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La música,
la tecnología y nosotros los latinoamericanos
Coriún
Aharonián
UNO
Parece
perogrullesco señalar, hoy día, que la irrupción
histórica de los procedimientos de fijación (o grabación),
almacenamiento, reproducción (con posibilidad de repetición
mecánica) y transmisión a distancia del sonido, incide
de manera muy contundente en el funcionamiento socio-cultural de
la música.
Es casi obvio que así ocurre en el campo de la música
popular o mesomúsica . Allí, por un lado despierta
la avidez monetaria de los industriales y les sugiere procedimientos
de manipulación de masas que rinden jugosos dividendos (en
materia estrictamente financiera y también en materia política).
Por otro lado modifica su penetración cuantitativa y cualitativa.
Pero esos procedimientos de grabación y de transmisión
inciden también en la ecología de la música
culta, profundizando en este caso la fijación consumista
del pasado histórico hasta lo inverosímil.
La evolución tecnológica tiene también otros
aspectos que influyen en el pensamiento creativo del siglo XX. Está
el desarrollo casi paralelo de los recursos de modificación
electroacústica y de generación parcial o totalmente
electrónica del sonido, amén del largo historial previo
de los procedimientos de mecanización en la producción
de música.
Tanto en la música popular como en la culta, la interacción
entre proceso tecnológico y necesidad expresiva va generando
nuevas soluciones. O más bien nuevas realidades.1 Imaginativas
o no, enriquecedoras o no.
DOS
La electrónica
permite el surgimiento en las décadas del 1920 y 1930 de
algunos instrumentos música les nuevos, que parten básicamente
del tubo electrónico de vacío o lampara de radio.
El primero de ellos (1921) es creado por el físico ruso Lev
Serguievich Termin o Leon Theremin (1896-): se llama "eterófono"
o "thereminvox" o "theremin" a secas y Ilega
a ser industrializado en los Estados Unidos. El movimiento de las
manos del intérprete ante dos antenas -sin tocar el aparato-
permite variar la altura y la intensidad de un sonido de timbre
fijo (pero de gran expresividad).2 EI invento de Termin es precedido
solitariamente hacia 1900 Centre 1892 y 1907 precisamente) por un
fascinante y gigantesco "telharmonium" -ya electrónico
(i!) con alternadores usados como generadores- del estadounidense
Thaddeus Cahill. Le siguen los inventos de Jorg Mager ("esterofóno",
1926, y otros), Maurice Martenot ("ondas martenot", 1928)
y Friedrich Trautwein ("trautonium", 1930) y algunos otros
de mayor aceptación ("dynaphone", 1928: "hellertion",
192811929), así como varias propuestas de electrificación
o electronificación de instrumentos de la tradición
europea (órgano, piano, guitarra, etcétera). Hacia
todo ello confluye también, de alguna manera, la praxis de
la generación de sonido por alteración de un campo
lumínico que actúa sobre una célula fotoeléctrica
(Van der Bijl crea en 1916 Un órgano fotoeléctrico,
y el propio Terrain construye en 1926 Un "illumoVOX",
y poco después la banda óptica, utilizada simplemente
como registro y reproducción de material microfónico,
facilita la concreción del cine sonoro). En 1931 Gueorgui
Rimski-Korsakov dibuja directamente una banda sonora de una película,
técnica que más tarde (1939) Ilevará adelante
el británico Norman McLaren en Canadá.
Por otro lado, la posibilidad de grabar reproducir sonido por e!
procedimiento del surco -en cilindro o en disco- desarrolla la imaginación
de algunos) jóvenes aquí y allá. En 1916, el
ruso Dziga Vertov (seudónimo de Denis Kaufan, 1895-1945)
experimenta las posibilidades de montaje de fragmentos sonoros grabados
en discos, técnica que poco después trasladara a la
imagen cinematográfica (con el "cine-ojo" y el
"cine-verdad"). Las décadas del 1920 y 1930 van
a traer nuevos aportes: en 1922 Darius Milhaud amplía el
juego variando la velocidad de los discos; en 1930 Paul Hindemith
y Ernst Toch componen una Grammophonmusik manipulando discos,
y Vertov vuelve en 1930 al collage de sonido para dialogar con la
imagen de su film Entusiazm: Simfonía Donbasa.
Y el caminar del pensamiento, claro. El caminar, o el volar. En
1913 el pintor futurista italiano Luigi Russolo (1885-1947) lanza
su manifiesto EI arte de los ruidos, complementado en 1916
y apoyado por la invención y construcción de artefactos
que permitan abolir en los hechos las barreras mentales respecto
a que sonidos son musicalmente utilizables y cuáles no. En
las décadas inmediatas, Edgar Varèse desarrolla muchos
aspectos de la apertura conceptual, en lo teórico y en fabricación
de música que realimenta esa apertura conceptual. Luego llegará
John Cage.3
TRES
Después
de la segunda guerra mundial, el lanzamiento comercial (hacia 1950)
de los grabadores de cinta -magnética y el grado de desarrollo
de la electrónica hará posible la aplicación
orgánica de una suma de iniciativas de la primera mitad del
siglo, incluidas las experiencias de Russolo y Vertov y los planteos
conceptuales de Varèse. El ingeniero y músico aficionado
Pierre Schaeffer (Nancy, Francia, 1910) liderará un grupo
de técnicos y compositores en París, preocupándose
excesivamente por la publicitación de su nombre y el juego
del poder. El físico Werner Meyer-Eppler (Amberes, Bélgica,
1913 Bonn, R. F. de Alemania, 1960) dará origen a otro grupo
al este de la línea Maginot, con; un punto de apoyo inicial
en los cursos de Darmstadt y en Bruno Maderna, y luego en el compositor
Herbert Eirnert y el técnico Robert Beyer. Las emisoras estatales
de radio (ORF a ORTF y WDR) se prestarán en ambos casos a
financiar las iniciativas, en un principio muy onerosas. En Estados
Unidos serán las universidades (Princeton-Columbia) las que
respaldarán la iniciativa casi paralela de Otto Luering Milwaukee,
Wiscousin, EEUU, 1900) y Vladimir Ussachevsky (Hailar, Manchuria,
1911, nacionalizado estadounidense). Y los grandes grupos empresariales
(RCA, IBM, Bell) los que harán posible los balbuceos en la
experimentación tecnológica (el primer artefacto Ilamado
"sintetizador" surge en 1952, las primeras composiciones
realizadas mediante computadora en 1956, y la primera interacción
entre computadora y generación electrónica de sonido
en 1957). Pronto se sucederán los estudios de música
electroacústica improvisados o formalmente establecidos en
distintos países.4
Este es el nacimiento de lo que se dará en llamar "música
electroacústica" (o "música electrónica")
expresión que englobará todas las vías de composición
que utilicen procedimientos electrónicos de generación
o de modificación de sonidos, y/o que manipulen grabaciones
de sonidos (generados electrónicamente o bien grabados en
un medio natural "acústico" por medio de un micrófono).
