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Acerca del
tercer acto
Friedrich Cerha
A su muerte, ocurrida
el 23 de diciembre de 1935, Alban Berg no había concluido
el trabajo de su segunda opera, Lulú. Su viuda
Helene confiaba en que Arnold Schoenberg terminara esa labor hasta
el estreno de la obra, planeado para tener lugar en Zurich en
noviembre de 1936. Pero Schoenberg declinó la tarea, y
otro tanto hicieron Webern y Zemlinsky. En consecuencia, la obra
debía representarse en Zurich, forzosamente, en carácter
de torso. Se ejecutaron entonces los dos actos completos y, a
manera de epílogo, los últimos dos movimientos de
los Fragmentos Sinfónicos. En esta forma la obra
ha recorrido los escenarios hasta el día de hoy. La representación
tuvo gran éxito, y de ello dedujo Helene (cosa en la cual,
en principio, nadie había pensado) que también ese
torso era escénicamente viable, no siendo siquiera necesario
confeccionar una versión ejecutable del tercer acto. Sólo
cuando comenzaron a acumularse los interrogantes entorno del tercer
acto desde comienzos de la década de 1950, cerró
el acceso a ese material, decidiendo finalmente en su testamento
que nadie habría de ver el tercer acto. El argumento principal
en contra de la conclusión del tercer acto consistía
en señalar que tanto Schoenberg, como Webern y Zemlinsky
habían declinado esa tarea. Tácitamente se insinuaban
razones artísticas objetivas como responsables de tales
negativas. Pero tanto en el caso de Schoenberg como en el de Webern
es posible demostrar que no habían sido esos los motivos.
Todos aquellos que tuvieron ocasión de ver el material
de las fuentes (Krenek, Reich, Redlich, Adorno, Apostel, Zillig,
Perle) consideraron posible su conclusión, o incluso la
calificaron de requisito perentorio.
Las fuentes del tercer acto constan de:
1- Una copia en limpio de la partitura de trabajo, que abarca
el acontecer musical esencial desde el primero hasta el último
compás del acto, y exhibe rastros de múltiples elaboraciones.
2- Material de esbozos correspondiente.
3- Dos grandes tablas de series, que datan de cuando Berg comenzó
a ocuparse de la obra.
4- Una copia en limpio de la partitura de 268 compases del tercer
acto.
5- La partitura de los últimos dos movimientos de los Fragmentos
Sinfónicos, tomados del tercer acto.
6- Una reducción pianística de los últimos
17 compases de la obra, de Berg.
7- Una reducción pianística de todo el tercer acto,
de Erwin Stein.
8- El libreto de Berg.
Mientras
estudiaba esos materiales, la arquitectura global de la obra se
me develó como un organismo sumamente complejo, en el cual
cada eslabón tenía su sentido con vistas a la totalidad.
El desgajamlento de partes debe enmascarar, necesariamente, la función
de los eslabones restantes; y la reproducción de dos actos
ni siquiera permite captar los dos tercios del contenido conceptual,
en tanto no resultan posibles las relaciones, precisamente, con
el todo. Con toda certeza sólo se debe al desconocimiento
del material; para el tercer acto el hecho de que las representaciones
de la. obra, tales como han tenido lugar hasta el presente, no se
reconocieran como lo que eran: un atentado contra uno de nuestros
más grandes dramaturgos musicales. En este aspecto no se
trata de opinión contra opinión, pues son hechos comprobables
los que exigen forzosamente la confección de una versión
ejecutable del tercer acto. Pero, ¿qué habría
de hacerse con el tercer acto?
A) En algunos pasajes, la partitura de trabajo de Berg se revelaba
como necesitada de que se completase su composición:
1 Tres conjuntos constituyen la estructura del primer cuadro. En
el segundo, Berg planeaba una interpolación de 22 compases
para aclarar el dialogo Lulú - Geschwitz, para lo cual anotó
indicaciones exactas.
2 En un pasaje del tercer conjunto no se habían desarrollado
las voces cantadas secundarias, susceptibles de serlo a partir de
la escritura.
