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Libros
Ernesto
Epstein
Sobre:
Jeann-Paul Despins. La música y el cerebro. Trad.:
María Renata Segura. Buenos Aires, Gedisa, 1989, 146 págs.
En un
reciente viaje de estudio, invitado por dos universidades alemanas,
pudo constatar los grandes cambios que se han producido en los últimos
tiempos en el campo de la musicología. Los temas de índole
histórica, descriptivos analíticos, ya no constituyen
el núcleo centraI de esta ciencia. Otros enfoques e interrogantes
sociológicos-culturales, biológicos y psicológicos-
todos ellos centrados más en el ser humano en su relación
con la música que con el fenómeno musical en sí,
han acaparado el interés de numerosos investigadores que,
a través de sus estudios y las correspondientes publicaciones,
han constituido una verdadera Antropología de la Música.
Hace aproximadamente medio siglo que el etnomusicólogo norteamericano
Charles Seeger manifestaba: "Continuar con la costumbre de
considerar musicología y etnomusicología como dos
disciplinas separadas, abordadas por dos diferentes tipos de estudiosos
con dos objetivos ampliamente diferentes y aun opuestos, ya no puede
ser más tolerada como digna de la ciencia occidental."
Desde entonces han aparecido importantes trabajos que contribuyeron
a que se ampliara y enriqueciera notablemente el panorama de las
investigaciones relacionadas con el fenómeno musical. Mencionemos
entre ellos el ya clásico libro de Alan P. Merriman The
Antropology of Music (1964); las publicaciones de Willi Graf
y Wolfgan Suppan que se han ocupado de los problemas socioculturales,
biológicos y hasta psicosomáticos, los trabajos de
John Blacking (How musical is man) y otras obras más
recientes que pudimos consultar y cuyos títulos por sí
solos dan una idea de una muy variada temática abordada,
entre ellos: The Musical Mind in the Context of Culture and
Biology (Suppan, 1985), Music, Mind and Brain: the Nueropsychology
of Music (varios autores, 1982), Social Structure of Music
(H. Edward, 1988), New Music and Psychology (R. Erickson,
1987), Psychoanalytical Explorations in Music (varios autores,
1990), El hombre como hacedor de música (Suppan,
1984).
A esta lista que se podría alargar considerablemente se agrega
pues este trabajo cuyo actor es profesor de música en la
Universidad Laval de Quebec (la versión original en francés
data de 1986). La primera parte del libro está dedicada a
exponer el funcionamiento del cerebro humano con respecto a la música,
mejor dicho, su aprendizaje; en particular se refiere a la asimetría
que se observa entre los dos hemisferios del cerebro. Se basa en
la tesis de que, mientras el hemisferio izquierdo elabora, en primera
instancia, los procesos verbales y analíticos, el derecho
es más bien totalizador y sede de los procesos musicales,
sin que por ello el izquierdo no intervenga también en este
proceso. Según el actor: "Todo músico bien formado
debe cumplir un equilibrio dinámico entre las potencialidades
hemisféricas derechas a izquierdas". Según Despins
la educación musical corriente no toma en cuenta debidamente
ese equilibrio cerebral fundamental como tampoco la diferencia que
existe entre las disposiciones congénitas de ambos sexos.
En este sentido, el tercer capítulo "Asimetría
cerebral y música" es algo así como el punto
crucial del trabajo ya que en los tres capítulos restantes,
el actor se ocupa en particular del problema pedagógico que
deriva de las diferentes funciones y su incidencia en la enseñanza
musical de infantes y niños. Sin ofrecer soluciones concretas,
Despins aboga por métodos didácticos más diferenciados,
adaptados al funcionamiento cerebral respectivo para evitar frustraciones,
mengua de interés, falta de motivación, etc.: "Todo
pedagogo y es a ellos que el libro está
dedicado debe comprender este mensaje para responder mejor a las
expectativas del niño.”