La cinta magnética -analógica en la primera etapa
de esta historia- permitirá (mucho más amplia y libremente
que los cilindros y los discos de Vertov y de los otros experimentadores
que lo sucedieron) elaborar los materiales sonoros ya sea por yuxtaposición
(o sea montaje), o por superposición (o sea mezcla), ya sea
por inversión (del sentido de lectura), por cambio de la
velocidad de pasaje, etcétera, además del filtrado
de determinadas franjas de frecuencias, la adición de reverberación
(o de eco), la alteración del perfil dinámico y la
intermodulación que permiten los recursos "pasivos".
Todo material sonoro será pasible de ser utilizado por el
compositor: todo material que pueda ser grabado a través
de un micrófono y todo material que pueda ser generado electrónicamente.
Alguien lanzará en los primeros años, cual marca de
fabrica, la etiqueta "música concreta", pero ésta
será pronto desechada por ese mismo alguien.
La música electroacústica va a tener, desde un comienzo,
dos vertientes generales: la música compuesta sobre cinta
magnética, y la música electroacústica en vivo
("live electronics”). Esta última no presenta,
en principio, cambios en su mecanismo de conciencia respecto de
la música instrumental de la tradición europea: en
lugar de componerse para violín, flauta y trombón,
se compone para sus equivalentes de la era tecnológica. O
se irnprovisa en o con ellos. En cambio, la música creada
sobre cinta magnética y fijada en ella (o sobre cualquier
otro soporte que permita registrar el sonido en forma analógica
o digital) genera nuevas situaciones sumamente importantes: por
primera vez en muchos siglos, el compositor evita (y -más
aun- elimina de raíz) !a mediación del interprete
en su necesidad de comunicación con sus semejantes. Su producto
queda fijado -convertido ya en sonido y no en signos a ser interpretados
por un tercero-, de una vez y definitivamente. La única interferencia
entre eI y su público son los aparatos reproductores, que
heredan el privilegio de ser denostados cada vez que algo suena
mal.
Aparece aquí, claro, un problema nuevo: la no existencia
previa de vías de vehiculización se transforma en
un primer obstáculo para la comunicación con el público.
La sala tradicional de conciertos, prevista para una alta cuota
de espectáculo visual, enfría en su inútil
frontalidad la escucha sin visión, es decir la posibilidad
finalmente real de una escucha "pura" (tan declamatoriamente
reclamada en períodos músicales del pasado europeo
pero tan poco puesta en práctica) sin interferencia de señores
esforzados que transpiran, -se rascan, miran al costado y clan vuelta
la hoja. El público habitual de conciertos, deformado por
una práctica equívoca, echa de menos el circo porque
nunca aprendió a escuchar. A pesar, de que el parcelamiento
cultural propio de la tradición europea lleva naturalmente
a separar escucha de visión, de movimiento, de olfato o de
cualquier otra cosa. Cabe la posibilidad de prescindir de ese público,
dejándolo en libertad de reeducarse o de continuar alienándose
en su consumo exclusivo de productos museísticos, y de aprovechar
la oportunidad para abatir lentamente fronteras culturales. Pero
hace falta tiempo; y algunos son impacientes. Otros, claro, van
cortando camino en el interim por el lado de -precisamente- las
búsquedas de lenguaje concurrentes con esa problemática
histórica de los códigos de expresión músical
originarios de una a otra de las capas socioculturales.
CUATRO
Hacia
fines de la década del 1960 los sintetizadores surgidos de
la tecnología desarrollada a partir de la creación
del transistor permitirán compactar y abaratar muchísimo
el gran estudio electroacústico de los cincuenta, Ileno de
aparatos a base de válvulas, y los grabadores multipistas
permitirán reducir la cantidad de etapas de copiado en el
proceso compositivo sobre cinta. Mientras tanto, los estudios ricos
habrán adicionado computadoras -todavía de altísimo
costo- a sus instalaciones, computadoras a las que en muchos casos
se recurrirá solamente para resolver etapas creativas diversas
(Xenakis en Europa, otros menos relevantes en Estados Unidos). Los
recursos de la informática serán aplicados en forma
imaginativa en algunos pocos casos (Gordon Mumma, por ejemplo, inventará
en la década del 1960 dispositivos para actuar en tiempo
real sobre ejecuciones en vivo). Hacia mediados de la década
de 1970 aparecerán sintetizadores con incorporación
a distintos niveles de recursos de computadora a precios casi accesibles,
y la eclosión a comienzos de la década del 1980 de
las micro computadoras de bajo costo multiplicara rápidamente
las posibilidades de utilización de la informática,
especialmente en tiempo real, situación que se acentuará
hacia fines de esa década con otra eclosión tecnológica
de bajo costo, la de los procedimientos de grabación y/o
reproducción digitales.
Puede decirse en términos generales que -como en anteriores
etapas de la historia de la humanidad- la nueva tecnología
va influyendo poco a poco el pensamiento compositivo, a la vez que
la nueva música va nutriendo el pensamiento que genera esa
tecnología, en un permanente proceso de realimentación.
Claro que no todo será de signo simplemente positivo. La
primera invasión estadounidense de sintetizadores hacia 1970
vendrá acompañada por una estandarización dirigida
a un mercado grande de aficionados, lo cual retrotraerá la
electroacústica a los barrotes de la prisión tonal
cromática de temperamento igual, impuesta de hecho por el
"democratizador" conjunto de teclas blancas y negras.
