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¿Hay
una música para cine, hay un cine para la música?
Carmelo Saítta
Aunque parezca obvio,
es imprescindible partir de la idea de que el cine es un medio
audiovisual, esto es, que involucra la imagen y el sonido. También
es necesario considerar que los diferentes "tipos" de
cine se valen más o menos del sonido.
El cine, que fue originariamente pensado como un "discurso"
de imágenes cinéticas, tuvo la necesidad de ir incorporando
(en la medida en que la técnica se lo fue permitiendo)
al sonido en sus diferentes aspectos.
Esta incorporación puede ser estudiada desde dos ángulos:
desde los diferentes géneros -comedia musical, dibujos
animados, documentales, etc.- o desde la evolución que
se opera en el interior de cada uno de ellos.
Dice Jean Mitry: "... Por no ser el cine solamente un arte
nuevo, sino un arte que descansa en parte en todas las otras artes,
es imposible en nuestra opinión pretender establecer una
estética del film sin reconocer, en aquellas artes que
lo precedieron, efectos o manifestaciones de los principios en
los cuales se funda, una coca aclara la otra".
Preguntémonos ahora que es una banda sonora, que le puede
aportar esta al cine. En su aspecto más elemental: la fonaci6n
del habla, el soporte acústico del texto, ya sea este directo
o doblado, que ha exigido un desarrollo técnico, basado
primero en la necesidad (obvia) del sincronismo entre sonido y
movimiento y luego en la necesidad, cada vez mayor, de considerar
la calidad acústica como 'al y en relaci6n con el ambiente
en que se supone fue generado.
Este mínimo criterio es el que deberá tenerse en
cuenta para el sonido ambiente, sea directo o no. Este debe ser
realista y por supuesto coincidir con los movimientos o las acciones
de las cuales forma parte. Aquí el concepto "realista"
debe ser entendido con reservas, puesto que al doblar los sonidos
(lo que sucede con mas frecuencia de lo que se supone, dada la
"pobreza de la toma directa) no se emplean los mismos medios;
es decir, el sonido del caminar de una persona en el césped
se graba, por ejemplo, a partir de acciones realizadas con las
manos sobre viruta de madera contenida en una caja. En rigor,
mas que "realista" deberíamos usar la palabra
verosímil. Es decir: los sonidos deben ser creíbles.
Como se ve, a conducta que se sigue se basa en una supuesta fidelidad
con la imagen. Tanto en el caso de a palabra como de los sonidos
que producen as personas o los objetos en movimiento, no se trata,
en principio, de otra cosa que de la consecuencia acústica
de la imagen; conjunción que tiene sentido por la experiencia
cotidiana. Si este primer nivel, el más elemental, ya no
es real, nos caben dos preguntas: ¿Es posible, conservando
el sincronismo, resaltar las demás cualidades del sonido
en aras de una mayor expresión para provocar un desplazamiento
de lo denotativo a lo connotativo? (dado que, de todos modos,
aquellos no son reales) y luego, y en correspondencia con la idea
de espacio off, ¿no podemos pensar en un tiempo off, donde,
al no existir la necesidad del sincronismo, no sólo podríamos
cambiar las cualidades materiales del sonido sino también
las temporales? Es más, en el espacio off puede suceder,
acústicamente hablando, cualquier cosa, siempre que sea
"verosímil", y este concepto adquiere en este
caso un nuevo significado, en particular cuando se lo sugiere
no sólo desde la imagen. Está claro que siempre
(aunque no se lo sugiera) hay un espacio off, mas allá
de los límites de la imagen, y por lo tanto no tiene sentido
limitar el texto y el sonido solo a los acontecimientos que "se
ven". De aquí a los efectos acústicos especiales
sólo hay un paso.
El cine de los últimos años nos ha acostumbrado
a un nuevo uso del sonido. El cine donde el sonido se limita al
mero efecto auditivo de una acción no solo resulta "pobre",
sino que esta pobreza conspira en su contra. Es que el cine, que
por supuesto es una ficción, aunque pueda ser representativo,
como todo arte representativo necesita de la experiencia del espectador,
de la referencia a una determinada realidad, de los ajustes propios
del arte visual (para no hablar del sonoro), de aquellos aspectos
que tienen que ver con las condiciones mismas de la percepción
(tamaño de la pantalla, distancia del observador, etc.).
