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"El mundo
real todavía no está demás"
Oscar Edelstein
Desde su ingreso
al Laboratorio del Di Tella hasta su actual colaboración
en el LIPM, el ingeniero-inventor Fernando von Reichenbach es
una especie de institución dentro de otra. Sin duda la
relación entre la música y la tecnología
en Latinoamérica sería mucho más pobre sin
los extraordinarios inventos de Reichenbach, entre los cuales
destaca el convertidor gráfico analógico, alias
Catalina, de 1967, por el cual le fue otorgada la Beca Guggenheim,
1971. Con este Convertidor los compositores pudieron diseñar
melodías, ritmos, timbres a intensidades que eran leídos
por una pantalla de televisión y traducidos a las tensiones
eléctricas que comandan la generación de sonidos.
Entre otros trabajos de esos años se cuentan un sistema
automático de interconexión de equipos, un programador
de parlantes, aparatos lectores de microfilms para sondajes isonosféricos,
una perforadora ultrasónica y varios equipos de electrónica
industrial y electromedicina. "Las grandes revoluciones -afirma
Reichenbach- las produce la tecnología más que el
hombre mismo, al que supongo, desde los griegos, pensando más
o memos igual".
-Que
a uno le guste la música es relativamente sencillo en esta
época. Cuando yo era estudiante, la música contemporánea
o moderna, aquella que a mi padre lo ponía nervioso, por
ejemplo Strawinski o Hindemith a quien él Ilamaba Hunbdemist
-(excremento perruno)-, era muy difícil de conseguir y yo
quería tenerla, grabarIa. Para eso tuve que construirme mi
propio grabador y lo hice por medio de una cinta de papel que tome
de un grabador Brush, rarísimo; después tuve mi grabador
de alambre.
-De alambre...
-Sí,
un grabador en donde el portador en vez de ser una cinta es un alambre
que circula alrededor de una cabeza, con un sistema de rebobinado
similar al de una máquina de coser y permite reproducir o
grabar 10 ó 15 minutos para después pasarse unos 30
ó 45 tratando de desenredar la galleta que se armó,
antes de cambiarla. Los jóvenes que hoy tienen un walkman
y que incluso pueden grabar con uno de ellos, no se clan cuenta
de lo que eso significa. Pero querer a la música ..., porque
también estaba el otro drama de querer hacer música.
Yo me hice un Theremin.
-Ajá,
un León Theremin.
-Un Theremin,
el instrumento de León Theremin que tiene una antena que
regula la frecuencia y otra par a controlar la intensidad; en vez
de antena le puse un tubo fluorescente que daba anillos de colores,
de luz. Y luego vinieron otras cosas, siempre alrededor de la tecnología,
que en esa época pasaba de la válvula al transistor.
Hice también experimentos con ultrasonido, o una máquina
de medio KW para perforar metales duros y vidrios, etc. De ahí
entré en la parte audiovisual, por pedido de un arquitecto
amigo, Felipe Iglesias, e hicimos el stand Shell, que fue el primer
pabellón después de aquel de Le Corbusier. Esto se
hizo en el año '60, para la exposición del sesquicentenario.
Eran medios mixtos, digamos, con dos proyectores de cine sincronizados
y varios proyectores de diapositivas, muchos parlantes en las paredes
y el público en una especie de góndola central, flotando
sobre un foso con agua. A los operadores había que izarlos
con una escalera para que Ilegaran a cambiar la película.
Todo ese equipamiento fue donado luego al Museo Nacional de Bellas
Artes. Allí, un año después, se creo la sala
audiovisual.
Trabajando con arquitectos sobre hermosos audiovisuales, entre medio
aparecía algún concierto de la agrupación Nueva
Música -cuando vivía Juan Carlos Paz y, por supuesto,
con Nelly Moretto, Francisco Kröpfl, Roque Alsina-. Luego de
oír esa música, la primera impresión fue tomar
el logotipo, que es “a/nm” y ponerle “a/nm = 0”
y salir riendo.
