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El chiaroscuro
de Mozart
Nikolaus Harnoncourt
Quizá
ningún intérprete de nuestro siglo ha suscitado más
polémicas que Nikolaus Harnoncourt. A lo largo de 3O años
de intensa actividad, el director austríaco reveló
con profunda originalidad nuevas formas de interpretación
de la música barroca y clásica. Ya sea utilizando
instrumentos de época o modernos, y cubriendo un extenso
repertorio que transita por Monteverdi, Bach, Händel, Haydn,
Mozart y Beethoven, su labor ha sido siempre seguida con pasión
por una crítica eternamente dividida. Más allá
de sus presentaciones públicas y de sus registros, que muestran
en todos los casos a un intérprete profundamente cuestionador
de la rutina, es también en sus ensayos donde Harnoncourt
brilla por su audacia. El que hoy se publica fue originalmente incluido
en su libro El diálogo músical (The
Músical Dialogue, Londres, Christopher Helm, 1989). Con
algunas posteriores alteraciones se publicó (bajo el título
Mozarts chiaro-oscuro; Orchesterbesetzungen) en el programa
de mano que acompañó a su primera presentación
como director de la Orquesta. Filarmónica de Berlín,
en un concierto llevado a cabo en Berlín el 27 de septiembre
de 1991.
Mozart
ocupa una posición única en la consideración
actual del clasicismo músical. El típico cliché
sobre el clasicismo vienés es el siguiente: Beethoven -el
salvaje impetuoso genio que rompió toda forma convencional-
es el centro. Todos los otros compositores o bien conducen a él
(Haydn y Mozart), o continúan la tradición volviendo
a él (Brahms). Haydn, el trazador de caminos, que exploró
]as posibilidades inherentes a las formas sinfónicas y que
ocasionalmente alcanza un poder y grandeza "casi beethovenianas"
en sus últimas sinfonías. Mozart, el sensible genio
juvenil que siempre permanece en el ámbito de la armonía
apolínea. En su música no se encuentran asperezas
ni grandes contrastes. Puede ser ejecutado por una pequeña
orquesta. Todo es natural y poseído por una perfecta armonía.
Una gran emoción, un gran contraste en una interpretación,
podría alterar esa armonía. Es romántica y
por lo tanto no mozartiana. Schubert, por el contrario, es considerado
como un romántico puro y lírico. No se necesitan grandes
contrastes para interpretar su música, pero por otras razones.
No es un "dramaturgo"; el ímpetu beethoveniano
no es su meta. Esta división conocida, encontrada con numerosas
variantes, es más incorrecta que correcta. Dada la multiplicidad
de posibilidades legítimas de interpretación, es imposible
que tales preconceptos expresen únicamente opiniones incorrectas,
pero toda esta visión está distorsionada y con frecuencia
equivocada. Un compositor no necesita ser un dramaturgo en el sentido
de ser dotado para el teatro para poder expresar contrastes "dramáticos",
en su música. Schubert no es por cierto un compositor operístico,
por lo que en este sentido no es dramático. Sin embargo,
sus partituras piden más explosiones dramáticas que
las de cualquiera de sus contemporáneos. Si estudiamos las
partituras autógrafas de Schubert, no las ediciones que fueron
suavizadas y pulidas por el círculo de Brahms, encontraremos
crescendos extremos de ppp a fff que inmediatamente
caen, sin diminuendo transicional, al más suave ppp.
Los acentos de Schubert, que él a menudo prescribe de manera
muy sofisticada para variados grupos instrumentales, son los más
abruptos de cuantos hayan sido escritos en su tiempo. La instrumentación
usando trompetas, cornos y trombones, típico de Schubert,
pero de ninguna manera "normal" para su época,
añadiendo todo a las maderas, subrayan estos extremos dinámicos.