No podemos formar un juicio con respecto a la traducción
ante la imposibilidad de confrontarla con el original. Mas no entendemos
por qué la traductora invirtió los términos
del título. El original Le cerveau et la musique sintetiza
perfectamente el planteo del libro: a partir de la estructura y
las funciones del cerebro sacar conclusiones con respecto al fenómeno
musical, y en particular, a la educación, mientras que el
título de la traducción podría sugerir que
se trata de investigar el fenómeno musical con respecto a
su efecto sobre el cerebro, las reacciones del mismo y el proceso
de percepción. De todos modos, el libro constituye un valiosos
aporte al conocimiento del tema específico y debería
estar en manos de todo educador.
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991)
****
Guillermo
Saavedra
Sobre:
Botho Strauss. Crítica teatral; las nuevas fronteras.
Traducción de Carlos Piechocki. Barcelona, Gedisa, 1989,
230 págs.
Lo increíble
de este libro no es el título -Crítica teatral: las
nuevas fronteras, Análisis de los acontecimientos estéticos
y políticos involucrados en la acción teatral-
sino que su intimatoria, germánica ambición se cumpla,
a su modo, en su desarrollo. Y que ese cumplimiento -oscuro y difícil-
tenga lugar no en la verdaderamente alemana arquitectura de un solo
y monumental ensayo sino en la acumulación de unos cuantos
artículos escritos entre 1967, 1970, al calor, como se dice,
de los acontecimientos.
No se trata de la sorpresa de quien establece un sistema de ecuaciones
del tipo: celeridad-periodismo-pantleto versus lentitud-literatura-ensayo.
Lo que resulta admirable en este volumen es la inteligencia inmediata
de su autor para situarse frente a hechos e ideas que, literalmente,
estallaban a una velocidad superior a la capacidad de asimilación
de los actores. Omnívoro pero altamente selectivo, el régimen
de Strauss en aquellos años le permitió una saludable
y precoz digestión; una suerte de metabolismo critico cuyos
resultados, recopilados en libro dos décadas más tarde,
aparecen imbuidos de una lucidez profética: no se trataba
tanto de disolver el teatro en la vida política y social
como de rescatar, dentro de la práctica específica
del teatro, una renovada inflexión estética.
Más allá de esta perplejidad inicial, el volumen presenta
más dificultades. Algunas son propias del objeto tratado;
otras resultan de su doble distancia: en el tiempo, para todo contemporáneo,
en eI espacio, para un lector argentino.
Los textos reunidos en este libro no son ensayos pensados y escritos
como condiciones de posibilidad -teórica o práctica-
de cierto teatro sino artículos que, salvo muy pocas excepciones,
surgieron de la contemplación de hechos teatrales concretos,
fechados a historizados, confrontados con una estética en
formación pero, de alga modo, preexistente. De la estética
del confrontador existen huellas: estos artículos, sus propias
piezas teatrales, sus arduas novelas. De aquellos hechos -festivales,
puestas en escena, actuaciones, calidad de luces y sonidos, comportamiento
de los públicos, temperaturas, gestos, modulaciones-, no
quedan más rastros que las interesadas descripciones del
propio Strauss. Y la memoria de los sobrevivientes.
La fugacidad de su intolerable actualidad -mucho mayor, si cabe,
en el experimemalismo de los 60- es sin duda el primer aspecto problemático
del teatro para constituirse como objeto de análisis. Se
puede hacer una crítica de la solidez argumentativa de Strauss
pero es impracticable una confrontación de lo que él
dice con aquello sobre lo que predica. Ni siquiera el video puede
restituir con un mínirno de fidelidad aquello que ocurre
cuando el teatro transcurre porque, en ese caso, se asiste a la
documentación de un pasado, no se vive una experiencia presente.
En este sentido, la obligada inmediatez con que Strauss escribió
estos artículos para la revista Theater Heute está
atravesada por a melancólica certeza de testimoniar lo irrepetible
y la empecinada voluntad de arrancarle a esa caducidad una suerte
de permanencia.