3 Falta la armonización tonal de la Canción del
Laúd de Wedekind, que aparece dos veces como cita de
organillo al comienzo del segundo cuadro. Berg sólo desarrolló
los cuatros primeros compases al final del movimiento de las variaciones
de los Fragmentos Sinfónicos.
4 En la mayor parte del cuarteto del segundo cuadro (Lulú,
Geschwitz, Alwa y Schigolch ante el retrato de Lulú) sólo
se ha desarrollado la voz dominante de Alwa; de los restantes tan
sólo se indica el momento de su entrada.
Cierto número de otros puntos que es menester completar reviste
menor magnitud.
B) De los 1.326 compases del tercer acto, sólo existen 390
instrumentados por Berg. La partitura de trabajo contiene, esporádicamente,
indicaciones de instrumentación. Un cotejo sistemático
entre las partituras de trabajo y definitiva de los actos primero
y segundo, así como de las partes orquestadas del tercero,
demuestra que, al instrumentar, Berg se atenía estrictamente
a la partitura de trabajo. Los elementos estructurales propiamente
dichos de Lulú son figuras musicales que se identifican
con contenidos extramusicales. Con ayuda de estas figuras conductoras
constantemente recurrentes, Berg construye una complicadísima
urdimbre de relaciones. Para la instrumentación resultaba
importante examinar todas las figures conductoras en cuanto a sus
posibilidades de transformación sonora, y registrar las condiciones
bajo las cuales se transforman. En total, las tareas que plantea
la instrumentación del tercer acto pueden articularse en
tres grupos. AI primero pertenecen aquellas cuya solución
es unívoca, y se sitúa más allá de cualquier
discusión (por ejemplo, repeticiones textuales de unidades
formales). En el segundo se sitúan todas aquellas partes
cuya realización según las intenciones de Berg se
revelaron como posibles fundándose en investigaciones basadas
en material epistolar. Las tareas del tercer grupo son más
difíciles, y por ende sus soluciones menos consolidadas.
C) Además cabía completar fraseo, articulación
y dinámica, y dilucidar cuestiones de tempo, de ortografía
musical, de tipo de entrada de las voces, y otras similares. También
en este caso, los resultados de un minucioso cotejo de todo el material
epistolar suministraron la base sobre la cual podrían tomarse
decisiones que concordasen con el modo de proceder de Berg.
A pesar de la homogeneidad del estilo personal de Berg, el tercer
acto también contiene elementos que muestran al compositor
en la senda hacia nuevas evoluciones, hacia un pluralismo en su
lenguaje musical. Por un lado hay tendencias clasicistas, que se
originan sobre todo por simplificación de la estructura rítmica,
en especial por reiteración (las variaciones sobre un coral
de la escena Lulú - Marqués del primer cuadro constituyen
un ejemplo de ello), lo mismo que algunas entradas de conjunto que
caricaturizan clisés operísticos en el primer cuadro
("Alle Weit gewinnt" - "Todo el mundo sale ganando",
por ejemplo). Por otra parte, en la simultaneidad de los decursos
musicales en el segundo y tercer conjuntos, en este último
sobre todo en sus construcciones polimétricas, se anuncia
un pensamiento estratificado que señala anticipadamente tendencias
de las décadas de 1960 y 1970. En el tercer acto resulta
Ilamativa la creciente acumulación de formaciones rítmicas
retrógradas en un ámbito estrecho, que acaso representen
programáticamente la inmutabilidad del alma humana, pero
que muestran a Berg, independientemente del empleo de macroformas
retrógradas (en el sexteto del primer acto y en la música
cinematográfica del segundo), en camino hacia la construcción
rítmica en el ámbito de las microformas.
(Extraído
de las notas para la grabación Deutsche Grammophon de la
primera versión completa de la ópera Lulú.
Teatro Nacional de la Ópera de París, 1979, dirección
de Pierre Boulez.)
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991. Traducción de León
Mames) |