Debemos recordar que los metales de entonces no poseían el
sonido redondo, pleno, de los instrumentos de la actualidad. Sonaban
agudos y estruendosos en los fortissimo. Las partituras de Schubert
están llenas de estridentes dinámicas; su música
siempre me recuerda a la de E.T.A. Hoffmann. En medio de, y entre
estas explosiones, el efecto de los tiernos a infinitamente Iíricos
pasajes es extremadamente sensible y conmovedor. Con la excepción
de los intérpretes de música de cámara, los
intérpretes modernos por lo general siguen la vieja edición
Schubert "atemperada" por Brahms. Ellos inclusive suavizan
cualquier remanente áspero y temible. La imagen de Schubert
que la mayoría de los amantes de la música cultiva
está basada en un infinito número de interpretaciones
de ese estilo. Creo que una hipotética interpretación
auténtica de Schubert -que nunca ha ocurrido, desgraciadamente-
sería inmediatamente rechazada con indignación como
"no schubertiana". "iDespues de todo, Schubert no
es Beethoven!"
Lo mismo sucede con Mozart. Su música, tal como es interpretada
hoy, corporiza el más alto nivel de serena y alegre armonía.
Se reservan los elogios para interpretaciones caracterizadas por
una perfección celestial, significando esto libre de tempos
comprometidos por tensiones. Estos, como las dinámicas, deben
ser absolutamente "naturales". Nada de conflicto, nada
de desesperanza: esta música es reducida a una sonrisa sabia
y a una armonía perfectamente sedante. Una interpretación
que ignora esta convención santificada es "no mozartiana"
porque (nuevamente) desplaza a Mozart muy cerca de Beethoven.
Para mí la música de Mozart es tan perfecta no solo
porque contiene todos estos elementos, sino también porque
lleva infinitamente otros más. Abarca la plenitud de la vida,
desde la angustia apesadumbrada hasta la más pura alegría.
Expresa los más amargos conflictos, a menudo sin ofrecer
una solución. Puede ser directamente chocante cuando nos
muestra nuestro reflejo en el espejo. Esta música es mucho
más que hermosa. Es "terrible" en el antiguo sentido
del término: sublime, viendo todo, sabiendo todo.
Los contemporáneos de Mozart, que conocían su obra
primeramente a través de sus propias interpretaciones, sintieron
con claridad que esa música era diferente de cualquier otra
que hubieran escuchado. La intensidad de las declaraciones musicales
y emocionales transportaban al oyente a sus límites supremos:
algo más hubiera sido inaguantable. Una y otra vez encontramos
comentarios hechos por contemporáneos con conocimiento, inclusive
su padre, que observan las grandes exigencias planteadas a sus oyentes.
Se le dijo a Mozart que debía escribir música "más
fácil", con menores complicaciones en la elaboración
de las voces individuales -que era difícil seguir y entender
su música, que no debía ir tan lejos en sus armonías
(duras y disonantes tensiones), etcétera. A pesar de la universal
admiración de su genio -pocos críticos dudaron de
que Mozart fuera el más grande compositor de su tiempo- estas
opiniones revelan cierta consternación ante el poco confortable
efecto de su lenguaje tonal: ¿podía y debía
la música expresar esas cosas?
Pero otros aceptaron, y hasta comprendieron el lenguaje tonal de
Mozart, a pesar de que lo deben como "vehemente, profundamente
sensible, apasionada... terriblemente hermosa... imaginativa:..".
Y que esta sinfonía era el "máss grande retrato
de un alma apasionada que va desde la melancolía hasta lo
sublime". Estos dos comentarios fueron escritos unos doce años
después de la muerte de Mozart. Incluso en la siguiente generación,
que después de todo tuvo que aceptar a Beethoven, se escuchan
críticas similares. Hans Georg Nageli, por ejemplo, el filósofo
y musicólogo de Zurich, dio una serie de conferencias sobre
música en Stuttgart y Tubingen en 1820 (Mozart hubiera alcanzado
por entonces los 70 años). Mozart, decía Nageli, tenía
un excesivo amor por el contraste; él era el "mavor
estilista de los autores notables", el era "a la vez pastor
y guerrero, adulador y exaltado... suaves melodías frecuentemente
alternan con abruptas interacciones tonales cortantes, gracia de
movimiento con impetuosidad. Grande era su genio, pero también
grandes fueron sus geniales errores de crear efectos por medio del
contraste". Era "no artístico"... cuando algo
solo puede hacerse efectivo a través de su opuesto... Este
absurdo estilístico puede ser señalado muchas veces
en muchas de sus obras".
