AIgunas reflexiones
sobre la composición musical con medios electrónicos
Francisco Kröpfl
Francisco
Kröpfl es director del Departamento de Música, Sonido
e Imagen del Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires. Este artículo
transcribe la conferencia dictada en el Simposio "Rechazo de
la utopía", organizado por el Grupo Experimental de
Música de Bourges, Francia, en junio de 1991.
En el
marco de esta revisión de ilusiones, deseos, realizaciones
y proyectos futuros, sentí la necesidad de aproximar algunas
reflexiones acerca de la problemática de la organización
artística de los materiales sonoros electroacústicos.
En un informe anterior acerca de mis comienzos a fines de la década
del '50 mencione la impresión que me produjo observar el
modo en que acordes y progresiones asociados a la experiencia tonal
eran absorbidos por la materia sonora, al ser sintetizados mediante
sonidos sinusoidales, convirtiéndose en espectros sonoros.
Descubrimiento ingenuo pero necesario para tornar conciencia del
cambio de actitud exigida por la composición musical con
los nuevos medios. En la música tradicional los sonidos actuaban
como materia portadora de estructuras. Estas estructuras se organizaban
a partir de escalas de alturas, de progresiones de acordes relacionados
o no con la tonalidad, y eran reguladas por grillas temporales constituidas
por la pulsación y la métrica. En cambio en la música
realizada por medios electrónicos el sonido había
pasado a ser estructura en sí, valorándose en esa
función la totalidad de sus rasgos distintivos. A partir
de ahí podía pensarse, conclusión obvia, en
la proyección organizativa de ese haz de propiedades, en
diversos procesos y a diferentes niveles formales.
Mencionaré a continuación experiencias y hechos que
sin duda son familiares a todos ustedes pero su mención es
útil para el propósito de mi exposición. En
los primeros tiempos de la música electroacústica
los compositores que venían del serialismo y en particular
Stockhausen emprendieron esta aventura utópica con total
dedicación. Queda de ella el admirable ejemplo cuasi didáctico
de Stockhausen, el Estudio I, y una pequeña obra
maestra: el Estudio II.
Pero con excepción de él, no se había
logrado del todo una efectiva aplicación de los conocimientos
de física acústica en el orden artístico. Los
compositores fueron tomando conciencia de que era necesario un cambio
de perspectiva para integrar apropiadamente los conocimientos de
la física con la problemática de la organización
musical. Los rasgos distintivos del sonido debían verse en
una dimensión psicológica que fuera mas allá
de los conocimientos provistos por la psicofísica.
La composición (ya se vio en Stockhausen) debía pasar
por la fase de la "micro composición"; asumir la
organización interna de la materia con vistas a su eventual
proyección formal a otros niveles. Fueron sin duda un aporte
útil las realizaciones y reflexiones de Koenig en este sentido.
Desde otro ángulo la clarificación integral de las
propiedades de los objetos sonoros por parte de Pierre Shaeffer
parecía abrir el camino hacia una organización razonada
de sus rasgos distintivos. Aporto datos útiles para reexaminar
algunas viejas concepciones de la psicoacústica y proponer
una aproximación más realista a la percepción
sonora.
Recuerdo en particular dos de sus ejemplos sonoros que me impresionaron.
Uno era el transporte a la octava por variación de velocidad
de la cinta de un sonido inarmónico que al cambiar de registro
enfatizaba componentes distintos a los del sonido original y en
consecuencia no se escuchaba el intervalo de octava que se hubiera
percibido, de tratarse del transporte de un espectro armónico.
El otro ejemplo destinado a mostrar la jerarquía de ciertos
parámetros sobre otros y la caracterización perceptiva
global de algunos, mostraba que modulando en amplitud el espectro
de un sonido de oboe mediante la envolvente de un sonido agudo de
piano, podía simularse un sonido de un clave.
A fines de la década del sesenta y luego en el curso de los
setenta, gracias a las computadoras y a músicos-investigadores
de compromiso y penetración excepcionales, se encara sistemáticamente
la exploración de las propiedades del sonido y la concreción
del control en todas sus dimensiones, con notables resultados en
su aplicación artística.
