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Godard y la
música
Antoine Duhamel
Cuando uno recuerda
Pierrot le fou, lo primero que surge es la música.
Autor: Antoine Duhamel. Después, vino Week-end.
Música, maestro.
Thierry Jousse.: ¿Cómo
fue su encuentro con Godard?
Antoine
Duhamel.: Sucede que me sentí sensibilizado de entrada por
el cine de Godard. A bout de souffle (Sin aliento)
me impresionó, pero, tal vez a causa de ciertas preocupaciones
musicales, fue sobre todo a partir de Une femme est une femme cuando
me atrapó realmente. Este film maravilloso, que siempre vi
en salas Ilenas y arrobadas, aunque se suele considerar que no tuvo
mercado, me intereso muchísimo en lo que hace a la utilización
de la música. A partir de allí, seguí con regularidad
prácticamente todas sus películas. Me sentí
impactado por el uso de Beethoven en Une femme mariée y por
la música de Les Carabiniers. De todos modos, siempre
encontraba que Godard tenía un sentido de lo musical apasionante.
Mi encuentro con Godard se produjo en un período en que yo
trabajaba con mi más viejo y habitual camarada de cine, Jean-Daniel
Pollet. Nos cruzábamos en los corredores de LUMI Films, donde
trabajábamos unos y otros. Pienso que él debió
de haber visto Méditerranée, que fue, por otra parte,
una de las pocas referencias de que se habla cuando trabajé
en la música de Pierrot le fou. El encuentro definitivo se
produjo gracias a Anna Karina, con quien yo había trabajado
para la película de Ronet, Le Voleur du Tibidabo.
Anna tenía muchas ganas de que yo hiciera las canciones de
Pierrot le fou, que resultaron finalmente las únicas
cosas que no compuse. El proyecto me apasionaba. Sin embargo, no
fue nada fácil al principio. Las indicaciones, que me dio
Godard se limitaron a dos frases. Una se refería a un momento
donde aparecía una muchacha que bailaba delante de un juke-box,
y me dijo: "Ahí, haría falta un twist".
La otra, fue durante una proyección en Niza. Godard se acerca
y me dice: "Mire, Belmondo pasa delante del bar de la Marquise,
entonces citaremos Tout va trés bien Madame la Marquise".
Y eso es todo cuanto yo sabía de lo que Godard necesitaba
con certeza. Era un poco perturbador. Casi tuve ganas de renunciar.
En ese momento, Godard volvía a entrar. Me manda buscar con
François Collin, la montajista del film, a quien yo conocía
bien y con la cual ya había trabajado antes. Después
de eso, asistí a una proyección de rushes (proyección
del material filmado el dia anterior). Allí, quedé
por completo conquistado, maravillado. Vi con nitidez la existencia
de una música. Hubo un plano especialmente, que me atrajo
de inmediato por su vinculación con lo que yo conocía
de las buenas relaciones entre la música y el cine. Era el
momento en que después de haber incendiado un automóvil,
Belmondo y Karina se van caminando y cruzan la Durance. Era evidente.
Veía algo. Me imaginé perfectamente lo que sería
la música de ese pasaje. Y lo bueno es que la música
que imaginé está ahí.
Tengo que precisar un poco cómo ocurrió eso. Cuando
termina la proyección, Godard me dijo: "'Hay un twist,
Tout va trés bien Madame la Marquise, y también
me gustaría tener para el resto de la película dos
o tres temas a lo Schumann". Frase muy concisa pero muy razonada.
Siempre me produce placer volver a pensar en todo esto. Godard me
trajo un ejemplar de la Tercera Sinfonía de Schumann,
me hizo escuchar un pasaje y me dijo: "Lo que encuentro interesante
es ese juego de respuestas temáticas entre las diferentes
partes instrumentales". Eso era algo musicalmente muy preciso.
