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Miles in the
sky
Rafael Filippelli
Quiso
ser un músico popular; también quiso ganar dinero
con lo que hacía y logro las dos cosas. Como Duke Ellington,
supo desde el comienzo que formaba parte del mundo del espectáculo
y pretendió tener una parte en los beneficios materiales.
Pero para obtener esos beneficios nunca concedió. A diferencia
de otros músicos de jazz, Miles Davis no fue populista. Pretendió
ampliar el espacio de su audiencia pero no tocó lo que le
gustaba a la gente; confió siempre en su propio gusto y no
miró a su alrededor para ver que hacía el de al lado.
No se preocupo por estar a la moda: más bien la fue inventando
en cada uno de sus múltiples cambios. Pensaba que, en la
medida en que el confiara en la validez de cada nuevo riesgo, esa
confianza se extendería a los que lo escucharan y mantuvo
esa convicción hasta su muerte. Por su personalidad creadora
y siempre cambiante, Duke Ellington lo equiparó a Picasso
y, aunque la expansiva frase de Ellington suene un tanto desmesurada,
Miles Davis, siempre solo, corriendo riesgos e incitando a los demás
a que los corrieran, ha bsido uno de los músicos más
versátiles e influyentes de la historia del jazz.
Aunque no su fundador, fue miembro activo de la revolución
bop de la década del cuarenta, el principal impulsor del
cool jazz en el cincuenta; luego, en los sesenta, el director del
quinteto más hot desde los Hot Five de Louis Armstrong; en
los setenta, alcanzo la síntesis del fusion a través
de música electrónica salpicada con rock, jazz, blues
y la soledad de su propia trompeta; decidió callar entre
1975 y 1980: "Si alguna vez siento que voy llegando a un punto
en que ya no voy sobre seguro, me detendré"; finalmente,
en su último período, desde 1981 hasta su muerte diez
años después, trató de buscar en la música
pop una nueva fuente de inspiración que ya no encontraba
en el jazz.
Si bien hoy las cosas parecen ser diferentes, hallar un sonido que
fuera propio fue siempre una búsqueda ejemplar de los músicos
de jazz. Los actuales, en cambio, exhiben como mérito central
poder tocar todos los sonidos y, lo que es muy significativo, todos
los estilos (el ejemplo paradigmático serían los hermanos
Marsalis). Desde Armstrong y Coleman Hawkins hasta Gillespie, Parker,
Coltrane o Cecil Taylor, el sonido personal fue un requisito en
la constitución de los músicos de jazz. En el límite,
se podría decir que el sonido fue el arte del jazz. Tocar
en el transcurso de una noche sucesivamente "a la Coltrane",
"a la Lester Young" y "a la Ornette Coleman"
es precisamente lo contrario, es tener todos los estilos y todos
los sonidos, como si estos nuevos músicos nos avisaran que
la diferencia y la individualidad han dejado de ser un valor.
Miles Davis tuvo una actitud exactamente contraria a esta reiteración
que atraviesa el jazz actualmente hegemónico. Aunque por
distintos caminos que otros (Coltrane, Coleman, Taylor) no se detuvo
nunca en su búsqueda de nuevas formas musicales. La exploración
de distintas sonoridades, armonías, timbres y su permanente
apertura para relacionarse con otras expresiones musicales, populares
o cultas, han definido no solo su camino de casi cincuenta años
sino el valor del jazz como la música popular mas importante
de este siglo.
Ya en 1945, en las primeras grabaciones con Parker, se pueden encontrar
los elementos que irían definiendo su estilo y su sonoridad.
En sus versiones de Out of Nowhere o Embraceable
you", comparadas con las contemporáneas de Dizzy Gillespie
o Fats Navarro, todas con Charlie Parker y sin cambios sustanciales
en los ejecutantes de la base rítmica, ya se puede ir viendo
cómo se constituye su estilo. A la forma barroca, basada
en el uso de muchas notas rápidas y la preferencia por los
agudos de Gillespie o Navarro, Miles Davis opondrá una técnica
austera, de pocas notas y sin vibrato, fundada en sutilezas, restricción,
moderación y un gran dominio de sí mismo. Años
más tarde dirá: "No hay que tocar todas las notas,
hay que tocar solo las lindas".