Veo la
crítica de Nageli como un clásico ejemplo de rechazo
basado en la incomprensión. Las difer ncias residen en las
diferentes aproximaciones a la pregunta sobre que significa la música.
Similarmente, veo en la critica de Eduard Hanslick 50 años
más tarde, ya no los errores de un crítico ignorante,
sino las bien fundamentadas opiniones de un experto muy calificado
que parte de premisas que yo no comparto. Encuentro la critica de
Nageli maravillosa, no porque la comparta sino porque a través
de esta puedo reconocer el efecto que esta música provocaba
en aquel tiempo: De cualquier manera creo que las opiniones de Nageli
estaban basadas más en ]as partituras que en especificas
interpretaciones. Por otra parte, estoy convencido de que si Nageli
solo hubiera conocido las obras, de Mozart a través de ejecuciones
de nuestros días, nunca hubiera llegado a esas conclusiones.
Las obras de Mozart contienen en realidad todo lo que Nageli condenó.
Los protagonistas -sean estos los personajes de sus óperas
o los imaginarios de sus obras instrumentales- son en realidad todas
las cosas al mismo tiempo: pastor y guerrero, adulador y exaltado.
Son atractivas y repulsivas, de acuerdo con la posición desde
donde son vistas o iluminadas en un preciso momento. Son seres humanos
reales que poseen todas las cualidades conflictivas de la naturaleza
humana; no son esquemáticos ni figuras bidimensionales, y
es esa cualidad que los hace tan vivos, tan aterradoramente reales.
Ni bier ni mal, ni crueldad o amor, sino todo al mismo tiempo. Suaves
melodías alternan con cortantes respuestas -el diálogo
musical permanece en los grandes contrastes: una emocionada súplica
es rechazada por un violento y salvajemente brutal "iNein!".
"Chiaro-oscuro", el contraste blanco/negro, que en la
música normalmente se refiere a la dinámica, era sin
duda una de las grandes fuerzas de Mozart. El la usó con
mayor amplitud que sus contemporáneos, para contrastes expresivos.
En todo caso una cosa estaba clara en aquel tiempo: si la yuxtaposición
de violentos contrastes era rechazada en música por razones
estéticas, entonces la música de Mozart también
debía ser rechazada porque estaba construida en torno a este
tipo de diálogo. No es un "absurdo estilístico"
sino por el contrario un medio altamente artístico para hacer
que algo "ocurra a través de su opuesto". Con seguridad,
esta técnica no fue utilizada en vida de Mozart con la misma
practicidad que en nuestros días; era chocante entonces.
Durante su vida, el lenguaje tonal de Mozart fue rechazado por estetas
conservadores debido a que no era refinado. Hoy, a través
del trabajo de varias generaciones, este lenguaje tonal fue achatado,
suavizado, endulzado y armonizado de manera que no puede explicarse
partiendo de las partituras de Mozart. Aun hoy, tal como ocurría
en vida de Mozart, uno se sorprende cuando encuentra sus obras en
sus casi desconocidas formas originales. Estas hablan un lenguaje
dialéctico que hoy nuevamente se ha convertido en algo relevante.
