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La
experiencia del PT y la superación del populismo en
Brasil
Idelber
Avelar
...me quedé en
la máquina del partido. ¿Por qué me quedé en
la máquina? . . . Milité en el PCB más
de 20 años. Fui de la Ejecutiva Nacional y de la Dirección
Nacional un buen tiempo, fui responsable de los sindicatos.
Me invitaron a hacer un curso en Moscú pero terminé no
yendo. . . Eso fue el 89, más o menos, yo estaba aún
dentro de la máquina. Pero no quise ir. Si hubiera ido,
me habría ayudado bastante desde el punto de vista teórico.
Mi teoría es muy poca . . . El único curso que
hice en el PCB fue en el 1971, sobre la plusvalía. Fueron
dos horas de curso durante dos o tres noches, eso fue lo que
hice.
Frei Chico, hermano mayor de Lula (1)
Es instructivo
leer las memorias del hermano de Lula, Frei Chico, militante
del Partido Comunista Brasileño torturado por la dictadura
en 1975. Como un personaje novelístico, Frei Chico es
definido por lo que no ve: el hecho de que, en 1989, el verdadero
curso de teoría para la izquierda se realizaba no en Moscú,
sino en su país, un curso práctico intensivo liderado
por Lula. En su mezcla de admiración por el hermano, melancolía
y resentimiento, las memorias de Frei Chico cifran la crisis
de las izquierdas populistas y estalinistas en Brasil. A principios
de los 70, militante del PCB en la clandestinidad , Frei Chico
le regala a Lula uno de los primeros libros leídos por
el futuro presidente, O que é a Constituição.
En 1975, Lula ya pertenece a la directiva del sindicato de metalúrgicos
de São Bernardo do Campo, atraído por un sindicalista
tradicional que esperaba cooptarlo y capitalizar su carisma.
La prisión y tortura de Frei Chico le producen una impresión
poderosa: “¿Cómo le podían hacer eso
a un trabajador, a un padre de familia?”, rememora Lula
en el discurso indirecto libre con el cual relata su experiencia.
El encarcelamiento
de su hermano coincide con el primer viaje internacional de Lula,
a un congreso de la Toyota en Japón. Recibe en Estados
Unidos una llamada del Secretario de Trabajo de São Paulo,
aconsejándole que no vuelva, ya que hay sospechas de que él
también pertenecería al PCB. Al desoír el
consejo, regresar al país y visitar a Frei Chico en las
cárceles de la dictadura (acompañándolo
después, cuando sale en libertad), Lula no puede saber
que a través de él se escribirá la historia
del entierro definitivo del partido por el cual su hermano había
soportado torturas. En la segunda mitad de los 70, a medida que
crece la popularidad de Lula entre los metalúrgicos, Frei
Chico insistentemente lo invita a que se reúna (en un
departamento, en una plaza) con un “compañero” para “discutir
la coyuntura”, eufemismo con el cual el PC designaba sus
sesiones de adoctrinamiento. “Yo contestaba: si tu amigo
quiere conversar conmigo, dile que venga al sindicato. Soy el
presidente del sindicato y atiendo a quien quiera hablar conmigo.
No hay secreto”.(2)
El PT, en
el momento de su concepción, representa una gran crítica
a la política del secreto, la política entendida
como conspiración y complot. La relación conspirativa
de los partidos estalinistas con lo que llamaban “las masas”,
iba de la mano con el mesianismo que veía en la revolución
una toma del palacio de invierno, inicio del fin de la historia.
Si las “masas” aún no estaban preparadas para
realizar su “tarea histórica”, cabía
a la autodesignada vanguardia decidir qué decirles y cuándo,
siempre cuidando de que permaneciese un margen que hiciera posible
las maniobras posteriores. Esta política manipulatoria
del cálculo se derrumba con la llegada del PT, aunque,
obviamente, el partido tuviera después que reintroducir
(otra forma de) cálculo al pasar a administrar ciudades,
provincias y, hoy, el país. El mérito del PT es
haber realizado la crítica de la relación parasitaria,
estalinista, con los movimientos sociales, sin hacer concesiones
al populismo, ni creer nunca que la mayoría de la sociedad
tiene siempre razón.