También hay que considerar los aspectos que tienen que
ver con la virtualidad de cada arte, con sus reglas de concreción,
que no sólo permiten la alteración de la referencia
a la realidad, sino que hacen por demás necesario dicho
desplazamiento. Más allá de que el cine narrativo
pueda aludir a una realidad, su propia realidad es una ficción,
una virtualidad, y como tal tiene sus propias reglas, su particular
forma de significación, donde los elementos que intervienen
contribuyen a su conformación en la medida en que puedan
apartarse, que puedan perder lo denotativo que los caracteriza
para adquirirla una nueva significación; ésta, ahora,
por su relación con el resto, más abierta, más
próxima a la connotación metafórica.
Bien, hablemos ahora un poco de las decisiones acústicas.
Si el cine se vale de las estructuras sonoras, sean musicales
o no, será porque éstas son capaces de suministrar
cierta información y a su vez porque se pretende establecer
un vínculo entre esta información y la información
visual o narrativa. Pero ¿cómo establecer una relación
funcional entre tres "cosas" cuando no sabemos en que
consiste una de ellas?
Operativamente, se suele separar el sonido en cuatro pianos o
estratos (los que podrán tener en su aspecto constructivo
varias bandas): el habla, el ambiente, los efectos especiales
y la música. Este criterio, que es práctico, no
responde a la realidad perceptiva, donde el entrecruzamiento que
se puede operar entre dichos planos (incluyendo en cierto sentido
también el habla) borra los límites de los mismos,
creando otros que dependen del azar o de la voluntad estructural
según el caso. Una análoga reflexión cabría
si nos planteáramos -y este no es el momento cuestiones
de tipo estético respecto del tratamiento de la banda sonora,
de su unidad estilística, de un criterio global en su tratamiento.
El problema general de las estructuras sonoras y de su vinculación
con las imágenes, con los fenómenos cinéticos
o con los argumentales, debemos estudiarlo teniendo en cuenta
tres aspectos básicos:
a) La semanticidad del mensaje acústico no verbal (incluyendo
el nivel de la onomatopeya). Esto es, qué información
es, capaz de suministrar un sonido o una estructura sonora elemental.
b) La música (y aquí englobamos una cantidad muy
diferenciada de productos) en su doble aspecto: el estructural,
derivado de su organización interna, y el de su referencia,
esto es, de la información extra-estructural que es capaz
de "transportar" o de generar.
c) La relación que se pueda establecer entre el sonido
o una determinada estructura musical, sus contenidos intrínsecos
y extrínsecos con una secuencia cinematográfica
y en esta expresión incluimos la imagen y su evolución,
la forma temporal de la misma y la situación argumental
(narrativa) que soporta o genera.
Henri Pousseur dice: "... los sonidos nos aportan una imagen
de las cosas, una información sobre algunas de sus propiedades...
". Cada sonido nos cuenta una pequeña historia. Para
este autor este mensaje puede considerarse desde dos lugares diferentes,
según tenga o no intención de comunicar. Es decir,
por un lado sonidos que no son producidos con la intención
de comunicar y sin embargo, mas allá de esta no voluntad,
nos suministran una determinada información. Dentro de
dicho grupo podemos encontrar:
- Los fenómenos azar o estadísticos, como son por
caso la Iluvia, el viento, el sonido que produce una ola al chocar
contra las rocas, etcétera.
-Aquellos sonidos que ponen de manifiesto un fenómeno mecánico,
esto es, la ley de gravedad, el peso, la energía implícita,
como podría ser la caída de un cuerpo, etcétera.
- Y por último, aquellos sonidos que además de involucrar
fenómenos atmosféricos incluyan artefactos. Por
ejemplo, el golpear de una puerta-debido al movimiento generado
por el viento, etcétera.
Por otro lado, tenemos los mensajes acústicos que si tienen
la intención de comunicar, como dice Pousseur: "...
puesto que el emisor lanza la llamada y desea ser oído...
