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Syncrosemia
(El cine como un arte de la composición)
Alberto Fischerman
El compositor AIfred
Hitchcock se sienta a la mesa de montaje y comienza a componer
su film Rear Window, Ilamado aquí La ventana indiscreta.
Junto a él está su ayudante Herbert Coleman, su
montajista George Tomasini, el músico Franz Waxman y los
sonidistas Harry Lindgran y John Cope. Sincronizan la música
para los títulos iniciales de la película que irán
sobreimpresos en una toma fija de una ventana vista desde el interior.
La ventana esta dividida por tres cortinas americanas que se enrollan
una a una como la apertura de un telón que descubre el
escenario donde se desarrollará la acción.
La música dura dos minutos y los títulos un minuto
diez segundos. Los cincuenta segundos restantes servirán
para que la cámara describa un patio, una pared con ventanas
y Ilegue a un primer plano de James Stewart, el protagonista.
Está inmovilizado en su habitación por un impedimento
físico y observará, como en múltiples pantallas
de proyección, pequeñas historias de sus vecinos.
La música de obertura es un híbrido entre el voluntarioso
ajetreo de Un americano en París, ritmos y timbres extáticos
a lo Morton Gould y cierto culteranismo propio de un Aaron Copland
tardío. Con grandilocuencia propia de una gran metrópoli,
la música contrasta, en una operación no excenta
de ironía, con el pequeño mundo que describe la
imagen.
De pronto irrumpen los ruidos y el ambiente: por una radio un
locutor dice el pronóstico meteorológico, alguien
cambia de emisora y sintoniza una música popular. Una pareja
que ha dormido en el balcón por el calor, se despierta;
tránsito desde la calle en un plano más cercano
el zumbido de una afeitadora eléctrica, suena un teléfono
y comienza el diálogo; debajo de las voces, la sirena de
una ambulancia. Pasa un helicóptero. Música funcional
para gimnasia que una bella muchacha utiliza en sus ejercicios
matinales. Un músico ensaya en el piano los primeros acordes
de un tema que recién comienza a componer. Voces distantes
ininteligibles. Vuelve la música de Franz Waxman, ahora
incidental, para acompañar las peripecias del pobre Stewart,
que intenta rascarse la picazón que tiene bajo el yeso
de su pierna. Una puerta que se abre y se cierra. Mas diálogos
distantes. Otra sirena. El pianista sigue componiendo y estos
sonidos del piano continúan como fondo para el diálogo
que el protagonista tiene con su enfermera que ha entrado a la
habitación.
***
Hitchcock
interrumpe la visión y pide al sonidista que le alcance los
ladridos de un perrito. Ese perrito habrá de tener más
adelante importancia dramática en el relato. En la imagen
que tiene delante el director una mujer se acerca a un hombre y
le dice algo. EI hombre le responde de mal modo y la mujer lanza
una exclamación de desagrado. Hitchcock recorta tres ladridos
y sincroniza el último, como si fuera un doblaje, con la
exclamación muda de la mujer, de modo tal que los otros dos
ladridos queden en off, para que este último parezca más
efecto de la casualidad que de una voluntad manifiestamente metafórica.
Ya se ocupara el sonidista, durante la mezcla, de ecualizar los
ladridos para equipararlos al timbre de voz de la mujer.
***
En otra
cabina de montaje, 35 años después, el compositor
Win Wenders trabaja en otro film, Las alas del deseo. También
está acompañado por colaboradores. Entre otros el
músico Jürgen Knieper.
Wenders ya termina la filmación y las tomas ya han sido seleccionadas
por el director y puestas en orden por el montajista. Los sonidistas
sincronizaron los diálogos, ubicaron con bastante aproximación
las voces en off, armaron las bandas de ruidos, las del sonido ambiente,
tienen transcripta la música y los diversos fragmentos fueron
numerados por escena. Estamos frente a lo que se llama un armado
grueso del film con aproximadamente ocho bandas de sonido (dos de
ambiente, dos de ruidos, dos de música y dos de diálogos).