Además, está la dualidad Pierrot-Ferdinand en el personaje
de Belmondo, dualidad entre el loco, el aventurero y el buen muchacho
educado y casero. Y para mí, es claramente Florestán
y Eusebio de Schumann. De modo que hasta llegué a incluir
una pequeñísima cita del tema de Eusebio
tomada del Carnaval de Schumann, que tal vez sólo
perciban personas muy atentas. Partiendo de ahí, pregunto
cuáles son las secuencias y Godard me contesta en seguida:
"Hágame dos o tres temas a lo Schumann y con eso me
las arreglo". Compuse cuatro pasajes, de los cuales hay dos
que son muy importantes. Uno era Pierrot, el otro era Ferdinand.
Y otros dos pasajes complementarios. Es maravilloso poder decirse:
escribo lo que tengo ganas de escribir. Mi impulso musical me arrastra
en diez minutos, iadelante! Después, le pido a Godard que
venga a verme. Me dijo que no le servía de nada escuchar
la música en el piano, que no le daría una idea justa.
A la inversa, para mí era útil tener un dialogo con
él. Discutimos un poco en torno al piano. La grabación
se hizo justo el día que cumplí mis cuarenta años.
No es del todo casual. Fue un poco buscado por mí como algo
extraordinario, porque desde hacía años soñaba
trabajar con Godard. Bien, se graba esa música. Empiezo por
hacer los pequeños enlaces. Luego, se encadenan las grandes
secuencias. Godard escucha todo eso. Hubo algo que me impresionó
mucho cuando grabé el tema de Ferdinand, que es en verdad
el tema memorable de Pierrot le fou.
Godard tenía un diario en la mano, y veo que anota un montón
de cosas en los márgenes. Anotaba el lugar en que lo iba
a poner. Eso me fascinó porque ese tema se utiliza a lo largo
de todo el film, prácticamente todas las secuencias en orden,
prácticamente de modo integral, con los lugares bien precisados.
Si se Ilega a sostener un tono durante una larga extensión,
es muy interesante que la música sea, de una a otra secuencia,
diferente; nunca la repetición de la misma cosa, sino al
contrario, que contenga un elemento nuevo. Para el tema violento,
el de Pierrot, le dije a Godard: "No sé muy bien si
usted va a utilizar este tema en el film, pero tuve necesidad de
hacer un tema de carácter rítmico, en relación
con la violencia que hay en el film". Recuerdo que al terminar
la regrabación (Mezcla final de todos los sonidos de un film.)
Godard me llamó por teléfono y me dijo: "Con
respecto a ese tema, usted verá lo que hice. No sé
si quedará contento. Improvisé un poco". Más
lo escucho, más interesante me parece el uso que hizo del
tema. Puso todo el tema -ni siquiera hizo cortes- y lo usaba de
vez en cuando. Se sirve del tema de la misma manera que me había
fascinado en Une femme est une femme, es decir, una ráfaga
de música que se detiene bruscamente porque hay un ruido,
un dialogo o un cambio de intención, la mirada de un personaje
y después arranca de nuevo. Esa manera tan fragmentada de
servirse del tema es, para mí, un acierto.
T.J.:
¿No le molestaba eso? Uno pensaría que un compositor
podría temer que alguien usara su música de una manera
tan fragmentada...
A.D.:
Depende de quién. Esa es toda la cuestión. La concepción
de la banda sonora según Godard es sumamente audaz, y yo
podía dar por descontado que él lograría un
efecto formidable. Mientras que de otro hubiera desconfiado mucho,
aunque fuera un grande. Con Godard, sentía plena confianza.
En cuanto a los otros temas, están diseminados, por aquí,
por allí. Yo estaba muy sorprendido por la concentración,
la seriedad, la reflexión ininterrumpida de Godard. Es que,
en esa época, había, en buena parte del medio cinematográfico,
una actitud del tipo "Godard es un farsante, un bromista, todo
eso no es serio". Ahora, como yo tenía de Godard una
imagen totalmente opuesta, hice una música que insistía
enormemente sobre el lado serio.
T.J.:
Entre Pierrot le fou y Week-end, ¿siguió
en relación con Godard?
A.D.:
A diferencia de otros directores con los que he trabajado, Godard
no fue para nada alguien con quien yo pudiera tener una relación
de camaradería. Hubo una época en que me lo encontraba
a menudo en un bistrot de la Ile-Saint-Louis. Cada vez que eso ocurría,
yo me emocionaba bastante e iba, discretamente, a saludarlo. En
uno de nuestros últimos encuentros, vino hacia mí,
se sentó en la mesa de al lado y me hizo algunas preguntas.