Se podría pensar que su inexperiencia y una técnica
escasa (en ese momento tenía 18 años) no le permitían
tocar los agudos de Gillespie ni tener su digitación, y;
en ese sentido, su estilo se habría constituido en lucha
con sus propias limitaciones. Sin embargo, más allá
de las limitaciones de los comienzos, parecería más
pertinente encontrar en ese estilo y en ese sonido la estructura
de un pensamiento musical. Si bien Miles Davis no podía tocar
como Gillespie, lo relevante es que no quería tocar de ese
modo en la medida en que ese sonido, el de Gillespie o el de Navarro,
interfería con sus propias ideas. Comenzó casi sin
sonido para ir precisando poco a poco uno adecuado a lo que quería
expresar. Luego lo fue alterando paralelamente a sus cambios musicales,
pero mantuvo siempre lo básico: un estilo introspectivo,
aunque nunca sentimental, una gran valorización de los silencios.
la pureza de un sonido y permanentes cambios y giros de ritmo. Como
alguna vez lo definió Pierre Boulez: "solapado, como
alguien que lo llama a uno desde la otra orilla".
Es evidente que Miles Davis definió las estructuras básicas
de su música durante su período junto a Charlie Parker.
Como Parker era el líder de la agrupación, Miles Davis
encontraba en su posición de soporte las mejores condiciones
para pensar más claro. Cuanto más tocaba con Parker
más se daba cuenta de que tenía que ser cuidadoso
en la elección de sus notas: no podía tocar cada una
en cualquier rango. Esa convicción define su apuesta futura:
tocar en contraste con la velocidad y el estilo barroco de Parker,
actitud que más tarde repitió, aunque como líder,
frente a los saxos de John Coltrane y Wayne Shorter. Sus primeros
solos (los ya citados de Out of Nowhere" y Embraceable
you, pero tambien e My old Flame y, sobre todo, Night
in Tunisia, donde decide no tocar, el clásico solo de
Gillespie como antes Fats Navarro y luego Clifford Brown repitieron)
aparentemente simples pero perfectos, van definiendo a un músico
menos signado por la voluptuosidad o la desesperación que
por la más absoluta soledad. Su trompeta ha sido tal vez
en la historia del jazz el instrumento que más sutilmente
habló de la soledad, una soledad orgullosa, pero no por eso
menos invencible.
Miles Davis encontró finalmente el sonido propio pero, como
ha dicho Gil Evans, su compañero de algunas de las aventuras
más fascinantes y controvertidas de la historia del jazz,
"A diferencia de otros músicos que una vez que lo han
logrado mantienen ese sonido más o menos constante, dado
que cualquier variación proviene de la selección efectiva
de las notas, de las estructuras armónicas y los tratamientos
rítmicos, Miles, en cambio, sabe percibir la totalidad de
lo que Io rodea y sacar partido de la amplia gama de posibilidades
sonoras que existen incluso en el propio sonido básico. En
otras palabras, es capaz de crear un sonido particular para cada
contexto. La calidad de cierto acorde, su tensión o la ausencia
de tensión, pueden llevarlo a crear el sonido adecuado. Puede
poner su propia sustancia, su propia carne en una nota, y después
colocar esa nota exactamente donde corresponden”.
Resulta claro que en su período de formación junto
a Charlie Parker (1940-1948), Miles Davis tocaba menos de lo que
pensaba y escuchaba. Estaba más preocupado por encontrar
su propia música, que por demostrar lo que era capaz de hacer
con su instrumento. Tanto es así que mientras junto a Gil
Evans preparaba su primera revolución, The birth of the
cool (1949-1950), al ser invitado a formar parte de los Metronome
All Stars tocó como no se creía que podía hacerlo.
El conjunto incorporaba tres trompetas, Gillespie, Navarro, Davis,
y en la grabación de Overtime' se pueden escuchar
tres solos consecutivos de cada uno de ellos sin que pueda precisarse
exactamente cuando termina el de uno y comienza el del otro. A propósito
de esta grabación Gillespie dijo: "Cuando la escucho
ni yo me doy cuenta quién es quién dado que los tres
sonábamos muy parecido". Aunque el propio Miles Davis
acota un poco más el problema: "Cuando tocamos juntos
sonamos parecido pero cuando lo hacemos por separado ya no sucede
lo mismo". Miles Davis liberó toda su potencialidad
cuando estuvo preparado para hacer su propia música. Muy
probablemente los otros dos ejemplos de músicos que constituyeron
su estilo a los codazos, formándose previamente con los líderes
indiscutibles, de su época para desarrollar luego su verdadera
música, hayan sido Louis Armstrong en relación a King
Oliver y John Coltrane en relación al propio Miles Davis.