". Dentro de este grupo se encuentran los mensajes acústicos
verbales, los no verbales y, entre ambos, el de las onomatopeyas.
También Pierre Shaeffer nos propone diferentes cadenas
de lenguaje. Para el las cadenas son cuatro: la naturaleza, donde
no sólo involucra a la Iluvia o los truenos, sino que también
incluye los sonidos que producen los animales; el habla, con todas
sus variables; la música y, por ultimo, los sonidos de
los artefactos, cuyo fin no es precisamente el de producir sonidos.
Como se ve, estos dos enfoques -por cierto diferentes son más
que suficientes para plantearnos, por un lado, la oposición
naturaleza-artefacto, y por otro -y esto está ligado a
lo que Shaeffer llama el "escuchar ordinario" o el "escuchar
reducido" -a dos aspectos del sonido o, mejor, a las dos
áreas de información: la que deviene de considerar
al sonido como un índice, esto es, capaz de evocar (y nos
referimos a la captación de un fenómeno, donde lo
sonoro es parte del todo) o la que deviene de considerar al sonido
como estímulo acústico, es decir, donde en ausencia
(o enmascaramiento) de lo evocativo, se privilegian las cualidades
acústicas. Y es este mayor o menor compromiso con estas
cualidades lo que, sumado a un mayor o menor compromiso con las
organizaciones a que se ve sometido, nos permite encarar, ahora
sí, el hecho de que los lenguajes sonoros intencionales
(excluyendo los verbales y onomatopéyicos), mas allá
de lo que puedan evocar, se pueden caracterizar del siguiente
modo:
La ambientación sonora, cuya lógica discursiva esta
dada por la lógica de las acciones de las cuales el sonido
forma parte. En todo caso las alternativas que se presenten deberán
estar dentro de lo verosímil.
El sonomontaje, que si bien no reniega de lo evocativo, en su
interior se debe establecer una relación de contigüidad,
de analogía, de oposición entre dos sonidos o dos
estructuras. La lógica no se funda solo en aquella cualidad
evocativa, sino más bien en una relación acústica
o estructural, es decir, en una relación par-par, por lo
menos en el mantenimiento de un parámetro común
entre dos sonidos, que no necesariamente deben ser conservado
en el par siguiente. Su mayor riqueza consiste en la ambigüedad
que se puede generar por medio de estos dos posibles niveles de
significación.
Con la música, el problema es un poco diferente, si analizamos
la forma en que su discurso se articula. Además de la ausencia
de la cualidad evocativa, podemos constatar lo siguiente: por
un lado, el hecho de que el músico esta obligado a ejercer
un "control" desde el principio hasta el fin sobre todos
los parámetros que se involucren y, además, a establecer
una red relacional, es decir, un control sobre las relaciones,
los "cruzamientos" entre dichos parámetros. Este
doble sistema, en principio, es condición necesaria para
caracterizar este lenguaje.
Sin embargo estas condiciones no son suficientes para caracterizar
a la mayoría de las obras de arte y esto representa un
problema que podemos encarar de dos maneras: o establecemos una
gradación dentro de la categoría anterior -la música-
o creamos una nueva.
Digamos entonces, para no dilatar, que ya sea que hablemos de
jerarquías dentro de un mismo sistema o que pensemos en
la creación de una nueva categoría siempre nos llevará
a separar a la música del arte-musical (artesanía
y arte) dado que este último término, además
de permitirnos establecer una diferencia sustancial entre sus
concepciones materiales y estructurales, nos va a permitir establecer
también una diferencia sustancial entre las conductas que
una y otra puedan involucrar.
Está claro que la música -más allá
de que los sonidos no denotan- denota coma cultura y su comunicación
se hace más eficaz cuando sus estructuras no sólo
son simples, sino también cuando mantienen cierto carácter
iterativo, como sucede, por ejemplo, con la música comercial.
Esta simplicidad estructural es determinante del bajo índice
informativo. Debemos recordar que informatizan se opone a mensaje.
El mensaje es más eficaz como comunicación, cuanto
menor es la información que suministra; recordemos que:
"...información significa, en cualquier caso, la medida
de una libertad de elección dentro de un sistema de probabilidades
determinado."