La tecnología del control por voltaje facilitara algunas
cosas, pero dificultare la comprensión analógica de
lo que esta ocurriendo dentro del artefacto. Hacia 1980, los fabricantes
japoneses descubrirán que el mercado se puede hacer mayor
si lo prefigurado es mas, y la década del 1980 traerá
varios saltos de sofisticación tecnológica en los
que los circuitos serán cada vez mas inalterables por el
usuario. La fijación y manipulación digital de sonido
pasara a ser de muy bajo costo... y de calidad muy limitada. Las
posibilidades teóricas se habrán multiplicado, pero
los aburridos resultados música les no parecerán estar
demostrándolo.5
CINCO
En principio,
la baja general de costos debería favorecer a los países
del tercer mundo. Pero esto no es tan lineal tampoco. Tratemos de
verlo, brevemente, en la perspectiva latinoamericana. Y tratemos
de comprender la inevitable interdependencia entre el vuelo del
pensamiento y la disponibilidad tecnologica.6
En una apreciación general de la producción musical
latinoamericana del área "culta", sorprende a menudo
la elevada cantidad de composiciones electroacústicas realizadas
por sus autores sobre cinta magnética. La producción
es en ciertos periodos alta en relación con las composiciones
para instrumentos tradicionales (tradicionales de la tradición
europea, claro). Esto suena a contrasentido, puesto que la composición
electroacústica depende de las disponibilidades tecnológicas,
y estas están condicionadas al grado de desarrollo económico
del país, o a su participación mayor o menor en el
reparto de la torta metropolitana. Pero no es un contrasentido,
puesto que también la composición no electroacústica
depende de las disponibilidades tecnológicas: un violín
es también tecnología, y un piano también .
Más aun: un violinista o un pianista son en buena medida
función del desarrollo económico de su país,
es decir que pueden dedicar tiempo a estudiar obras nuevas (que
significan en general problemas técnicos no resueltos en
los anos de adiestramiento beethoveniano) si disponen de tiempo
ocioso o de quien les pague por tal estudio. Ello en el caso de
que no hayan emigrado a porciones (in poco más grandes de
!a torta, en busca de su miguita retribuidora gel instante de entretenimiento
y distracción que puedan ofrecer a quienes pagan, en ese
duro oficio de bufón prostituto en que se convierte tan a
menudo la supuestamente noble tarea de tocar.
El compositor que afronta las dificultades de realización
de una obra electroacústica esta en realidad ahorrándose
togas las humillaciones repetidas que le significa la obra instrumental,
y las frustraciones también. Al lograr terminar una obra
electroacústica, el compositor puede -oh, milagro-- oír
la, saber como suena, comprobar la certeza o no de sus presupuestos.
Luego, con la sola ayuda de un grabador y de los respectivos parlantes,
puede hacer escuchar su obra cuantas veces quiera -o casi-. AI terminar
una obra instrumental, en cambio, deberá esperar al intérprete,
al grupo de intérpretes o a !a orquesta, para poder oírla.
Salvo que la escriba para un instrumento solista que justamente
sea el que ejecuta el mismo (o su consorte). La obra se ejecutara
quizás una vez, ante un público de diecisiete personas,
incluidas la tía y el/la consorte. Y se archivará
luego, brindando a su auto esa maravillosa satisfacción,
solitaria de hablarle a una pared. Con lo que su función
de creador de productos de comunicación será sutil
y sistemáticamente anulada.
Durante algunos anos, la anónima maquina de frustración
cotidiana del papel Sociocultural gel compositor logro triunfar
también en el terreno de lo electroacústico, por la
sencilla y expeditiva via gel miedo a la tecnología y de
su paralela mitificación. Los tabúes fueron vencidos
gradual y lentamente.
SEIS
Primero
fueron los tanteos experimentales de los muchachos de provincia
frente a la excitación provocada por las publicitadas novedades
de la metrópoli. En Santiago de Chile, a mediados de la década
del 1950, un grupo de jóvenes compositores comenzó
la realización de búsquedas con recursos técnicos
limitados, primero en trasnoches en los estudios de Radio Chilena,
búsquedas que se concretaron en 1956 en la organización
de un así Ilamado "Taller experimental del sonido"
en la Universidad Católica, al que no va a ser ajena la figura
de Werner Meyer-Eppler, que visitará Chile en 1958. León
Schidlowsky (Santiago,1931, nacionalizado israelí algunos
años después) realiza Nacimiento (1955?), Juan Amenábar
(Santiago, 1922) su Los peces (1957) y Jose Vicente Asuar
(Santiago, 1933) sus Variaciones espectrales (1959), obras
a las que se suman otras varias de distintos compositores. Pero,
falto de un sostén económico estable, el laboratorio
desaparece y cada compositor queda librado a sus posibilidades privadas
de disponibilidad tecnológica.
En la Argentina, Mauricio Kagel sonoriza con montaje de materiales
de origen microfónico una exposición industrial en
Mendoza, hacia 1954. César Franchisena realiza sus primeros
trabajos en el campo electroacústico en Córdoba, entre
1959 y 1950, en los estudios de la Radio Universidad, influido como
Kagel por la fuerte personalidad revolucionaria de Juan Carlos Paz.
.
SIETE
Pero
casi simultáneamente vienen los intentos de repetir el modelo
metropolitano del "gran" estudio (que, dicho sea de paso,
es más grande en la imaginación de los receptores
de propaganda de la colonia que en la realidad). Naturalmente, esos
intentos si bien el frustrado Taller experimental de Santiago
de Chile constituye un antecedente indudable se clan con mas fuerza
y facilidad en Buenos Aires, condicionada por un largo proceso educativo
para asumir posiciones más inocentemente coloniales que otras
ciudades del continente mestizo.
En 1960 la Universidad Nacional de Buenos Aires pone en funcionamiento
un Estudio de Fonología Músical adscrito al Laboratorio
de Acústica de la Facultad de Arquitectura. La dirección
del estudio es confiada a Francisco Kröpfl (argentino, nacido
en Temesvár, Hungría, 1928) y la jefatura técnica
a Fausto Maranca, dos jóvenes que habían iniciado
sus trabajos ya en 1958.7 El Estudio es grande y costoso, pero produce
relativamente pocas obras en sus largos años de existencia
-varios trabajos de su director a partir de un Ejercicio de
texturas de 1960, la interesante Creación de la
tierra de la colombiana Jacqueline Nova (Gante, Bélgica,
1937-Bogotá, 1975), y realizaciones aparentemente menores
que no han trascendido- porque un ritual de supuesta dificultad
impide el salto a la acción creativa. Es probablemente esa
comprobación de escasa producción la que mueve a las
autoridades universitarias a cerrar el estudio en 1973, por simple
decisión administrativa.
Fundado en 1962, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Música
les del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires trata de tener
al menor plazo posible su propio estudio electroacústico,
independiente del de la Universidad. En 1964 se completa una primera
composición en ese nuevo laboratorio: Intensidad y altura
(sobre poema de César Vallejo de Cesar Bolaños (Lima,
Perú, 1931). Durante largo tiempo, una dirección técnica
errónea traba el vuelco de los numerosos becarios del Centro
Latinoamericano (compositores jóvenes de toda América
Latina) a la creación electroacústica, y es recién
en 1966 que se inicia una corriente de trabajo regular. La presencia,
como segundo director técnico, del talentoso ingeniero Fernando
von Reichenbach, incita al trabajo.8 Y es así como se suceden
numerosas composiciones de valor. En 1969 la dirección artística
es asumida de hecho por Francisco Kröpfl, que se integra al
cuerpo docente del Centro Latinoamericano, resolviéndose
así la forzada oposición entre los dos estudios grandes
de la ciudad de Buenos Aires.