Si la exasperante temporalidad de los hechos teatrales nos condenan
siempre al extrañamiento, a la añoranza de algo que
no se sabe bien que ha sido cuando no se lo ha presenciado, esta
modalidad particular del ubi sunt se convierte en una pregunta no
menos incómoda en presencia de ese conjunto abigarrado y
heterogéneo de fenómenos. ¿Cómo se habla
y qué se puede decir sobre el teatro? Varios milenios de
perplejidad frente a esto solo han producido dos respuestas fundamentales
a imperfectas: la Poética de Aristóteles
y los iluminados ensayos de Brecht.
La lectura del libro de Strauss tiene la insólita virtud
de devolverle actualidad a esa pregunta. No produce la basta saciedad
de clausura de uno o varios problemas: ensaya un conjunto de procedimientos,
un abanico de estrategias, arma su repertorio frente a la violencia
y la inestabilidad de lo que tiene delante: un teatro "burgués
y decadente", otro teatro radicalizado hacia su propia disolución,
otro teatro -por el que Strauss va despuntando, a lo largo del libro,
su predilección -que intenta resarcirse a partir de la más
plena conciencia de su artificio, desde la absoluta intimidad-austeridad
de su carácter estético
La escritura de Strauss, su sistema de convenciones, sus referencias,
resultan -a la doble distancia señalada anteriormente- de
una comprensión trabajosa. Quiero decir: son el resultado
de su dificultad para en tender fenómenos complejos y dan
como resultado una lectura de análoga complejidad. Tal vez
incida en esto el fantasma de lo traducido -¿se podrá
creer en la honesta competencia del señor Piechocki para
trasladar enunciados que uno imagina constituido por larguisímas
palabras que el señor Gaos habría traducido por innúmeras
palabras separadas por guiones?- pero no caben dudas de que Strauss,
en muchos momentos, es ambiguo, cuando no confuso. Es razonable:
escribe al pie de los hechos; está conformando, precisamente
allí, una concepción teatral propia que tiene, por
entonces, mucho de negatividad. De los tres artículos que
una corta tapa esquinada y desatenta califica como ensayos sobre,
dos está trabajados por una acumulación progresiva,
estratificada, de descripción y análisis de acontecimientos
sucesivos: los festivales de Nancy y Francfort de 1969, un conjunto
de puestas teatrales en diversos teatros alemanes. El recto del
volumen -más del ochenta por ciento- es una recopilación
de artículos y reflexiones a partir de puestas y piezas concretas,
con excepción de un bello homenaje a Dieter Sturm –uno
de los creadores del Berliner Schaubühne y maestro del propio
Strauss- que el discípulo escribió en 1986.
La obligada urgencia de la mayoría de los trabajos lleva
en muchos casos a Strauss hacia un cierto fragmentarismo y un tono
de inmediatez que lo aproximan –aire de aquellos tiempos-
a un pensamiento casi aforístico, al borde de la consigna.
Esto no es, en sí mismo, un déficit. Como señaló
Barthes en su formidable ensayo sobre las máximas de la Rochefoucauld,
un conjunto de máximas soporta dos lecturas: la de cada máxima
por separado, la del conjunto como una sucesión ininterrumpida;
en el primer caso, el resultado es de una placentera atemporalidad:
la máxima sortea el tiempo y se convierte en un para-mí,
es capaz de contarme; en el segundo caso, forma parte de un abrumador
monólogo obsesivo del autor, un para-sí. Se puede
seguir a Barthes o traicionarlo en su propedéutica, según
convenga, para leer estos intensos trabajos. En los momentos en
que su argumentación se cierra, puede buscarse y hallarse
una intuición poética –poeticidad que la máxima
comparte con el verso- que justifique la aparición de un
juicio contundente e imprevisto pero que, inexplicablemente, huele
bien. Puede leerse, también, como diversas modulaciones de
una obstinación: la de un joven intelectual del teatro que
intenta hacerse de un lugar mediante su escritura.
