Ecos de Hollywood
Juan Pablo
Compaired
Un bombardero B-17,
envuelto en llamas, pierde altura devorándose un cielo
superpoblado de manchas negras provenientes del fuego antiaéreo
nazi. En su interior, el comandante intenta controlar con decidida
calma el curso de! aeroplano. Por debajo de su casco asoma un
hilo de sangre, sin embargo nuestro piloto sonríe. Dice:
"Supongo que hemos Ilegado al final del camino".
Durante toda la secuencia la música desarrolla el tema
Stars and Stripes en un tono heroico siempre in crescendo
hasta el clásico The End.
Buena película para vender War Bonds en el hall
del cine en el año '42. Un efecto completamente distinto,
contrastando con esta idea del final heroico, resultaría
de un uso diferente de la banda musical, si por ejemplo se hubiera
decidido por una composición que plantee, a través
de disonancias espaciadas casi lúdicras, que nuestro héroe
es en realidad un loco de atar.
Otra posibilidad podría ser dejar la escena en completo
silencio; con solamente el sonido del viento como sustento. Y
la música entrando sobre los títulos finales dando
el tiempo justo para la reflexión de la platea, que seguramente
saldrá del cine sacando conclusiones metafísicas
sobre el sentido de la guerra y la muerte, etc. etc. etcétera.
La relación de la música con lo dramático
es antiquísima e inevitable, pero resulta interesante revisar
algunas teorías que justifican la aparición de la
música en el cine. El compositor Hanns Eisler, en su libro
Composing for the Films, establece que el uso de la música
como acompañamiento del cine mudo se debía "al
efecto fantasmal que las películas causaban en el público.
La música funcionaba entonces como una especie de antídoto
contra el completo silencio que acompañaba las figuras
de personas viviendo, actuando incluso hablando. La música
agregaba la vida que le faltaba a la película". Una
idea más simple es la de Kurt London en su estudio Film
Music, en el que plantea que la aparición de la
música en el cine mudo no responde a una "necesidad
artística" sino al propósito de neutralizar
el molesto ruido del proyector. London luego profundiza y observa
que: "La razón estética y psicológica
más importante para explicar la necesidad de música
como acompañamiento del cine mudo es sin duda el ritmo
del film como un arte de movimiento. No estamos acostumbrados
a percibir el movimiento como forma artística sin sonido
que lo acompañe o por lo menos un ritmo audible. La tarea
del acompañamiento musical es la de acentuar y profundizar
el ritmo formal del aspecto visual".
Roy Prendergast, en su libro Film Music, a neglected
art, reformula una idea de London diciendo que si bien la
música en el cine no surge de una "necesidad artística",
esto debería entenderse como una "necesidad artística
consciente". Sugiere que los principios de la música
en el cine fueron más utilitarios que artísticos,
explicando parcialmente por qué los compositores tuvieron
que luchar un buen tiempo antes de poder escribir partituras con
algún contenido artístico. Para los productores
de los primeros tiempos la música era sólo un mal
necesario.
En 1908 se escribe la primera partitura original para cine: Camille
Saint-Saëns compone la música para El asesinato
del Duque de Guise de la cornpania Le film d'Art.
Los costos que implicaban hacer música original no convencieron
mucho a la industria, que buscó de inmediato otras soluciones.
Un año después la compañía Edison
comienza a editar, "sugerencias específicas para la
música" para los films que realizaba. Hacia 1913,
las orquestas y pianistas de los cines podían adquirir
música con precisas especificaciones dramáticas.
Los ejemplos más famosos son la Kinobibliothek
(o Kinothek) de Giuseppe Becce, publicada en 1919, y
The Sam Fox Moving Picture Music Volumes, de J. S. Zamecnik
que apareció en 1913. Los libros tenían un índice
con partituras haciendo referencia a situaciones específicas,
como el siguiente ejemplo: Tensión-Agitato: a. Persecución;
b. Aeroplano; c. Combate heroico; d. Batalla; e. Disturbios, terror;
f. Masas enardecidas, tumulto; g. Naturaleza: tormenta, fuego.