Digamos, entonces, que el arte musical no se basa sólo
en principios más o menos compartidos, sino más
bien que una de sus características es la constante puesta
en crisis de sus principios para instaurar otros que sean capaces
de crear nuevos símbolos. No olvidemos que la historia
de la música, tal como la consideramos hoy, es la historia
de las innovaciones, de los músicos que han innovado, que
han hecho aportes, hayan sido conscientes o no de ello. Esta distinción
no sólo es necesaria para explicar las obras, sino también,
como ya dijimos, pare entender las conductas que éstas
puedan involucrar.
Los rasgos que caracterizan al arte musical son: uso original
de un parámetro existente, incorporación de nuevos
parámetros en su sintaxis y, por último, eI establecimiento
de una nueva red, de un nuevo sistema relacional.
Lo importante a nuestros fines es entender el mayor o menor compromiso
de estos lenguajes con el material. Podemos considerar este mayor
o menor compromiso también como una graduación entre
lo evocativo y lo acústico, como un menor o un mayor compromiso
con las estructuras, variables éstas que nos permiten,
en última instancia, desplazarnos gradualmente de un arte
de representación a un arte de signos, de un mensaje con
poca información a otro de mayor información, donde
información significa libertad de elección de que
se dispone, no ya para construir un mensaje, sino para estimular
la imaginación.
Por supuesto, estos aspectos son por demás útiles
al cine. La clave será no ignorar la mayor o menor información
que caracteriza a estos lenguajes; información que podemos
considerar dentro de un marco más general. Pensemos que
tanto los sonidos como las estructuras sonoras nos suministran
información a dos niveles. El sonido pone de manifiesto
sus cualidades evocativas (funciona como un índice) o pone
de manifiesto sus cualidades acústicas. Una estructura
sonora o musical también puede ser reducida desde dos lugares
diferentes, a una la Ilamamos reducción analítica
y a la otra reducción metafórica.
Ahora nos interesa analizar estos lenguajes acústicos no
verbales desde este doble lugar. Digamos que, en cuanto a reducción
analítica se refiere, en mayor o menor medida estas estructuras
se comunican a sí mismas, comunican como han sido organizadas,
como se articula su sintaxis, etc. Este aspecto, el sintáctico-formal
(por oposición al simbólico inconsciente) es fundamental
a nuestros fines, puesto que tanto el cine como cualquiera de
estos diferentes lenguajes, tienen en el tiempo su dimensión
fundamental, y no nos referimos a una analogía entre tiempos
cronométricos o psicológicos, sino a tiempos vitales,
los que son propios de estas disciplinas. No debe sorprendernos
que Mitry dedique un capítulo de su libro al ritmo musical
y al ritmo prosódico. Del mismo modo podríamos aludir
a los aspectos formales de una y otra disciplina. Esto, que es
fundamental, merece ser tratado de manera más profunda;
de momento, y antes de dejar este tema, diremos con Gisèle
Brelet: "En el ritmo surge en su pureza la esencia misma
de toda estructura: forma total cerrada sobre sí mlsma,
cuyas partes tienen sentido por el todo que las comprende... "
y más adelante, ''... arte del tiempo, la música
solo encuentra su estructura definitiva, en la actualidad del
tiempo vivido... ". Umberto Eco nos sirve como ejemplo, pues,
paradójicamente, él hace en su novela EI nombre
de la rosa lo que muchos directores de cine deberían
hacer: "De allí las extensas investigaciones arquitectónicas
con fotos y planos de la enciclopedia de la arquitectura, para
determinar la planta de la abadía, !as distancias, hasta
la cantidad de peldaños que hay en una escalera caracol.
En cierta ocasión, Marco Ferreri me dijo que mis diálogos
son cinematográficos porque duran el tiempo justo. No podía
ser de otro modo, porque, cuando dos de mis personajes hablaban
mientras iban del repertorio al claustro yo escribía mirando
el plano y cuando llegaban dejaban de hablar... ".