Desde luego, estos artículos de Strauss no consisten solamente
en guirnaldas con epigramas felices. Y, en cierto modo, esos nudos,
cortocircuitos o provocaciones son su cortés discreción,
su discontinuidad no alemana; un fervor intermitente que provoca
en el lector un doble apetito: por aquello que no pudo verse y por
esto que se lee y que propone, en su incompletud, una discusión
muy actual, desde el momento en que replantea la necesidad y función
de las vanguardias y la relacionarse con la sociedad desde una posición
que, ya en 1967, era una crítica aguda del oportunismo de
la modernidad, sin caer en la frivolidad ni el cinismo.
Porque estos trabajos, a pesar de sus momentos do oscura y ambigua
poeticidad, están sostenidos por una abrumadora lucidez,
una gran capacidad de observación y una biblioteca que excede
generosamente los límites de la literatura de y sobre el
teatro. Strauss puede reconocer la agonía del teatro como
instrumento directo de acción política, la inadecuación
de un teatro con pretensiones de representabilidad de lo real objetivo
y la mala conciencia de la burguesía ilustrada que intenta
eludir u ocultar las fisuras de su concepción del mundo con
"las trampas resultantes de la depravación producida
por los préstamos hechos a las artes plásticas y trasplantados
al escenario". Tiene conciencia de las limitaciones del paroxismo
artaudiano, destaca los escritos de Grotowski como una saludable
y posible austeridad y critica la hipocresía y mezquindad
de quienes esperan demasiado "del lado de la recepción"
y la cobardía intelectual de quienes confunden los límites
entre experiencia estética y vida social, vaciando de significado
los contenidos concretos y específicos de cada una de estas
áreas. Reconoce tempranamente nuevas voces y nombres promisorios
del teatro en alemán -Peter Stein, Rainer Fassbinder, Peter
Handke, Thomas Bernhard, entre otros- y reflexiona sobre la tragedia,
Shakespeare, Goethe, Brecht -tiene para este palabras desmesuradamente
lapidarias-, Beckett, Chejov y los subgéneros del teatro.
Esta diversidad no es atendida siempre con la misma precisión,
pero lo que sorprende en Strauss es la facilidad y, a la vez, la
necesidad de zambullirse en una red de tradiciones culturales. Porque
así como su escritura está atravesada por la urgencia
de la hora, esa perentoriedad jamás lo desliga de una conciencia
histórica del pensamiento crítico. Apoyado en Wittgenstein,
Benjamin, Foucault, Barthes y, rara vez, en Adorno, se vale de las
perspectivas de estos autores de un modo instrumental, sin encolumnarse
dogmáticarnente detrás de cierta filosofía
del lenguaje, ni del estructuralismo, ni del marxismo francfortiano.
Lo cierto es que, a diferencia do los intelectuales franceses que
siempre parecen estar discutiendo encarnizadamente sobre lo ocurrido
quince. minutos antes, Strauss encarna una cierta confianza en la
discusión diacrónica que uno puede encontrar más
fácilmente en Habermas que en Derrida, en Jünger que
en Sartre. Es como si el pasado estuviera sobreviniendo continuamente
en lo actual y esa actualidad tuviera, sobre todo para Strauss,
su más arduo y estimulante incumplimiento en ese objeto heterogéneo
que se ha dado en llamar teatro.
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991)
Sobre:
George Steiner. Lecturas, obsesiones y otros ensayos. Traducción
de Barbara McShane y Javier Alfaya. Madrid, Alianza, 1990, 605 págs.
Con una
jactancia a la altura de su prestigio y un prestigio ganado con
la publicación de algunos ensayos fundamentales, George Steiner
(París, 1929) aceptó la invitación de armar
una antología de textos representativos de su trayectoria
crítica.