Pero el Centro Latinoamericano es cerrado en enero de 1972, luego
de una difícil crisis del sector de artes del Instituto Di
Tella. Pocos meses después, su patrimonio es recibido en
carácter de donación por la Municipalidad de Buenos
Aires, que integra el estudio electroacústico a su Centro
de Investigaciones en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología
(CICMAT), confiando su dirección a un equipo formado por
Fernando von Reichenbach, Francisco Kröpfl, Gerardo Gandini,
José Ramón Maranzano y Gabriel Brncic. Ha perdido
entre tanto su carácter latinoamericano, transformándose
en un superlaboratorio para consumo de compositores casi exclusivamente
argentinos. En 1976 cambia la ordenación administrativa y
el estudio pasa a formar parte de un nuevo organismo, el Centro
de Estudios Acústicos Música les (CEAM). Pero aparentemente
no produce nuevas obras, quedando absorbido durante varios anos
por requerimientos burocráticos. En 1982, ahora bajo el nombre
de Laboratorio de investigación y Producción Músical
(que permite convencer a los burócratas acerca de su no inevitable
inutilidad para fines inmediatos), se incorpora al huevo Centro
Cultural Ciudad de Buenos Aires, como parte de su Departamento de
Música, Sonido a Imagen (los hombres, como vemos, continúan
no siendo lo más logrado), departamento quo dirige Francisco
Kröpfl.
Otros estudios grandes van surgiendo (y en general sucumbiendo)
en otras partes de América Latina. Entre ellos se cuenta
el Laboratorio de Música Electrónica del Conservatorio
Nacional de Música de México, fundado y dirigido por
Héctor Quintanar (Ciudad de México, 1936), secundado
por el ingeniero electrónico Raúl Paven Sarrelangue,
estudio cuya producción parece haber sido muy escasa (o muy
poco difundida). En Caracas, José Vicente Asuarecha echa
algunos anos antes (1966) las bases del Estudio de Fonología
Músical del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes,
estudio en el que compone algunas de sus piezas (La noche II,
1966/1967, Divertimento, (1967?, y Guararia repano
y Catedral, ambas de 1968). El estudio, instalado a gran
costo (grandisímo costo), reafirma en ese momento la tendencia
al "gran" estudio, no despertando mayor interés
en los compositores venezolanos. Lenta e implacablemente desmantelado
desde 1968 (las acusaciones se escuchan hasta hoy), es reestructurado
en diversos momentos, cambiando de nombre, de director, de institución
propietaria y de sede varias veces, y generando incluso algún
otro estudio (hijo o hermano).
OCHO
Entretanto,
el mito tecnológico va cediendo. Los compositores latinoamericanos
comienzan a adquirir secretos de las ceremonial magical, y a dominar
las diferentes etapas del nuevo reino electroacústico. Planteadas
las colas a partir de cero, se Ilega a la conclusión de que
el modelo del gran estudio no es precisamente el quo conviene a
las necesidades y posibilidades del medio. En la década del
1970 vemos surgir aquí y allá trabajos de gran valor
llevados a cabo con medios tecnológicos limitados y muy limitados.
Obviamente existe en este punto una situación de realimentación
entre voluntad estética y medios de canalización de
ésta. Es este punto el quo trataremos de ampliar en el capitulo
siguiente.
Curiosamente, a comienzos de la década del 1980 ese impulso
creativo parece haber disminuido su empuje. A mediados de la década,
la proliferación de sintetizadores de costo accesible a nivel
individual cuestiona incluso la necesidad de trabajar en estudios
prestablecidos y favorece una correlativa proliferación de
pequeños estudios domiciliarios, cosa quo no se corresponde
hasta ahora con un enriquecimiento a nivel de la inventiva, enriquecimiento
parecido al que ponía en jaque en los setenta los prejuicios
coloniales y generaba productos técnica y creativamente válidos
(y hasta "competitivos", valga la palabrota) a escala
internacional.
NUEVE
Uno de
los aportes más significativos en el ámbito del replanteo
de una utilización de los recursos tecnológicos en
función de las posibilidades y las necesidades latinoamericanas,
es el de Joaquín Orellana (Ciudad de Guatemala, 1937). Becario
en el CLAEM del Di Tella durante 1967 y 1968, realiza en el estudio
"grande" de ese Centro una primera pieza electroacústica,
Metora, en la cual va quedan planteadas algunas opciones: búsqueda
de limpieza formal, despojamiento, desinterés por decorativismos
novedosos. De regreso en Ciudad de Guatemala, se reencuentra con
la inexistencia del estudio “grande” y con la improbabilidad
de que surja alguno siquiera "chico" en el futuro próximo.
La puesta al día respecto a las vanguardias metropolitanas
le ha permitido mientras tanto romper con el mito de la situación
colonial en su concreción habitual de castramiento creativo
(como sabemos, a la metrópoli le importa mantener su papel
de único productor de bienes culturales, como forma la más
directa de hacer efectiva la continuidad de su condición
de metrópoli). Y la reinserción en la mesticísima
realidad sociocultural guatemalteca exige de su responsabilidad
ética la revisión de sus presupuestos estéticos.
Orellana crea un coro "contemporáneo" y experimenta
con el nuevas posibilidades expresivas. Intenta registrar fotografías
sonoras de las calles y de los hombres de las calles. Toma conciencia
de la mitad indígena de su guatemalticidad y rechaza la mestiza
vergüenza por la cultura indígena (incluida la lengua).
Y se interna en un apasionante camino de reinvención de la
realidad circundante: la creación de nuevos instrumentos
sonoros que prolongan las características propias de los
de la cultura y de los de la cultura mestiza. Esta nueva lutería
cuya mayor parte desarrolla los principios organológicos
de la marimba criolla va a permitirle afirmar su imaginación
compositiva, ya sea en manos de los entusiastas integrantes de su
coro (cantantes, pero sobre todo actores, más dúctiles
que aquellos), ya en sus propias manos, ante el micrófono
que le permitirá estructurar su particular mundo sonoro sobre
la cinta magnetofónica.