Pero evidentemente, eso fue un instante. Que a Francisco Kröpfl
le gustara Bach, es decir que le gustara la música, la música
en serio, me hizo pensar que esa nueva música debía
tener algo. Me Ilevó cierto tiempo darme cuenta de que tenía
mucho más que algo, y enamorarme. Era lo que faltaba en mi
repertorio musical, que siempre ha sido ecléctico. Al tiempo,
fui propuesto por Kröpfl para integrar el Laboratorio de música
que fundó Ginastera, en el Instituto Di Tella. Esto fue una
experiencia que empezó en el año '66, donde estaba
Cesar Bolaños reinando sobre un maremagnum de fichas de 220
que hacían de patches económicos pues, en ese entonces,
se decía que los automóviles Di Tella no se fabricarían
más y que había que hacer economía. Ahí,
no obstante, ayudado por algunos amigos, por gente de IBM, como
De Bernardis por ejemplo, conseguí algunos materiales para
hacer lo que es hoy el laboratorio viejo, y que aquí, en
el LIPM está ahora como museo. Este laboratorio hoy viejo,
que era en su momento rabiosamente nuevo, entre otras cosas, había
suprimido el Patch pannel, es decir el lugar o tablero en donde
se conectan los distintos aparatos entre sí y el que sabía
hacer los patches era el que manejaba la cosa, porque los cartelitos
eran elusivos, etc, etc., y no permitían a cualquiera completar
las conexiones. En cambio, el nuevo panel de "pacheo"
que construimos fue completamente gráfico. Tocando solamente
con una punta de cable, aparecían las luces en hilera y con
barras horizontales, ubicaban, situaban o conectaban los equipos
entre sí. Este tipo de ubicación coincidía
con las anotaciones del compositor que, de ahora en adelante, tenía
muy facilitado su accionar. Y aquello de facilitar las acciones
del compositor fue siempre una constante; avanzó, volviendo
a nuevas complejidades y Ilegando a otras simplificaciones. Estabamos
en un periodo estrictamente analógico.
De la economía de consumo se pueden tomar objetos que sirvan
a nuestros fines pero con pequeñas transformaciones. Entonces,
una cámara de televisión podía dejar ver a
una partitura que se deslizaba, por medio de un sistema muy parecido
al de un grabador y tomando esa imagen; la cámara de televisión,
equipada con un circuito especial, lograba sacar los voltajes de
control para accionar a los sintetizadores analógicos.
¡Sintetizadores analógicos!, bueno..., en realidad,
Nelly Moretto nos prestó -un préstamo a perpetuidad
"EL" oscilador Moog, que iba a servir para hacer la línea
melódica; alguien trajo, evitando la aduana, "UN"
circuito integrado de filtro -que era un híbrido grueso-
con el que hicimos un filtro controlado por voltaje, pero a los
amplificadores controlados por voltaje los hicimos con algunos integrados
y transistores comprados por nosotros acá. Y de este modo
entramos en la era del control por voltaje antes de que apareciera
el sintetizador Arp y en la época en que nos visitó
Bucla, que andaba por entonces buscando alrededor de este tipo de
síntesis, pero sin usar todavía la escala temperada.
En un momento, ese convertidor gráfica entró a funcionar
y con él se hicieron varias obras.
-La máquina
con nombre de princesa rusa, Catalina.
-Alias
Catalina, pero remedo de los viejos aviones de la línea aérea
Causa, que volaban bajo y hacia el Uruguay. Resulta entonces que
el compositor podía Ilevarse la hoja o el rollo de papel
a su casa y por medio de una plantilla, donde estaba la escala temperada,
dibujar una línea melódica y las alteraciones de volumen,
filtrado o combinaciones de ellas. Las obras fueron muy disímiles:
en Analogías paraboloides, Pedro Carievschy hizo algo que
hoy, con una computadora, seria facilísimo. Eran glissandos
ascendentes y descendentes, a partir de un punto hasta lograr la
máxima complejidad para luego volver al mismo punto; podríamos
decir que era una onda triangular de distintas pendientes pero eso
daba un total de 36 voces con bastante dificultad para la mezcla,
sobre todo si pensamos que esta se hacía con grabadores de
dos pistas y la cantidad de recopia era monstruosa. A pesar de estas
limitaciones, la calidad fue mantenida en todo lo que hicimos, ayudados
por nuestro fantástico técnico Walter Goth, que así
como un violinista afina su instrumento antes de empezar a tocar,
él ajustaba nuestros vetustos Ampex antes de empezar a grabar.