The birth of the cool, la primera vez que Miles Davis dirigió
un conjunto propio, fue tal vez la más clara evidencia de
lo que pensaba. La música debe estar en movimiento, no detenerse,
y la única manera de conservarla es moverse con ella. Ante
el peligro de esclerosamiento del bop, Miles Davis, junto a Gil
Evans, convoca a músicos jóvenes, la mayoría
blancos, Gerry Mulligan, Lee Konitz, Kai Winding, y algunos otros
de la tradición bop como Max Roach; le da una importancia
decisiva a la escritura y, sobre todo, a los arreglos; cambia las
armonizaciones y el sistema de acordes; "enfría"
el "alma" del bop y, fundamentalmente, incorpora una concepción
de totalidad que contrasta con el breve planteo del tema en las
aperturas y cierres, para contener la continuidad de solos, que
definían el jazz anterior.
Uno de los rasgos que emparentó a Miles Davis con Duke Ellington
fue asegurarse un lugar desde donde pensar el desarrollo de su propia
música. Ellington lo encontró en su orquesta y Davis
en sus sucesivos quintetos de !as décadas del cincuenta y
sesenta. Ellington mantenía contratados a sus músicos
durante todo el año (aunque por largos períodos no
tocaran en público), convencido de que sus propias composiciones
y arreglos solo se podían probar y definir con precisión
tocándolos constantemente, a lo que se agregaba el beneficio
secundario que cada uno de los solistas aportaba en los espacios
que los arreglos le asignaban. Al igual que Ellington, Miles Davis,
un músico cerebral, creía que no todo debía
quedar librado a la inspiración del momento.
Para la época en que Miles Davis comienza a pensar en armar
un conjunto estable, su participación en grabaciones y actuaciones
variadas al lado de algunos músicos que influirán
sobre el (Thelonious Monk) y otros sobre los que él influirá
definitivamente (Horace Silver, Percy Heath, Jackie McLean) lo convierten
en uno de los líderes indiscutibles de las próximas
dos décadas. Si se hace un repaso de los músicos con
los cuales había tocado entonces, su ideal para el futuro
quinteto podía definirse a partir del estilo impulsivo de
la batería de Art Blakey; un pianista en las antípodas
de Monk, que ocupaba su mismo lugar musical, con silencios cortados
por breves irrupciones de pocas notas; un bajo como Percy Heath,
de ritmo duro en acompañamiento y melódico en los
solos; y un socio en el saxo que funcionara para el como lo había
hecho Parker, lugar que Davis pensaba para Sonny Rollins. Pero Blakey
forma sus después famosos Messengers, Heath funda junto a
John Lewis el Modern Jazz Quartet y Rollins se va a tocar con Monk.
Por lo tanto Miles Davis tendrá que pensar su quinteto desde
cero.
Como resultado de una imposibilidad o por propia decisión,
hoy poco importa, Miles Davis dejará de tocar con músicos
de su misma edad o mayores, comenzará a influir sobre una
nueva generación de músicos y será permeable,
a su vez, a la influencia que los jóvenes ejercerán
sobre él hasta el final. Aparecerán entonces Red Garland,
un pianista extrovertido y de ritmo muy marcado, a quien Miles Davis
irá formando a su gusto, sobre todo empujándolo a
tocar "a lo Ahmad Jamal", el mítico "cocktail
piano" que, sin ser estrictamente un músico de jazz,
fue muy reconocido por pianistas y no pianistas de la época;
Philly Joe Jones, un baterista agresivo, brillante, de un swing
verdaderamente polirítmico y con el fuego que Miles Davis
necesitaba ("no hay nada peor que tocar con una sección
rítmica apagada"); Paul Chambers, un bajo de ritmo implacable
y gran lirismo en los solos; y John Coltrane, un saxo tenor poco
reconocido y muy resistido para esa época, que formó
con Davis una de las duplas más productivas del jazz y que
muy poco tiempo después se convirtió en uno de los
más grandes de la historia de esta música. Este quinteto
fue desde donde Miles Davis pensó y desarrolló su
obra hasta su próximo cambio. Fue la segunda revolución
y, así como The birth of the cool marcó todo
el jazz que se hizo inmediatamente después, este nuevo giro
de Davis abre una nueva época que se va a prolongar en los
años siguientes.
Ese conjunto se convirtió rápidamente en leyenda y
aun hoy, cuando las vanguardias jazzísticas parecen desorientadas
sobre las direcciones para ampliar el campo de lo posible, y la
mayoría de los músicos trata de volver a lo previamente
consolidado, lo que se escucha hegemónicamente es aquello
a lo cual ese quinteto había arribado treinta y cinco años
atrás.