En Primitiva I (1973) efectúa un breve estudio de
sonoridades sopladas, propias de las flautas pónicas de la
América indígena, dialogando con percusiones atamboradas
obtenidas por rnanipulación básica de golpeteos en
canas o de frotamientos en membranas perforadas de tipo "roncador"
o "Waldteufel", y con nubes amarimbadas obtenidas a su
turno a partir de instrurnentos construidos exprofeso. En Humanofonía,
anterior a ésta (1971), una de las piezas de mayor fuerza
expresiva en la producción latinoamericana de las ultimas
décadas, aún la curiosamente un ámbito cultural
indígena respetado, una sensibilidad mestiza finisecular,
desgastada y amariIlenta, peril aun vigente en su realidad guatemalteca
cotidiana, y un concepto estructural no discursivo, en que se suceden
climas expresivos resueltos en bloques texturales de células
reiterativas entre los cuales no parece haber "continuidad"
en una escucha do tipo europeo tradicional. En una y otra composición,
los recursos tecnológicos estarán limitados a algún
grabador de mediana calidad a incluso a alguno domestico de la época,
a un estudio radial de baja calidad cedido circunstancialmente,
y a una unidad de reverberación perteneciente a ese mismo
estudio. En algún momento nos encontraremos con una situación
de reverberación muy bien lograda: pero ser el producto no
de esa unidad de reverberación sino de la imaginación
de Orellana aplicada a la fabricación de una cana soplable
que permitir extinciones lentas y graduales de las precedentes secuencias
de ataques tensos. El recurso por excelencia será la resolución
de las posibilidades de montaje por corte y de superposición
de materiales diversos sobre la cinta magnetofónica, y la
adición mesurada de manipulaciones sencillas de inversión
o de variación de velocidad. Si bien en Malebolge,
realizada entre estas dos obras (1972), las limitaciones del aparataje
utilizado jugaran una mala pasada dejando pasajes no resueltos que
suenan ingenuos, Primitiva I y especialmente Humanofonía
permanecerán como concreciones ejemplares de la imaginación
creativa en la circunstancia tecnológica y socio cultural
de Latinoamérica.
Y están también Entrop (1972), Asediado-asediante
e Iterotzul (ambas de 1973), Sortilegio (1978),
Rupestre en el futuro (1979), algunas obras mixtas para
cinta a intérpretes en vivo (como Híbrido a presión
en sus dos versiones, de 1982 y de 1986, o Evocación
profunda y traslaciones de una marimba, de 1984), a Imágenes
de una historia en redondo (o Imposible a la equis, 1930),
nuevamente ejemplar (y nuevamente dolorosa).9
DIEZ
Eduardo
Bértola (Coronel Moldes, Córdoba, 1939) realiza su
"experiencia europea" entre 1968 y 1971. Es allí
donde aprende a verse en perspectiva en el espejo de su condición
de latinoamericano. Rehuyendo las condicionantes de todo tipo del
gran estudio parisiense, construye un pequeño estudio privado,
en el que compone varias obras antes de su regreso a la Argentina.
Dynamus (1970), Penetraciones (1970; versión
definitiva, 1972) y Pexoa (1971) constituyen piezas ásperas
y duras, a través de las que va definiendo una personalidad
tajante que busca su verdad sin concesiones ni sonrisas simpáticas.
En Dynamus en especial, logra una repentina detención
del tiempo dentro de una estructura reiterativa sin transiciones,
y un permanente "falsearniento" de la percepción
auditiva por la potencialización creativa de las limitaciones
tecnológicas y por el aprovechamiento de las enseñanzas
de la psicoacústica. Estos planteos se afirman en Buenos
Aires en la expresiva, sombria amenazante Gomecito contra la
Siemens o El diablo de San Agustín (1973) 10,
y Ilegan a un inesperado nivel de audacia en Tramos (que se analiza
pormenorizadamente en este mismo número de la revista), un
collage encolado audaz, en el que los materiales se suceden sin
transiciones, y sin deformaciones, para ir construyendo poco a poco
una estructura con varios planos de juego semántico. Ahí
el compositor es austero hasta el Iímite de la desnudez:
los materiales se ofrecen tal cual eran, y la única operación
de Bértola ha sido el corte y el montaje, sin trampas de
enrarecimientos, jugándose entero al poder de la estructuración,
que por otra parte también es austera, diríase que
morosa.
Luego, Bértola regresa, enriquecido, a la composición
instrumental, que había abandonado por un tiempo. Y los desafíos
a la percepción ensayados en la serie electroacústica
desarrollada entre 1970 y 1975 (11) rinden fascinantes resultados
"acústicos".
ONCE
Oscar
Bazán (Cruz del Eje, Córdoba, 1936), se instala en
cambio francamente en el "gran" estudio: el CICMAT. Y
más francamente frente a su temprano sintetizador Arp 2600.
Pero. Justamente: pero. El gran estudio no suena ya a gran estudio
y las obras de Bazán allí hechas en 1973 y 1974 no
suenan a obras hechas en un gran estudio, y las máquinas
maravillosas ya no mandan si no que manida Bazán. Y el resultado
es una música electroacústica "pobre" aunque
la tecnología que ha sido utilizada para producirla sea rica.
Luego de un recorrido por las posibles vías del teatro musical,
a través de las cuales el ludismo místico de la decadencia
metropolitana y su personal refinamiento sensible le habían
tendido varias trampas en los anos anteriores, Bazán obtiene
en Episodios (1973), en Austera (1973), en Parca
(1974) y quizás en Los números (1974), una despojada
exposición de bloques climáticos de textura estable
pero permanentemente dinamizada, una sucesión de breves piezas
plenas de ternura, de humor y de dramatismo, cuya valentía
formal constituye un desafío para los colegas compositores
latinoamericanos.
Pena que el propio Bazán confía poco en estos logros,
y no haya casi, aparentemente, continuidad en los años subsiguientes,
salvo en la originalísima y excelente serie instrumental
(o vocal-instrumental) Austeras (1975/1977), y quizás
en las Seis propuestas (1980) y Los mitos (1985).
Hay, eso sí, una fuerte influencia del camino bazaniano en
varios de los compositores latinoamericanos nacidos en la década
del 1950.
DOCE
El sarampión
del gran estudio a semejanza del modelo metropolitano imaginario
no parece haber cundido más allá de los Iímites
de Ciudad de México, Caracas y Buenos Aires. La Escuela de
Artes de la Universidad Nacional de Córdoba crea en 1965
un Centro de Música Experimental que propone una primera
alternativa al modelo de gran estudio asumido por Buenos Aires.
Sin embargo, varios de sus integrantes optan por emigrar a la Europa
mítica del provinciano colonizado, y la actividad creativa
del grupo -que promueve en 1966 un interesantísimo festival
en el marco de la 3era. Bienal Americana de Arte de Córdoba-
se diluye poco a poco, dejando como saldo el aislamiento de sus
sobrevivientes y alguna pieza electroacústica solitaria.