El carácter
radicalizado del movimiento sindical del 78/79 y su disposición
a la huelga, se debían a años de concentración,
fortalecidos por la abundancia de empleo entre ese sector calificado
de la clase obrera. El movimiento pro-PT (forma que tomó el
encuentro de varias fuerzas políticas entre el 78 y 80,
cuando se fundó oficialmente el partido) pudo lanzar la
semilla de una idea frente a la cual tanto el PCB, prosoviético,
como el PC do B, prochino/albanés, estaban condenados
a reaccionar con pánico: un partido obrero de masas heterodoxo,
post y antiestalinista (pero habitado por marxistas), plural
y democrático, negro, verde y promujer. El pánico
se originaba en que los dos partidos comunistas se consideraban
el verdadero partido del proletariado, teoría que la practica
insistía en contradecir. La reacción defensiva
de los partidos comunistas a la constitución del PT y
la furia con la que apoyaron a la oposición oficialista
y liberal del PMDB, y no al PT, en las parlamentarias de 1982,
indicaban que ya se sentían arrastrados por un movimiento
que los superaba en representatividad.
A pesar de
su crecimiento y de su rápida conversión en partido
de masas, el PT sigue una ruta antipopulista. La representatividad
y la voluntad de la mayoría han sido mecanismos de operación
internos al PT desde su fundación, pero la representatividad
no se convierte en fetiche, en brújula que define lo que
el partido le propondrá la sociedad a lo largo de su trayectoria.
De allí la doble intervención del PT: lanzar un
partido de masas donde las decisiones de programa sean democráticas,
decididas por la mayoría después de largo debate
(y ofrecer así una alternativa al comunismo tradicional),
pero al salir a la calle, a la sociedad, no tenerle miedo a la
condición de posición minoritaria (postulándose
como una alternativa a la ética y la política populistas).
La invención de mecanismos de gobierno y democracia interna,
inauditos en la política latinoamericana, se ancló en
este doble movimiento. La respuesta al estalinismo fue que el
PT se proponía ser un partido de masas, hospitalario a
todos los que compartan un horizonte de lucha por la justicia
social, sean los que sean los énfasis particulares. La
respuesta al populismo varguista y postvarguista consistió en
que, incluso a costa de condenarse a la posición minoritaria
durante un largo tiempo, no se intentó reformar desde
adentro ningún aparato, partidario o sindical, si se lo
juzgaba podrido.(3)
El PT inventó una
coexistencia de diferencias desconocida en los partidos liberales
y conservadores, populistas, comunistas o demócrata cristianos,
porque en él se reúnen, en una encuentro accidental,
por lo menos seis fuerzas sociales: 1. un núcleo de jóvenes
sindicalistas que destrona la antigua burocracia sindical; refractarios
al gradualismo dominante en los partidos comunistas, radicalizados
y con influencia sobre milliones de trabajadores del sector más
moderno y trasnacional de la economía, ellos son la matriz
fundamental. Su gran expresión metonímica es el
sindicato de los metalúrgicos liderado por Lula en SP,
pero también hay grupos importantes de Río Grande
(dirigidos por el bancario Olivio Dutra) y Minas Gerais (por
el metalúrgico João Paulo). 2. Organizaciones de
la izquierda, fundamentalmente trotskistas, pero también
escisiones anteriores de los partidos comunistas, a los que se
criticaba por el autoritarismo y, en el caso del PCB, también
por su entreguismo, así como de la aventura guerrillera
de fines de los 60 y principios de los 70. Se trata aquí de
grupos como Libertad y Lucha (Libelu) , vinculado con la Organización
Socialista Internacional, Convergencia Socialista (CS), relacionada,
en cierto momento, con el morenismo argentino, y Democracia Socialista
(DS), cuya referencia es el Secretariado Unificado de la IV Internacional.
De éstas, la primera y la última se mantienen en
el partido, pero sólo la DS, fuerte en Río Grande,
adhiere temprana e incondicionalmente y sin entrismo al PT, y
a lo largo de décadas cosecha los frutos: la administración
de Porto Alegre (Raul Pont) y luego el Ministerio de Desarrollo
Agrario (Miguel Rosetto). 3. Una intelectualidad de izquierda
independiente, con alguna presencia parlamentaria hacia fines
de los 70, que se separaba de la oposición liberal a la
dictadura. Buena parte de este grupo se quedó en el PT,
otra parte flirtea con él pero sigue en el MDB para luego
fundar el PSDB (Cardoso y José Serra, por ejemplo, llegan
a participar de reuniones con el movimiento pro-PT). 4. Grupos
católicos vinculados a la teología de la liberación,
cuya vertiente urbana (metonimizada en el valiente obispo de
São Paulo, Don Paulo Evaristo Arns) había alcanzado
considerable repercusión con la masiva campaña
por la aclaración de la muerte bajo tortura del periodista
Wladimir Herzog en 1975; 5. Los campesinos sin tierra, que pasan
a organizar centenares de miles de trabajadores rurales en favor
de la reforma agraria. 6.Sectores de varios movimientos sociales
identitarios (mujeres, negros, gays) que ven en el PT una forma
de expresión no ofrecida en ningún otro partido,
y terminan consolidándose en diálogo con él.(4)
Ni la izquierda
organizada, ni los sindicalistas, ni los campesinos, ni los parlamentarios,
ni los movimientos feminista o negro, tenían respuesta
a la pregunta acerca de cómo construir una subjetividad
partidaria que incluyera a todos. No había ni siquiera
un acuerdo sobre la deseabilidad de una estructura partidaria.