Si bien el carácter de estos recursos abunda en lugares
comunes, clichés y formulismos, hay una funcionalidad en
este tipo de interacción audiovisual que conduce a que
aun luego de una significativa evolución en el terreno
de la composición para cine los términos básicos
con los que se desenvuelve el compositor sean relativamente parecidos
a los índices de las compilaciones.
Por otra parte, se puede hablar de categorías más
abstractas, según el conductismo americano: las funciones
de la música en el cine. Aaron Copland enuncia diecisiete
funciones fundamentales de la música en el cine que pueden
ser englobadas en tres áreas generales:
- Estableciendo una atmósfera de tiempo y lugar, y de estado
de ánimo.
- Apoyando la acción física, ritmo y estructura.
-Desarrollando elementos implícitos de un personaje o una
circunstancia.
El compositor experimentado sabe determinar que función
va a destacar a través de la música y como va a
lograrlo.
Una anécdota sobre diferentes tipos de interpretación
de una escena es el caso del propio Copland cuando compuso la
música de la película La Heredera. En este
film Olivia de Havilland interpreta el rol de Catherine, la hija
de un millonario que se enamora de un cazador de fortunas. Su
padre intenta evitar el idilio a toda costa. En una tensa secuencia
Catherine espera a su enamorado a medianoche con el fin de fugarse
con él. Un carruaje entra en cuadro, pero luego de pasar
lentamente frente a ella sigue su camino dejándola abandonada.
Copland compuso una música de fondo que acompañaba
el paso del carruaje, pero en un screening de prueba el público
encontraba la situación más risueña que trágica.
Copland tuvo que recomponer la música centrándose
esta vez en el sentimiento de angustia y desolación de
la protagonista.
La forma en la que iba evolucionado el trabajo de los compositores
dentro de estas funciones guarda relación tanto con el
desarrollo de nuevas técnicas como también con el
refinamiento de las producciones en sí mismas.
Uno de los primeros grandes compositores de Hollywood, Max Steiner
(King Kong-la original-, Lo que el viento se Ilevó,
El tesoro de Sierra Madre, El informante)
basaba sus composiciones casi únicamente en la técnica
de micheymousing, que parafrasea musicalmente lo que sucede en
la imagen. Esta técnica corresponde a la función
de apoyar la acción física, y lo hace de una forma
exagerada. Sin embargo, llama la atención la capacidad
de Steiner para exponer diverso material temático dentro
de parámetros tan restringidos. En la actualidad el mickeymousing
ha caído en desuso pero es importante destacar que Steiner,
con su obsesión de sincronizar hasta el mínimo detaIle,
fue pionero en utilizar y perfeccionar el método del click-track.
El click-track original consistía en una película
con perforaciones cada tantos fotogramas que al pasar por un lector
producían un click. La idea era que se podía obtener
un metrónomo que media en unidades acordes al formato de
cine, como por ejemplo: un click cada 24 fotogramas (60 rpm) pudiendo
generar tempos no posibles en un metrónomo normal. Además,
había dos tipos de click-track, fijo y variable. El fijo
era un loop de celuloide con perforaciones a intervalos regulares,
y el variable era una cinta continua con las perforaciones espaciadas
en forma irregular.
Cabe resaltar la intima relación entre la música
para películas, el desarrollo tecnológico y la experimentación
sonora. También, la gran flexibilidad y poder de adaptación
que han demostrado los compositores de la pantalla.
El prolífico Steiner, que hizo la música de mas
de 300 películas y que hace uso y abuso de la sincronización,
es uno ms dentro de un grupo de compositores europeos que transformaron
la música de Hollywood. Otra figura relevante es Erich
Wolfgang Korngold (Las aventuras de Robin Hood, Capitán
Blood, El halcón de los mares), un compositor
proveniente de la ópera que inicia la escuela épica
o de los wagnerianos, que continúa actualmente en vigencia
a través de compositores como John Williams (Tiburón,
Encuentros cercanos, Guerra de las Galaxias,
Indiana Jones) y Bruce Broughton (Silverado).
