Dos reportajes
a Mauricio Kagel: De Beethoven a Ludwig van
Felix Schmidt
y
Jean-Michel Damian
Ludwig van,
de 1969, forma parte de la extensa lista de películas realizadas
por Mauricio Kagel para cine y televisión. Entre varias
otras, pueden mencionarse Antithèse (1965), Match
(1966), Solo (1967), Zwei-Mann-Orchester (1973),
Kantrimiusik (1976), Mitternachsstück (1987),
Repertoire (1990). "He dicho que Ludwig van -explica
Kagel- era una declaración de amor por Beethoven. Pero
cuando se habla positivamente en pro de algo, se le hecha una
sombra (...) Una tesis para Ludwig van era la de hacer la música
a partir de esta idea: cómo había escuchado Beethoven
su música durante los últimos diez años de
su vida, es decir, mal". LULÚ consideró oportuno
publicar en primer lugar la entrevista con Felix Schmidt, donde
Kagel expone la original perspectiva sobre Beethoven en que se
basa Ludwig van. De esta película, así como de la
relación compositor/cineasta, habla Kagel en la entrevista
que se presenta en segundo término. Ambos reportajes fueron
extraídos de: Mauricio Kagel, Tam-Tam. Monologues
et dialogues sur la musique, Paris, Christin Bourgois Editeur,
1983. Colección Musique/Passé/Présent,
dirigida por Pierre Boulez y Jean Jacques Nattiez.
Ludwig van
Felix
Schmidt.: Señor Kagel: en gran parte se ha entendido erróneamente
su filme satírico Ludwig van como un filme anti-Beethoven,
cuando es más bien un testimonio de su amor por el compositor,
tal como usted ha dado a entender recientemente. ¿Qué
significa para usted la obra de Beethoven?
Mauricio
Kagel: Es tan importante para mí, que he decidido rodar Ludwig
van, y avenirme a los malos entendidos.
F.S.:
Si usted concuerda en que debería juzgarse la música
sobre todo según la posición histórico-filosófica
que ocupa, ¿qué importancia tiene entonces la obra
de Beethoven desde ese punto de vista?
M.K.:
Tiene, por cierto, la importancia de un arte que hace estallar los
límites impuestos por las formas y las actitudes transmitidas.
Esta manera de concebir la música cuestiona todo cuanto pertenezca
al pasado. Así, Beethoven presentó a la sociedad vienesa
las formas musicales que ésta prefería -como las sonatas
y los conciertos para piano-, pero la retórica de las obras
no se ajustaba a los cánones, y parte de Io que el simple
desprecio por las convenciones había destruido confirió
a la música de Beethoven, por el contrario, gran capacidad
de resistencia. Ante todo, esto tuvo dos consecuencias: ya no se
pensaba que el compositor sólo debía ofrecer diversiones
a su público, ya que Beethoven encaraba, por medios musicales,
problemas extraños a los dominios de la música. Por
añadidura, el aspecto de diversión de esas obras asumió
un sentido equívoco, ya que cuanto esa época consideraba
incómodo, casi intocab!e, echaba a perder de continuo el
placer.
F.S.:
¿Puede darnos un ejemplo preciso?
M.K.:
Los cuartetos de cuerdas y las sonatas para piano del último
período bastarían para demostrar esta tesis. Pero
tomemos una de las sinfonías pares, ya que -excepción
hecha de la sexta- interesan visiblemente menos a público
y músicos. Por ejemplo, la cuarta. En tanto composición,
su importancia es menos espectacular quo la de la tercera o quinta.
Sin embargo, en el Adagio, la insistencia rítmica del acompañamiento
del tema es típica del modo en quo Beethoven deforma lo que
es familiar.
F.S.:
¿A causa de la estructura?
M.K.:
Sobre todo porque los dieciséis compases de la exposición
se basan en una célula rítmica que puede percibirse
de inmediato, con un mínimo de precisión en la ejecución.