Y entonces el fabuloso sonido de la sala del Instituto Di Tella,
si uno realiza un inventario sobre los elementos técnicos
utlilzados, francamente, no tenía porque haber sido tan bueno.
Pero el ajuste, la ecualización y el cuidado de cada uno
de los eslabones de la cadena logró que esa sala fuera la
que mejor sonaba en Buenos Aires.
Un día vino Pierre Schaffer a Buenos Aires. Vio el convertidor
gráfico y se entusiasmó con el comienzo de la obra
de Carievschy, pero luego de probar sus dibujos en la máquina
tuvo un acceso de furia y dijo: "con máquinas así
se puede hacer basura muy rápidamente". AI día
siguiente, pidió disculpas y quedamos muy amigos.
Kusnir, en su obra La Panadería, fue dibujando soniditos,
uno por uno, escuchándolos hasta hallar algunos francamente
extraños y complejos. Y como ellos, hay unas cinco o seis
obras que salieron de esta máquina.
-También
se produjeron obras muy difíciles de recrear, aun hoy y contando
con medios digitales; obras con distintos procedimientos anticipatorios.
Pienso en José Maranzano y sus Mnemones.
-Claro,
con Maranzano hicimos un trabajo que nosotros llamábamos
"Los Pescaditos" y que hoy se Ilamaría "Síntesis
granular". El tomaba segmentos muy pequeños, prácticamente
por debajo del umbral de percepción de altura y le daba una
envolvente tal -que se parecía a un pescadito- que no agregara
timbre, al menos significativamente. Multitud de esos sonidos forman
parte de la obra de Maranzano e inclusive el Mnemón II,
para orquesta completa y cinta magnética, recibió
en su estreno y a modo de homenaje, grandes aplausos y chiflatinas
simultáneas, como si fuera la Consagración de
la Primavera.
En el Di Tella, yo también estaba a cargo de la cabina del
teatro, El señor Mathus nos sorprendió con sus efectos
lumínicos y le obedecimos haciendo de teclado de luces. Hicimos
entonces candilejas a teclado, que permitían proyectar sombras
para la obra Libertad y otras intoxicaciones, de Mario Trejo. También
un acto puramente proyectado en donde utilizamos efecto de Land,
que es una bicromía especial que se realiza con dos proyectores
superpuestos; uno con un filtro rojo y el otro sin filtro. Así
se logró, con una combinación de imagen negativa y
positiva en registro y proyectadas, dos escalones de color: uno
rojo y el otro iplateado! Esta imagen fue la Falconetti en Juana
de Arco. La imagen fundía luego con otra diapositiva
que contenía hormigas vivas; hormigas a las que Enrique Jorgensen
iba a buscar, todas las noches cuidadosamente, a plaza San Martín
y a las que luego aprendió a alimentar con agua azucarada,
variando su densidad hasta encontrar la justa. Recuerdo que mientras
nuestras hormigas terminaban con la imagen de Juana de Arco, se
escuchaban discursos de Hitler, Mussolini y otros monstruos.
Nosotros hicimos el fundido entre diapositivas por indicación
de Leone Sonnino, y este fundido, ¡oh!... cuando la temperatura
del color se iba a ir al diablo, entonces él me dijo: ¿qué
temperatura del color, si en realidad estoy fotografiando con filtro?
Entonces las escenografías se convirtieron en primeros planos
de aparatos, fundidas entre unas y otras, y las bailarinas -como
en el caso de Oscar Araiz, con la música de Lucy in The
Sky with Diamonds- llevaban espejitos, que por supuesto las
lastimaban, y proyectores laterales que hacían que en la
pantalla del fondo aparecieran puntos de luz como producidos por
una multitud de oscilógrafos. Con una luz casi monocromática
podíamos lograr que esa imagen que estaba ahí, en
la pantalla, retrocediera y no se supiera donde estaba. Usamos también
sonido circular en la sala, con seis parlantes y un sistema óptico,
con células fotoeléctricas y cintas de diferentes
densidades avanzando como si fuera un extraño rollo de pianola.