El director trabaja con su montajista una a una las bandas junto
con la imagen. Pasa de una banda a la otra, las oye en forma conjunta,
de a dos, o de a tres. Corrige acentos falsos, desplaza tiempos
fuertes para que no "muerdan" en los cortes, busca sincronía
en los ataques, elimina superposiciones que molestarán en
la regrabación, elimina ruidos parasitarios, desplaza sílabas,
ajusta fotogramas, pide nuevos sonidos o modificaciones de timbre
o de altura. Compone. Articula un discurso polifónico o,
si se me permite el neologismo, diría syncrosémico,
ya que incluye a la imagen, por supuesto determinante hasta ahora
en el discurso cinematográfico.
***
Win Wenders
está ajustando las primeras imágenes de su film: Una
lapicera que escribe un texto. El cielo. Un ojo. Un monólogo
en off acompaña estas imágenes. El sonido de un helicóptero
no oculta el registro aéreo de la ciudad de Berlín.
La obviedad del arpegio de un arpa ilustra la presencia de Bruno
Ganz, el ángel, en lo alto de una torre. Los techos de Berlín.
Otra vez la torre con su ángel, ahora desde la visión
de un niño que lo observa a través de la ventanilla
de un bus escolar. Un solo de cello, atonal, con algún que
otro pizzicato flota sobre estas imágenes. Otra vez la torre.
Murmullos crecientes como una textura generada por la yuxtaposición
de voces apenas susurradas. Interior de un avión. Monólogo
interior de la azafata y de un niño que mira al ángel.
Monólogo interior de Peter Falk (Columbo), un ex ángel
que también viaja en el avión. El avión está
Ilegando al aeropuerto con música de reminiscencias ravelianas:
cierto triunfalismo hollywoodense para arribar a destino. El avión
circunvala la torre de control de donde emergen numerosas voces
entrelazadas. El ángel oye todo. Y discierne. Coros.
***
Una digresión;
El triunfo de la voluntad, aquel film de Leni RIEFEN-staht
encargado por el ministro de la Propaganda que documentaliza los
festejos en ocasión de un congreso del Partido Nacional Socialista
que se desarrollo en Nürenberg en 1934, también comienza
desde el aire. Y otro ángel, Adolph Hitler, también
condesciende a lo humano, pero con música wagneriana. Ambos
ángeles, desde las nubes, sobrevuelan la metrópolis.
Ya en tierra, el ángel de Wenders, ubicuo como todo ángel,
penetra en la soledad de la gente. El cello continúa su trabajo
en la pura orfandad de los humanos, como sobrevivientes de una antigua
guerra. Y como en Hitchcock, ventanas con sus historias, radios
encendidas, voces infantiles, automóviles y sobretodo un
hervidero de pensamientos audibles.
***
Ahora
Wenders trabaja en la secuencia de la biblioteca pública:
techo decorado con estrellas. Concluye el cello. Panorámica
a las mesas de lectura más un travelling que recuerda aquel
de Toute la mémoire du mond, de Alain Resnais, acompañado
por un continuo electrónico al que se le suma un coro femenino
de tipo minimalista con un leve desliz cromático ascendente
y luego los murmullos más unas voces, aisladas del conjunto,
ininteligibles, como un sprechgesang schoenbergiano con textos en
alemán, inglés y hasta una oración litúrgica
en hebreo. La cámara, sin detenerse, hace una panorámica
a la izquierda, a los dos ángeles que avanzan. Uno de los
dos ángeles sale por la izquierda del cuadro y el otro detiene
su marcha junto con la cámara. En ese instante ingresa en
la banda sonora la voz de una soprano. El ángel parece escucharla.
Esta voz es sustituida por una contralto y luego por un tenor. Por
fin un coro masculino. Silencio.
