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Discos
Oscar
Ledesma
Sobre:
Claude Debussy, Pélleas et Mélisande. Didier
Henry, Colette Aliot Lugaz, Gilles Cachetpaille, Pierre Tahu, Claudine
Carlson, Françoise Golfier, Philip Ens, Coro y Orquesta Sinfónica
de Montreal. Dirigida por Charles Dutoit. LONDON 430502 2 CDs.
Debussy,
como Beethoven, es autor de única ópera. Sin embargo
fueron varios sus proyectos para el género. Su problema era
hallar un libro acorde con sus principios estéticos. Tuvo
ocasión de leer la pieza del belga Maurice Maeterlinck apenas
publicada en 1892 y al año siguiente la vio representada
en París. En una visita a Gante consiguió el visto
bueno del escritor que hasta le sugirió los cortes posibles.
Un primer boceto quedó pronto en 1895 y un segundo, corregido,
en 1897. La mediación de André Messager apresuró
su estreno en la Opéra Comique el 30 de abril de 1902. Hoy
sería difícil imaginar el éxito de una puesta
del drama original por su simbolismo y fatalismo, tan ajenos a los
tiempos que corren. Su filosofía pesimista atrajo a Debussy
y a otros músicos, como Fauré, Sibelius, Schoenberg,
y hasta Puccini concibió la idea de transformarlo en ópera.
Esa misma filosofía fue cara a los franceses entre las dos
guerras mundiales, como lo testimonian, por ejemplo, los films de
Duvivier y Carné. Deben haber atraído a Debussy la
simplicidad del lenguaje, la intemporalidad del escenario y la expresión
del drama por sugestión e implicación más que
por la contundencia de los hechos. El compositor tuvo, en consecuencia,
total libertad para conjurar la enrarecida atmósfera de ese
mundo de mar y sol, de sombríos castillos y bosques y sofocantes
subterráneos, donde sus desvaídos personajes representan
su destino triangular. La escritura musical es esencialmente sinfónica,
las escenas son cortas y están ligadas por interludios que
forman un ininterrumpido tapiz orquestal; sobre el que las voces
declaman sus frases en un "quasi recitativo", que a veces
deviene un "arioso", cuyo pulso y cadencia nacen del ritmo
del lenguaje hablado. Los varios motivos conductores son usados
en forma menos explícita y obvia que en los dramas wagnerianos.
La prosodia debussyana más más fluida, la orquestación
más austera y transparente, y en contraposición a
Wagner, lejos está de Debussy la intención de someter
emocionalmente a su audiencia. Pese a su carácter de pieza
no convencional del repertorio lírico, Pélleas
ha sido muy favorecida por el disco. Luego del registro histórico
de Roger Desormiere do 1941, se sucedieron el de André Cluytens
(1957), los de Ernest Ansermet (1951 y 1964), Jean Fournet, Désiré
Inghebrecht (1962, en vivo), Serge Baudo, Pierre Boulez (1969),
Karajan (1979) y John Carewe (1988), digital como el de Dutoit,
que Decca grabó el año pasado en la pequeña
iglesia de St. Eustache, donde hace todas sus grabaciones la Sinfónica
de Montreal.
Tal vez ninguno de los registros enumerados sea tan fiel como éste
a los propósitos del compositor, que otorga prioridad al
texto a insiste en que "la música solo debe insinuar
lo expresado por la palabra". A tal efecto, Dutoit ha preferido
un elenco totalmente francés a uno de divos, consiguiendo
una versión no solo idiomática en estilo (las prolijas
anotaciones de Debussy son cumplidas al pie de la letra), sino también
en cuanto a la atención prestada a las sutilezas de la dicción
y de la caracterización dramática de los personajes.
En lo referente a la dirección, la búsqueda de la
clara definición y sentido de cada detalle y de la total
transparencia de las texturas, no ha devenido en una ejecución
árida. Por lo contrario, salen ganando la sensual belleza
de la partitura, la fluidez del discurso, el cambiante colorido
do la orquestación y el valor dramático de la obra.
