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Giulio Lupo
y Mercedes Daguerre
Entrevista con Francesco Dal Co
Entrevista publicada originalmente en la revista Materiales
5, PEHCH-CESCA, Buenos Aires, marzo de 1985. Número
especial sobre la actividad del Departamento de Historia de
la Arquitectura de Venecia.
Francesco Dal Co es docente de Historia de la Arquitectura Contemporánea
en el Departamento de Historia de la Arquitectura del IUAV, colabora
con varias revistas, entre ellas "Casabella" y "Oppositions". Es
autor de numerosos estudios, entre los cuales recordamos: "Futurismo
y Vanguardia en la ideología de la arquitectura soviética
de los años veinte", en De la vanguardia a la metrópoli
(Con M. Tafuri y M. Cacciari), G. Gili, Barcelona, 1972; La citá americana
dalla guerra civile al New Deal (con G. Ciucci, M. Manieri Elia,
M. Tafuri), Laterza, 1973 ("La ciudad americana", G.Gili, Barcelona,
1976); Architettura Contemporanea (con M.Tafuri), Electa, Milano
1977 ("Arquitectura Contemporánea", Aguilar, Madrid, 1978);
Abitare nel Moderno, Laterza, 1982; Teorie del Moderno. Architettura
Germania 1880-1920, Laterza 1982.
P: ¿Cuáles han sido los antecedentes a la formación
del Deprtamento de Historia de la Arquiterctura?
R: El Departamento ha asumido recientemente tal denominación,
pero el grupo que lo compone nace alrededor de los años
'67-'69.
En el '67 militaba en "Potere Operaio" y colaboraba -a partir del '68- en la
revista "Contropiano", dirigida por Massimo Cacciari, Asor Rosa y Toni Negri.
Este último dejó la dirección de la revista a fines del
'68 porque no compartía la opinión de los otros directores respecto
al rol del Partido Comunista. "Contropiano", en la qque colaboraba también
Mario Tronti, era una revista cultural y política, y se debatían,
además, temas de arquitectura desde el punto de vista de la crítica
de la ideología.
Al principio, no teniamos niguna relación institucional con la Universidad,
en aquel momento yo era todavía estudiante.
Las cosas cambiaron levemente cuando el grupo inicial de colaboradores venecianos
se incorporó Manfredo Tafuri, que hacía poco tiempo había
llegado a enseñar al IUAV.
El ensayo de M. Tafuri "Para una crítica de la ideología arquitectónica" -publicado
por Latreza con el título Prgetto e Utopia en 1973- salió en "Contropiano" en
1969.
El animador del grupo de colaboradores venecianos fue, sin duda, M. Cacciari.
A pertir del '69, se acercaron a la revista otras personas como por ejemplo
M. Manieri Elia y G. Ciucci, que trabajaban en lo que luego sería el
Departamento de Historia de la Arquitectura.
En el '68, estábamos relacionados tambien con un grupo de investigadores
de Padua, dirigido por Toni Negri, que en aquel entonces estudiaba al New Deal.
De aquellas relaciones nació nuestro trabajo colectivo que derivó en
la publicación del libro "La ciudad americana"en el 1973. En torno a
1971, si no me equivoco, comencé a trabajar con Tafuri en Architettura
Contemoranea, que se publica luego en el '79.
A partir de la mitad de los años '70 el grupo original del cual he hablado
se amplia formando una estructura académica cuyos componentes, si bien
manteniendo una común actitud crítica, hoy manifiestan posiciones
distintas con gran autonomía de trabajo.
Mi opinión es que la creación del Departamento -creo que fue
en 1977- no ha modificado absolutamente nada: lo que era un Instituto se transformó en
un Departamento. Se ha tratado sólo de un cambio de nombre.
Pensando en los últimos años de la década del '60 y en
los primeros del '70, creo que nuestra experiencia representó una importante
novedad, al principio sólo a nivel cultural, luego a nivel también
académico. Teníamos ideas muy claras respecto a las cosas que
se debían rechazar -tal vez demasiado claras... aunque es necesario
tener en cuenta el clima político que se vivía en esos momentos-.
En lo que a mi respecta, debo agregar que en esos años era muy joven.
Para superar aquellas certezas y seguir adelante tuve que estudiar muchísimo!
P: ¿Qué motivaciones han determinado la dirección
de investigación sobre la arquitectura contemporánea
y cómo se ha articulado este estudio?
R: Personalmente, la exigencia nace de la necesidad de someter
a una verificación la tradición historiográfica
de la cual es producto el concepto de "Movimiento Moderno". Concepto
que desde Pevsner hasta Benevolo reduce el desarrollo de la arquitectura
moderna a una construcción teleológica.