Y esa labor posterior, aislada, de Oscar Bazán en Buenos
Aires. Luego de un paréntesis de funcionamiento del Centro
de Música Experimental, surgirán algunos estudios
domésticos, y la Escuela de Artes de Córdoba retomará
la iniciativa planteando el funcionamiento regular de lo que pasará
a Electroacústica, dirigido por el uruguayo Ariel Martínez.
En Buenos Aires, Luis María Serra, Lionel Filippi y Susana
Baron Supervielle de Tresca (a quien veremos luego en Brasil) crean
en 1971 un estudio privado Ilamado Arte 11. Eduardo Bértola
(a quien hemos visto individualmente y volveremos a ver, también,
en Brasil) instala en 1972 su pequeño estudio doméstico,
seguido en 1974 por Jorge Rapp, quien construye uno -también
pequeño- en el Centro de Estudios Música les que codirige
con Judith Akoschky. Más recientemente, aparecerán
los estudios domésticos -facilitados por la nueva tecnología
de Ricardo dal Farra y otros jóvenes. En Santa Fe, un núcleo
de compositores inquietos encabezado por Ricardo Pérez Miró
pelea por un estudio estable, organizándolo en principio
privadamente a intentando la existencia de uno- el Estudio de Fonología
y Música Electroacústica en la Universidad Nacional
del Litoral. En La Plata, entretanto, la reestructuración
de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional una vez
finalizada la dictadura militar, hará posible la puesta en
marcha de un estudio propio.
En Santiago de Chile se insinúa un comienzo de sarampión
con la compra de costosos aparatos por parte de la Universidad estatal,
pero la irrelación de estos con toda necesidad real inmediata
de los compositores chilenos hace que los costosos aparatos permanezcan
desde 1972 -y por muchos años- casi enterrados en algún
sótano de la Facultad de Ciencias y Artes Música les,
salvo un breve funcionamiento a principios de 1973 para la nunca
suficientemente denostada tarea de imitar las tontas aventuras del
metropolitano Walter/Wendy Carlos. Entretanto, Juan Amenábar
trata de continuar demostrando -en su casa y en la misma Facultad-
las posibilidades creativas del estudio "pobre", y José
Vicente Asuar opta por armar su estudio privado.
En Brasil, el primer compositor electroacústico solitario
es desde 1956 Reginaldo de Carvalho (Guarabira, 1932), quien arma
su pequeño Estudio de Experiências Músicais
en Río de Janeiro. Trasladado a Brasilia en 1960, continua
su tarea allí, al parecer sin seguidores ni discípulos.
Entretanto, entre 1959 y 1964, Gilberto Mendes (Santos, 1922) y
Willy Corra de Oliveira (Recife,1938) realizan varios trabajos con
sencillo equipo privado dentro del ámbito ideológico
del Grupo Música Nova. En Río, en 1962, Jorge Antunes
(Río de Janeiro, 1942), hace su primer ejercicio electroacústico.
Regresado a Río, Reginaldo Carvalho establece un modesto
estudio en el Instituto Villa Lobos, donde si forma discípulos,
incluido Antunes, que ha venido realizando experiencias desde su
primer ejercicio. Independiente y aisladamente, Susana Baron Supervielle
de Tresca construye en su Casa de San Pablo Un estudio pequeño
en el que realiza varios trabajos. En Brasilia, un estudio también
pequeño iniciado en 1970 por Conrado Silva (Montevideo, Uruguay,
1940) durante su estadía como docente en la Universidad Federal
local, desaparece en su posibilidad de transformarse en estudio
de la propia universidad a la partida de Silva a San Pablo, a pesar
de los intentos de Jorge Antunes de restablecer ese foco docente
y creativo en la universidad. Silva reanuda la aventura en San Pablo,
y allí construye, uno tras otro, desde 1974, varios estudios
pequeños, privados (el LSV, el Travessia, el de la Faculdade
de Artes Santa Marcelina, el Synthesis, el suyo doméstico)
o públicos (el de la flamante Universidade Estadual Paulista,
organizado en 1978 conjuntamente con el francés Michel Philippot
-Verzy, 1925-), en los que compone obras como Equus (1976)
o incita a componer a jóvenes discípulos. Jose Maria
Neves (Sao Joao del-Rei, 1943) intenta reiteradamente la creación
de un nuevo estudio institucional en Río de Janeiro, partiendo
de las bases establecidas por Carvalho. En Río también,
Vania Dantas-Leite (Río de Janeiro, 1945) arma su estudio
doméstico. A comienzos de la década del 1980 se establece
en esta ultima Ciudad el Estudio da Glória, una iniciativa
cooperativa en la que participan, entre otros Tato Taborda Junior,
Tim (Luiz Augusto) Rescala y Rodolfo Caesar, produciendo varias
obras significativas, como Salve o Brasil! (1982) de Rescala (Río
de Janeiro, 1961) o A descida (1986/1987) de Caesar (Río
de Janeiro 1950). El argentino Eduardo Bértola (Coronel Moldes,
C6rdoba,1939) realiza también su aporte docente en la década
del 1980, primero desde Brasilia y luego desde Belo Horizonte, firme
en su defensa de! concepto de pequeño estudio.
Juan Blanco (Mariel, 1920) establece en Cuba las bases para un estudio
(el del ICAP, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en La
Habana) tras varios años de utilización de instalaciones
preexistentes (por parte de él y de otros colegas, come Leo
Brouwer), fundamentalmente los estudios de la EGREM (Empresa de
Grabaciones y Ediciones Músicales). Pero las obras destacables
son muy escasas, y a ello contribuye la escasa o nula información
que los jóvenes compositores reciben -de Blanco en tanto
docente- acerca de lo que se hace en el mundo y en particular en
América Latina. Un segundo estudio en la misma Habana se
consolida tardíamente, hacia 1988, bajo la dirección
de Carlos Farinas (Cienfuegos, 1934), en el ámbito aparentemente
más propicio del Instituto Superior de Arte.
En Puerto Rico, Eduardo Kusnir (Buenos Aires, ?935) busca poner
en funcionamiento hacia mediados de la década del 1970 un
estudio dentro de la Universidad, con aparataje preexistente que
ha permanecido inactivo desde su adquisición, a pesar de
múltiples intereses en ese terreno de compositores tales
come el puertorriqueño Rafael Aponte Lede y el estadounidense
Francis Schwartz. Kusnir lograr concretar su iniciativa insertándose
más tarde en la administrativamente compleja estructura de
los estudios caraqueños y ejerciendo en ellos la docencia.