Si bien la entrada de Bill Evans por Red Garland modificó
el estilo funky del piano por otro más interior e impresionista,
y la entrada de Jimmy Cobb por Philly Joe Jones volvió a
la batería menos dinámica pero con un sonido más
claro, la estructura musical del conjunto no cambió sustancialmente.
Una vuelta a los solos, muy largos, complejos y voluptuosos en el
caso de Coltrane, más ascéticos y parcos en Davis,
más líricos en Evans, pero en todos los casos con
un trabajo mayor sobre la melodía. La improvisación
ya no gira exclusivamente sobre la armonía, y este nuevo
escalón del avance musical de Davis cambio el desarrollo
de infinitos acordes para moverse en otra dirección: trabajar
sobre temas de líneas más fáciles y fluidas
que permiten que los músicos, fundamentalmente los solistas,
puedan elegir entre la melodía y los acordes con una mayor
libertad. Esta concepción comienza prácticamente a
dar vuelta la sección rítmica (situación que
se completará decisivamente en el próximo quinteto),
aunque esta mayor libertad de la base mantiene algunas diferencias
según quien sea el eventual solista: detrás del estilo
melódico y cargado de silencios de la trompeta del líder
hay más espacios para Ilenar; detrás de la exuberancia
del saxo de Coltrane la sección rítmica se vuelve
más compulsiva. Miles Davis amplía su concepción
del espacio haciendo del silencio mismo una parte esencial de su
nueva música y redefine lo que luego se va a Ilamar el estilo
post bop.
La síntesis productiva de un repertorio que alternaba baladas
y blues (Stella by Starlight, Round about Diidnight,
My Funny Valentine), viejos standards bop y las nuevas
composiciones del propio Miles Davis (Two bass hit, Ah-Lew-Cha,
Tune up, All Blues) convirtió al quinteto,
que algunas veces se vuelve sexteto con la incorporacion de Cannoball
Aderley en saxo alto, en un punto de referencia clásico entre
la ortodoxia y lo progresivo.
La vida musical de Miles Davis y del jazz en general estuvo signada
por la tensión generada en algunos encuentros. No solo es
el música de jazz que tuvo la mejor relación creadora,
de ida y vuelta, con la mayoría de los músicos que
tocaron con él: también se podría afirmar que
la música de Miles Davis surge precisamente de esa relación,
a partir de sus sucesivos encuentros con Parker, luego con Coltrane,
después con los músicos del quinteto de los sesenta
más tarde con los músicos de rock, que no parecen
haber tenido el impulso de seguir explorando en el camino iniciado
junto a él, finalmente con Marcus Miller y siempre con Gil
Evans. Solo como ejemplo, Bill Evans y Coltrane influyeron en la
forma en que sonó Kind of Blues (tal vez el disco de jazz
más hermoso de todos los tiempos), pero a la vez Davis influyó
en todos los tríos posteriores de Evans y en la cumbre del
estilo Coltrane de la década del sesenta.
Sin duda, la ida de Coltrane y la posterior disolución del
grupo deja a Miles Davis nuevamente solo y la expresión concisa,
sucinta y breve de su trompeta vuelve a ser el centro de su música
por un tiempo. Entonces aparecen definitivamente los jóvenes
en la música de Miles Davis. Tony Williams, un baterista
de 17 años que combinaba el polirritmo de Philiy Joe Jones
con las formas del "new thing", o sea, del free jazz.
Ron Carter, un bajo de 24 años, de una técnica impresionante
y una capacidad obsesiva y sorprendente en el acompañamiento;
Herbie Hancock, 23 añoos, un pianista que combinaba el estilo
brillante y melódico de Red Garland y la impronta impresionista
de Bill Evans, técnicamente perfecto, de un touch muy elegante,
que a pesar de la combinación de estilos no era un ecléctico
y, como acompañante, parecía adivinar y anticiparse
a lo que iba a hacer el solista en su improvisación; finalmente,
después de probar a George Coleman y Sam Rivers, Wayne Shorter,
un saxo tenor inspirado en Coltrane pero con más apego a
la melodía y más propenso al sonido de Miles Davis.
Este es el nuevo quinteto desde el cual Davis va a pensar y desarrollar
su música futura hasta el encuentro con la música
rock.