En síntesis, ahí hicimos antes que Kodak, el cambio
por corte, los fundidos entre diapositivas y algunas otras experiencias
mixtas. Quizá sea esta una desgracia, esto de tratar de avanzar
más de los que las cosas den por el momento.
Cuando era estudiante construí una cámara de televisión
con un iconoscopio (¡esta sí que es una palabra!) que
trajo un amigo, y viendo la imagen que aparecía en un tubo
de osciloscopio de dos pulgadas mi padre dijo que la televisión
nunca iba a estar al alcance de la gente, que iba a ser una cosa
de ricos. Lo mismo se dijo de la música electroacústica,
esta cosa de elites, de laboratorios. Y en este momento, lo difícil
es encontrar música que no sea electroacústica; es
raro e interesante encontrar una música ejecutada por instrumentos
tradicionales, de "tracción a sangre". Y la cosa
ha avanzado, pero no solo ha avanzado, sino que se ha popularizado
y acá viene el fenómeno oriental, o japonés.
En la época de! Di Tella nosotros teníamos que construir
nuestros propios aparatos. Tanto Julio Manhart como Walter Goth
-por la parte nuestra- como también en el Laboratorio de
Fonología -que fue previo al Di Tella-, Fausto Maranca y
Jorge Menyhart, se dedicaban a construir los elementos necesarios.
Luego empezó la adaptación de tecnología y
luego vino la computación. ¿Y qué es la computación
en nuestros términos, hablando de aparatos? Es una caja negra
en donde algo entra, algo sale, pero ya no se sueldan conexiones.
Hay algo que es el soft y que reemplazó al soldador. Ahora
viene el fenómeno oriental propiamente dicho: aquello que
no puede hacer esta computadora o este sintetizador, lo hará
dentro de seis meses, por lo tanto sentémonos tranquilos
a esperar que venga y la obsolescencia será velocísima.
Nuestra participación hoy, en la tecnología, consiste
en saber programar, saber abrir la computadora, saber que pasa en
los circuitos, en las plaquetas y comprender mas profundamente sus
funcionamientos, pues el Hard no ha muerto del todo, al contrario,
es complejísimo pero aun podemos obtener ciertos puntos lógicos
de rastreo.
-¿Y
que ocurre a can el pionerismo, después?
-Buena,
el pionerismo sigue siendo avanzar sobre fronteras inexploradas,
produce bastante irritación en los que no se animan a ir
por ahí, y molestias... y crea muchos problemas. La gente
de negocios suele esperar a ir segunda ola y que alguien se queme
en la primera. De todos modos, el intuir el futuro y el querer acelerar
la Ilegada de ese futuro, es una vocación que no se puede
frenar. Y el deseo de tener ese futuro, antes, tiene sus inconvenientes.
Hay cosas que entremedio van apareciendo, subproductos. Por ejemplo,
algunos proyectos surgidos trabajando en musicoterapia con el doctor
Benenson o con el doctor Fontana. Con Fontana hicimos un sistema
para dormir que consistía en el uso de los latidos cardíacos,
aprovechando los umbrales de percepción y que nos dio muy
buenos resultados. Incluso realizamos un trabajo de investigación
alrededor de este tema. Otros proyectos como el de la fuente de
los Dos Congresos, que fue sin duda una experiencia extraña
pues había que conseguir que sonara, y bien, en un sitio
donde el nivel sonoro ya era monstruoso por los colectivos. Entonces
hubo que usar música muy comprimida; la gente pasaba un instante
solamente y la cosa tenía que ser rápida, por lo tanto,
compresión al máxima como si fuera rock; en Mozart,
suprimir repeticiones, luego rápidas transiciones de un tema
a otro para que no se perdiera el interés... y no era un
concierto, era música al pasar, pero me sirvió para
entender que la música tiene sus tiempos, sus velocidades
y sus cualidades que determinan qué es lo que se va a escuchar,
cómo y dónde.