En México, un grupo de jóvenes funda en la capital
el Centro Independiente de Investigaciones Musicales y Multimedia,
que dirige el rnultifacétito Antonio Russek (Torreón
1954) y en el que participa, entre otros Vicente Rojo (Ciudad de
México, 1960). Otros estudios grupales o individuales surges
en distintos puntos del país. En Monterrey, Arturo Saunas
(Monterrey, 1955) hace varias obras en su estudio privado desde
comienzos de la década del 1980. Y quizás sea necesario
recordar aquí la labor silenciosa y solitaria del pionero
Conlon Nancarrow (mexicano por adopción, nacido en Texarcana,
Arkansas, Estados Unidos, en 1912), si aceptamos incluir de algún
modo su empecinada música "mecánica" para
pianolas en nuestro concepto de música electroacústica.
En Colombia, solo hace muy poco tiempo se concreta la conformación
de un estudio institucional estable fuera de la capital: el Laboratorio
de Música Electrónica "Jacqueline Nova"
en la Facultad de Sistemas de la Corporación Autónoma
Universitaria de Manizales, dirigido por Andrés Posada (Medellín,
1954). En otros países, como Bolivia, las concreciones de
estudios de música electroacústica son más
esporádicas, permitiendo la realización de composiciones
aisladas a veces muy buenas pero obstaculizando de alguna manera
la posibilidad de una continuidad creativa y de una alimentación
mutua entre compositores en el desarrollo de la necesaria solvencia
tecnológica no epigonal.
En el Uruguay, las posibilidades de establecer un estudio público
(en la radio nacional -SODRE -o en la Universidad de la República)
naufragan año tras ano durante tres largas décadas.
Los primeros trabajos electroacústicos, destinados a una
pieza teatral, son borroneados en 1960 por el autor de esta nota
(Montevideo, 1940) con pequeños grabadores tomados en préstamo.
Luego vendrán otras obras, realizadas con mayor solvencia,
con la asistencia técnica de Henry Jasa, en uno de Ios estudios
de grabación del SODRE, no precisamente equipado para estas
lides. En 19á1, Luis Campodónico (Montevideo, 1931
- París, 1973) armará, también con Jasa y en
el SODRE, la cinta magnética para una obra de gran aliento,
el Misterio del hombre solo en la que esta interactuará con
un recitante, así como con voces de cantantes; un conjunto
instrumental y... un metrónomo. En los mismos estudios del
SODRE hará Conrado .Silva (al que ya vimos en Brasil) su
primer trabajo electroacústico en 1965. Jasa alternará
como técnico -de acuerdo con la reglamentación del
SODRE para el use de sus instalaciones- con Dante de los Santos
y otros colegas. Recién en 1974 será posible concretar
el así Ilamado "Elac, pequeño estudio de Montevideo",
prefigurado en 1971 y definitivamente constituido en 1975. Es efectivamente
Un pequeño estudio, surgido por el aporte cooperativo de
varios compositores. Allí, Graciela Paraskevaídis
(Buenos Aires,-1940) ha realizado Huauqui en 1975 y A
entera revisación del público en general entre
1978 y 1981, Carlos da Silveira, Montevideo, 1950) ha compuesto
Así nomás en 1976, el autor de esta nota
iSalvad los niños! en 1976 y Esos silencios
en 1978, amén de la música para varias obras teatrales,
Leo Maslíah- (Montevideo, 1954) Llanto en 1980.
Y en distintos momentos han realizado obras -en forma total o parcial
León Biriotti, Fernando Condón, Alberto Macadar, Carlos
Pellegrino, Renée Pietrafesa y varios otros. Elac, pequeño
estudio de Montevideo, -ha sido además Un centro de docencia
de técnicas de composición electroacústica,
y Un lugar de militancia cultural. La actividad compositiva de este
estudio cooperativo ha disminuido desde 1984, coincidentemente con
la gradual aparición de péquenos estudios personales
y la buena disposición de algún estudio comercial
de grabación para la creación de música s de
escena. Entre los nombres más jóvenes de la composición
electroacústica se encuentran Daniel Maggiolo, Jorge Camiruaga
y Luis Jure.
CATORCE
Esta
además la producción electroacústica en estudios
del primer mundo de numerosos compositores latinoamericanos, visitantes
o residentes -e incluso nacionalizados- en ese primer mundo, Es
tan difícil no pecar por omisión en este rubro como
en e! & los latinoamericanos residentes en Latinoamérica,
por lo que decido limitarme a una lista parcial de referencia, y
pido desde ya, humildemente, disculpas a lectores y a compositores
involuntariamente "damnificados".
Entre los radicados fuera de América Latina, podemos mencionar
varios nombres (la mención un determinado país no
significa que no hayan realizado composiciones en otro a otros).
En Estados Unidos, Mario Davidovsky (Médanos, Buenos Aires,
1934), así como Aurelio de la Vega (La Habana, Cuba, 1925)
y Sergio Cervetti (Dolores, Uruguay, 1940). En Canadá, Alcides
Lanza (Rosario de Santa Fe, Argentina, 1929). En España,
Gabriel Brnic (Santiago de Chile, 1942) y Horacio Vaggione (Córdoba,
Argentina, 1940). En Francia, Edgardo Cantón (Los Cisnes,
Córdoba, Argentina, 1934), Beatriz Ferreyra (Córdoba,
1937), Jorge Arriagada (Santiago de Chile,1943), Iván Pequeño
(Viña del Mar, Chile. 1945) y Ricardo Mandolini (Buenos Aires,
1956). En Gran Bretaña; Alejandro Viñao (Buenos Aires,
1951) y Javier Alvarez (Ciudad de México,1956). En Alemania,
Mauricio Kagel (Buenos Aires,1931), Mesías Maiguashca (Quito,
Ecuador, 1938) y Bernardo Kuczer (Buenos Aires, 1955).
Entre los residentes por períodos breves y los visitantes
de corta estadía encontramos obviamente (¿por qué
obviamente?) muchísimos nombres. Veamos solo algunos de ellos,
a vía de ejemplo. En Estados Unidos, Hilda Dianda (Córdoba,1925),
Francisco Kröpfl, Alfredo del Mónaco (Caracas,1938)
y WiIliam Ortiz (Salinas, Puerto Rico, 1947). En Francia, Julio
Estrada (Ciudad de México,1943), José María
Neves y varios otros de los mencionados en capítulos anteriores.
En Gran Bretaña, Julio d'Escrivan (Caripito, Venezuela, 1960).