Claramente, ese suavizamiento mencionado anteriormente, estaba basado
en parte en el ideal sonoro del romanticismo tardío, que
nosotros comúnmente aun hoy lo hacemos: un sonido de las
cuerdas suave, lleno, oscuro, con la mayor mezcla posible de instrumentos
de vientos de timbre oscuro. La dinámica es ondulada y no
graduada; la claridad y la transparencia son sacrificadas en aras
de ese sonido y de esa dinámica. La técnica de ejecución
(en el caso de las cuerdas, uno a menudo toca las cuerdas graves
en las posiciones más altas) y el sonido de los instrumentos
orquestales de la actualidad contribuyen a ese efecto. En los instrumentos
de viento, el ataque (el primer momento característico en
la formación de la vibración del sonido) fue acortado
todo lo posible, lo cual redujo la cualidad específica, la
característica distintiva de los instrumentos individuales
y sus timbres. El sonido resultante, que está prácticamente
libre de armónicos disonantes, se funde con el crecimiento
dinámico de las cuerdas. El característico resonar
de los metales es solo posible en un gran fortissimo que Mozart
casi nunca usa.
En la época de Mozart los cuerdistas se restringían
lo más posible a las posiciones bajas; solo para ciertos
pasajes altos cambiaban a la posición requerida en la cuerda
alta. Los instrumentos sonaban así más brillantes
y más distintivos. Las maderas sonaban más "con
lengüeta", los metales sonaban más magros y más
coloridos. Como instrumentos naturales, los cornos y las trompetas
eran mucho más largos que los instrumentos de válvula
de hoy -lo que significa que su sonido era más colorido y
rico en armónicos. Pero estos tenían también
un tubo más angosto, especialmente en la región de
la campana, y eran forjados más delgados lo que les permitía
producir sonidos más potentes aun en una dinámica
mezzo-forte. Cada ataque forte de los metales en conjunto con los
timbales, que entonces se tocaban con palos de madera comunes, tenía
el incisivo efecto de un grabado -heroico, agresivo o triunfante-.
El sonido no era nunca monocromo, como en la orquesta de hoy.
Esto deja en claro que cuando una Ilamada orquesta moderna toca
música de Mozart, deben preservarse las cualidades sonoras
de la orquesta de Mozart para poder alcanzar sonidos y transparencias
acordes a la obra. Algunos instrumentos inapropiados deben ser reemplazados
por otros más apropiados: cornos (cornos en fa) y trompetas
(es preferible también las graves trompetas en fa) lo más
largos posibles, con campanas forjadas lo más delicadamente
posible, se mezclan muy bien con otros vientos y cuerdas. Los trombones
orquestales de la actualidad, que se han diseñado para un
tipo de música totalmente diferente, son especialmente inadecuados
para el especial sonido de Mozart. Yo he tenido suerte con instrumentos
originales y reproducciones. Este es el típico caso donde
una mezcla de instrumentos originales y modernos parece funcionar
bien. Esto debe ocurrir probablemente debido a que el trombón
del 1800 no es tan extremadamente "histórico";
despuús de todo, instrumentos con tubos similares suelen
ser usados aun hoy en la música popular. Los fagotistas deberían
tratar de obtener un sonido "de lengüeta" o "de
cuerda" de sus instrumentos a través del use de la lengüeta
correspondiente, para mezclarse con el sonido de los cellos. El
sonido del fagot moderno tiende a ser ahuecado y aislado. Los clarinetistas
deberían definitivamente descubrir las ricas graduaciones
de color de diferentes instrumentos. Mozart escribía para
clarinetes en sol, la, si bemol, si y do. Yo dirigí la obertura
de El rapto en el Serrallo usando clarinetes en do y no quisiera
prescindir de ese fresco color. Estrechamente relacionado con los
problemas de instrumentación está el de la adecuada
orquestación. Cuando nosotros decimos hoy "Orquesta
de Mozart" a "Orquestación de Mozart" pensamos
en un conjunto pequeño. La orquestación de la época
de Mozart, sin embargo, era extremadamente variada, mucho más
variada que las más extremas orquestaciones de hoy. El 4
de noviembre de 1777, Mozart escribió desde Mannheim: "La
orquesta es muy buena y grande. A cada lado diez a once violines,
cuatro violas, dos oboes, dos flautas y dos clarinetes, dos cornos,
cuatro cellos, cuatro fagotes y cuatro contrabajos, además
de trompetas y timbales". Esta cantidad corresponde aproximadamente
a una "orquestación de Mozart' media de hoy, a pesar
de que hay algunas diferencias interesantes: los primeros y segundos
violines son igualmente fuertes en número. (Hoy los segundos
violines tienen dos músicos menos.) Esta igualdad parece
muy sensata y necesaria cuando recordamos que Mozart hizo que los
segundos violines tocaran importantes contramelodías en un
registro más bajo, que solo puede emerger claramente con
alguna dificultad.
