revocalizadas, esto es, desaparecen
de la masa orquestal para reaparecer como motivos centrales en las
voces.
Melodía y armonía están divididas a la manera
clásica, aunque en el tercer acto se reúnen de un
modo totalmente anticonvencional: en la "escena de la locura",
Adrian no dialoga solamente con voces imaginarias, lo hace también
con voces instrumentales; sobre el fin su propia voz se quiebra
-no sin eficacia dramática-.
Esta escena pertenece a los grandes resumées musicales presentes
en la composición de Manzoni, donde un balance general pone
a prueba la unidad en la multiplicidad.
Múltiple es también el material compositivo, a cuyos
elementos básicos pertenece la sigla “Haeterna Esmeralda”:
las letras h-e-a-es-d designan en alemán a las nota si-mi-la-mi
bemol-re.. La constelación de los intervalos está
basada sobre cuartas (si, mi, la, re) y segundas menores (mi, mi
bemol, re); no sorprende por lo tanto que estructuras cromáticas
y por cuartas atraviesen la obra (horizontal y verticalmente) junto
a la estratificación en terceras, ya tradicionales en Manzoni
y ahora también melodizadas. Se establecen al mismo tiempo
elementos modales y tonales; en el fondo, la secuencia de cuartas
citada anteriormente (+ sol) puede ser interpretada pentatónicamente.
Los materiales tradicionales son puestos a disposición y
se funden en una síntesis constructiva con productos sonoros
de la experimentación de los años recientes (rnultifónicos,
sprechmusik, etcétera). A esa síntesis nos retrotrae
también el simbolismo de la referida sigla musical, que en
sí misma refine dos características de la música
de principios del novecientos -armonía de cuartas y cromatismo-,
absorbidas ahora por una masa mayor. Justamente en esa compenetración
del material musical de épocas basadas, en la recuperación
de ciertos recursos históricos, sobre todo del novecientos,
cuyos particulares medios expresivos se trata ahora de sintetizar,
reconocemos la variante frente a una estética que se ha dado
en llamar posmoderna. Las "reminiscencias" históricas
de Manzoni no tienen una función restauradora y no concluyen
en música de segunda mano. Por lo tanto, es casi obvio que
él escriba su propia música y no la de Adrian Leverkühn,
y no tome como base de su composición las indicaciones de
la novela. Del mismo modo, el estilo madrigalístico arcaizante
(que recuerda a Monteverdi) en el Interludio coral del Lamento del
Doctor Faustus asume una función dramático-musical
a través del contraste con los medios expresivos de la subsiguiente
“escena de la locura".
Manzoni no escribe desde la anti-música a la Novena
beethoveniana; si en determinado pasaje de la obra cita el célebre
acorde disonante del final de la Novena, obtiene notables resultados:
el sonido global, que funde un acorde de séptima disminuida
(do sostenido, mi, sol, si bemol) con una tríada de re menor,
puede ser entendido como una estratificación de terceras:
en consecuencia, dentro del ámbito sonoro de Manzoni eso
no debe ser percibido como una cita extraña.
Dramaturgia
Para
describir las condiciones del hombre moderno que renuncia a cualquier
tipo de ataduras, se recurre a menudo al concepto existencial. La
concepción existencialista, en su sentido más amplio,
donde se hace valer una "existencialidad”, asume también
las formas de la dramaturgia: nace así un teatro donde se
ubica en primer plano no el hombre que actúa, sino situaciones
en las que evidencia su posición existencial; un teatro de
situaciones: Torneo nocturno, de Malipiero, El prisionero
de Dallapiccola, Intolerancia 196” de Nono, Hyperion
de Maderna. En esta viva tradición se instala el Doktor
Faustus. Se presentan aquí situaciones límites
de Leverkühn: las aventuras eróticas, la enfermedad,
dos encuentros bien distintos con la muerte, el acto creativo de
la composición, el amor por los hombres; algunas veces el
simbolismo de las situaciones requiere la alegoría: el locus
amoenus con ninfas y piano, el pacto con el diablo y, finalmente,
la "escena de la locura", que en el teatro musical asume
una significación alegórica: la apertura musical a
lo nuevo. Donde, sobre el plano psicológico, todo está
en disolución, una vez más la música lo asume;
donde el canto calla (Epílogo), cantan los instrumentos (y
las melodías vocalizadas de las Escenas sinfónicas
vuelven a ser tomadas por la orquesta); en la música "diabólica"
del héroe, Manzoni reconoce implicancias sociales, prefiguraciones
de una nueva sociedad. El doble nivel de la novela (tiempo narrativo
y tiempo narrado) se transforma en el doble nivel de la música
como medio expresivo y como protagonista; y mientras a menudo la
música se limita a comentar acciones y sentimientos de los
personajes, son entonces las figuras del Doktor Faustus
quienes comentan la música. La dramaturgia es una dramaturgia
musical por excelencia.
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992) |