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991)
Sobre:
Anton Webern. Obras completas Op. 1 a 31. Heather Harper
y Halina Lukomska (sopranos), Barry McDaniel (bajo), Isaac Stern
(violin), Gregor Piatigorsky (cello), John Williams (guitarra),
Charles Rosen (piano), Coro John Alldis, Cuarteto JuiIlard, Orquesta
Sinfónica de Londres. Director: Pierre Boulez (Duración:
3 h 46'). SONY SNT3K 45845 (3 CDS)
Pocas
veces, como en este caso, se puede afirmar que un registro marca
un hito en la historia de la música contemporánea,
revelando desde una renovada perspectiva la producción de
un compositor mal conocido, entre otras razones, porque un registro
completo anterior hecho a fines de los '50 ofrecía un enfoque
desmañado, inconexo e ilógico. Obviamente, el pionero
Robert Craft, gestor de esa primera empresa, tuvo que lidiar con
no pocos tropiezos, principalmente con la falta de partituras y
la mala disposición, cuando no la hostilidad, de los músicos
a sus órdenes para con una música nueva y extraña.
Veinte años más tarde, las grabaciones de Pierre Boulez,
hoy disponibles en CD, lógicamente se beneficiaron con los
avances logrados en materia de comprensión y ejecución
de la música de la vanguardia anterior a la Segunda Guerra.
Eso no es todo. El lúcido enfoque de Boulez supo aunar con
convicción la horizontalidad de esta música con un
amplio legato cantabile, fiel a las intenciones de Webern. La melodía
fluye de uno a otro instrumento, las frases se corporizan bellamente,
el balance interno es exacto, los matices de la dinámica
son claramente diferenciados, como lo piden los pentagramas. La
adecuada realización de una música tan refinada y
sofisticada exige una honda comprensión así como que
esta sea asimilada y compartida por los ejecutantes. En ese sentido,
la Sinfónica de Londres y el distinguido cuadro de solistas,
respondieron con virtuosismo y aliento lírico sin pares.
Luego del estilo tradicional de la Passacaglia Op. 1, las
Cinco Piezas para cuarteto de cuerdas, Op. 5, marcan la
ruptura de su autor con la tonalidad. Este álbum las incluye,
tanto en su versión original como en la para orquesta de
cuerdas de 1930. Pese a la belleza de la ejecución del Cuarteto
Juillard, la versión orquestal resulta más rica y
elocuente. La brevedad y el puntillismo tan típicos de Webern
causan un impacto más fuerte con el colorido orquestal, como
lo demuestran las Seis Piezas Op. 6, cuyo encanto es captado
por Boulez en forma notable. Las versiones de los solistas son también
de altísimo rango. Difícilmente se tenga ocasión
de escuchar las Piezas para cello Op. 11 tocadas con la
sensibilidad con que lo hacen Piatigorsky y Rosen. Pero en su mayoría
los solos de Webern son vocales y revelan en sus partes instrumentales
algunos de sus más audaces experimentos técnicos.
Las sopranos Harper y Lukomska comparten el serio compromiso consiguiendo
de manera admirable fundir sus voces con los instrumentos en una
unidad integral. Ese proceso de unificación del fragmentario
contrapunto de Webern es también la clave del suceso de las
versiones del Cuarteto Juillard de dos obras maduras: el Trío
Op. 20 y el Cuarteto Op. 28.