Nuestro trabajo se encauzaba en dos direcciones: por un lado una fuerte atención
hacia las concepciones historiográficas no continuistas y los instrumentos
dados por la crítica de la ideología; por otre parte la reconsideración
filológuca de las fuentes de lo moderno en arquitectura. De esto han
derivado algunas relecturas de episodios importantes de la arquitectura contemporánea,
los cuales han mostrado la imposibilidad de imaginar la "modernidad" en términos
de un "movimiento" que sustancialmente se dirija hacia fines comunes.
Cuando todavía era estudiante, hice una investigación sobre hannes
Meyer, el cual había sucedido a Gropius en la dirección de la
Bauhaus, antes de decidir trabajar en la Unión Soviética. Quería,
así, entender qué cosa había sido la Bauhaus, que en aquel
entonces era un poco el emblema de todos los valores "progresistas"que se reconocen
al "movimiento moderno". De este estudio, derivaron las primeras dudas respecto
a la atendibilidad de la historiografía del "movimiento moderno". Si
bien hoy no puedo reconocerme más en lo que escribí en aquel
momento -en el '69, repito, era estudiante-, el hecho de que aquella investigación
haya sido publicada inmediatamente en un libro que todavía se reedita,
demuestra cómo en los últimos años '60 existía
la necesidad de hipótesis críticas nuevas, como las que se venían
madurando en Venecia.(1)
Luego he trabajado durante varios años sobre la arquitectura americana,
y preparando Arquitectura contemporánea, pero en ese momento ya enseñaba
en forma estable en el IUAV. El instituto, dirigido por Tafuri, organizó un
seminario internacional sobre el trbajo de los arquitectos occidentales en
la URSS. También ésta fue una experiencia interesante de trabajo
de grupo.(2)
Luego de la publicación de Arquitectura Contemporánea, comencé a
trabajar en forma más solitaria, sobre algunas problemáticas
generales concernientes al concepto de "moderno". Dado que Arquitectura Contemporánea,
siendo una "historia de la arquitectura", comportaba el "racconto"de muchos
hechos con la profundizaciones teóricas, me pareció útil
proseguir el trabajo en esta segunda dirección. Así, terminé por
ocuparme de la cultura arquitectónica alemana entre fines del '800 y
los años '20, porque creo que justamente esta cultura ha vivido de manera
intensa y lacerante el drama de la modernidad.
Un drama que se produce por el enfrentamiento entre la fascinación ejercida
por el progreso, y la voluntad de resistir a sus sugestiones.
Los resultados de este trabajo se reflejan en dos libros del '82: Abitare nel
Moderno y Teorie del Moderno.
P- ¿Cuáles creés que sean los nudos temáticos
que aún deberían afrontarse para desenmascarar mistificaciones
totalizantes y entender así el sentido y la dialéctica
interna de la crisis de la proyectación contemporánea?
R- Desde hace dos años estoy trabajando en una investigación
sobre mies van der Rohe. Creo que después de este libro,
podré dejar de ocuparme de la "modernidad" y responder de
forma completa a tu pregunta. Quisiera estudiar otras cosas. Ya
estoy recogiendo material para un libro que tratara del tema del
centro...pero las cosas que quisiera estudiar son muchas...
P-¿La autonomía de la historia excluye un posible "puente
artificial" con la disciplina arquitectónica? Si bien la
historia de la arquitectura se enseña en el Departamento
de historia, ¿es lícito pensar en una"función
pedagógica" de la historia para la formación del
arquitecto?
R- sobre este tema, creo tener una posición, en parte diferente,
respecto a algunos de mis amigos, y lo he discutido incluso públicamente
con ellos. Personalmente, pienso que existe un modo muy reductivo
de ver la relación entre historia y proyectación.
Un modo que curiosamente comprende tanto a quienes piensan que
la historia es un instrumento fundamental para el proyectista,
como a quienes lo niegan. A veces tengo la impresión de
que posiciones opuestas, como por ejemplo la de Zevi y la de Tafuri,
pueden resultar complementarias. Pero no quisiera ser mal interpretado:
no creo que la historia pueda brindar elementos operativos para
la arquitectura, no creo que pueda enseñar a proyectar.
Sin embargo creo que puede inducir a pensar a quienes pretenden
proyectar.
El problema de la relación historia-proyecto no puede ser reducida a
la imagen de Louis Kahn que proyectaba teniendo a su lado a Piranesi y la planta
de Villa Adriana. Este es un modo natural que tienen los arquitectos para relacionarse
con fenómenos, imágenes, episodios culturales que forman parte
de la historia, pero no significa una relación con la historia.