El pequeño grupo de violas es sorprendente, y así
está en todas las listas de orquestas de la época.
En vista de la importancia de las partes escritas para las violas,
solo podemos entenderlo cuando nos damos cuenta de que el sonido
de las violas de esa época era más fuerte que el de
los instrumentos actuales. Y este era el caso: las violas venían,
como vienen hoy, en medidas muy variadas. La viola más pequeña
que poseo fue construida en 1805 y su cuerpo es de 37 cm de largo.
(A modo de comparación, un violín mide aproximadamente
35 cm de largo.) La más larga, del siglo XVII, tiene un largo
de 50 cm. Hoy, una viola con un cuerpo de 41 cm es considerado un
instrumento grande; en las orquestas se utilizan casi exclusivamente
instrumentos pequeños. En la época de Mozart, las
orquestas utilizaban violas muy grandes con sonido poderoso y potente.
Desgraciadamente, la mayor parte de esos instrumentos fueron construidos
más pequeños durante el siglo XIX; fueron brutalmente
acortados para hacerlos de más fácil ejecución.
Con la desaparición de las violas grandes, desapareció
un importante a interesante color de la sección de las cuerdas.
El numero de oboes, flautas, clarinetes y cornos corresponde a lo
que hoy se acostumbra a usar. Los cuatro cellos se balancean bien
con los violines, incluso para los standards de hoy. Sin embargo
sus sonidos están considerablemente fortalecidos y contorneados
por los cuatro fagotes y cuatro contrabajos que duplican sus panes.
El fundamento bajo era ciertamente más poderoso del que estamos
acostumbrados hoy. A pesar de esto, no tendría sentido tratar
de imitar esas condiciones con los instrumentos de la orquesta actual.
Los fagotes de hoy no se mezclan (armonizan) con el sonido del cello,
y deben pensarse diferentes soluciones si ansiamos reproducir el
sonido original aun limitadamente. El 11 de abril de 1781 Mozart
escribió desde Viena: "...la Sinfonía
anduvo muy bien y tuvo rnucho éxito. Había 40 violines
(probablemente 20 primeros y 20 segundos violines, 10 violas, 10
contrabajos, 8 cellos y 6 fagotes". De esta descripción
se desprende que la previamente mencionada relación entre
violines-violas-cellos-fagotes-contrabajos fue mantenida, aun en
esta gigantesca orquestación. También está
claro que Mozart deseó la más grande orquestación
posible, incluso duplicando los vientos. Hoy esto sería denunciado
como un gran sacrilegio contra la "verdadera tradición
mozartiana".
Claramente, las orquestaciones que disponía Mozart podían
diferir mucho. Indico algunas de ellas para la siguiente sucesión:
primeros violines, segundos violines, viola, cello, contrabajo:
La más
pequeña:
(1787 en la Opera de Praga para Don Giovanni)
3, 3, 2, 2, 2
en la
Opera de Viena:
(1782 para El rapto en el Serrallo)
6,6,4,3,3
en Milán:
(1770 para Mitridate (los dos cellos estaban reforzados
por 4 fagotes)
12, 12, 6, 2, 6
en Viena
para varios conciertos a beneficio:
(a partir de 1781)
20,20,10, 8,10
A modo
de comparación, algunos números correspondientes a
Haydn:
En Eisenstadt
y Esterhaza:
(de 1700 hasta alrededor de 1770, más tarde se agregaron
cuatro violines más) 3,3,2,2,2
En eI
Kings Theater de Londres:
(1794; aquí también las maderas fueron dobladas)
12, 12,6, 4, 5
Cuando
-observamos estos números, vemos que las características
de la orquesta de fines del siglo XVlll de ninguna manera corresponden
a las opiniones doctrinarias con las que nos hemos formado. Los
intérpretes que por razones de gusto interpretan las obras
de Mozart con dobles secciones de viento y secciones de cuerdas
grandes, son condenados hoy como "faltos de estilo". En
realidad, en este caso solo debería ser condenado el crítico,
porque no está interesado en el conocimiento serio, y actúa
correcta o incorrectamente de manera bastante fortuita. Podemos
prudentemente afirmar que, con pocas excepciones, se buscaba la
orquesta más grande posible, y que después de que
el grupo de las cuerdas había logrado una cierta dimensión,
los vientos eran automáticamente doblados. Y sin embargo,
esto era probablemente cierto solo en determinados pasajes.
