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Pequeños
actos de iluminación
Francisco Kröpfl
Los
que han tenido la experiencia de leer poesía conocen la diferencia
entre ese primer deslumbramiento que se siente como efecto global
de una primera lectura de un gran poema y la profundización
por sucesivas lecturas que, sin cambiar la imagen primera, la definen
en sus detalles y la hacen transparente en sus múltiples
sentidos.
Esto es lo que debería ser un análisis musical vivo:
estimulado por la primera impresión, uno se sumerge en la
obra y emerge con el conocimiento más completo y rico en
detalles. Pequeños actos de iluminación que llevan
a una visión nítida, transparente del motivo del deslumbramiento
inicial.
¿Para quiénes es el análisis? Para el intérprete
que quiere acceder al sentido más profundo, más que
a la intención del autor, a la realidad del objeto-obra;
ritmo, articulación, fraseo y forma, pueden guardar sorpresas
en ese acercamiento.
Para el estudiante de composición y el compositor, que esperan
descubrir los mecanismos vivos de la génesis de una obra
y la relación entre éstos y la técnica. Para
el musicólogo, para revelar las claves de los estilos y arribar
a una visión objetiva del eje estructura-época. Para
el oyente especializado, aquel que -aunque tenga otras actividades-
vive para oír música, para acercarse más a
lo que ama y afinar más su audición del detalle.
Y por fin, y de manera muy especial, para los docentes, los que
enseñan a tocar, a componer o enseñan a analizar y
que por esto último, además, tienen que ocuparse de
investigar los modos posibles del análisis, de ampliar y
enriquecer los métodos existentes, y tener siempre presente
que un buen análisis no solo describe sino también
explica.
Existen diversas vertientes del actual panorama del análisis
musical. La concepción tradicional, la que se define a través
de los trabajos de figuras tan destacadas como Hugo Riemann y Vincent
D'Indy, que se basa en parte en la evidente relación que
hay entre el discurso musical tradicional y el lenguaje verbal.
Ambos devienen en el tiempo, son sonoros, y el primero –la
música- ha sumido a través del canto diversas características
de la construcción sintáctica del discurso verbal.
Este análisis al que llamamos sintáctico-temático,
comprende cuatro áreas:
1) El análisis armónico, 2) el análisis motívico-temático,
que involucra a la vez el detalle celular de lo melódico
rítmico, 3) el análisis sintáctico o segmentación
del discurso y el análisis de los esquemas formales o de
la forma global. Una metodología importante derivada de esta
vertiente (centrada en el área 1) fue propuesta por H. Schenker,
y difundida particularmente en los Estados Unidos por su seguidor
Félix Salzer.
Una tendencia de este último análisis, en el orden
de la construcción de frases, oraciones y esquema formal,
es querer determinar la pertenencia de las formas examinadas a modelos
ideales, de los cuales -en el peor de los casos- la forma concreta
examinada sería un desvío indeseable. No se asume
la evidencia de la forma viva y única, sino que se trata
de asimilarla a un esquema formal anterior y diferente de la mayoría
de las formas reales examinadas.
Un análisis actual, orientado hacia el análisis sintáctico-temático
tendería a estudiar la naturaleza única de una obra
particular y luego definirla respecto del esquema más próximo.
El primer aporte importante al siglo en el análisis musical
ha venido de la fenomenología, a través de los psicólogos
gestálticos, que profundizaron las condiciones de la percepción.
Estudiaron en particular la posibilidad de una base espontánea,
no aprendida de la percepción, y desarrollaron lo que se
ha llamado la psicología de la forma o configuración.
Sus investigaciones se desarrollaron esencialmente en el orden visual.
Se pudo tomar aspectos de sus descubrimientos, más que de
su teoría fundamental, y aplicarlos al análisis musical.
Los primeros aportes provienen de Arnold Schoenberg, y luego de
Boris de Schloezer, a través de sus libros Introducción
a Juan Sebastian Bach, y La música moderna.
Aportes más sistemáticos fueron efectuados por el
musicólogo norteamericano Leonard Meyer, en su libro sobre
las estructuras rítmicas.
Más tarde, en la década del sesenta, el análisis
fenomenológico hace use frecuente de la representación
analógica -la representación en el papel, de manera
proporcional- de la evolución en el tiempo de un proceso
musical, en varias de sus dimensiones. Esto era especialmente útil
en procesos donde era problemático separar sonido y estructura,
Como es el caso de la música electrónica, en sus concepciones
más avanzadas.
También utilizó elementos de la Teoría de la
Gestalt el francés Abraham Moles, quien además
introdujo en el análisis musical la teoría de la información,
proveniente de la cibernética. Es muy interesante en este
sentido su libro Teoría de la información y percepción
estética, donde trata de conjugar los resultados de
la psicología de la forma con los lineamientos más
científicos que provienen de la teoría de la información.
El problema de esta tendencia es que cayó peligrosamente
en Ios métodos estadísticos. Otra vertiente proviene
de la lingüística moderna, a partir de las teorías
del suizo Ferdinand Saussure, pasando por el estructuralismo francés,
y desembocando en la semiología. Otros aportes importantes
durante la década del setenta fueron efectuados en Francia
y en particular por el franco-canadiense Nattiez. (La revista Musique
aux Jeux publicó varios de sus trabajos).
Hubo otra Iínea interesante de investigación, conducida
por algunos musicólogos chilenos, con Gustavo Becerra a la
cabeza. Estos aplicaron, como instrumento de análisis, la
lógica simbólica; estas experiencias se efectuaron
entre 1961 y 1963 aproximadamente y no fueron continuadas posteriormente.
Por fin, últimamente ha tomado importancia el trabajo mediante
computadoras, partiendo de la Ilamada "gramática generativa"
del lingüista norteamericano Noam Chomsky y también
de las investigaciones sobre inteligencia artificial.
Hasta aquí los aportes más importantes al análisis
en el siglo XX.
A mi juicio, y hasta tanto se concrete un enfoque propiamente científico
-si esto es posible del análisis musical, son aplicables
de manera fructífera dos tipos generales de análisis:
un análisis sintáctico-temático, enriquecido
por aportes de la teoría do la forma y de la semiología
que principalmente es útil en el análisis de obras
tradicionales o actuales donde sigue vigente la organización
puntual de la altura y el ritmo, donde el sonido es materia portadora;
y un análisis fenomenológico (que puede ser complemento
del primero), para profundizar nociones relativas a la forma real
de una obra, así como para realizar representaciones gráficas
clarificadoras. Este análisis debe incluir el de las texturas
y puede ser aplicado sin el primero, es decir, sin el análisis
sintáctico al conocimiento de obras actuales que solo sería
útil analizar desde esta perspectiva. Aquí también
es necesario hacer hincapié en que este análisis será
fructífero en la medida en que supere la mera descripción
para afrontar criterios explicativos sobre las propiedades estructurales
de las obras musicales analizadas.
(Introducción
al Seminario de Análisis Musical del Departamento de Música,
Sonido e Imagen del Centro Cultural Buenos Aires 1984)
(LULÚ
número 1, Septiembre de 1991) |