Para algunos sectores, de hecho, la forma de estar en aquel encuentro
era argumentar e insistir que la confluencia debía terminar,
que jamás debería constituirse un partido, que
lo que allí se reunía no debía seguir existiendo
como colectivo político. La fundación del PT es
un curioso relato en el que esos sectores son derrotados e inmediatamente
convencidos a no irse, a quedarse a construir un partido que,
para ellos, por lo menos hasta entonces, no debía existir.
Quienes proponían un frente sin muchas precisiones organizativas
son derrotados y también ellos, en su gran mayoría,
deciden quedarse a construir el partido en contra de cuya constitución
habían votado.
En todo caso,
el choque entre las experiencias traídas por cada grupo
fue intenso. Los movimentos sociales introdujeron banderas respecto
de las cuales el núcleo sindicalista mayoritario tenía
una relación ambigua: por ejemplo, el derecho al aborto,
tema que también ponía a prueba los límites
del catolicismo progresista. Por otro lado, la mayoría
sindicalista le impuso a la izquierda organizada una drástica
revisión de sus conceptos, del carácter muchas
veces formulaico de sus esquemas históricos, y su ingenua
creencia en la teoría como caja de herramientas para la
toma de decisiones. La emergencia de aquel movimiento sindical
con aquel líder era inexplicable según los esquemas
marxistas de comprensión de la historia: ¿cómo
entender el derrumbe de la burocracia sindical precisamente en
el momento en que la dictadura había terminado de diezmar
la guerrilla urbana, imponía su control sobre la transición
y reducía la izquierda organizada al aislamiento? El sindicalismo
independiente le dio a esa izquierda una lección sobre
la imprevisibilidad, la apertura radical de la política.
Si había algo que la existencia del movimiento confirmaba
era que lo accidental y lo inanticipable operaban en la historia
de una forma que las corrientes marxistas más heterodoxas
no habían percibido.
Todavía
bajo la dictadura, en 1982, el PT disputa sus primeras elecciones
provinciales y parlamentarias. Lula sólo alcanza el cuarto
puesto en la elección de gobernador de San Pablo, pero
recibe más de 1 millón de votos. En 1983, el PT
lanza la campaña por elecciones presidenciales directas,
asumida por la oposición liberal hasta la derrota de la
enmienda constitucional que las reglamentaría. Mientras
la oposición liberal pasa a negociar con un sector disidente
de la dictadura un “candidato de consenso” (Tancredo
Neves), el PT insiste en la campaña popular, y la mayoría
de sus afiliados le encomiendan a los escasos 8 diputados del
partido el boicoteo al Colegio Electoral. De ellos, 5 siguen
esa orientación y 3 participan del Colegio Electoral apoyando
la coalición opositora oficial. Por contradecir la opinión
de la mayoría en ejercicio de su función parlamentaria,
estos 3 diputados son expulsados del PT. En este punto se consolida
el mecanismo de la democracia interna: las intervenciones arriesgadas –mientras
sean respaldadas por una decisión interna democrática– son
defendidas ante la sociedad, sin miedo a la condición
minoritaria. No se ensanchan los horizontes de lo posible sin
insistir en la bandera que, en cada momento histórico,
lleva la marca de lo imposible.
El éxito
de los partidos liberales y de derecha en 1984, canalizando la
legitimidad del movimiento popular por las elecciones directas
(al que habían traicionado) hacia el binomio Tancredo-Sarney,
hace que el PT quede severamente marginado durante un año.