Bajo la influencia de estos jóvenes músicos, Miles
Davis produce un nuevo cambio, uno de los más radicales de
la historia del jazz, tal vez su último estrictamente jazzístico,
todavía alejado de todo tipo de fusión. A modo de
digresión, conviene aclarar que este quinteto (1963-1968)
coexistió con el movimiento avant garde del free jazz (Ornette
Coleman, Don Cherry, Cecil Taylor, Eric Dolphy, Archie Shepp) y
que ambas Iíneas, en algún punto, se emparentaron
más de lo que se ha dicho y de lo que el propio Davis concedió
explícitamente. Al escuchar en una misma audición
de grabaciones a algunos de los integrantes de este movimiento dijo:
"Es Dolphy, nadie en el mundo puede sonar peor"; de Taylor:
"Sáquelo, es pura mierda, apretar el pedal del piano
y tocar muchas notas me parece antiguo", y de Shepp: "El
mismo debería darse cuenta de que su sonido es horrible".
Cecil Taylor, en cambio, mantuvo una actitud más equilibrada
al reconocer que hasta ese quinteto no se había logrado un
efecto tan estimulante sobre la sección rítmica. “La
concepción que Miles tiene del tiempo da mayor libertad rítmica
a los otros músicos. Su sentido es tan intenso que impone
un tremendo impulso al baterista, al bajista y al pianista juntos,
obligándolos a poner en juego toda su capacidad técnica
y, por su propia fuerza emocional, los compele a comunicar toda
la emotividad de la que son capaces."
Es muy probable que las citas precedentes iluminen en parte el problema.
Resulta evidente que un músico que sugería "no
tocar todas las notas sino solo las lindas”, no puede compartir
el uso de infinitas notas tocadas en todas las escalas y acompañadas
de sonidos "sucios" y "desagradables" Pero por
otro lado, al escuchar, entre otros muchos temas, por ejemplo Walkin,
en la versión de 1965, en el Plugged Nickel de Chicago, se
puede percibir como el sonido y el fraseo de la trompeta han cambiado
los tonos cálidos y las notas cuidadosamente elegidas de
los años cincuenta por tonos duros y reiterados que evocan
un gran parentesco con las formas de Ornette Coleman y Don Cherry.
La diferencia, como señala Cecil Taylor, está en la
nueva concepción de la base rítmica impuesta por Miles
Davis. Las texturas del sonido de Tony Williams abandonan la tradicional
marcación del tiempo asignada al baterista, que recaen sobre
el infalible bajo de Ron Carter, llevan a Hancock a usar el piano
como una tercera voz, menos preocupada por proveer contextos armónicos
que por incorporar ritmo (muy similar al uso percusivo del piano
de Cecil Taylor) y lanzan a Miles Davis a tocar la trompeta con
un virtuosismo que no había usado anteriormente y a extender,
en correspondencia, su registro.
Esta música, por momentos experimental y por momentos de
una gran libertad controlada, va abandonando en su desarrollo el
use de baladas y standards, que Miles Davis prácticamente
no volverá a tocar hasta su muerte. Los nuevos temas son
escritos por todos los integrantes del quinteto y retrabajados por
el líder con la idea de reducir al máximo la complejidad
armónica y simplificar los elementos de la melodía.
En su gran momento, los vientos repiten al unísono una y
otra vez el tema en larguísimos pasajes, mientras la sección
rítmica, sobre todo el piano y la batería, tocan intrincadas
frases en respuesta al tema, de modo tal que quien escucha siempre
espera que la música aparezca y al final se da cuenta de
que esa música sucedió todo el tiempo.
Desde entonces hasta ahora la música de jazz se ha debatido
en una encrucijada muy difícil de superar. Se había
avanzado mucho en muy pocos años y se habían llevado
las cosas muy lejos. Menos de treinta años habían
pasado desde la revolución bop de los años cuarenta
y aquí están Miles Davis y sus álbumes Nefertiti,
Miles in the Sky y In a Silent Way; Cecil Taylor
experimentando con música atonal; los músicos del
free exigiendo que a su música ya no se la llamara jazz sino
música afroamericana, usando sus instrumentos para producir
sonidos agresivos (Albert Ayler decía "ya no se trata
de tocar notas" y Ornette Coleman llego a tocar con un saxo
de juguete); Coltrane; que muere en 1967, en el momento de Ascensión,
obra de una intensidad casi insoportable, guiado por su búsqueda
mística a través de la música oriental. Demasiado
lejos del público, lo cual no es muy importante dado que
el público puede esperar para comprender, pero a una distancia
sideral, infranqueable, del resto de las músicas populares
existentes.