Esta célula ya causaba muchas dificultades a las orquestas
de la época barroca. La atmósfera placentera creada
por la melodía del movimiento lento pronto se disipa.
F.S.:
¿Qué es lo que hace la excelencia del Beethoven compositor?
M.K.:
Ante todo, la combinación de improvisación y variación.
Beethoven conoció la declinación de un genero musical
concebido únicamente en función de la vida social:
la transformación improvisada de un tema dado al improvisador,
o escogido por el mismo. Aun cuando, ya en sus primeras obras, trata
de integrar a la composición el virtuosismo de su inspiración
del momento -lo que logró casi a la perfección-, un
aura de sorpresa intencional envuelve su obra.
F.S.:
¿Quiere usted decir que en la elección del tema, o
bien en el desarrollo armónico?
M.K.:
Me refiero más bien a la actitud del compositor frente a
la composición en su conjunto. El género de público
hacia el que se dirige el efecto de la sorpresa intencional prueba
que conocía muy bien a los melómanos de salón.
A los veinte años, Beethoven entra en competencia con otros
pianistas conocidos de su época. Sólo aquel que supiera
combinar la musicalidad y la imaginación que le eran propias,
con nuevos elementos estilísticos, podía alzarse con
la victoria.
F.S.:
¿Qué papel desempeñaban entonces los cuadernos
de esbozos?
M.K.:
Diríase que cumplen una función de remedio. Por un
lado, son el diario donde se inscriben los conflictos entre espontaneidad
y sujeción y, por el otro, los cuadernos de conversación
musical que le permiten modificar sus ideas con plena conciencia
del objetivo al cual aspira. Los cuadernos de apuntes también
nos permiten ver que parte de la tarea preparatoria consistía
en atenuar las insuficiencias técnicas de los instrumentos.
He aquí lo que aun debería indicar a Ios compositores
actuales el rumbo a seguir. No es posible remedar positivamente
Ias contrariedades técnicas de Ios intérpretes si
no se las comprende de inmediato en toda su extensión. De
esta suerte, la jeremiada de que "mi instrumento no Ilega",
se convierte en "Iástima que mi instrumento no llegue".
F.S.:
En vista del culto consagrado a Beethoven durante los últimos
ciento treinta años, ¿podemos percibir aun como música
la compuesta por Beethoven? Un concierto de obras de Beethoven,
¿no se ha convertido en un ritual?
M.K.:
Los conciertos tradicionales son más un ersatz de ritual
que el propio ritual en sí. Sin embargo, en el caso de Beethoven,
la sublimación moralizadora lo torna insoportable. La divisa
de que "el ha sufrido por nosotros, estamos en deuda con su
obra" evoca forzosamente ideas neoteológicas. La herencia
que Beethoven nos ha legado es el armamento moral.
F.S.:
¿Qué puede hacerse para desembarazarse de esta imagen?
M.K.:
Ocupar nuestra proclividad a la agresión. El modo más
eficaz de combatir el siglo XIX en el siglo XX sigue siendo el de
esclarecer los espíritus desde la escuela. No obstante, antes
tendrían que esclarecerse las instituciones.
F.S.:
Pero los oyentes de mayor edad quedan en la incertidumbre.
M.K.:
Para nosotros los adultos, tengo otra solución. No tocar
más Beethoven durante cierto tiempo, a fin de permitir la
recuperación de Ios nervios auditivos que reaccionan ante
su música. Es posible que esta solución haya de toparse
con dificultades similares a las de la planificación familiar
en la India, pero el resultado valdría la pena. Si además
dejásemos de contar historias apócrifas, habría
una posibilidad de que los oyentes más jóvenes no
resulten contagiados.
F.S.:
¿Cree entonces que el efecto del desgaste ya se hace sentir
en Beethoven a tal punto que habría que clasificar al compositor,
durante los años próximos, entre los monumentos históricos?