La propuesta se concretó en 1983, vio la luz de la imprenta
al año siguiente con un título significativo: A reader
(Un lector), y ahora llegó al Río de la Plata, en
una edición española de Alianza (1990), cuyo título
es equívoco: Lecturas, obsesiones y otros ensayos.
Cualquiera supondría, a partir de él, que "Lecturas"
y "Obsesiones" son textos unitarios, acompañados
de otros similares, pero no: Steiner eligió trabajos de casi
todos sus libros publicados entre 1959 y 1983, además de
artículos aparecidos en forma autónoma y dos fragmentos
de su única novela, El traslado de A.H.. a San Cristóbal,
y los agrupó en cinco secciones: "El acto crítico",
"Lecturas", "Obsesiones", "Asuntos alemanes"
y "Lenguaje y cultura". Al pecado de su ambigüedad,
el título español suma la desatención de un
énfasis evidente: el austero y en apariencia humilde título
original no hace más que subrayar la toma de partido de Steiner
por la condición de lector frente a la de critico profesional,
antinomia fructífera y polémica que el autor de Lenguaje
y silencio desarrolla en "Crítico/Lector", texto
incluido en esta antología y publicado originalmente en Nueva
Historia Literaria (1979).
En una introducción -insoslayable para quienes se dispongan
a recorrer el volumen y también para quienes, al haber frecuentado
los libros originales, decidan pasarlo por alto-, Steiner repasa
toda su obra con un orgullo que a veces se disfraza de espíritu
profético ("... este primer libro (...) iba a ser la
raíz de toda mi obra y enseñanza posteriores")
y otras asume un cierto desencanto ("mirando hacia atrás
siento cierta tristeza") al sospechar que ha predicado en el
desierto. Ni tanto ni tan poco: la figura y la obra de Steiner ocupan
un lugar central dentro de la crítica contemporánea
y es evidente que él lo sabe. Ocurre que, al concebir, con
toda justicia, esta recopilación como "una declaración
provisional, un informe sobre una obra en marcha", Steiner
se expulsa de la historia y de las bibliotecas para reubicarse en
el campo de batalla de los discursos actuales; en ese movimiento
de reactualización, Steiner adivina la necesidad de defender
su obra con argumentos de exceso y de defecto.
Más allá de esta dramática reconstrucción,
de esta reorganización de su biografía intelectual,
el libro de Steiner es un testimonio de la historia cultural del
cuarto de siglo que va desde fines de los '50 a los comienzos de
los '80. A través de la privilegiada ubicación de
su autor, se pueden recapitular los hitos más luminosos y
polémicos de una obra en curso y los sucesivos momentos de
cristalización dogmática de la vida cultural de los
últimos años: lo que va, por ejemplo, del New Criticism
a la Deconstrucción o, en otro de los trayectos posibles,
del compromiso sartreano al espíritu posmoderno.
Como este recorrido ha sido -salvo la mencionada introducción-
simultaneo a involucrado con el contexto y los textos en discusión,
se experimenta una suerte de presente histórico que, en virtud
de la proximidad temporal, termina por fundirse con un presente
real. De la mano de un crítico "a la antigua",
que obliga a aceptar sus posiciones o a tomar otras, sin lugar para
la indiferencia, el lector se zambulle en los problemas fundamentales
que este siglo ha planteado a la cultura de Occidente y en las perspectivas
teóricas que los intelectuales han esbozado para responder
a aquellos.
De la mano de un crítico "a la antigua”, esto
es: de un humanista empedernido que se considera heredero de la
cultura judía centroeuropea y que, "sin pretender compararme"
pero tal vez haciéndolo, se remite a Benjamin y Adorno, a
Wittgenstein y Mahler, a Kafka y Mauthner, a Kraus y Jakobson y
esboza una geografía no menos elocuente: "Los mapas
de mi identidad, las orientaciones interiores, siguen siendo las
circunscritas por Leningrado, Odesa, Praga y Viena por un lado y
Frankfurt, Milán y París por otro".