Ya en 1985, sin embargo, disputando las alcaldías de las
capitales, el PT recoge frutos electorales de su coherencia programática:
la quinta ciudad de Brasil, Fortaleza, escoge a una alcaldesa
petista, Maria Luiza Fontenelle, y los candidatos petistas reciiben
fuertes votaciones en Porto Alegre, Belo Horizonte, São
Paulo y Goiânia. En 1986 se elige el Congreso Constituyente,
en el cual el PT, ya con 16 diputados (todavía una minúscula
minoría) deja su marca en una serie conquistas laborales,
aunque sus representantes hayan votado “no” a la
carta (e incluso considerado no firmarla), dejando un claro mensaje
a la sociedad: el de que todas las votaciones importantes se
habían perdido.
En 1990, los
frutos electorales de la actuación en la Constituyente
le rinden al PT otra duplicación de la representación
parlamentaria nacional: 35 diputados y un primer senador. Contemporánea
a la promulgación de la Constitución (1988) es
elegida alcaldesa de San Pablo Luísa Erundina, migrante
norestina, lesbiana y minoritaria en el partido, quien asume
en una ciudad fracturada, enfrenta guerras partidarias internas,
lentamente recupera las finanzas del municipio y termina su gobierno
con amplia aprobación popular. En 1989 el PT lleva a Lula
casi hasta la presidencia; en 1994 amplia su representación
parlamentaria a 49 diputados y 5 senadores; y en 2002 asume el
poder, después de dos intentos fracasados en una década
en la que el país fue literalmente vendido al capital
trasnacional por un gobierno presuntamente socialdemócrata.
Cuando Lula
es elegido presidente, el PT ha multiplicado su representación
parlamentaria a 91 diputados – 20% del congreso nacional,
traducción aún distorcionada (dadas las idiosincrasias
de una legislación electoral no proporcional) de la representatividad
del partido en la sociedad, que oscila entre 30 y 35% (porcentaje
que sube a 65-75% cuando se trata de apoyo a Lula y la confianza
que despierta su figura como presidente). Llegar al poder federal
ha sido el resultado de un cálculo meticulosa y matemáticamente
probado en los 90: el PT es la principal fuerza política
del país, pero nacionalmente no puede eligir a Lula si
no unifica toda la izquierda (PPS, PC do B, PV, PSB) y además
de ello constituye una alianza con algunos sectores del centro.
No hacer la alianza significó siempre perder, en segunda
vuelta, ante un frente antipetista del centro y de la derecha
aliados al PSDB de Cardoso. Para las elecciones de 2002 la mayoría
del partido decidió asumir la alianza con un sector del
centro (Partido Liberal, partido-mezcolanza como todos los partidos
tradicionales en Brasil, y controlado en San Pablo por un lobby
evangélico, en Minas Gerais por un sector del empresariado
nacional, etc.). La alianza preserva la hegemonía del
PT sobre el bloque de izquierda y sobre el poder ejecutivo, pero
implica concesiones.
El cuadro
se complica todavía más por la presencia de un
espectro: “no podemos fallar, ésta es la única
oportunidad”, que condicionó la práctica
del PT desde antes de la asunción, ya que Lula asume despertando
una expectativa sin precedentes (emblematizada en la transformación
de la aséptica Brasília en gran teatro orgiástico
popular el 1 de enero). No es fácil administrar esta expectativa
en un país hipotecado al capital trasnacional, donde la
izquierda sólo controla el 35% del Congreso, el poder
judicial sigue siendo fuertemente conservador y cada una de las
reformas necesarias (fiscal, agraria, de jubilaciones, político-partidaria)
depende de aliados que tienen considerable poder de negociación,
y en muchos casos intereses coincidentes en una de las reformas
pero no en las otras tres.
El “giro
pragmático” de Lula y del PT no es, entonces, oportunista,
sino que se viene anunciando y discutiendo desde hace diez años,
en el aprendizaje de las derrotas anteriores. El programa de
victoria presuponía alianzas y el programa de gobierno
reconocía la necesidad de una estrategia gradualista.
En otras palabras, no hay “giro”. De allí que
sólo por mala información se pueda atacar a Lula “por
cambiar de posición después de llegar al poder”.
Por otras cosas, quizás, pero no por un supuesto giro
oportunista. En los últimos años, la opción
por la cautela – en un partido como el PT, de credenciales
radicales innegables– ha sido discutida en detalle por
la sociedad civil organizada, y las posiciones representadas
por Lula son las posiciones elegidas por la mayoría. Se
puede discrepar con ellas, pero el proceso por el cual se las
ha alcanzado es intachable.