Ocupémonos ahora del otro aspecto, del que depende más
de los aspectos extrínsecos, de aquellas "cosas"
que sin ser las estructuras vienen por añadidura con ellas
o, en todo caso, son capaces de generarlas en el espectador, es
decir, el considerar la música (y por extensión
los otros lenguajes) como un referente. En este sentido digamos:
- Que una música puede marcar cierta continuidad, cierta
unidad de sentido. Todo discurso musical, por ser explicitado
en un tiempo, "enmarca" ese tiempo en una unidad temporal.
Mientras la música no cambie su campo rítmico ni
su campo armónico, todos las elementos extramusicales que
participen de ese tiempo tenderán a formar parte de esa
unidad de sentido. Determinada música hace evidentes las
características de la permanencia.
- Que una música, por su variedad, puede marcar el carácter
de diversidad, de oposición, de dinámica, etc.;
es decir, provocar una tendencia a lo múltiple, al cambio.
En este sentido, esta característica se opone a la anterior.
- Que toda música es siempre un exponente de una forma
particular de movimiento, ayuda a la formación de la idea
de espacie interior, de traslación de un lugar a otro.
En, este sentido, es siempre un exponente de la idea de velocidad.
Este fenómeno es muy importante puesto que esta ligado
a los fenómenos temporales y rítmicos.
- Toda música marca una conducta psíquica o es exponente
de un determinado estado emotivo. A ello contribuyen ciertos rasgos
como, por ejemplo, la repetición o no repetición,
la alternancia, la recurrencia, la direccionalidad, la incrementación
rítmica, el cromatismo, etcétera.
- Cierta música puede remitir a factores sobrenaturales
o a la formación de nuevas imágenes en la medida
en que no tenga referentes mediatos para el oyente. Este rasgo
es más aplicable a cierta música nueva o a la música
donde, por ejemplo, no se reconozcan las fuentes.
- Que la mayoría de las músicas remiten a factores
extramusicales, ya sea por el texto, ya sea por el título,
ya sea por el género, conocimiento del autor, época,
etcétera.
- Que sus diferentes formas de manifestación ayudan a captar
diferentes niveles sociales o diferentes grupos, los que por lo
general tienen determinadas preferencias musicales.
- Toda música es capaz de marcar el carácter de
una sociedad, su evolución histórica, particularidad
social de un determinado momento, etc. Esto está en general
determinado por el tipo de instrumentos que se usan, la manera
en que están organizadas sus estructuras, el particular
uso que se haga de los elementos constructivos, etcétera.
- Que cierta música, por su correspondencia estructural,
permite marcar similitudes entre diferentes sociedades. Es fácilmente
asimilable por grupos culturales muy diferentes.
- Toda música alude a una historia y a una geografía
por medio de sus rasgos característicos, en particular
aquellos que tienen su origen en el folklore.
Esta enumeración podría ampliarse simplemente prestando
atención a lo que la música misma es capaz de sugerirnos.
Tengamos en cuenta, también, la cultura del espectador
y aquellos aspectos que devienen de lo denotativo, lo connotativo,
lo estructural y lo contextual, que son determinantes para la
información.
Estos rasgos, por supuesto, tampoco aparecen de manera aislada.
Cada música o cada espectador podrá privilegiar
uno u otro. Lo mismo cabe para lo que podemos Ilamar las funciones,
en este caso las relaciones que se puedan establecer entre la
música y el cine. Podríamos separarlas en dos grandes
grupos: las funciones formales y las funciones expresivas. Como
ya dijimos, tampoco aparecerán de manera aislada, sino
que la intención del director o del compositor podrá
privilegiar una sobre la otra. Enumeremos las más relevantes:
Función formal, la música puede participar de la
sintaxis general de un film, estableciendo relaciones formales,
anticipando o reiterando elementos formales, alterando el "tiempo"
del discurso general. También puede cumplir funciones de
unidad y de continuidad, etc. Estas funciones, en general, deben
estar previstas desde el guión, lo que no siempre sucede.
En general, la música aparece después de armado
de la doble banda, momento en el cual ya poco puede hacerse.
Función sustitutiva, por esta función la música
puede reemplazar una situación argumental o parte de la
misma, en particular si ya se ha establecido un vínculo,
una relación entre la música y un personaje, una
función actcoral, etcétera.