A lo largo de estos tres CD, muy a menudo se preguntará el
oyente como un arte que deliberadamente se apartó de tantos
de los tradicionales medios de expresión, consigue aun ser
expresivo. La respuesta se sumariza en las tres últimas obras
de Webern, las dos Cantatas y las Variaciones orquestales
Op. 30, de las que Boulez revela todo el austero poder del contrapunto
puro a partir de una melodía de extraña simplicidad,
sin temas ni tonalidades. ¡Tensión y drama en solo
7 minutos! Este álbum no abarca toda la producción
de Webern; las piezas póstumas quedaron para un segundo volumen
que es de esperar este en los planes de Sony. En cambio, encierra
dos curiosidades: la orquestación de Webern de la Fuga
(Ricercata) n° 2 de la 0frenda musical de Bach
y de las Danzas alemanas D. 820 de Schubert, estas últimas
grabadas por Webern en los estudios de la Radio de Frankfurt en
diciembre de 1932.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992)
Sobre:
Charles Ives: Las cuatro sinfonías n° 1 y 4
(incluyendo los himnos originales). Orquesta Sinfónica de
Chicago. Director: Michael Tilson Thomas. (Sony Classical CD 44939)
+ N° 2 y 3 "The Camp Meeting". Orquesta del Real Concertgebouw
de Amsterdam. Director: Michael Tilson Thomas. (Sony Classics CD
46440)
Los primeros
registros de música de Charles Ives, canciones y breves obras
corales, aparecieron en discos de 78 rpm a partir de 1934, a impulso
del compositor y campeón de la causa de Ives, Henry Cowell.
Partituras mayores fueron grabadas ya en los 40, como la Cuarta
Sonata para violín por Joseph Szigeti, editada por "New
Music" en 1942, la grandiosa Sonata Concord por John
Kirkpatrick o el fascinante Segundo Cuarteto por el Walden
Quartet. Con el invento de la cinta magnetofónica y el LP,
el catálogo Ives se incrementó con las primeras grabaciones
de las cuatro Sonatas para violín, Segunda
y Tercera sinfonía y diversas piezas orquestales.
La llegada de la estereofonía favoreció a una música
que parece concebida para la nueva técnica, diferenciando
mejor los aparentemente caóticos contrapunto y contrarritmos
de las más elaboradas creaciones del músico de Nueva
Inglaterra. El primer disco estéreo es un Mercury de 1958
con la Tercera Sinfonía (Premio Pulitzer) y Three
Places in New England por la Orquesta Eastman de Rochester
dirigida por Howard Hanson. Leonard Bernstein, que la había
estrenado en 1951, registró la Segunda en 1965 y
Columbia completó la serie con la Primera por Eugene
Ormandy, la Tercera por Bernstein y la Cuarta
por Leopold Stokovski, luego de que éste la estrenara en
ese mismo añoo. La única versión integral unitaria
anterior a la de Tilson Thomas fue realizada para el sello Vanguard
un par de años después, por la Philharmonia dirigida
por Harold Faberman. Antes de Ios '80 existían en catálogo
registros diversos de sinfonías de Ives por Morton Gould,
Zubin Mehta, José Serebrier, Seiji Ozawa, Neville Marriner,
Bernard Hermann y Dennis Russell Davies. Obviamente, solo las grabaciones
más recientes están basadas en las ediciones críticas
producidas por la Charles Ives Society en 19ñ4, ano del centenario
del compositor.
Aun la Primera Sinfonía escrita a Ios 22 años
(1896), como ejercicio para las clases de composición de
Horatio Parker en Harvard, es característica en personalidad
y técnica, pese a que imita modelos europeos. La bella melodía
del corno inglés en el Lento recuerda a Dvorak, hay ecos
de Beethoven y Wagner y es divertido comprobar cómo en el
primer movimiento desarrolla la Primera de Brahms en lugar de su
propia Primera. Ives era natural y esencialmente un ecléctico
y no reparaba en recurrir a cualquier material, con tal de que motivase
su creatividad. Encontraría en obras posteriores el mismo
placer en emplear para sus "collages" fuentes americanas
(The Camptown Races o Yankee Doodle), como en
su Primera Sinfonía lo había experimentado
con las sinfonías Coral y Del Nuevo Mund”.
La Segunda Sinfonía nace entre 1897 y 1902 a implica
un progreso. Dvorak y Brahms aun están allí, pero
también están America the beautiful, Turkey
in the Straw, etc. En el movimiento final echa mano de un recurso
tan audaz como individual. Si en el final de la Primera
revista temas de Ios movimientos anteriores, Ives edifica el clímax
de la Segunda tocándolos uno encima del otro. Es
bueno precisar que la música de Ives no progresa de derecha
a izquierda como la convencional sino de adelante hacia atrás.
