Ópera
de Alban Berg, según las tragedias El espíritu
de la Tierra" y La caja de Pandora de Frank Wedekind
PRÓLOGO
UN DOMADOR
(de frac rojo bermellón, corbata blanca, calzas blancas y
botas de montar, con un látigo en la mano izquierda y un
revólver en la derecha) surge por detrás del telón,
que semeja la entrada de una tienda.
¡Adelante,
pasad a nuestro zoológico,
Arrogantes señores, exultantes damas!
Para contemplar, con fogoso deleite
y gélido horror, la desalmada criatura
domada por el genio de la raza humana.
¿Qué
véis en comedias y tragedias?
Animales domésticos de óptimos modales;
que desahogan sus instintos con insulsa dieta vegetal
y se regodean en placentero lloriqueo,
como esos otros... allí abajo, en la platea.
La verdadera bestia, la bella fiera salvaje,
ésa, ¡señoras mías!, tan solo aquí
habrán de verla.
Veréis
al tigre que, cual es su costumbre,
devora cuanto está al alcance de su salto,
al oso, glotón desde un principio,
desplomándose muerto en su tardía cena.
Veréis al pequeño y divertido simio
haciendo humo su arte, de puro tedio.
Talento tiene, mas, por carecer de grandeza,
impúdicamente con su desnudez coquetea.
Veréis en mi tienda, a fe mía,
un camello, apenas transpuesta la cortina.
Veréis
también sabandijas de todas las regiones:
reptiles, lagartijas que en las grietas moran.
Veréis el cocodrilo y otros más...
(aparta
el telón y grita hacia el escenario)
¡Eh, Augusto! ¡La serpiente aquí me traerás!
Un tramoyista
barrigón sale al proscenio, trayendo en brazos a la
actriz que representa a Lulú en su traje de Pierrot (el de
la escena
siguiente), y la deposita frente al Domador.
Fue creada para acarrear desgracias,
para tentar, seducir, emponzoñar,
y, sin que se lo advierta... para asesinar.
(Acariciando
el mentón de Lulú):
¡Mi dulce animalito, no te andes con remilgos!
No tienes derecho, con tus pavoneos y maullidos
a dislocar la imagen femenina primigenia.
(al público)
Aún nada en especial hay para ver,
pero esperad a lo que habrá de suceder.
¡Vamos , Augusto, andando! ¡Llévala a su lugar!
(EI tramoyista
carga a Lulú transversalmente en brazo; el Domador
le palmotea las caderas)
¡La dulce inocencia! -¡mi mayor tesoro!
(El tramoyista
se lleva a Lulú al escenario)
Y aún queda por mencionar lo mejor:
mi cabeza entre los dientes de una bestia feroz.
¿Sabéis el nombre de ese temible animal?...
Respetable público... ¡Adelante, pasad!
(Retrocede tras el telón, el cual se abre de inmediato)
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991. Versión de León
Mames) |