M.K.:
Si, considero que nos vemos obligados a velar por que los oyentes
no se deformen más aun. Por eso deberíamos tratar
de desembarazarnos rápidamente de las estupideces literarias
que hemos debido avalar, para poder escuchar nuevamente la música
sin que ningún regusto literario la eche a perder.
F.S.:
¿Aun se toca correctamente a Beethoven en nuestros días?
M.K.:
Los intérpretes en quienes el sentido crítico es consciente
tratan, sobre todo, de tocarlo correctamente. Pues bien, resulta
que algunos de estos intérpretes arriban a conclusiones semejantes
a las que acabo de exponer: dejan de hacer música. Es un
viraje extraño. En el hecho de cesar se ve una posibilidad
de afinar aun más la interpretación. Algo análogo
ocurre en nuestros tiempos en la composición.
F.S.:
¿Cuáles intérpretes, por ejemplo, poseen -según
usted- un espíritu crítico?
M.K.:
EI pianista Glenn Gould. Desde hace algunos años prefiere
rodar filmes. Afortunadamente, el Cuarteto Lasalle aún no
se ha detenido.
F.S.:
¿Cómo debe tocarse a Beethoven, entonces?
M.K.:
Los tempi no deben ser de una regularidad estricta. Beethoven rara
vez escribe "tempo rubato", pero es lo que tiene en mente.
En esta música es indispensable respirar a menudo. De este
modo se torna evidente el carácter de improvisación
(rechazada). Un segundo punto concierne al aspecto anguloso. Los
sforzati...
F.S.:
... la acentuación súbita, la acentuación particularmente
marcada...
M.K.:
... Sí, aun se tocan los sforzati como si fuesen simplemente
acentos dentro del matiz indicado en último término.
De esta suerte, se controla la intensidad. No quiero pretender que
todos los sforzati hayan de dislocar el discurso musical, pero deben
producir el efecto de una ruptura, de una arista viva. Los jóvenes
directores de orquesta que acaso lo conciban de este modo tienen
tanto miedo a las orquestas de renombre, que prefieren ponerse verbalmente
de acuerdo con el primer violín respecto del toque personal
que podrían aportar en la velada del concierto.
F.S.:
¿Y la instrumentación?
M.K.:
: Todos los retoques, aun los más célebres, aquellos
heredados del director de orquesta Weingartner y de sus sucesores,
deben eliminarse. Es una bendición el que Beethoven haya
tenido instrumentos imperfectos, pues esa imperfección a
menudo se manifiesta allí donde los clisés sonoros
propios de esta época producen un efecto revelador. "Suavizar"
la dureza del sonido es detestable. Inclusive si ello no es resultado
de retoques, sino de un incremento enorme de los efectivos de la
orquesta, o aun de la disposición particular de los micrófonos.
F.S.:
¿De modo que usted no admite el hermoso sonido redondo al
que aspiran tantos directores de orquesta?
M.K.:
No. Lo ideal sería interpretar a Beethoven tal como él
oía, es decir, "mal". Eso es lo que traté
de componer en mi filme Ludwig van. La idea básica
era reorquestar su música de modo de tratar consecuentemente
ciertas regiones sonoras y ciertas frecuencias que un sordo percibe
apenas o aun de una manera deformada. Las deformaciones tímbricas
nos han permitido constatar claramente, una vez más, en ocasión
de las grabaciones, hasta que punto se trata allí de una
música verdaderamente grandiosa. Todos los. músicos
participantes, y yo mismo, estabamos continuamente emocionados.
Jamás había vivido una experiencia semejante.
F.S.:
¿En su opinión, no hay ningún vínculo
entre los últimos cuartetos y las obras de los compositores
que sucedieron a Beethoven, antes del opus 7 de Schoenberg. Ahí
tenemos un período vacío de ochenta años. ¿Cómo
explica usted eso?
