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Fernando
Aliata, Anahí Ballent, Adrián Gorelik y Graciela
Silvestri
Homenaje a Manfredo Tarufi
Manfredo Tafuri murió en Venecia en febrero de 1994, después
de una larga enfermedad. En las últimas tres décadas
su obra ha revolucionado los estudios de historia y crítica
de la arquitectura, la ciudad y el arte. Su muerte temprana, a
la edad de 58 años, hace pensar que los rumbos y la productividad
de esa obra eran todavía imprevisíbles.
Esta nota-homenaje fue publicada originalmente en "Punto de Vista" Nº 49,
Buenos Aires, agosto de 1994, como introducción a la conferencia de Tafuri
sobre Loos que se reproduce por separado.
Con Tafuri desaparece una figura de intelectual poco común.
Para uno de sus tempranos compañeros de ruta, Alberto Asor
Rosa, desapareció "el testimonio epigonal de un mundo de
tensión moral y de fervor científico de conocimiento
que se ha venido disolviendo bajo nuestros ojos. Con su escritura
densa y profunda, y al mismo tiempo singularmente clara y perspicaz,
Tafuri demostraba que era posible el sueño de reunir la
más alta especialización y la comprensión
rica y articulada de nuestro difícil tiempo". Para quienes
preparamos este homenaje, ha desaparecido además el único
gran referente dentro del campo de los estudios históricos
y de la crítica de la arquitectura, la ciudad y el arte;
el único que desde all´+i abría caminos para
interrogar los problemas más vastos de la cultura y la sociedad
y que, al mismo tiempo, enseñaba a "contaminar" permanentemente
con esos problemas cada una de sus certezas disciplinares. Por
eso, quizás la peculiaridad principal de Tafuri, lo que
lo hacía único -lo que sigue haciendo únicas
a sus obras-, fue la deliberada construcción de una perspectiva
crítica, a partir de una rarísima combinación
de compromiso político -y voluntad polemista-, apertura
teórica y rigor histórico, todo en altísimas
proporciones. Sólo a través de esa combinación
se puede explicar cada paso de su carrera, el giro copernicano
que ha implicado su obra, la necesidad de un punto de arranque
global en toda un área del saber: ningún tema, en
el vastísimo arco temporal del que se ocupó, desde
el Humanismo hasta nuestros días, ha permanecido igual desde
su obra; todo debe ser revisado a partir de la nueva luz que el
encendió.
No es sencillo seleccionar de ese universo articulado un texto
para presentar a Tafuri a un público que lo desconoce. La
elección de una clase inédita y no de algunos de
sus numerosísimos artículos no traducidos al castellano,
busca presentar el mecanismo de sus ideas en el momento de la misma
elaboración. El texto sobre Loos, detrás de su simpleza
coloquial, muestra la sutileza y el rigor -en un campo temático
tan bastardeado- con los que Tafuri hilvanaba su aproximación
a los problemas clave de la modernidad estética. Pero, además,
elegimos este texto por una doble implicancia biográfica.
Por una parte en relación a nustra biografía, el
curso sobre Viena es de los años en que tomábamos
contacto íntimo con la obra de Tafuri a partir del regreso
a la Argentina de Jorge Liernur que, luego de estudiar y trabajar
con el maestro en Venecia, comenzaba a reunir aquí el grupo
en el que iniciamos nustra formación intelectual. Por otra
parte, es también importante en la biografía del
propio Tafuri, porque marca uno de los hitos de su última
lectura abarcante de la modernidad estética en los siglos
XIX y XX, antes de realizar el gran salto atrás en el tiempo,
hacia los "orígenes" de los temas profundos de la modernidad
que él había visto reemerger una y otra vez en los
siglo posteriores; a partir de estos años, y cada vez con
mayor exclusividad, se dedicará a investigar yu escribir
sobre el Renacimiento. Pero estas clases sobre Viena no marcan
un simple antes y después; el camino que lleva a ellas también
reconoce etapas. Al menos dos: una de "crítica a la ideología" de
los grandes tópicos de la cultura arquitectónica
moderna; otra de reconocimiento y reconstrucción de la compleja
diversidad de la moderenidad estética; digamos, una de demolición
y una de construcción.
