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Sobre
la relación entre música y tecnología, Oscar
Edelstein, en la introducción al dossier sobre el tema publicado
en LULÚ número 3, Abril de 1992, escribió:
EI uso de computadoras en música permite, entre otros: 1)
generar nuestros propios sonidos utilizando diferentes tipos o técnicas
de síntesis; 2) microcomponerlos, calificando y clasificando
sus mínimos contenidos armónicos y envolventes individuales;
3) trasladar los procesos mencionados; extenderlos a la forma de
la obra en sentido amplio; 4) simular espacios virtuales controlando
y/o variando las trayectorias y las texturas; 5) apreciar estadísticamente
o a modo de control global algunas resultantes en la forma (con
gráficos); 6) modular o modificar el sonido .en tiempos muy
cortos; ir desde un clarinete en el parlante A hasta llegar a un
arpa en el B, o a un trombón en C; 7) controlar en tiempo,
forma y espacio de sala el total del material sonoro usado; 8) asistirnos
con un cerebro paralelo convenientemente alimentado; 9) escribir
la verdadera historia de la música electroacústica
en Latinoamérica con un procesador de textos y datos; 10)
usarlas topológicamente; 11) usarlas para incorporar las
ciencias de la administración en la composición musical;
12) usar fractales y/o prismas para el diseño; 13) usarlas;
14) accionar algunas máquinas de ritmo... etcétera.
Casi todo esto podemos hacerlo sin computadoras. En este sentido,
las máquinas son tan innecesarias como nosotros.
Entrevista
a Fernando von Reichenbach: “El mundo real no está
demás”, por Oscar Edelstein
Algunas
reflexiones sobre la composición musical con medios electrónicos,
por Francisco Kröpfl
La
computadora como extensión del conjunto instrumental,
por David A. Jaffe
La Herramienta,
por Mauricio Kagel y Klaus Schöning
La música sorda,
por Eduardo Kusnir
Tramos, por Graciela
Paraskevaídis
La
música, la tecnología y nosotros los latinoamericanos,
por Coriún Aharonián
Música
y fractales, por Adolfo Nuñez
El laboratorio al alcance
de los niños, por Silvia Goldberg
El hombre que inventó la
FM, por Carlos Cerana
La
objeción de lady Lovelace, por Oscar Edelstein
Aclaración:
para la edición de estos artículos debieron omitirse
los gráficos que los acompañaban, así como
algunos (pocos y breves) fragmentos de los mismos. |