En Alemania, Paulo Chagas (Rio de Janeiro, Brasil, 1953), Luis Mucillo
(Rosario de Santa Fe, 1956) y Gabriel Valverde (Buenos Aires,1957).
En Bélgica, Eduardo Kusnir. En Suecia, el suscrito. En Italia,
nuevamente Hilda Dianda.
QUINCE
De regreso
a la patria grande, conviene dejar claro que es materialmente imposible,
dentro de los límites de un artículo y de la premura
con que ha tenido que ser escrito este, cubrir todos los aspectos
de la creación electroacústica en América Latina.
Hay numerosos compositores, de interesante labor en lo electroacústico,
y numerosísimas composiciones, significativas por una razón
a otra, que no han podido ser revisitadas. Como la desconcertante
producción de Cesar Bolaños (Lima, Perú, 1931),
primer compositor en Buenos Aires del estudio del CLAEM. Como Awasqa,
realizada en 1986 en un estudio privado de La Paz por Cergio Prudencio
(La Paz, Bolivia, 1955), que desafía la sintaxis expectable
mientras explora íntimamente las profundidades de un aerófono
de la tradición quechua-aimara.
Y este la riquísima vertiente que se desencadena gracias
a o a través de los procedimientos electroacústicos
en el enorme ámbito de la música popular, de la tan
creativa música popular que América Latina genera
generosamente día tras día (desde Tom Zé hasta
Jorge Lazaroff o hasta Juan Luis Guerra, por ejemplo) y que -que
más remedio-- escapa a los mencionados límites de
este articulo. Otra vez será.
Notas
1.- Véanse
los planteos que desde distintas ópticas realizan Serge Moreux
(La partition músicale micrognique, 1950), Gunter
Mayer (From music in the media to music for the media: towards
an aesthetics of 'radiogenic' music, 1984) y Chris Cutler (Technology,
politics and contemporary music: necessity and choice in musical
forms, 1984), además de algunos "clásicos"
como el brillante teórico Walter Benjamin (el inevitable
La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica)
o el útil pragmático Fred K. Prieberg (los difundidos
Música de la era técnica, Eudeba, Buenos
Aires,1961, y Música y máquina, Zeus, Barcelona,
196:).
2.- Véanse el breve y preciso artículo de Robert Moog
en el disco de Clara Rockmore, virtuosa intérprete del instrumento
(De los, DEL-25437, Nueva York, 1975).
3.- Véanse entre otros los aportes de Otto Luening y de Gordon
Mumma (en The development and practice of electronic music,
de Jon H. Appleton & Ronald C. Perera, Prentice Hall, Englewood
Cliffs, 1975), de Hugh Davies (en Poesie sonore internationale
de Henri Chopin, Jean Michel Place, París, 1979) y de
Ursula Block & Michael Glasmeier (en Broken music de
ambos, Daadgalerie & Gemeentemuseum & Magasin, Berun &
Dan Haag & Grenoble, 1989). Sobre Russolo específicamente
vale la pena ojear las varias ediciones de sus textos y manifiestos
(especialmente la de Richard-Masse, Paris, 193:, con una ilustrativa
introducción de Maurice Lemâitre, la de L´Age
d´Homme, Lausana, 1975, con presentación de Giovanni
Lista, y la antología de textos futuristas de Arnaldo Monclaclori,
Verona, 1973, a cargo de Luciano De Maria), el artículo de
Barclay Brown (Perspectives of New Music, vol. 20 N°
1/2, New York,1981/1982), los estudios agrupados en 1976 por el
Institut für Wertungsfortschung de Graz para la Universal Edition
(Der musikalische Futurismus), y también el futurismo
de Maurizio Calvesi, Fratelli Fabbri, Milano, 1967 -versión
reducida, 1970-. Sobre Norman McLaren véanse Norman McLaren:
his career and techniques por William E. Jordan (The Quarterly
of Film, Radio and Television, vol. VIII N° 1) y un folleto
de 1959 del National Film Board/Office National du Film del Canada
(Cinéma d´animation sans caméra) que
reproduce un artículo del propio McLaren.
4.- Véanse cronologías en el impresionante volumen
compilado por Hugh Davies (compositor, técnico de grabación
a inventor de instrumentos), Repertoire international des musiques
electroacoustiques/International electronic music catalog (publicado
como Nro. 2/3 de la Electronic Music Review, Trumansburg, 1967).
5.- La bibliografía para este capítulo es a la vez
relativamente abundante en ciertos rubros y dramáticamente
escasa (o difícil de rastrear para el lector común)
en otros. Lo obligadamente sintético de mi planteo no ayuda
mucho, por supuesto. Lo siento.
6.- A partir de aquí utilizo en buena medida como base mis
textos La música electroacústica en Latinoamérica
y Hacia una música electroacústica nuestra
publicados en 1977 y 1978 en los números 1 y 2 de la revista
Ficciones (Montevideo). Me han sido de gran utilidad además
los artículos Panorama de la música experimental
en Chile de Samuel Claro (Revista Músical Chilena,
N° 83, Santiago, I/III-1963), Música electroacústica
na America Latina de Conrado Silva (Art 013, N°
105 /115, Salvador da Bahia, 1985) y La música electroacústica
en la Argentina de Francisco Kröpfl (mecanoscrito, Ill-1986),y
el libro Música contemporanea brasileira de José
María Neves (Ricordi, Sao Paulo,1981). En la primera parte
he seguido los criterios del capítulo correspondiente de
mi Introducción a la música de 1981.
7.- Véase mi reportaje Kröpfl de visita (en
Epoca, Montevideo, 9VII-1965).
8.- Véase el capítulo Engineering heroes en
el trabajo de Gordon Mummaya mencionado, y un reportaje mío
a Reichenbach: El padre de Catalina (en Marcha, Montevideo,
19-II & 5-llI-1971).
9.- Véase el pequeño libro Tradición popular
en la música contemporánea guatemalteca (dos
muestras) de Igor de Gandarias (Editorial Cuttura, Ciudad de Guatemala,
1988), el ensayo de Orellana Hacia un lenguaje propio de Latinoamérica
en música actual (en Alero, 3 época,
N° 24, Ciudad de Guatemala, V/VII-1977), y quizás también
mi artículo sobre Orellana en MusikTexte (N° 43, Köln,
II-1992).
10.- Existe un breve comentario de Francisco Kröpfl sobre esta
obra (mecanoscrito).
11.- Con un breve apéndice en 1977 (Historias para un
movimiento imaginario y Trovas, crónicas y epigramas).
(LULÚ
número 3, Abril de 1992) |