De esta época es el último momento productivo de la
música de Miles Davis, y muy probablemente (ambas cosas son
ciertamente opinables) de la música de jazz a secas. Es el
período que comienza con Bitches Brew (1969) y se
prolonga hasta 1975, entre otros con On the Corner, Circle in
the Round y Pangaea, signado, entre otras cosas, por
el pasaje de los pequeños clubes a las grandes audiencias.
Se lo llamó jazz-rock o electric fusion music, y la banalización
de este intento de "cruces" es lo que hoy se puede escuchar
en los clubes y salas de concierto de Nueva York dedicados a este
tipo de música.
Es, a mi modo de ver, un intento tironeado por la necesidad de no
congelar el desarrollo de una música que parecía haber
encontrado sus propios límites y por el deseo de Miles Davis
de convertirse en un músico popular. Así, va construyendo
una pequeña orquesta electrónica que, aunque sufre
algunas variaciones, estaba compuesta por hasta tres pianos eléctricos
(alternativamente Herbie Hancock, Joe Zawinul, Larry Young, Chick
Corea y Keith Jarret), bajo acústico (Dave Holland), guitarra
eléctrica (John Mc Laughlin, que combinaba el lenguaje de
Coltrane con el de Jimi Hendrix), dos baterías y percusión
(Jack De Johnette, Lenny White, John Riley, Charles Alias y Al Foster),
saxo soprano (Wayne Shorter, Steve Grossman, Sonny Fortune), clarinete
bajo (Bennie Maupin) y la trompeta del propio director. Las fusiones
se multiplican, y sobre todo con músicas étnicas (que
Davis había empezado a explorar en la década del cincuenta
con Sketches of Spain), pero donde también confluven el free
jazz (en los solos de Corea que sonaban como versiones electrónicas
de Cecil Taylor, y también en la improvisación colectiva,
aunque planteada de modo que los instrumentos trabajaban juntos
en una suerte de caleidoscopio de sonidos); el ritmo de percusión
latina, los solos declamatorios de Davis a traves del Whah-Whah
de su trompeta, también electrificada, los staccatos y el
dramatismo de una música espacial. El crítico Gene
Williams describió así una de aquellas actuaciones:
"Era coma si Miles condujera a su grupo de exploradores a través
de una densa selva electrónica. Al advertir un claro, Davis
hace una señal, extendiendo los dedos, y el grupo se detiene
y se queda inmóvil mientras un saxo soprano, o una guitarra,
o incluso la trompeta del líder se adelanta, sola, para contar
lo que ve. El director escucha mientras decide el camino. Con el
cuerpo arqueado, marca con la cabeza el ritmo deseado, hace una
seña y el grupo sigue y reinicia el viaje. Notas y frases
configuradas electrónicamente, que se responden en ecos y
reverberaciones, forman el follaje extraño v hermoso de los
marcados ritmos vitales de Miles Davis".
Miles Davis no tocó nunca más jazz y reapareció
como músico pop en 1981. Se sabe que durante su retiro solo
tocaba el piano y que no tocó la trompeta en cinco años.
También se sabe que trabajo sobre tres músicas: las
texturas electrónicas de Stockhausen, el lirismo de Tosca
y el ritmo eterno de los blues de James Brown.
En esta última época, a pesar de los cambios en la
dirección de su música, más cerca de Prince
que de cualquier otro músico de jazz, sin embargo no se convirtió
en un músico folclórico ni mucho menos concesivo,
pero es evidente que, a partir de una música quo no encontraba
un lugar preciso ni en sus orígenes ni en la música
culta contemporánea, prefirió convertirse en un artista
pop, antes que repetir lo que ya había hecho.
En 1987, en la ciudad de Washington, vi par primera y única
vez a Miles Davis. Tocó la música de Tutu,
en aquel momento su último disco. Confieso que no me gustó
demasiado: ni los fenders haciendo un ritmo minimalista, ni las
evocaciones de Philipp Glass, ni la falsa obsesividad de la percusión,
ni el público que lo escuchaba, ni la forma en que estaba
vestido. Y, sin embargo, cuando en un momento de su actuación,
tocando Portia, hizo callar a sus fóbicos acompañantes
electrónicos, y recostado en un borde del escenario se entregó
a un solo con sordina, una vez más sin vibrato, de pocas
notas, lleno de sutilezas y moderación, me pareció
que estaba escuchando otra vez My Funny Valentine.
(LULÚ
número 3, Abril de 1992) |