Korngold incorpora una nueva técnica de sincronización:
dirigir "a la película", que consiste en dirigir
la música viendo una copia de Ia película que contiene
indicaciones visuales cerca de cada punto de sincro. Este método
evita la dureza de click y permite un desarrollo más fluido
de la música.
Una vertiente diferente fue la iniciada por Davic Raksin, el primer
compositor americano de envergadura que ingresa a las filas hollywoodenses
con un estilo influido fuertemente por la música popular.
Para solventar su formación musical tradicional Raksin
trabajó en numerosas bandas de baile como arreglador e
intérprete adquiriendo fluidez en el lenguaje de la música
popular. Su obra más destacable es la partitura para el
film Laura, en la que se puede apreciar la efectividad
de! tratamiento monotemático.
Asimismo, Raksin aprovechó una de las secuencias de la
película para experimentar con el sonido: mientras la orquesta
toca un suave arreglo del tema, en un canal separado hay un loop
de una grabación de acordes en piano sin el ataque, creando
una textura irreal y etérea.
El campo de la música de películas permitió
Ilevar al gran público nuevas técnicas y sonoridades
que hubieran sido rechazadas de ser presentadas por sí
mismas. Esto se debe principalmente a la estrecha relación
entre imagen y sonido como dimensiones simultáneas.
Leonard Posenman (Al Este del Paraíso) sostiene
que hay una relación de intercambio simbiótico entre
el film y la música que lo acompaña. Rosenman cuenta
su experiencia de escuchar a gente no entendida en música
hablar admirada de una composición "disonante"
después de ver una película, y que sin embargo esa
misma música escuchada por la misma gente fuera del contexto
audiovisual generaba descie un tibio hasta un terminante rechazo.
La música para cine promueve gran experimentación
y generalmente es a través de este medio que se revelan
masivamente las nuevas tendencias y técnicas. De esta forma
se produce, por ejemplo, la difusión del Theremin por parte
de Miklos Rozsa en Cuentame tu vida (Spellbound)
de Hitchcock. El Theremin, un instrumento inventado en 1920, era
poco conocido en esa época (1945). Más allá
de las obras de Cowell o de Varèse, la popularización
del Theremin se produce gracias a Rozsa. A partir de ese momento
fue utilizado hasta el hartazgo en películas de ciencia
ficción.
Así como el cine posee esta enorme capacidad de absorción
de nuevas técnicas y tecnologías, los compositores
se han visto en la necesidad de replantear aspectos formales y
estructurales. A partir de la década del '50 estas tendencias
se acentúan. Aparecen compositoras como Alex North, influido
por Bartok y Stravinsky; Leonard Rosenman, que tiende a un estilo
en la línea de Schoenberg y luego de Ligeti; o Bernard
Herrmann. Todos ellos abren el camino para la aparición
de otros como Jerry Goldsmith y Billy Goldenberg.
La funcionalidad del trabajo para cine exige la transformación
de distintos conceptos en nuevas alternativas. Un ejemplo es el
de Alex North en su trabajo para el film de Elia Kazan Un
tranvía Ilamado deseo. North elige el lenguaje del
Jazz para determinar una atmósfera de tiempo y lugar, y
una coherencia estética con el film. Sin embargo, el tratamiento
de las disonancias y el entorno armónico dista mucho de
ser jazzístico, relacionándose más bien con
la armonía clásica del siglo XX.
Es importante destacar este punto: el compositor de música
para film se ve en el constante desafío de adaptar sus
propias técnicas de composición y su estilo a las
necesidades dramáticas de la historia, y probablemente
a algún capricho del director y/o del productor. La composición
para películas ha evolucionado y se ha ido especializando
con el transcurso de los años. Terreno ideal para los compositores
proclives al eclecticismo, se ha convertido en una disciplina
en sí misma con su propia jerga y técnicas particulares.