Mis preocupaciones y fines en los comienzos de la década
del sesenta se reflejan en un artículo que escribí
entonces. Cito: "¿Podremos recuperar nuevamente el grado
de abstracción logrado a nivel de los sistemas selectivos
en la música instrumental gracias a que esos sistemas se
limitaban en rigor a la dimensión de discriminación
mas fina y puntual, a la organización de una sola de las
dimensiones del sonido, la altura?" "¿Esta rica
multidimensionalidad del sonido asumida por la música electroacústica
permitirá ser 'domesticada' en formalizaciones eficaces (Susan
Langer dice que el arte es formalización eficaz), sin afectar
esa riqueza? ¿Es ésta, por otra parte, una pretensión
peligrosamente clásica?"
En mis composiciones no tonales para instrumentos, mis búsquedas
formales podrían resumirse en un interés central:
conducir de modo controlado el potencial de tensión y reposo
contenido en los diversos parámetros musicales: intervalos,
ritmos, registro de altura, velocidad, intensidad, densidad, articulación,
etc., intentando su conversión a funciones estructurales
en cierto grado codificadas, es decir, sujetas a ciertas convenciones,
organizando la convergencia o divergencia de los modos característicos
de generar tensión y reposo en cada uno de esos parámetros.
Algunos ejemplos elementales: ritmos suspensivos contradichos por
intervalos crecientemente consonantes o confirmados en su suspensividad
por intervalos disonantes; y esta confirmación perturbada
eventualmente por e! efecto resolutivo de un decrescendo y ritardando
simultáneos. Estos procesos generalmente eran predeterminados
mediante una planificación que abarcaba toda una composición.
Mi preocupación principal en la composición de mis
primeras piezas electroacusticas fue, por otra parte, en que medida
podía incidir el potencial evocativo de ciertos sonidos en
el proceso musical, remitiendo a otros contextos. Esas evocaciones
al provocar un deslizamiento metonímico afectaría
la atención formal del oyente a pesar de mis intentos de
homogeneidad y continuidad discursiva. Esta es la razón principal
que me alejó inicialmente de la experimentación con
materiales "concretos"; más que el hecho de que
fueran complejos de origen y que yo tuviera que operar analíticamente
sobre ellos.
Las decisiones en la síntesis de mis materiales sonoros electrónicos
-organización a nivel de la microcomposición; como
domino esta fase en mi actividad docente- fueron orientadas cada
vez más por el potencial de tensión que estos sonidos
debían poseer o proveer según el rol que debían
cumplir en la futura-composición.
Este potencial seria determinado, como ya lo he dicho, por ciertos
parámetros predominantes y por la convergencia y divergencia
de los mismos. Un espectro armónico trasformándose
lentamente en inarmónico cumpliría una función
suspensiva. Un sonido efectuando un portamento ascendente que finalmente
desciende y cuya intensidad decrece al final, puede cumplir una
función cadencial (reposo), pero esta función puede
ser frenada si el sonido va adquiriendo rugosidad, por ser afectado
por una modulación en amplitud rápida (tremolo).
Un concepto importante para mí en el uso formal de los materiales
sonoros es el de "módulo temporal". Llamo módulo
temporal de un sonido al tiempo que requiere este para mostrar o
desplegar todos sus rasgos distintivos. Un sonido de desenvolvimiento
complejo en el tiempo puede constar de porciones características
diferentes utilizables para diversos fines formales. En la precomposición
de mis materiales tengo en cuenta estas eventuales aplicaciones.
Todo mi procedimiento de composición podría de alguna
manera reducirse a curvas convergentes o divergentes en el orden
de las tensiones internas de los sonidos sintetizados o sampleados
o describiendo el proyecto discursivo o el over all form de la pieza.
Es así como he compuesto, por ejemplo: Cuenca, Presagio
de Pájaros o Relato.
¿Cuál sería mi proyecto utópico (en
el presente bastante realizable)? Un programa de composición
asistido por computador en el que el repertorio sonoro sería
calibrado según su potencial de tensión y se previeran
determinados patrones de combinaciones posibles entre los mismos.
Yo podría efectuar un diseño gráfico que informase
al sistema del curso del proceso de tensiones en el orden de los
diversos parámetros, que serían interpretados por
el sistema en términos de funciones cadenciales a diversos
niveles jerárquicos.
Debería quedar claro que esta comunicación no pretende
ser una ponencia sino solo una descripción muy global de
un método que encuentro particularmente útil en mi
composición y que también aplico en la enseñanza
de la composición con medios electroacusticos. Esta descripción
es básicamente el emergente de una utopía mía
de los años sesenta, razón por la cual la he mencionado
en este simposio.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992) |