Era la época en que preparaba Prénom Carmen
y me interrogó sobre los cuartetos de Beethoven. Le dí
algunas ideas sobre lo que había que hacer, sobre las precauciones
necesarias. Hay cosas importantes: cuando uno ve músicos
que evidentemente simulan tocar, es un poco molesto. Los músicos
a menudo son capaces de representar pequeños papeles en un
film. Me gusta mucho comer y beber, de modo que la ceremonia en
torno a la mesa de un bistrot con Godard no Ilega muy lejos.
Todo eso contribuye a una atmósfera de distancia. Muchas
veces me encuentro con personas que trabajan con Godard y que me
dicen que él guarda un buen recuerdo de mí. Nos hemos
vuelto a encontrar y nos tenemos una estima recíproca.
T.J.:
Al escuchar el Concierto para violín de Beethoven,
pensé que uno de los temas de Pierrot le fou
remitía a un pasaje de ese concierto, o en todo caso hacia
pensar en él.
A.D.:
Se trata de una forma rítmica, mientras que en el Concierto
de Beethoven es más bien una especie de tema un poco lancinante,
un poco grave... En Pierrot le fou, lo utilicé desde
un punto de vista a la vez aéreo y angustioso. Dicho esto,
no había pensado para nada en esa coincidencia.
T.J.:
¿Usted sentía que Godard conocía bien la música?
A.D.:
Sí, absolutamente. Voy a tomar como ejemplo una referencia
que me asombró muchísimo. Hace un tiempo, en la televisión,
vi Passion, una película totalmente hecha con música
de archivo. AI principio, me dejó estupefacto la utilización
del comienzo del Concierto para mano izquierda
de Ravel, toda la introducción orquestal sobre las imágenes,
era perfecto. Era de una inteligencia musical inaudita. Además,
justo en el momento en que termina el crescendo y está por
empezar el solo de piano, arranca la acción. Y el solo de
piano ya no está allí, está un poco más
lejos y juega también un papel. L a segunda parte no me convenció
tanto. En toda la parte donde están las referencias a los
cuadros, tuve la impresión de que se divertía un poco
tomándoles el pelo a los ilustradores sonoros. Llega a una
utilización completamente paródica de la música
y eso me irrita un poco. Pero el principio confirma totalmente la
idea de que es en verdad un cineasta que tiene un sentido de la
música. Cuando pienso en mis numerosas colaboraciones, incluido
Truffaut, con quien no me entendí, el trabajo con Godard
o con Pollet me parece absolutamente apasionante. Hace un tiempo,
propuse en un festival de Angers que reunieran en un programa Week-end
y Méditerraéee. Me dije: ¡Cómo
sabe utilizar la música esta gente! Primero fue un placer
enorme que Godard volviera a pedirme algo. Eso no se repitió
más. Lo cual no me asombró, ya que Godard me había
dicho: "Week-end va a ser un film donde habrá
mucho espectáculo, un despliegue, y siento que necesito una
música como la suya". Después, él le volvió
totalmente la espalda a esta manera. En Week-end, las cosas
no ocurrieron del mismo modo que en Pierrot le fou. El
film se rodaba en París, por lo tanto yo iba a ver los rushes
prácticamente todas las noches. iSon bien extraños
los rushes de Godard! Mientas que otros directores van a ver las
proyecciones de las tomas sólo con un muy pequeño
equipo técnico, allí había una verdadera multitud.
Todo su trabajo sobre los planos-secuencias era verdaderamente asombroso.
Las tomas me fascinaban, lo que querían decir me fascinaba.
Recuerdo muy bien lo que sentía a la salida de Week-end
cuando la gente me hablaba de la música; yo les contestaba:
"iDéjenme en paz! Quiero que me hablen de la película".