La elección
de Lula inaugura otra relación con el aparato político,
ahora concebido como aparato del que puede apropiarse la subjetividad
ciudadana. Por primera vez, en uno de los países políticamente
más cínicos y escépticos del mundo, se empieza
a escuchar en la calle ya no la pregunta “a ver qué va
a hacer este gobierno” sino “qué está a
nuestro alcance hacer para que este gobierno tenga éxito”.
Por primera vez, en la historia del país del fútbol,
el presidente entiende de fútbol y sabe la alineación
de su equipo –dato para nada menor, que ha significado
ya algunas derrotas reales para el corrupto establishment que
comanda el negocio (y patrimonio) fútbol. También
de modo inédito, reconocemos en el gabinete nacional nuestra
cara: negros, mujeres, obreros. Por primera vez, el ejecutivo
está inequívocamente alineado con los que buscan
la reforma agraria, la justicia y la equidad en el campo, y no
con los terratenientes ilegalmente armados.
Es cierto
que ha habido, más allá de las concesiones gradualistas
en el terreno de la política económica, errores
o elecciones preocupantes, como la liberación (por 12
meses) de los granos transgénicos, la omisión diplomática
durante la negociación de Kirchner con el FMI, la truculencia
de la Casa Civil de la Presidencia al lidiar con la resistencia
de la izquierda del partido a la política económica,
la imperdonable anteposición de recurso a la decisión
judicial de que las Fuerzas Armadas divulgaran lo necesario para
el entierro de los 60 cadáveres clandestinos de la guerrilla
del Araguaia (1972-73). Pero también es cierto que en
casi todas las otras areas (la relación con el parlamento,
con la justicia, la política externa, la cultura) el salto
cualitativo respecto a la socialdemocracia neoliberal de Cardoso
es visible. En la política externa , donde –apostamos
muchos– se juega gran parte de la posibilidad de éxito,
las prioridades inequívocas son el Mercosur (anclado en
la relación prioritaria con Argentina) y la constitución
de un gran bloque comercial y político entre naciones
como Brasil, Sudáfrica, India, Rusia y China, capaz de
alterar la correlación de fuerzas y las reglas del comercio,
de la política y de la diplomacia en el mundo. Gran parte
de la nueva política interna, y toda la política
externa (emblematizada en el liderazgo compartido con India en
la lucha dentro de la Organización Mundial de Comercio,
reunida en Cancún), hacen vislumbrar lo que anhelábamos
al elegir a Lula: la transformación de Brasil en un país
menos desigual, más justo y más democrático,
tarea inseparable del establecimiento de un orden internacional
alternativo tanto al imperio como a su enemigo fundamentalista.
Notas
1. Testimonio
recogido en Denise Amaral, O Filho do Brasil: De Luiz Inácio
a Lula, São Paulo, Xamã, 1996, p.173-4
2. Denise
Amaral, O Filho do Brasil, p.130.
3. La gran
reflexión sobre el papel del PT en el desmontaje del populismo
trabalhista (inaugurado por Vargas y continuado por Brizola)
es Raul Pont, Da Crítica do Populismo à Construção
do PT, Porto Alegre, Seriema, 1985.
4. La documentación
sobre la evolución del PT es amplia. Ver las entrevistas
a los protagonistas compiladas en Marta Harnecker, O Sonho Era
Possível: A História do Partido dos Trabalhadores
Narrada por seus Protagonistas, São Paulo/ La Habana,
América Libre / MECLA, 1994; Mario Pedrosa, Sobre o PT,
São Paulo, Ched, 1980. Partido dos Trabalhadores. Resoluções
de Encontros e Congressos 1979-1998, São Paulo, Fundação
Perseu Abramo, 1998; Partido dos Trabalhadores: Trajetórias,
São Paulo, Fundação Perseu Abramo, 2002;
Moacir Gadotti y Otaviano Pereira, Para que PT: Origem, Projeto
e Consolidação do Partido dos Trabalhadores, São
Paulo, Cortez, 1989; Margaret Keck, PT: A Lógica da Diferença:
O Partido dos Trabalhadores na Construção da Democracia
Brasileira, São Paulo, Ática, 1991. El relato de
la memorable alcaldía de Luísa Erundina en San
Pablo se encuentra en Cláudio Gonçalves Couto,
O Desafio de Ser Governo: O PT na Prefeitura de São Paulo
(1989-1992), São Paulo, Paz e Terra, 1995. |