Función enmarcativa, la música crea un determinado
sentido del movimiento, un determinado sentido emotivo una particular
captación del mundo (ello se debe a lo que Ilamamos su
proyección sentimental), sin duplicar o aludir a lo visible
o a lo narrado en ese momento.
Función conmutativa o transformativa, la música
en general permite pasar de una "situación" teatral,
argumental o narrativa a otra, sin necesidad de que exista transformación
manifiesta entre éstas. En música es posible pasar
de una "caracterización" a otra y hacerlo de
manera rápida y eficaz.
Función de enlace, la música puede Ilenar un silencio
o enlazar dos situaciones diferentes, sean estas cambios de situación,
de secuencia, acto o parte, etc., sin necesidad de que estos cambios
se manifiesten en la música misma.
Función de complementariedad, la música puede crear
una situación expresiva complementaria o independiente
de lo planteado a través de lo argumental o visual.
Función antitética, la música puede equilibrar
una percepción psíquica por su carácter "sublimador",
en relación a lo argumental o teatral, o crear situaciones
grotescas o contradictorias con las mismas.
Función asociativa, la música activa los esquemas
o conductas asociativas por medio de lo que podemos Ilamar su
carácter descriptivo o ilustrativo.
Función tensional, un fragmento musical puede reforzar,
generar o "paralizar" (diluir) la tensión de
una secuencia. También puede amortiguar o subrayar el carácter
de la misma.
Función introductoria, la música, cuando aparece
antes que la imagen, puede establecer el estilo, el carácter,
etc. de un film o predisponer al espectador para...
Función delimitativa, se establece el "espacio de
la narración", o también delimita una determinada
situación, enmarcando a ésta, encerrándola
dentro de dos fragmentos musicales, los que por lo general son
iguales o análogos.
Función de fondo, ya sea este un fondo de "ambientación"
o "musical", acompaña a una secuencia donde el
silencio puede perturbar. Para que cumpla con esta función
es necesario que tenga un bajo nivel de información.
Lo que acabamos de enunciar se refiere a aspectos generales, algunos
de los cuales habían sido enunciados en el ya histórico
trabajo de Adorno-Eisler cuyos contenidos sin embargo estaban
referidos a la concepción musical de la época, o
en todo caso a la concepción de la música para el
cine. A estos podríamos agregar otros, ya no referidos
al aspecto estructural ni al metafórico, sino más
bien a lo expresivo, al "cómo". Nos referimos
a la elección de los timbres del registro, del tipo de
tratamiento, del carácter, de la densidad polifónica,
etc., los que seguramente están más ligados a la
imagen en sí, a sus cualidades, aspecto este que, por supuesto,
también es digno de tenerse en cuenta.
Volvamos, ahora, a nuestro problema central, el que nos parece
debe primar en toda concepción estética de la banda
sonora. Nos habíamos planteado, al principio de esta nota,
la posibilidad de una mayor expresión en el tratamiento
del sonido, la posibilidad de provocar un desplazamiento de lo
denotativo para adquirir una nueva significación, más
próxima a la connotación metafórica, la posibilidad
de plantear una nueva idea de lo verosímil, ahora no necesariamente
ligada a la imagen, o a la idea de la realidad evocada. Recordemos
por ejemplo que el valor de una naturaleza muerta de Cézanne
no reside en la evocación de la frutera, la copa, el cuchillo,
etc., lo que se considera el tema, sino más bien en los
valores plásticos, los elementos técnicos de la
composición, su concepción de los mismos. La abstracción,
inevitablemente, hace más evidentes estos elementos, al
despojar a la plástica de nuestro siglo de la "excusa"
que los "enmascaraba" para privilegiarlos.
En el cine el problema es análogo, y aunque este conserve
la anécdota, el argumento, nunca deja de ser una ficción,
y como dice Noël Burch: "... Porque el cine está
hecho en primer lugar de imágenes y sonidos; las ideas
vienen (quizá) Iuego, al menos en lo que Ilamamos el 'cine
de ficción'. Porque, como veremos en el próximo
capítulo, existe desde hace algunos años un cine
de no-ficción que parte de un juego de ideas abstractas...