En piano general un anciano sube las escaleras. Jadeo en primer
plano. Monólogo interior del anciano: es un escritor. Ingresa
en la banda un solo de violín en registro alto. La secuencia
se corta abruptamente por un fillage provocado por los vagones de
un subterráneo que pasa frente a la cámara con el
sonido propio del traqueteo sobre los rieles.
Conclusiones
Hoy no
existe tal cosa que pueda ser llamada música para un film.
Si existe una trama compleja de sonidos de diverso origen, que incluye,
a veces, fragmentos musicales. Lo que en el principio fue la música
de acompañamiento para las películas hoy es arqueología,
a la que se recurre, sólo de tanto en tanto, por nostalgia.
Bresson Ileva esta noción al límite: "pas de
musique d'accompagnement, de soutien ou de renfort, pas de musique
du tout".
Tampoco hoy es posible hablar en términos absolutos del cine
como imagen, en el sentido visual del término. Si bien perdura
su función dominante en el discurso cinematográfico
hay síntomas evidentes que indicarían una equiparación
creciente de las variables sonoras con las variables visuales.
Entonces ¿qué es el cine?
El cine es un discurso contrapuntístico de alta complejidad,
en el sentido académico que se le otorga en música
para diferenciarlo del discurso armónico que sucede por bloques
verticales modulando acordes. Este contrapunto cinematográfico,
incluida la imagen y desarrolladas las cualidades autónomas
de cada línea sonora (diálogos, sonidos del ambiente,
ruido, música ambiental y música incidental), consiste
en la articulación de diversas líneas melódicas
que discurren en forma simultánea y concertada.
¿Es posible imaginar la lectura de un film en términos
no dramatúrgicos, no programáticos, no pictóricos
o figurativos, más allá del inevitable analogón
de la fotografía? ¿Es posible leer un film en su dimensión
mas específicamente artística, abstracta, algebraica,
es decir musical?
Hoy, el video facilita la lectura de un film: detenerse, releer
y comparar pasajes. Como un libro.
Nuevas técnicas de registro y procesamiento han modificado
la percepción acústica y visual y hacen más
sutil el discernimiento de las diferencias tímbricas, cromáticas
y dinámicas. ¿Cómo hacer una partitura que
incluya las variables visuales de lo que finalmente resulte ser
un film que supere al guión tradicional con un detalle y
rigor similar a lo que suelen ser las partituras musicales o, mejor
aun, los proyectos arquitectónicos? Sistemas de representación
gráfica que permitan, antes de la realización, una
lectura horizontal y vertical completa de la obra.
Creo que el cine permite un trabajo de composición tan riguroso
como el que se realiza en el campo musical. Y que lo que se entiende
específicamente como lo musical, lo que realiza el músico
para el film constituye sólo una de las varias líneas
contrapuntísticas que en forma interdependiente constituyen
el discurso cinematográfico.
No es correcto, hoy, escindir, en una artificiosa división
del trabajo, los diversos aspectos de la composición, de
la totalidad de la banda sonora y esta de la imagen. Tampoco es
correcto otorgarle esa responsabilidad al músico. Esa tarea
es privativa del propio director como compositor de la totalidad
del film.
Salvo honrosas excepciones, que hemos intentado ejemplificar, el
cine ha estado supeditado a los principios de la narratividad dramatúrgica.
Estas formas, tan valiosas como la forma sonata en todas sus variantes
de Haydn a Bartok, dominaron el universo ficcional cinematográfico
desde sus orígenes hasta nuestros días.
Por este camino y adhiriéndome fervientemente a la recuperada
noción de progreso artístico (ver Federico Monjeau,
"En torno al progreso", LULÚ n°3)
creo posible imaginarle un futuro al cine (¿Utopía,
siglo XXI?) en el que, liberado ya del melos dominante (siglo XIX),
rol que ha cumplido la imagen con más que probada eficacia,
se caracterice como un arte de la syncrosemia, es decir, como un
arte de la composición.
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992) |