En un auto, en el media del tránsito, una fuga de Bach, tocada
no me acuerdo por quién, parecía fantástica.
Llevada a casa, me decía "¿pero este tipo esta
loco, coma puede tocar así, tan ligero?".
En un equipo de alta fidelidad un órgano monstruoso puede
parecer hermoso, en una radio no existe. La Spika nos dio una cultura
de timbres pobres a los cuales necesitamos contraponer los timbres
más variados y los cambios más rápidos. No
me olvido de que cada sistema sonoro del cual nos servimos en forma
masiva, tiene sus propias reglas y decide o induce a la música
que por él se pasa.
-La información...
-Hoy,
salvo el equipo muy sofisticado, como querer tener una Next o un
equipamiento de 20.000 dólares, lo demás puede decirse
que está muy al alcance.
-Sí,
la compra de alguna tecnología, pero...
-Sí,
la compra de tecnología... La información sobre la
tecnología es otra cosa y allí si creo que se vuelve
difícil. Como se sabe, es muy difícil incluir al bibliotecario
en los organigramas. De todos modos la interacción entre
el músico, el compositor o el instrumentista y la tecnología,
no solo se produce en el laboratorio sino en el escenario, en vivo,
y no habido de los recitales de rock en donde se hace un derroche
espectacular de muchas cosas pero con poco resultado sonoro, sino
del concierto.
El concierto pide, de alguna manera, que haya algo de actuación.
Es distinta una obra para cinta magnética o DAT que una obra
para cinta magnética y un instrumento, y si hay una improvisación,
mejor, y si esa improvisación es por medio de algún
dispositivo que a su vez conteste al compositor, por medio de un
algoritmo, puede llegar a ser una improvisación sensacional.
O no. Estamos ahora por estrenar un aparato que permite hacer control
MIDI, por medio de rayos infrarrojos en dos pequeñas manoplitas
que se mueven en el espacio. Eso lo puede llevar una bailarina o
un ejecutante que ejecuta en el aire y nos estamos aproximando a
las computadoras de espacio virtual. Hasta ahora nos poníamos
los auriculares y si la grabación había sido hecha
con una cabeza artificial (o natural, de pelo rubio mejor) podíamos
tener la sensación de estar en el sitio donde la grabación
fue hecha.
Este sistema se denomina Hörspiel, que es el teatro que hace
la gente de la radio de Colonia y están bastante popularizadas
algunas obras teatrales y musicales que se perciben así,
como en el mismo sitio donde fueron creadas. Entonces qué
diré de nuestro "Teatro de las dos carátulas"...
porque aquí el actor aparece por detrás, luego da
dos pasos hacia la derecha, va a la izquierda o arriba y abajo que
también existen, y eso si mencionamos solo la parte auditiva.
En lo visual, se están usando unas especies de binoculares
que permiten ver las imágenes de computación (aun
bastante primitivas) en forma estereoscópica. Y ahora viene
la novedad: en ese espacio en el que nos sumergimos y oímos,
unas manoplas que ejercen resistencia, que nos tocan los dedos,
las palmas de las manos, nos permiten accionar en el espacio y sentir
que tocamos algo. ¿Y entonces el mundo real está de
más? Yo opino que no, que siempre va a faltar definición.
Nos acercamos a momentos muy, muy interesantes, por la enorme aceleración
del conocimiento y la facilidad de aprendizaje. Cualquiera que tenga
una Commodore puede experimentar con un simple programa cuando dos
sonidos son un sonido y cuando forman un vibrato y se convierten
en dos sonidos, y así también con otros parámetros
y con un programita, casi diría... banal. ¿Qué
nos espera, entonces?, saber dónde y qué cosa queremos
profundizar pues se nos viene encima un cúmulo de conocimientos.
El compact disc, el laser disc, etc., no significan solo que podemos
escuchar varias obras musicales, sino la posibilidad de tener varios
megabytes a nuestra disposición y por lo tanto tener un multimedio
que nos de películas, enciclopedias, ejecuciones en MIDI.