La primera fue la de más directa implicación política,
hacia finales de los años sesenta, marcada por su participación
en una de las revistas en que la izquierda italiana debatía
sus fundamentos teóricos y políticos: Contropiano,
creada por Antonio Negri, Mario Tronti, Asor Rosa y Massimo Cacciari,
y en la que participaban, además de Tafuri, Giorgio Cucci,
Francesco Dal Co, Giangiorgio Pasqualotto,Manieri Elia, Rita di
Leo, Marco de Michelis, entre otros. En ese tiempo surgen dos textos
clave de Tafuri, en los que se procede a la más radical
demolición de los grandes mitos de la ideología arquitectónica "progresista":
Teorías e historia de la arquitectura (1968) y "Para una
crítca de la ideología arquitectónica" (publicado
como artículo en Contropiano en 1969 y luego ampliado como
Proyecto y utopía en 1973). Las claves de lectura viene
dadas por la recuperación de un marxismo flexionado por
el seguimiento consecuente del programa de crítica implícito
en Minima Moralia de Adorno y por la influencia de la mirada de
Benjamin sobre la modernidad y sobre el hacer historia, y erosionado
por la presencia actiuva de los otros dos "maestros de la sospecha",
Freud y Nietzsche. Allí se revisó todo el cilco de
la arquitectura moderna, poniendo en cuestión la idea de "Movimiento
Moderno" como construcción, y las relaciones entre arquitectura
y revolución en el proceso de las vanguardias artísticas
e intelectuales en alemania y la Unión Soviética;
se conceptualizó a la "metrópolis" capitalista como
lugar de realización de las vanguardias, y se historizó el
momento "heróico" de la arquitectura moderna como el punto
de llegada de cinco siglos de institucionalización de la
arquitectura occidental. Cuando se ven en conjunto los textos de
ese período de Tafuri, Cacciari, Dal Co, Pasqualotto, llama
la atención la coherencia y radicalidad con que se revisaban
los postulados de la modernidad para entender la crisis del presente
en clave políotica; el esfuerzo teórico y, sobre
todo, el lugar privilegiado que ocupaban los problemas estéticos
en ese replanteamiento crítico que a la vez que político
era filosófico y cultural. Sólo una cultura periférica
como la italiana podía dar lugar a las exasperadas mezclas
teóricas de esos trabajos; pero, además, sólo
una cultura en la que el arte ocupa un lugar tan central podía
privilegiar tantop la crisis de la modernidad arquitectónioca
y estética en un programa de reformulación política.
La segunda etapa fue de construcción. Por una parte construcción
institucional: son los años en que Tafuri, en la plena euforia
antiinstitucional abierta por el 68, organiza con pautas académicas
e intelectuales sumamente rigurosas el Departamento de Historia
en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, donde
se reune el grupo de historiadores de la arquitectura, un filósofo
como Cacciari y, a partir de 1976, un crítico literario
como Franco Rella. Por otra parte, construcción de una nueva
historia de la modernidad estética a partir de los presupuestos
trazados inicialmente. Como ha dicho Quetglas, en esta etapa se
produce un desplazamiento desde la crítica a la ideología
hacia el intento de conocimiento "no ideológico" de los
procesos de desarrollo del capital y del papel jugado en su interior
por las disciplinas artísticas y arquitectónicas,
apuntando centralmente a los dos procesos "más avanzados":
el de la Europa de entreguerras (la socialdemocracia) y el de los
Estados Unidos (el "capitalismo real"). Tafuri publicará una
serie de artículos que le van trazando, a una obra colectiva,
las hipótesis principales de desarrollo. Como summa de toda
la reconstrucción quedan los dos volúmenes de la
Arquitectura Contemporánea (1979), realizada en colaboración
con Dal Co; la magistral Storia dell´architettura italiana
(1982) y, principalmente, La esfera y el laberinto (1980), donde
cierra todas sus tempranas hipótesis sobre una modernidad
que rastrea desde Piranesi a las vanguardias neoyorquinas de los
setenta. La introducción, el "proyecto histórico" publicado
como artículo en 1977, es el gesto más crispado por
confrontar y vincular sus hipótesis con todas las corrientes
teóricas en debate; se trata del intento, en el momento
mismo en que está dejando sus trabajos sobre la contemporaneidad
estética, por forzar una vinculación intelectual
y programática en un mundo cultural que ha venido fragmentándose.
La "insoportable levedad" del posmodernismo, que se edifica precisamente
sobre la necesaria banalización de todo el universo de la
modernidad estética y arquitectónica que él
ha venido cuidadosamente revisando y poniendo en cuestión,
probablemente haya influido en esa postrer exasperación
como en su retirada a debates más eruditos pero que apostaron
a la larga duración de las transformaciones del mundo intelectual.
De esta última etapa son sus trabajos apasionantes sobre
la Venecia del Cinquecento, sobre Rafael, Giulio Romano, sobre
el mundo urbano renacentista (L´armonia e i conflitti, 1983;
Venezia e il Rinascimento, 1985; Ricerca del Rinascimento, 1992);
allí avanza sobre temas en los que ya no enfrenta fórmulas
mitificadoras que deben ser disueltas con grandes gestos de resintetización,
sino tramas historiográficas muy densas en las sin embargo
logra también reorganizar, con la misma audacia de siempre,
la perspectiva global de abordaje. La búsqueda constante
de Tafuri no abandonó en esta última etapa el postulado
con que iniciaba Teorías e histora... veinticinco años
atrás, expresado en el diálogo entre Sade y Marat
de la obra de Peter Weiss: "... sacarse fuera de la fosa por los
propios cabellos, darse vuelta de dentro hacia fuera y ser capaces
de ver todo con ojos nuevos". Esa necesidad de búsqueda
y cuestionamiento, expresada en trabajos de tanto compromiso como
rigor y sagacidad, es lo que, hoy, parece imposible de reemplazar. |