El método de trabajo era bastante particular en Week-end,
porque si bien Godard no aceptaba quedar fijado por una música
cronometrada con señalamientos precisos, quería sin
embargo estar seguro de que cada motivo musical tendría por
lo menos la extensión de la secuencia en que iría
a inscribirse. Pienso especialmente en la secuencia donde Mireille
Darc dice el texto de Bataille, bien al principio del film. Para
esta secuencia, que duraba un acto, es decir alrededor de nueve
minutos y medio, compuse nueve minutos y medio de música.
iUn lamento! Siempre me fascinaron los guiones de Godard, que son
los más breves y precisos que conozco. En esta secuencia,
hablaba del lado amargo y lánguido de lo que cuenta Mireille
Darc. Es por esa razón que hice una musica sumamente grave.
Además, cierto número de temas que están o
no están en el film. Escribí mucha música para
Week-end. Era bastante fácil de grabar. Durante
la grabación veía que los músicos me miraban
de vez en cuando con cara rara, viendo que hacía mucho más
de 20 minutos por sesión, que es la duración autorizada
oficialmente. Hay cosas muy contrastadas, otras más irónicas,
otras más graves, otras completamente catastróficas,
como ese lamento, otras más religiosas. Compuse algo un poco
en el estilo de las músicas masónicas de Mozart para
la secuencia de la transformación de los autos en corderos,
pero eso no está en el film. Una de las razones por las que
me sentía menos directamente apasionado por Week-end
era que estaba escribiendo una obra muy importante en mi vida, Lundi
monsieur vous serez riche, una comedia musical que hice con Remo
Forlani. Asistí a la mezcla, que me interesó mucho.
Para esta película, más bien larga, la mezcla duró
un día y medio. Estaban el ingeniero de sonido, Bonfanti,
y Godard. Bonfanti se ocupaba de dos o tres bandas, el sonido directo
más algunas voces en off, y otros efectos, y Godard de la
música. Recuerdo especialmente la secuencia del monólogo
de Mireille Darc, de la que hablaba recién. Cuando escribí
esa secuencia, me preguntaba si no era un poco abstracta desde el
punto de vista musical. Pero Godard la utilizó volviéndola
aún más abstracta de lo que era. Me acuerdo de un
momento preciso en que la cámara avanzaba sobre la espalda
de Mireille Darc y hubo un pequeño desplazamiento de la intensidad
musical introducido por Godard. Me dije que trabajaba como un director
de orquesta. Actuaba efectiva y verdaderamente sobre la materia
musical. Para no hablar de ese procedimiento tan frecuente en Godard,
y raro en otros, que consiste en no vacilar ante el hecho de que
la música Ilegue a impedir la comprensión de las palabras.
Hubo incluso un momento en que me pidió que le escribiera
una especie de bourrée para acordeón porque quería
hacerla cantar a voz en cuello sobre el ruido del auto, hasta el
punto de tapar completamente las palabras de los actores. Otra anécdota
asombrosa: la historia de La Internacional. Tomó una hoja
de papel, escribió las primeras palabras de La Internacional,
y me dijo: "Aquí me gustaría una cita de La Internacional
pero nota por nota. 'C'est la lutte'... Corte. 'Finale'... Corte".
Había hecho el mismo, sobre una hoja de papel que después
perdí, sus cortes. Me divirtió mucho escribir eso,
ya que hice una especie de troceado con los acordes, para nada conformes
a la versión original. El producto era una cosa muy extraña.
Usted sabe que la SACEM controla y revisa los temas de la música.
Lo que yo veía eran todas notas separadas por calderones.
Y al final, alineando todo eso, no se dieron cuenta de que era el
tema de La Internacional. Otra anécdota: pasé una
larga tarde en la sala de montaje con Godard para tomar con exactitud
las duraciones máximas de cada una de las secuencias musicales,
y Godard habrá pronunciado, en toda esa tarde, unas treinta
palabras. La que hacía el montaje era Agnès Guillemot.
Y, al final de la tarde, me dijo: "iQué cosa tan agradable
es oírlo hablar!"
(Entrevista
realizada por Thierry Jousse para Cahiers du Cinéma.)
(LULÚ
número 4, Noviembre de 1992. Traducción M. T. G.)
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