¿MIDI versus pianolas?, ¿qué no es ya MIDI?
La pianola fue la primera maquina que permitió que un instrumento
musical pudiera tocar solo, pero, al mismo tiempo, fue el primer
registro grabado. El compositor hace su obra en MIDI, puede poner
el instrumento que quiera, y no solo sintetizados sino muestreados
o sampleados, y de esta forma tener su "orquesta" en la
punta de su teclado, teclado de ejecución o de computadora.
Allí vienen distintos algoritmos, distintas formas, o sistemas
que ayudan a la ejecución, a la composición, etc.
Alguna vez me pregunté por qué no se toca el órgano
a cuatro manos; pronto habrá órganos MIDI en las iglesias.
¿Qué nos espera? Pienso en lo que ocurrirá
cuando alguna de estas transformaciones se popularicen y entonces
todos pidan otras cosas. Lo que es fácil, cotidiano en su
accionar, se vuelve banal. Por esto es que los registros de los
aparatos electrónicos o las funciones de demostración
son, como dicen los pintores, color de pomo. Estos requieren elaboración
para lograr algo interesante o que no haya sido visto.
Que algunos de estos recursos o hechos artísticos estén
al alcance de alguien sin mucha preparación, y que sus resultados
se parezcan a los profesionales -pienso en los programas de dibujo
con computadoras o programas de composición- otorga la sensación
de "bueno, yo también lo puedo hacer", y después
viene lo irremediable: sí, me fascino un instante, pero...
no se parece a lo que quería, puedo, quizás un segmentito
de esto y con qué lo unimos? y entonces... Llamen a un artista.
Es como cuando queremos hacer una presentación de un concierto
y todos hacemos de locutores, pero finalmente Ilamamos a un profesional
y resuelve todo en cinco minutos. Esto no quita que el amateurismo
se sienta muy bien con esa posibilidad de jugar casi indefinidamente.
También, la posibilidad de quebrarse una pierna y quedar
marginado ya no es terrible; no es mirar el techo o leer libros
solamente.
Pero el riesgo existe, incluso es mayor si pensamos en el público
que en una primera instancia no sepa distinguir entre un compositor
y un fabricante de sonido o entre un buen artista plástico
y un compaginador de lo que sale de la computadora. Es un cierto
riesgo, pero al mismo tiempo, el tener contacto con el hecho artístico,
tener en la punta de los dedos archivos casi infinitos de lo sonoro
o lo visual, tiene que Ilevar a desarrollar el sentido estético.
Quizá los medios de comunicación, con su subestimaron
permanente de la capacidad del publico, pan ensuciado un poco todo.
Tienen los medios una idea del arte también y es que el público
es bastante tonto; esto no es así, el público distingue
claramente lo que es bueno, solo que lo que es bueno le resulta
más trabajoso.
Análogos
y digitales
-Hay
una especie de feedback entre la ejecución, la acción
y el resultado. Las maquinas de principio de siglo tenían
grandes palancas, pero tarde o temprano, las palancas dejan de existir
pues descubrimos que una corredera chiquita; por ejemplo, o una
botonera minúscula... creo que si el automóvil sigue
teniendo el volante grande, una palanca de cambios y pedales, es
por respeto a la medida del ser humano. Podríamos seguir
miniaturizando una y otra interfaz entre las máquinas y los
hombres hasta lograr una máquina muy pequeñita, pero
el teclado esta dado por el tamaño de nuestros dedos y así
los gestos de la creación, en los cuales va incluido el feedback,
y en buena hora que exista esta realimentación, necesitan
cosas amplias y de resultados rápidos. La gente aun no se
ha dado cuenta del significado de la grabación magnética,
pero la tiene y la usa. Y ya asiste a Ia otra revolución;
ahora puede grabar videos y estos equipos caben casi en un bolsillo.
