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La objeción de lady Lovelace

Oscar Edelstein

La experiencia artística ha estado asociada desde siempre a la utilización de recursos instrumentales y/o distintos medios mecánicos. Especialmente en la música, estos no solo han ofrecido la posibilidad de realización de las obras, sino que han influido hasta la transformación, incluso de buena parte de los códigos habituales, procedimientos y/o sistemas usados para el pensamiento de las mismas.

En los últimos años y a consecuencia de la irrupción masiva de las computadoras personales en el diseño y producción musical, los músicos van tomando debida cuenta de la problemática de las relaciones entre acontecimientos mentales y mecánicos.

Este modelo (la computadora digital) no muestra sus límites con precisión y el desconocimiento envuelve muchas veces cálculos sencillos o procesos ordinarios de irritación con una voluminosa cascada de misterios poéticos; el modelo, entonces, aparece imponiendo sus propios modos en técnicas especificas que subordinan como tantas otras veces, al músico que pretende utilizarlas.

Ocurre que estamos muy lejos de aquella época en donde un tipo instrumental surgía por necesidades expresivas en la obra y su construcción dependía de las imágenes del compositor. Ahora son muy pocos los que pueden dialogar con estos sistemas, proponer alterativas para las formas de producción, estructuras de programas o tipos de soluciones discretas para problemas estrictamente musicales. Es más, por lo general encontramos una pasividad enorme, una docilidad para aceptar a integrar, en su gran mayoría "servicios" que antes de conocer en profundidad ya son declarados obsoletos por la industria.
Las máquinas de estado discreto son aquellas que pasan mediante saltos o clicks súbitos, de un estado bastante definido a otro distinto (por ejemplo, una rueda que recorra 120 grados por segundo y que pueda ser detenida por una palanca o martillo exterior; éste, a su vez, enciende una luz). Definidas en abstracto, serían de esta forma: el estado interno de la máquina (es el que describe la posición de la rueda q1, q2 o q3). Hay una señal de entrada i0 o i1 que se expresa en la posición de la palanca. El estado interno en cualquier momento está determinado por el ultimo estado, y la señal de entrada en relación a la tabla:

último estado
q1 q2 q3
i0 q2 q3 q1

Entrada

i1 q1 q2 q3

Las señales de salida en su única indicación visible externa del estado interno (la luz) las da la tabla:

estado q1q2q3
salida 00 00 01

Esto es un ejemplo clásico de máquinas de estado discreto. En la realidad objetiva, no existen tales máquinas pues el movimiento es continuo, de todos modos se pueden considerar positivamente a muchos tipos de maquinas como de estado discreto.
Las computadoras digitales pertenecen al grupo de máquinas de estado discreto; claro es; qué el número de estados que puede adoptar este tipo de máquinas es muy elevado: 2 a la 165000 potencia es decir 10 a la 50000 potencia apróximadamente. Compárese esto con la rueda que solo tenía 3 estados.

Las computadoras digitales tienen como propiedad esencial la posibilidad de imitar a cualquier máquina de estado discreto y por esto se las denomina máquinas universales. Esto significa quo no hay necesidad de fabricar diversas nuevas máquinas para realizar los nuevos procedimientos de computación. Todos se pueden efectuar con una computadora digital convenientemente programada. El concepto de computadora digital se remonta a 1828-1839, en Cambridge, donde Charles Babbage (profesor de Matemáticas) ideó una a la que denominó Máquina Analítica y que lamentablemente no fue terminada. Luego, en la Universidad do Manchester, en 1949, se instala la primera computadora digital con programa almacenado.

La máquina de Babbage era mucho más rápida que un computador humano pero 100 veces más lenta que la de Manchester, ésta es, a su vez, una de las más lentas computadoras modernas. El almacenamiento de la máquina analítica era en su totalidad mecánico y se efectuaba por medio de poleas, ruedas y tarjetas.

La referencia al modelo histórico, puramente mecánico, pretende acercarnos un poco más al modo de realizar las operaciones y a sus principios matemáticos, despejando ciertas supersticiones que surgen por la relación actual con la electrónica.

"Las máquinas o computadoras digitales modernas, son eléctricas igual que el sistema nervioso; en el sistema nervioso los fen6ómenos parecen ser, al menos, tan importantes como los eléctricos... en ciertas computadoras el sistema de almacenamiento es fundamentalmente acústico, por lo tanto el empleo de la electricidad como propiedad es una similitud superficial. Para establecer similitudes reales, debemos buscar analogías en el funcionamiento matemático." (A. M. Turing, Maquinaria, computadora e inteligencia, Vol. LIX, 1950).

Desde 1940 se han publicado más de 2000 trabajos sobre temas vinculados a máquinas y pensamiento; en gran parte de ellos se desarrolla la cuestión de si las máquinas tienen o no posibilidades de "pensar".

De uno de los más detallados informes sobre la Máquina Analítica de Babbage, al que Turing clasifica como Objeción de lady Lovelace, podemos obtener la siguiente afirmación: "la máquina analítica no pretende crear nada. Puede realizar solamente lo que nosotros sepamos mandarle". (en cursiva en el informe original). Luego el profesor Hartree, citando este párrafo, añade "esto no implica que sea imposible construir un equipo electrónico que piense por sí solo, o en el que, en términos biológicos, no se pueda implantar un reflejo condicionado que sirva de base al aprendizaje...".

Las variantes de la denominada Objeción de lady Lovelace, en relación al problema del pensamiento artificial, han llegado hasta nuestros días con afirmaciones del tipo "las máquinas no pueden realizar nada nuevo" o "nunca hacen nada nuevo". Estas variantes aparecen unidas a otras objeciones y/o argumentaciones más o menos contundentes, como aquellas que van desde lo Matemático a lo Teológico, o las que toman la continuidad del sistema nervioso, los argumentos llamados extrasensoriales o los que incluyen la informalidad del comportamiento humano.

En tanto perteneciente al género, la profesora lady Lovelace no desconocería, seguramente, las argumentaciones científicas y religiosas del pasado -mantenidas incluso hasta hoy por algunas religiones- por las cuales las mujeres carecían de cerebro y de alma.

(LULÚ número 1, Septiembre de 1991)