De ahí su afición a las formas contrapuntísticas
(como la enorme doble fuga de la Cuarta Sinfonía
y del Primer Cuarteto) y a escribir las voces en tonalidades
diferentes. Su intención no era hacer politonalismo sino
entorpecer el movimiento de avance que la tonalidad convencional
impulsa. El contrapuntístico primer movimiento de la Segunda
anticipa esa tendencia que sienta sus reales en las dos últimas
sinfonías, que son de lejos las mejores. La Cuarta
es la "suma de sus logros" que no debe rehuir todo compositor
que se precie, en tanto que la Tercera representa su intensa y humilde
religiosidad. Escrita entre 1901 y 1904, aparenta ser una obra desmañada,
ya que el material para "collage" se presenta en amplios
bloques puestos uno al lado del otro o sobrepuestos unos con otros
en una estrecha unidad. El bello último movimiento es una
textura contrapuntística típica del Ives maduro, siempre
fluyente pero siempre estática, marcada por clímax
aparentemente arbitrarios. La monumental Cuarta, completada
en 1916, es la última de sus obras orquestales conocidas
(salvo algunas canciones dejó de componer durante los 38
años que precedieron a su muerte. n 1954). Tal vez todo quedó
dicho en la Cuarta. En el segundo movimiento, que Ives
califica de "comedia" más que de scherzo, conviven
un bullicioso primer plano formado por nueve melodías a himnos
americanos confrontados en tonalidad y ritmo, con un segundo plano
que representa las vicisitudes de los peregrinos a través
de tierras abruptas y pantanosas" desarrollado por una orquesta
de cámara. La inspiración mística domina en
este movimiento como en la doble fuga del siguiente y el trascendental
final. Este es Ives a la enésima potencia: un final rapsódico
sobre el himno Más cerca ti Señor, apoyado
en una rítmica klangfarbenmelodie en la percusión
con ecos de Messiaen, que se cierra con un coro angélico
sin palabras. Michael Tilson Thomas, director fuertemente asimilado
a las tradiciones americanas, grabó las cuatro sinfonías,
más otras piezas orquestales relevantes, en Chicago y Amsterdam
en tomas digitails entre 1983 y 1990. Realiza lecturas de notable
claridad interna e impresionante respuesta sonora, esenciales para
una interpretación cabal de Ives, logrando versiones de fuerte
impacto y autoridad. El virtuosismo de ambas orquestas y el balance
conseguido por los técnicos han contribuido a ello en buena
medida.
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992)
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Juan
Arturo Brennan
Sobre:
Mario Lavista. Aura. Opera en un acto. Libreto de Juan
Tovar basado en el texto de Carlos Fuentes. Aura: Lourdes Ambris
(soprano); Consuelo Llorente: María Encarnación Vázquez
(mezzo); Felipe Montero: Alfredo Portilla (tenor); El anciano: Fernando
López (barítono).
Orquesta del Teatro de Bellas Artes de México. Dirección:
Enrique Diemecke. Grabado en el Palacio de Bellas Artes, México,
en abril de 1989. CD editado por el Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes de México.
Este
texto fundamental de la narrativa mexicana contemporánea
se ha convertido en una ópera. Por lo general, los compositores
y libretistas suelen elegir para sus óperas personajes fuertes
y definidos, una línea narrativa clara, algunas vueltas de
tuerca, y un final sorpresivo. En el caso de Aura, tales elementos
están ausentes, lo que ha hecho más complejo, y a
la vez más rico, el trabajo del libretista y el compositor.
Como proyecto integral, Aura tiene la característica
fundamental de que, desde su concepción misma, fue pensado
para ser realizado por un equipo de creadores específicos,
elegidos por su afinidad con la idea original y con el estilo del
producto final, Con el libreto de Juan Tovar, la música de
Mario Lavista, la dirección escénica de Ludwik Margules
y los diseños de Alejandro Luna, nos adentramos en un mundo
que es mitad real, mitad fantástico...