Esta viejísima aspiración, de poder filmar y ver,
o tener una idea musical y oírla en pocos minutos ejecutada
por una orquesta. Rápidamente podemos plasmar lo que estamos
sonando y esto produce una excitación tremenda. Podemos tomar
los negativos de nuestros abuelos, o esas grabaciones viejas que
sonaban mal las podemos mejorar con distintos procedimientos y ¿qué
podemos rescatar? Creo que debemos rescatar el hecho artístico
en sí, independientemente del portador que puede haber sido
defectuoso. Entonces estamos trabajando para el futuro y para restaurar
algo del pasado.
-No me
parece que la tecnología o los diferentes usos y recursos
tecnológicos habituales hoy sean conducidos con esos nobles
sentimientos que usted expresa.
-Cuando
éramos niños nos compraban un autito de lata que tenía
algunas palanquitas que podíamos mover, en nuestra fantasía
no sabíamos si estas funcionaban o no. Hoy, una cámara
fotográfica puede tener más palanquitas que las que
vamos a utilizar y una computadora tiene muchos más programas
dentro, o un amplificador de audio, de cierto refinamiento, nos
brinda también acceso a elementos excesivamente complejos.
Piénsese en un filtro polifónico el filtro Albis,
del laboratorio de Stockhausen, que era extraño, veloz y
muy difícil de mantener; ahora ese filtro lo tienen todos
en su casa y por medio de dispositivos computarizados, el mismo
amplificador diseña la curva de filtrado y esa curva acciona
directamente sobre el sonido. Además tiene compresor, reverberación
para diferentes ambientes, distintas curvas de ataque... en fin,
elementos que antes solo estaban en los laboratorios. Vemos que
nuestra casa va a ser una totalidad alrededor de una pantalla, pantalla
de computadora, de televisor, de control de las alarmas de la casa
y en un momento nos mostrará la temperatura de los distintos
ambientes, como muestra el parte meteorológico, o imágenes
-si se nos ocurren- de fractales, o si queremos ver una película
al azar. No sé si es por comercio que las cosas aun están
desmembradas. Ya están los elementos dados para lograr las
interacciones lógicas entre imagen y sonido. Lo curioso es
que los distintos integrados, los diferentes chips o las plaquetas,
pueden hacer el total, y a este no se le suman cosas sino que se
le restan.
-Creo
que los trabajos que usted ha realizado, en proyectos de investigación
o desarrollo de equipos, han buscado siempre provocar esa necesidad
del paso posterior.
-Correcto;
ése es el tope. Pero puedo decir cosas muy feas. La máquina
a vapor acabó con la esclavitud; la cibernética termina
con el hombre manejando la maquina, teniendo al hombre como parte
constitutiva y la creatividad necesaria para el liderazgo tecnológico
exige gente bien alimentada, feliz y contenta. Esta es la revolución
que da la tecnología y no el hombre en sí mismo, al
que supongo, desde los griegos, pensando más o menos lo mismo.
-¿Eso
es pensar como un tecnócrata?
-Bueno,
ja ja ja, claro. Pero no, la tecnología no es todo, pero
es el camino para que todo avance. Claro que las cosas que estamos
tratando son de una gran complejidad, y no se logra una simplificación
automática, pero en esto también nos puede ayudar
la computadora; ella va a contribuir a la totalización de
hechos interconectados hasta llegar a ese gran bloque de conocimientos,
donde será imposible distinguir lo que está o quedó
afuera, de aquello que esta adentro.
-¿Su
idea es entonces instalar una nueva biblioteca de Alejandría?
-(Risas
múltiples) ... Sí, pero al alcance de cualquiera.
Mi exsocio no estaría paralítico si el medico que
lo atendió hubiera tenido una computadora. A veces no tener
la información puede resultar en salvar o no una vida, o
repetir una experiencia por enésima vez. Pienso que es curioso
lo que hacen nuestros becarios al volver, luego de tener un empacho
de información en los centros de estudios mas avanzados y
sobre aquellos temas que necesitaban; todos buscan el tiempo para
absorber los 20 o 30 papers..., la biblioteca de Alejandría,
¿o estamos escarmentando la torre de Babel? Distintos lenguajes,
diferentes normas de funcionamiento, los aparatos entre sí...
O digamos mejor que Dios, al séptimo ida, no descansó
sino que se dedicó a rebobinar las cintas.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992) |