".
Como se ve, estas actuales concepciones de! cine necesitan también
de nuevas concepciones en lo referente al arte musical y al tratamiento
que se hace del sonido en otras manifestaciones estéticas
ligadas al sonomontaje o a la ambientación. Las actuales
concepciones del arte musical que parten del sonido (por oposición
a los ya viejos resabios estructuralistas) permiten, dada la ausencia
de aquellos aspectos que hacen a la vieja música (la melodía,
la armonía tonal, el tematismo, el ritmo métrico,
etc.), establecer vínculos funcionales con el sonomontaje
y el ambiente, de modo tal que sus barreras, sus límites,
desaparezcan para formar un todo tan solidario como funcional.
Es en este marco donde debemos indagar, cuando pensamos el cine
como una forma de arte. Noël Burch, en su libro ya citado,
dedica a este tema un capítulo: "Del use estructural
del sonido", pero no es menos importante el resto de un libro
donde, con independencia de lo que se hable, abundan referencias
a la música por demás elocuentes; pese a las limitaciones
propias de un cineasta hablando de música, dicho trabajo
es un imprescindible punto de referencia, un excelente punto de
partida.
Como se ve, para sus actuales concepciones, para su actual problemática,
si el cine pretende significar, es decir, ir de la representación
al signo, adquirir el carácter del lenguaje, tendrá
que incluir forzosamente a la música como parte de sí
mismo, de su sintaxis. Este mayor compromiso de lo sonoro con
lo organizativo permitirá una mayor ambigüedad, una
mayor multiplicidad de lecturas, una mayor posibilidad metafórica,
una mayor provocación imaginativa, un desplazamiento desde
una mayor comunicación a una mayor información.
En este proceso no sólo se obtendrá una mejor función
estructural entre imagen y sonido, sino también una imagen
resignificada por lo contextual, es decir, por lo que significa
el espacio off o, dicho de otro modo -puesto que este depende
de la banda sonora, de su concepción temporal-, del tiempo
off. Desde este lugar, la vieja oposición entre música
diegética y extradiegética (diégesis=narración)
se vuelve irrelevante; la oposición entre instancia representada
y expresada no tiene sentido, salvo que pensemos que la música
es la partitura, la orquesta a otra cosa.
Christian Metz no parece muy inclinado a considerar la banda sonora
como parte de una posible semiología del cine. Sin negar
su aporte en el intento de establecer lo que él llama "las
grandes figuras fundamentales de la semiología del cine:
montaje, movimientos de cámara, graduación de planos
fundidos y fundidos encadenados, secuencias y otras unidades de
gran sintagma", nos inclinamos -puesto que la realidad del
cine se impone a compartir el siguiente enunciado de Jean Mitry:
"Pero este sentido no depende solamente de las imágenes.
El film no es mudo, el diálogo, el comentario, los ruidos,
son otras tantas denotaciones conjuntas. Y, en seguida, se advierte
que la asociación audiovisual determina las relaciones
contrapuntísticas y otras que pueden estar cargadas de
sentido. Son otras tantas connotaciones posibles. Solamente en
el nivel del plano el conjunto de los signos visuales, sonoros,
verbales, constituye ya tal complejo de significaciones que de
cada uno de ellos se podría decir que es un significante
sintagmático global (para utilizar provisoriamente un término
lingüístico), o también una célula significante."
Bibliografía
Jean
Mitry, Estética y psicología del cine, tomo
I: Las Estructuras; tomo II: Las Formas. España, SigloXXl
editores, primera edición en castellano, 1978.
Henri Pousseur, Música, semántica y sociedad,
Madrid, Alianza Editorial, prime ia edición en castellano,
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Alianza Editorial, 1988.
Umberto Eco, La estructura ausente, Barcelona, Editorial
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Gisèle Brelet, Christian Metz, Jean Mitry y otros, Estructuralismo
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1969.
Umberto Eco, Apostillas a El nombre de la rosa, Editorial
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Theodor W. Adorno, Hanns Eisler, El cine y la música,
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Nöel Burch, Praxis del cine, España, Editorial
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(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992) |