M.K.:
En el ínterin tenemos a Reger (el del último período),
pero hoy en día no parece ortodoxo mencionar su nombre...
Creo que no puede considerarse el de los últimos cuartetos
sino como un caso de rara complicación. Un lenguaje musical
que es también la negación de un "querer-hablar-hasta-el-extremo"
(siendo justamente eso desde el punto de vista existencial) se manifiesta
en ellos, mientras que también aparece en ellos una forma
musical que anuncia, ella misma, su propio fin. El Cuarteto
opus 131 es un ejemplo perfecto de esto. Una situación semejante
no existió inmediatamente después hasta en Schoenberg.
No en vano menciona usted su primer Cuarteto de cuerdas,
opus 7. En ésta, la más íntima de las formas
musicales, Schoenberg expresa la intimidad de su cuestionamiento.
Y esta pieza vio la luz inmediatamente después del gigantesco
aparato de Pélleas et Mélisande opus 5, y
mientras ya se hallaban en gestación los Gurrelieder.
F.S.:
¿Siempre ha visto usted así estas relaciones?
M.K.:
No comencé a comprender a Beethoven hasta los dieciocho anos,
después de haber trabado conocimiento con la música
de Schoenberg y con su pensamiento teórico. En esa época,
mientras yo trataba de componer, todavía se consideraba al
dodecafonismo como mecánico y vacío de sentimientos,
y se lo calificaba de molestia judía proveniente de Ia Europa
Central. La obra del último período de Beethoven me
confirmó entonces que no hay evolución alguna posible
en la música sin apelar a la inteligencia de todos...
F.S.:
¿Qué piensa usted acerca de la tesis según
la cual el estilo del último período de Beethoven
influyó de manera determinante sobre los compositores modernos?
M.K.:
No sé si el concepto de influencia corresponde bien al estado
de las cosas. Por ejemplo, en las Seis Bagatelas para cuarteto
de cuerdas, opus 9, de Webern, se encuentra un tempo en el
cual las aceleraciones y los rallentandi constantes ofrecen una
semejanza llamativa con los cambios de tempi en el séptimo
movimiento (Allegro) del Cuarteto para cuerdas opus 131
de Beethoven. Para Webern, este modo de articular el tiempo constituye
un medio para "sentimentalizar" los sonidos; por el contrario,
para Beethoven ello equivale a una interrupción pasajera
del flujo. En lugar de influencia podría hablarse de parentesco.
F.S.:
¿Los compositores de su generación tienen afinidades
con Beethoven'?
M.K.:
En el nivel de la composición, apenas. En cuanto concierne
al método, a la estructura, es menos conocido, aun cuando
su principio inmanente de la variación esté emparentado
con los principios de la música serial. En nuestros días
hay una predilección por citarlo cuando se quiere operar
la distanciación con respecto a lo conocido. No obstante,
conozco pocos compositores que quieran escuchar música nueva
en su tiempo libre, a menos que sea la suya propia. En cambio, a
la mayoría les gusta escuchar música más antigua.
Es probable que entonces escuchen a Beethoven.
F.S.:
Beethoven creía representar a la humanidad en su arte. ¿Piensa
usted que, hoy en día, aun se puede pretender tal cosa, o
bien, en su, calidad de compositor contemporáneo, siente
eso lisa y llanamente como una provocación?
M.K.:
Me resulta difícil creer que Beethoven haya tenido tal pretensión.
Le han endosado el mal du siècle. Beethoven abarcó
la Oda de Schiller tal como los compositores lo hacen habitualmente:
repiti6 el texto fuerte y largamente, hasta que el oyente finalmente
a no percibe las palabras sino tan sólo la música.
F.S.:
Hemos llegado aquí a esta pregunta: Beethoven, el compositor,
y Beethoven, el hombre, ¿forman para usted una unidad?
M.K.:
En absoluto, ¿por qué? Cuanto más aprendemos
sobre él, tanto más se nos acerca. Y su música
parece tanto más ilimitada y enigmática.