Se pueden compartir o no las afinidades y rechazos de Steiner, sus
procedimientos y elecciones metodológicas, generalmente abiertos
a enfoques múltiples; pero sin dudas hay dos problemáticas
suyas que lo vuelven tan incómodo como necesario: la posibilidad
o no de la trascendencia, de una presencia real inmanente en el
símbolo artístico, y la preocupación por dar
una estatura ética y un marco histórico al trabajo
sobre la obra de arte.
Que alguien se obsesione por la doble capacidad de Occidente para
producir algo tan noble como la forma sonata y también la
aberración de Auschwitz; que alguien se pregunte por los
límites del lenguaje para dar cuenta de lo monstruoso a inhumano
y también por los límites de ese lenguaje frente a
otros como el de las ciencias o el de la música; y que, al
mismo tiempo, encarne una perspectiva "doblemente lingüística"
o una verdadera fobia contra Derrida y los "mandarines de la
crítica bizantina", todo ello puede no constituir -para
algunos- más que una colección de equivocaciones.
Pero, en cualquier caso, se trata de una obra que -además
de provocar un inmediato entusiasmo por leer a Racine o escuchar
a Schoenberg- tiene el mérito de poner en el centro de la
escena un puñado de problemas fundamentales que, por ignorancia,
pereza o mala conciencia, hace rato que la crítica y muchos
intelectuales han dejado de lado.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991)
****
Carmelo
Saítta
Sobre:
John Paynter. Oír aquí y ahora. (Una introducción
a la música actual en las escuelas). Traducción
de Juan Schultis. Buenos Aires, Ricordi, 1991, 118 págs.
De manera
simple y precisa, Paynter desarrolla en esta obra muchos de los
temas que es necesario tratar en las clases de música. Hace
hincapié en la necesidad de incorporar la música actual
en las escuelas explicando las ventajas de dicha incorporación
y proponiendo actividades que hasta aquí habían sido
evitadas so pretexto de la imposibilidad de llevarlas a cabo.
También podemos inferir, a través de su lectura, que
sería necesario revisar gran parte de los conceptos que constituyen
la rutina de la clase de música. Conceptos que quizás
en una primera instancia nos parecieron claros e imprescindibles,
con el desarrollo de la práctica musical no solo se vuelven
confusos sino también superfluos. Para ser más exactos,
y parafraseando a Barthes, podemos decir que muchos enunciados no
son más que meras asociaciones verbales, vacías de
contenido; son meras fórmulas que no dicen nada y cuyo oscuro
significado, además, damos por sobreentendido. Paynter desmitifica
-tal vez sin proponérselo- estas construcciones verbales.
El autor incluye una guía de audición de las obras
y los compositores más significativos y también nos
indica como encarar la ejecución de obras contemporáneas
pensadas paa. las posibilidades de la clase de música. Nos
sugiere una progresión de proyectos experimentales dándonos
una lista de recursos, libros, artículos, discos, biografías.
En suma; nos da razones más que suficientes para justificar
la enseñanza de la música contemporánea y nos
ayuda a reflexionar sobre a la importancia de esta actividad y de
sus contenidos.
Sobre:
George Self. Nuevos sonidos en clase (Una aproximación
práctica para la comprensión y ejecución de
música contemporánea en las escuelas). Traducción
de Juan Schultis. Buenos Aires, Ricordi, 1991, 40 págs.
Self
promueve en esta obra la inclusión de la composición
en las clases de música. Y hace esta propuesta no solo frente
a la necesidad de favorecer el desarrollo de las conductas psíquicas
propias de esta actividad -generalmente excluidas-, sino también
procurando desentrañar, a través de ésta, los
principios básicos que rigen la construcción de la
sintaxis musical, pues entiende que esto nos permitirá comprender
mejor esta particular forma de actividad mental que implica el lenguaje
de la música.