Muchas de estas técnicas han sido desarrolladas por motivos
más prácticos que estrictamente estéticos,
surgidas de la necesidad bastante frecuente de tener que producir
trabajos en breves períodos de tiempo.
Los compositores para cine a menudo ponen énfasis en la
obtención de determinados colores y texturas por encima
de aspectos formales. El problema de la forma en la música
de cine es un tema vasto, ya que en muchos casos el compositor
puede librar esta función a la intrínseca formulación
de las imágenes recayendo la forma sobre el ritmo y la
composición visual. Este tratamiento colorístico
y contrapuntístico es el que determina que una obra para
cine no resista quizá un análisis fuera del contexto
audiovisual.
El desarrollo de la composición con imagen ha originado
una comprensión por parte de Ios músicos de la forma
interactiva que deriva de la combinación de los múltiples
elementos que conforman una película, usando cada uno de
ellos como complemento y evitando competir en protagonismos contraproducentes.
En este sentido, el compositor con frecuencia centra su foco en
distintas circunstancias que van desde la banda de efectos sonoros
hasta el timbre de la voz de los actores.
Hasta aquí básicamente ha Ilegado la evolución
de las tendencias. Con excepción de la incorporación
masiva de instrumentos electrónicos y del uso de computadoras
para la sincronización, no se han producido nuevos elementos
que influyan en la estética de la música de películas.
Esto es así si consideramos música de cine aquella
que juega un rol contrapuntístico en la totalidad de la
obra. Porque sí han surgido, en cambio, toda una serie
de alternativas sonoras como la inclusión de temas pop
o musicalizaciones en lugar de música original con sentido
dramático.
Se podría decir que actualmente nos encontramos en un momento
de estancamiento que tiene que ver con parámetros más
culturales que estrictamente musicales. Casi no se producen nuevas
alternativas y la música de cine ha pasado de su papel
innovador y experimental a un cómodo postmodernismo. Obviamente,
esto tiene que ver también con la naturaleza de las producciones
actuales que repiten viejas fórmulas incansablemente. Parece
que actualmente el énfasis esta puesto en la realización
más que en la idea. Y por supuesto, en su salida comercial.
En la nueva camada de compositores que invadió las pantallas
como Danny Elfman (Batman), Alan Silvestri (Volver
al futuro, El abismo, Depredador) o Hanz
Zimmer (Días de trueno, Conduciendo a Miss
Daisy) se revela una caída hacia el efectismo liso
y Ilano. Por un lado se ve el regreso del estilo que impuso Korngold
en el sentido de orquestaciones cuasi operísticas y eufóricas.
Por otra parte, se aprovecha al extremo el rango dinámico
de la cinta de grabación, logrando reacciones físicas
de la audiencia sólo por el volumen en el que se produce
la banda sonora. No olvidemos que ha habido un gran desarrollo
en los sistemas de sonido de las salas de exhibición que
permite lograr efectos impensables hace unos años. Si bien
esto no es tan obvio en nuestro país, por razones conocidas,
la calidad de sonido en las salas influye en el criterio de composición.
Ver Darkman de Sam Raimi con música de Danny Elfman
en un cine en los Estados Unidos es impresionante por el efecto
que produce parte de la banda sonora al ser reproducida a tan
alto volumen.
Esta observación sobre los nuevos compositores no implica
una descalificación ya que algunos de ellos son excelentes
y muy versátiles, como es el caso de Alan Silvestri. Como
en otras áreas, esta vuelta al clasicismo y el efectismo
responden a una falta de opciones de vanguardia.
De todas formas es importante destacar que hay un regreso a lo
sinfónico o por lo menos una mezcla de material electrónico
y acústico. Considerando que gran parte de los compositores
actuales para film provienen de la música popular es significativa
la elección de la textura sinfónica, ya que esto
nos habla del predominio de este tipo de sonido en las grandes
producciones.
(LULÚ número
4, Noviembre de 1992)