F.S.:
Muchas gracias, señor Kagel.
M.K.:
Un momento, por favor. ¿Puedo ofrecerle esta crónica
como recuerdo?
"Las
celebraciones en honor de Beethoven se han terminado ahora, y verdaderamente
podemos decir que nos han deparado mucho placer. Si he de emitir
un juicio sobre el carácter del conjunto, diría y
todos los testigos estarán ciertamente de acuerdo que, desde
el punto de vista de la organización, de la estética
y de la dignidad, todo resultó completamente lo fallido,
y que ello es lamenta para la memoria de Beethoven y para toda la
Alemania."Johann Vesque von Püttingen, Impresiones
sobre las celebraciones en honor de Beethoven, 1845, Agosto
de 1968.
***
Beethoven
Jean-Michel
Damian: ¿Qué puede haber de común entre el
trabajo de un músico -el suyo- y el de un cineasta, tal como
usted lo practica?
-Mauricio
Kagel: No hago mucha diferencia entre filme y música, sobre
todo del modo en que considero que el músico puede hacer
el filme. Cuando se trabaja durante tanto tiempo en el estudio de
música electrónica come lo he hecho, y después
se corta un filme, se está muy consciente de que se corta
el tiempo, todo el tiempo. Una especie de actividad. Nunca hice
muchas diferencias
J.M.D.:
¿Pero cómo se traslada el trabajo de montaje de una
música sobre un filme?
M.K.:
Creo que hay toda una gama de correspondencias entre filme y música,
y a veces comienzo a trabajar como un cineasta, mientras que otras
dejo hablar al compositor. Siempre estuve en relación con
cineastas, desde Buenos Aires, donde fundé, con amigos, la
Cinemateca Argentina; pero hay una cosa que siempre me ha molestado
en el filme experimental, y es cuando el cineasta ponía la
música de una manera muy brutal sobre el filme montado con
mucho trabajo. Es decir que hay algo en la música, en las
relaciones música/filme, que no marcha, en toda una dimensión
del filme experimental, y comencé a establecer una escala
de todas las posibilidades de relaciones entre sonidos a imágenes,
y en Ludwig van, por ejemplo, hay casi sesenta formas diferentes
de relaciones... Eso cambia todo el tiempo...
J.M.D.:
¿Pero cómo ocurrió en Ludwig van,
por ejemplo? Porque parece que la música misma naciera de
una visualización; puesto que hay partituras pegadas sobre
los objetos, y que a veces la música parece seguir esto.
Entonces, ¿qué nació primero?, ¿ambas
cosas nacieron juntas? ¿Cómo trabajó usted
para ese filme?
M.K.:
La idea de la "sala de música", ese museo imaginario,
nació del punto de vista visual. Me dije: hay que hacer una
sala donde no haya dimensión de profundidad, donde todo esté
Ileno. Pero al mismo tiempo dije: se va a oír toda la música
de Beethoven que se vea. Es decir que primero hice un filme mudo,
y luego pasó las secuencias, un juego entero para una orquesta
de dieciséis músicos y se grabó sólo
lo que la cámara había registrado antes...
J.M.D.:
Lo que sorprende en sus filmes, y ahí acaso pueda verse una
correspondencia con su música -me gustaría saber si
usted esta de acuerdo- es la importancia que usted concede a los
detalles. Es decir que, en sus filmes, muy a menudo la cámara
apunta hacia un detalle, el detalle de un mecanismo, de un funcionamiento
cualquiera, a menudo malfuncionante, y me parece que su música
también es una música bastante "al microscopio"...
Se ve cierto numero de detalles, de maquinarias, que funcionan ora
en la música, ora en el cuerpo del músico, y a usted
le gusta poner de relieve esas diferentes máquinas que funcionan
un poco por todas partes; que a veces... se trastornan.
M.K.:
En mi lengua -en mi jerga- Ilamo macrófono al micrófono.