Para llevar adelante exitosamente esta tarea, Self apela a gran
cantidad de recursos y materiales desarrollados a partir de la música
contemporánea que le permiten resolver las dificultades que
supone encarar la composición en este nivel de la enseñanza.
Señalemos, a modo indicativo, algunos de los aspectos propuestos:
- El uso de instrumentos de percusión, o de otros fabricados
por los mismos alumnos, que por su naturaleza faciliten la ejecución
y la práctica en clase.
-La posibilidad que brinda el uso de la notación simplificada
(como puede ser la grafía analógica) para fijar aspectos
de la composición cuando ésta adquiere cierta complejidad.
-La incorporación de nuevas técnicas compositivas
que enfatizan el uso del timbre o de las texturas antes que el de
las alturas o los ritmos exactos. La multiplicidad de estilos que
presenta la música contemporánea como un estímulo
para plantear la composición desde diferentes lugares o para
enfatizar aspectos de ésta no siempre tenidos en cuenta en
la enseñanza tradicional.
Y por último queremos destacar los detalles prácticos
en la presentación de la clase, que permiten que esta nueva
tarea -la de la composición musical- pueda ser encarada también
por docentes no especializados.
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991)
Sobre:
Charles Rosen. Formas de sonata. Traducción de Luis
Romano Haces, revisada por Juan Joé Olives Valenzuela. Barcelona,
Labor, 1987, 376 págs.
Formas
de sonata constituye un intento crítico de ver que se
puede salvar de la idea tradicional de la forma sonata. Para Rosen
-ensayista, profesor de la Universidad de Nueva York, brillante
pianista, actor de uno de los mejores estudios publicados sobre
Arnold Schoenberg- la forma sonata no es una forma definida, coma
lo son un minueto, un aria da capo o una obertura francesa; sino
que, coma la fuga, es una manera de componer, un sentido de la proporción,
la dirección y la textural. -
El actor enfoca muy de cerca el tema y sus historias, y reconoce
lo inadecuado de las definiciones decimonónicas y de los
métodos establecidos en la definición de esta forma,
que emplean coma modelos las obras maestras y las costumbres generales
de una época. Rosen prefiere relacionar la forma sonata con
las nuevas condiciones sociales a las que tuvo que enfrentarse en
el siglo XVIII y describirla en función del cometido que
se esperaba que cumpliese. A fin de establecer un punto de partida,
el actor examina los diferentes estereotipos y esquemas predominantes
en la segunda mitad del siglo XVIII y rastrea su supervivencia en
las formas posteriores. Extiende su estudio hasta nuestros días
y esboza los cambios y las diversas transformaciones efectuadas
a lo largo de este camino.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992)
****
Edgardo
Kleinman
Sobre:
Circuit - Revue Nord - Americaine de Musique du XXe Siècle,
Les Presses de L'Université de Montreal (Canadá).
Volumen 1/Volumen 2, Nros. 1-2, 1991.
Circuit,
una nueva revista de música contemporánea, comienza
a editarse en Canadá. La iniciativa de su creación
pertenece al Nouvel Ensemble Moderne -formación radicada
en Montreal, y dedicada no solo a incursionar en los grandes clásicos
musicales del siglo XX, sino también a dar a conocer a los
nuevos compositores de Quebec. Para su equipo de redacción
fueron convocados prestigiosos músicos y pedagogos canadienses
tales como John Rea y Lorraine Vaillancourt entre otros, y el conocido
compositor norteamericano Tod Machover. Dirige la publicación
el musicólogo Jean-Jacques Nattiez de la Universidad de Montreal,
autor de importantes trabajos de investigación sobre musicología
y semiótica en Francia y Canadá.