Felipe, un joven y sensible historiador, es llevado por un anuncio
clasificado a una oscura y misteriosa casa en el centro de la ciudad
de México. Allí encuentra a Consuelo, una anciana
enferma que a cambio de un muy buen salario le encarga la edición
de las memorias de su difunto esposo, el general Llorente. El joven
acepta el encargo y accede a vivir en casa de la anciana hasta terminar
el proyecto. Poco después, en la casa, Felipe conoce a Aura,
quien aparenta ser la sobrina de la anciana, y queda fascinado con
ella. Poco a poco, los encuentros entre Felipe y Aura se alejan
del mundo real y se adentran en la fantasía. AI mismo tiempo,
el trabajo de Felipe sobre las memorias del general Llorente lo
acercan a los secretos de la familia: riqueza, poder, romance, amor...
y locura. Al final, las imágenes de la anciana Consuelo y
la joven Aura se funden en un solo ser, y Felipe se encuentra atrapado
en una penumbra entre la realidad y la fantasía.
¿Por qué intentar convertir en ópera un tema
aparentemente ajeno a las convenciones operísticas? Desde
el inicio, Mario Lavista se sintió fascinado por la atmósfera
de confinamiento creada por Carlos Fuentes, y por la manera en que
fantasmas y personajes de carne y hueso se mezclan en el tiempo
y en el espacio. En esto tiene mucho que ver el gusto y conocimiento
del compositor por algunos ejemplos de la narrativa oriental, donde
se dan los mismos elementos: algunos cuentos chinos y ciertas obras
de Yukio Mishima. En el trabajo de Lavista sobre Aura puede
detectarse también la influencia de Henry James y, de modo
muy importante, la de Francisco de Quevedo, a través de su
poema titulado Amor constante más allá de la muerte.
En cuanto al libreto, Juan Tovar se ha enfrentado al hecho de que
Aura es, fundamentalmente, un texto no-verbal, de ahí la
necesidad de crear diálogos que no existen, diálogos
para ser hablados y cantados en la ópera. De común
acuerdo, libretista y compositor han decidido hacer aparecer al
difunto general Llorente como uno de los personajes de la ópera;
así, se ha dado una equilibrada carga escénica: Aura
como la personificación de Consuelo, y Felipe como la personificación
del general Llorente.
Durante la composición de Aura, Mario Lavista decía:
"He pensado en una opera en un acto, con cuatro cantantes que
deben ser muy buenos actores. Tengo la idea de una ópera
de murmullos y un poco de canto; una ópera en la que los
recursos vocales sean apropiados al tema de la historia y a la atmósfera.
Creo que el tema principal de Aura es la eterna expectativa del
amor, la idea de que el amor puede trascender a la muerte, y de
que los amantes pueden encontrarse más allá de la
muerte".
Originalmente, Mario Lavista había pensado en orquestar la
partitura de Aura para un grupo de cámara, pero a medida
que avanzaba el trabajo, las necesidades dinámicas y tímbricas
de su música, hicieron crecer la orquesta. Sin embargo, el
compositor utiliza esta orquesta (quizá, un poco al estilo
de Mahler) como un gran conjunto de cámara, con sutiles pinceladas
sonoras cuyo fin principal es el de crear una atmósfera sonora,
una especie de bóveda musical cerrada, dentro de la cual
han de moverse los personajes. Formalmente, la ópera Aura
está concebida como una unidad, de principio a fin, sin la
tradicional división tajante de arias, duetos, tríos,
etcétera. En este sentido, y en la importancia dada a los
elementos escénicos frente a los vocales, Mario Lavista ha
tenido como modelo la ópera Pélleas et Mélisande
de Claude Debussy. Otro elemento importante en Aura es
el manejo del tiempo. En la narración original de Carlos
Fuentes, todo ocurre en el lapso de tres días y dos noches,
pero en el libreto propuesto por Juan Tovar no hay una división
clara entre el día y la noche, sino un único y continuo
flujo de tiempo y espacio, en el que los fantasmas pueden aparecer
y mezclarse con los personajes de la vida real.
