BazarAmericano.com

Han pasado...

Federico Monjeau

...siete meses desde la muerte de Juan Pablo Renzi, a los 52 años, y esa muerte continúa siendo inasimilable. No habíamos notado ningún signo; su fatiga nos parecía más o menos la misma que la de cualquiera de nosotros o, en todo caso, una consecuencia natural de la energía física e intelectual que desplegaba en su trabajo. La fuerza de sus ideas nos arrastraba en una infinita cadena de asociaciones. Me refiero en principio a sus ideas gráficas: apenas podíamos entrever todo lo que había por detrás de cada una de sus imágenes, de sus decisiones sobre tal o cual tipografía, de una definición de color. Su dispositivo crítico no era menor que su genial intuición estética. Su teoría de los colores, por ejemplo, que incluía un exacto conocimiento histórico de todas las teorías, nos excedía por completo. Es difícil imaginar una sensibilidad de color más fina que la suya. En sus cuadros desde luego esa cualidad se encuentra magnificada; no me refiero sólo a sus cuadros abstractos, en los que presumiblemente el color está obligado a una construcción muy específica, sino también a su pintura representativa. Aún cuando no sea posible hablar sobre pintura con suficiente propiedad, se me ocurre que unos cuadros no son mas realistas que otros. No olvido la conmoción que me produjo su retrato de Schiavoni, El señor de los naranjos, cuando lo vi por primera vez en su estudio de la calle Bolívar. Una precisa descripción de ese cuadro proporcionaría el material para un tratado crítico sobre realismo.
Su relación con Lulú no se detenía en la elaboración de imágenes. Es justo recordar, como un episodio entre otros de nuestras demoradas conversaciones sobre cuestiones editoriales, que el título del primer artículo editado por la revista, el primer título decidido por la revista fue idea de Renzi. Era una entrevista a Tauriello y tenia el mérito -por parte de Tauriello- de no apoyarse en ninguna frase hecha, ni siquiera en una frase más o menos redonda o cadencial. No queríamos ceder a la resolución, a la clave interpretativa que tienden a dar los títulos. Leíamos la entrevista en voz alta una y otra vez hasta que Renzi, que acababa de Ilegar a la oficina; detuvo la lectura y repitió entre carcajadas una frase de Tauriello: ése es el título, señaló. Era una frase larga, desajustada; un auténtico fragmento, no un aforismo. Observé que me parecía muy larga y Renzi me preguntó qué problema había en ello. De modo muy simple, se abrió una nueva perspectiva. Renzi conseguía sustituir la lógica periodística por una lógica más elevada. Creo que los mejores aspectos de la revista están íntimamente asociados a Renzi, no pocas veces decididos por él. El problema es ahora cómo continuar con y sin él al mismo tiempo.

(LULÚ número 4, Noviembre de 1992)