Desde las páginas del editorial, su director nos informa
que cada número de Circuit incluirá un dossier sobre
un problema estético o una figura importante del quehacer
musical, y un conjunto de artículos sobre la actualidad musical
de Quebec. Era casi inevitable que el dossier de ese primer número
recalara, primeramente, en un amplio debate sobre el posmodernismo.
Partiendo de entrevistas realizadas por Colette Mersy a tres compositores
(José Evangelista, John Rea y Frederic Rzweski), un periodista
y artista (Raymond Gervais), un musicólogo (Nattiez), una
filosofa (Ghislaine Guertin) y una socióloga (Regine Robin),
se ha intentado contestar la pregunta: ¿Qué es el
posmodernismo musical?" Si, como punto de partida, la definición
misma de posmodernismo suscita abiertas contradicciones, el debate
posterior se centra en el "retorno de lo audible", y en
los posibles vínculos entre modernismo y marxismo, y –en
consecuencia- entre la actitud posmoderna y la ideología
de la derecha. Otros cuatro artículos integran este dossier.
En uno de ellos, Francis Dhomont -importante compositor de música
electroacústica francés radicado en Montreal- se cuestiona
si el posmodernismo musical es una aventura neobarroca o una nueva
aventura de la modernidad, y en 20 antinomias intenta trazar los
límites del mismo.
Particular interés adquiere el ensayo de Celestin Deliège
titulado En los laberintos del "tour de force". Deliege,
musicólogo y profesor en el Conservatorio de Lieja, se detiene
a examinar con evidente preocupación los términos
del debate entre "complejidad" y "simplicidad"
en la estética musical contemporánea. En su más
reciente transformación, explica Deliège, la "complejidad"
se presenta bajo la forma de una escritura polifónica acumulando
figuras de aspecto monódico, pero en cuyos agrupamientos
se amalgaman en verdaderas constelaciones. El desafío que
implica para el ejecutante la responsabilidad de organizar la forma,
y para el oyente acceder a un material sonoro no inmediatamente
descifrable, es analizado por Deliège con una perspectiva
histórica que transita por Machault, Ockeghem, Brahms, Debussy,
Webern y Babbitt. Los infinitos rostros de la complejidad musical
en los 50 años que van desde 1920 a 1970, parecen adaptarse
al proceso de evolución tecnológica, adelantándose
a veces en deformar la lógica. Y en la obra de Brian Ferneyhough,
del juego de combinaciones "random" de parámetros
musicales, la obra abierta va a mutar del estado lúdicro
a un estado inédito, de expresión del "tour de
force". Mientras que el tipo de obra abierta concebido por
Stockhausen se acaba en la práctica del aficionado, solo
una práctica hiper-especializada puede abordar la concepción
ferneyhoughiana. En un tiempo ya poco propicio para el escándalo,
concluye Deliège, el campo que debemos elegir no puede ser
otro que el del uso del derecho a la vigilancia. Una vigilancia
forzada a explicarse hasta en las formas de consumo que escapan
a un mercado real.
El segundo volumen -un número doble de Circuit-
está íntegramente dedicado al compositor Claude Vivier.
Una entrevista a Gyorgy Ligeti pone de relieve la profunda admiración
del maestro húngaro por este compositor canadiense fallecido
trágicamente en 1983, a los 35 años. Refiriéndose
a su música, señala Ligeti que Vivier era ante todo
un melodista. Renunciando al contrapunto, a la polifonía,
eligió la predominancia de la voz, de una yoz. Descubrió
una melodía modal, inclusive polimodal, pero -observa Ligeti-
sin dar un paso atrás como John Adams o Arvo Pärt. Una
cronología de la obra de Claude Vivier, una extensa recopilación
de sus escritos y una discografía completan este numero indispensable
para penetrar en el universo de este autor, sin duda uno de los
más originales que ha dado Quebec.
Un comienzo más que auspicioso, entonces, para esta revista
de música contemporánea, que se destaca además
por una cuidadísima presentación.
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992) |