Si estudiamos las ocasiones en que se usaron esas varias orquestaciones,
observaremos que el tamaño de la sala y sus propiedades acústicas
fueron el criterio decisivo para determinar el tamaño del
conjunto orquestal. No es posible decir que una obra fue concebida
para una orquesta grande y otra para una orquesta chica. Por ejemplo,
la Sinfonía Salzburguesa en do mayor (K. 338) fue
ejecutada en esa ciudad por una orquesta muy pequeña, pero
fue interpretada en Viena bajo la dirección de Mozart con
una orquesta cuatro o cinco veces
más grande. La primera interpretación de la Sinfonía
Heroica de Beethoven en el Palais Lobkowitz de Viena, ¿indica
que esta obra fue concebida para una pequeña orquesta de
cámara? La increíblemente pequeña orquestación
para La Creación de Haydn en su primera interpretación
en el PaIais Schwarzenberg, ¿indica que Haydn deseaba que
la obra se interpretara de esa manera?
Conozco bien ambas salas; hasta un muy pequeño conjunto suena
muy fuerte y retumbante allí, debido a las dimensiones, a
la geometría espacial y a las paredes de mármol de
esas habitaciones. En una sala de conciertos "normal",
debe utilizarse una orquesta muy grande para obtener un sonido vivo
y de rápida respuesta similar. Las diferencias acústicas
que caracterizan la ubicación de las diferentes ejecuciones
de Haydn en Esterhaza y Londres, fueron calculadas recientemente.
Este estudio revela que la actual impresión de sonido obtenido
en una sala de conciertos grande de Londres es muy similar a la
de las pequeñas salas del palacio con una pequeña
orquesta de la Corte.
La mayoría de los oyentes tienen una noción equivocada
de la diferencia en volumen obtenido por orquestas de diferentes
tamaños. Seis violines no suenan el doble de fuerte que tres;
sino solo el 10% más fuerte! Solo una gran sección
de violines -poco practicable- suena el doble de fuerte. No se consigue
un sonido mds intenso simplemente con agrandar la sección
de las cuerdas. Para decirlo de otra manera, inclusive en el ataque
preciso de una sección nunca entran todos juntos. A través
de la mínimamente vacilante entrada de cada- instrumento
individual, se produce en una situación ideal un ataque suave,
muy intenso, debido a que los colores de cada entrada individual
no ocurren precisamente de conjunto, sino uno después de
otro, enriqueciendo el ataque de conjunto.
Emerge entonces la impresión de una rica sonoridad. Esta
minúscula "imprecisión" inicial; que no
debería ser percibida nunca como tal, está encubierta
por una acústica buena, ligeramente resonante, por lo cual
en términos de física "el sonido de conjunto
de las cuerdas llega en segmentos de tiempo de extensiones superpuestas
y... subrayan... el carácter y el color de una manera vivaz.
Esa es en esencia la razón que explica por que varios instrumentos
tocando una parte producen considerablemente más brillo que
el que produce un instrumento individualmente" (Fritz Winkel).
(LULÚ
número 3, Abril de 1992. Traducción de Edgardo Kleinman) |