Esto quiere decir que pienso que el micrófono es una lupa.
Y hay en día es muy importante emplearlo de modo de descubrir
todo un mundo sonoro que, de otro modo, desaparecería.
J.M.D.:
¿Qué le seduce en un detalle?
M.K.:
La forma. He dicho que Ludwig van era una declaración
de amor por Beethoven. Pero cuando se habla positivamente en pro
de algo, se le echa una sombra, nada clara... Y es muy difícil
decir exactamente qué es Beethoven para mí... Porque
lo amo al punto... Nací en una tradición... ¡tradicional,
digamos! Pero justamente esas relaciones muy fuertes con la música
del pasado son para mí la razón para repensar siempre
que es la música del pasado. La frase de Schwitters -la tradición
soy yo- es absolutamente válida en la música, a mi
entender. Usted conoce Ios ejemplos de 1920, cuando en Rusia -cuando
aún se podía hablar de la revolución rusa-
se hizo Mozart de frac, Nozze di Figaro... Y no digo que
esa haya de ser la especie de modernización necesaria para
Mozart, pero hace falta una interpretación en ocasiones muy
cercana a nuestra manera de hacer música hoy en día.
Eso es exactamente lo que hice con Beethoven... Y vea usted, los
músicos que tocaron esa música, que son de veras muy
buenos músicos, no tuvieron problemas de conciencia. No decían
"están matando a Beethoven", sino "¡hemos
descubierto cuanta modernidad hay en esta musical!" Creo que
es exactamente la tesis de Beethoven: ¡la música del
pasado está más cerca de nosotros en la medida en
que la interpretemos de una manera diferente!
Vea usted, una tesis para Ludwig van era la de hacer la música
a partir de esta idea: como había escuchado Beethoven su
música durante los últimos diez años de su
vida, es decir, mal. No oía muy bien los agudos... No oía
muy bien los graves... iY, finalmente, no oía casi nada!
Cuando se piensa que la Novena Sinfonía se ejecutó
con dos ensayos, uno puede tener una idea de la calidad de esas
ejecuciones... Y si usted las compara con Karajan, por ejemplo,
resulta clarísimo que la ejecución de la Novena Sinfonía
con dos ensayos no fue buena... Pero fue mas fuerte, porque de este
modo la música se convierte en una cosa de una crudeza excepcional.
Y creo que esa crudeza es mucho mejor que escuchar una sinfonía
perfecta, con un gran coro a la Mahler, y todo eso... Y es exactamente
lo mismo que cuando usted escucha actualmente una Pasión
según San Mateo con dieciséis niños, y
que usted escuche la ferocidad de esos contrapuntos... Es algo más
cercano a nosotros que esas versiones románticas, a la Leipzig,
digamos a la Mendelssohn: ifue él quien realmente creó
esa inflación romántica de la música del pasado!
iY yo estoy a favor de esta clase de investigación, y no
siento piedad alguna por las falsas tradiciones! Muchas veces se
me ha acusado de destrucción. Y desde un punto de vista ético,
siempre diré que no; desde un punto de vista lógico,
que sí. Es decir que establezco una diferencia entre ambas
dimensiones. Porque precisamente a causa del pasado hemos padecido
muchos males: se ha mezclado la estética con la moral, la
ética con la lógica propia de la música o del
teatro. Y lo que yo hago es un análisis despiadado de la
cosa...
Entonces, cuando se trabaja así, se Ilega naturalmente a
una burla exagerada, tal vez... Pero eso es necesario para ver claro,
para mí. Aunque es muy duro... Porque yo no le doy una receta
constructiva. No le doy más que una visión muy destructiva
de la cosa... Pero si usted tiene la capacidad de admitir eso, entonces
usted puede liberar de ello su espíritu. Ese es exactamente
mi mecanismo de trabajo.
Mayo
de 1972
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992. Traducción León
Mames) |