(México)
(LULÚ
número 2, Noviembre de 1991)
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Edgardo
Kleinman
Sobre:
Nancarrow. Estudios para piano mecánico (volumen
5). Wergo CD 6065-50 - 51'05"
Conlon
Nancarrovv es, sin duda, uno de los más extraños y
apasionantes compositores de nuestro siglo. Nacido en los Estados
Unidos en 1912., peleó en las filas republicanas durante
la Guerra Civil española. Al pretender regresar a su país,
las autoridades no le permitieron la entrada, y se estableció
en México. Allí vive desde comienzos de la décadas
del '40. Si exceptuamos obras tempranas tales como el Cuarteto
para cuerdas y algunas composiciones para piano y violín,
la totalidad de su producción posterior a 1949 corresponde
a “Estudios para piano mecánico”: unas cincuenta
obras de duración variable entre uno y diez minutos. Partiendo
de un sistema de reproducción obsoleto como lo es el piano
mecánico (más conocido por el nombre de una marca
muy difundida a comienzos de siglo: Pianola), sus obras fueron compuestas
directamente en rollos de papel, perforados con absoluta precisión.
Estos Estudios, de los cuales el volumen 5 de Wergo incluye
los núms. 42, 45, 48 y 49, completan en gran medida la edición
de la obra de Nancarrow, dado que previamente habían aparecido
los cuatro primeros volúmenes (Wergo 6168-2, 6169-2, 60166-50
y 6016750). Uno de los Estudios incluidos en el volumen
que comentamos, el núm. 48, es para dos pianos mecánicos
(como también lo son los núms. 40, 41 y 44).
Entre las características más salientes de estas obras
ocupan un lugar preponderante los procedimientos rítmicos.
Nada emerge con tanta claridad en Nancarrow como su apasionado interés
por el ritmo, con sus abruptos cambios de métrica, superposiciones
de diferentes tempos, la utilización del rubato, etc. Otro
elemento esencial de su música es la textura polifónica,
con una variadísima gama de procedimientos, como la llamada
"resultante" producida por la combinación y fusión
de dos o más voces rítmicamente independientes, y
la utilización de la polifonía compuesta, con claros
antecedentes de Ives. La audición de estos Estudios
permite también apreciar la trasmutación de materiales
de origen popular: el boogie-woogie, el ragtimes, el blues y hasta
elementos del folclore español o mexicano, todos presentados
fragmentariamente, con tempos "espásticos", con
glissandos y trémolos ejecutados a velocidad solamente alcanzada
por medios mecánicos.
El sonido del piano mecánico de Nancarrow no difiere de aquel
de las viejas pianolas que uno asocia a los bares y cafetines del
lejano oeste norteamericano, imágenes más difundidas
que las de nuestros prostíbulos, donde también abundaban.
Ese sonido hueco y de agudos metálicos, claramente limitado
en sus posibilidades expresivas, está sin embargo muy alejado
del anacronismo. Imaginar estos mismos Estudios en un piano
actual de buena calidad equivaldría a imaginar el sonido
de una obra de Cage para piano preparado emergiendo de un teclado
con sampler. Los textos que acompañan el CD, escritos por
James Tenney, son excelentes, pero el oyente que desee penetrar
aun más en las complejas estructuras de estos Estudios,
puede recurrir a un pequeño pero definitivo libro sobre el
tema: The Player-Piano Music of Conlon Nancarrow, de Philip
Carlsen, editado por el Institute for Studies in American Music
Monographs (núm. 26), Brooklyn College of the City University
of New York. Ligeti considera la música de Nancarrow el más
grande descubrimiento desde Webern a Ives. Su conocimiento es absolutamente
indispensable.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992) |