Ni siquiera creo que el historiador deba intervenir operativamente junto al
proyectista, porque es éste quien tiene la responsabilidad total del
proyecto. Pero, por oro lado, no se puede ser un verdadero proyectista si no
se tiene un mínimo de conciencia histórica.
Es útil que los arquitectos piensen en la historia, no como algo que
puede resolver sus problemas, sino como algo que se los aumenta, proponiéndoles
siempre nuevas problemáticas.
Éste es el rol de la historia, y éste es el modo en que trato de
dirigir mis libros a los arquitectos.
P- Entre el intelectual europeo y el latinoamericano, existen
difernecias evidentes de problemáticas. Por ejemplo, Mario
Benedetti, en un artículo publicado recientemente, decía
que la diferencia fundamental era que el intelectual europeo tenía
la posibilidad de pensar en la muerte en términos filosóficos,
mientras que el latinoamericano no podía hacerlo sino en
términos de masacre, de sobrevivencia, y agregaba que nosotros
tal vez estemos frente a una situación similar a la que
ustedes vivieron hace 40 años. Por otro lado es evidente
que los falsos moralismos deben estar fuera de la disciplina histórica,
ya que ellos han impedido estudios fundamentales de momentos históricos
que deben conocerse en profundidad. Entonces, considerando que
la disciplina debe moverse dentro de sus propias leyes en un campo
totalmente autónomo, ¿la relación entre el
compromiso político del intelectual y su operar como historiador,
no es vivido, tal vez, en el límite extremo entre participación
y objetividad?
R- Ciertamente. Yo por muchos años he creído en
la posibilidad de hacer coincidir el compromiso político
con el científico de la investigación, o mejor: el
compromiso político con mi intención de pensar y
tratar de entender.
Ampliando lo que dije al principio, mis últimos libros, y sobre todo
Abitare nel Moderno, son un intento de pensar, no tanto de "hacer historia",
sino de "pensar en la historia". No he trtado de proponer un método
porque no creo que sea el momento de proponer métodos históricos.
Así, fui convenciéndome de que existe un tiempo de la investigación
y un tiempo del compromiso político. Me he dado cuenta de que el compromiso
político no puede reducirse a vivir "el tiempo de la política",
es decir las ocasiones que la política propone y las exigencias que
la vida política de todos los días impone. Creo que hoy nos encontramos
nuevamente frente a grandes elecciones de valores: paz-guerra, sobrevivencia-muerte,
libertad-opresión, etc.
He madurado también una enorme insatisfacción por el modo en
que ha actuado la cultura de izquierda. Esta cultura nos ha impedido ver y
entender muchísimas cosas. Los esquemas que ha utilizado para interpretar
nuestros tiempos derivan de un modo de entender la historia -la historia como "maestra
de la vida" que puede "enseñar" algo "útil" para la vida de hoy
-que es justamente lo opuesto a lo que yo creo. En realidad la historia es
vista probablemente como un "reperto" de donde se aprehenden los hechos, pero
que puede enseñar poco para resolver los problemas. Lo repito, no creo
que la historia pueda enseñar, debe sólo inducir a pensar.
P- En el debate desarrollado en la revista "Casabella" sobre el
término "proyecto", han expresado su opinión Cacciari,
Rella, Rykwert y Vattimo. Teniendo en cuenta que en Abitare nel
Moderno ya afrontaste el problema, ¿cuáles son, hoy,
tus consideraciones?
R- Creo que Massimo Cacciari ha puesto el problema en forma precisa.
Salvo Vattimo, creo que tanto Rella como Rykwert no han entendido
bien su discurso. Cacciari se preguntaba si era posible imaginar
hoy una actividad intelectual capaz de proyectarse fuera del tiempo
histórico, y de tener plena conciencia de los límites
de este tiempo. Es en este sentido que he afrontado el problema
del "proyecto"en Abitare nel moderno.
P- Si en Abitare nel Moderno escribís: "...en la renuncia
se materializa la única relación significativa con
el destino de manifestarse metropolitano, (...) y sólo en
tal perspectiva, la arquitectura contemporánea se demuestra
dotada de consistencia histórica en el acto de medir las
limitaciones de sus propios instrumentos y del propio lenguaje". ¿Qué consideraciones
adquiere, entonces, el término "proyecto" dentro de esta "renuncia"?
R- En Abitare nel Moderno hablo del "proyecto"como "renuncia" y
me refiero a experiencias históricas bastante precisas.
En la tradición cultural que analizo en el libro, creo que
existe la conciencia de que proyectar significa, en alguna medida,
tomar distancia de las promesas que vienen del "progreso". En este
sentido hablo de "renuncia" en sentido heideggeriano. Pero renuncia
no quiere decir oposición preconcebida al progreso, a la
técnica, a la civilización, significa más
bien un rechazo a las soluciones fáciles o "aparentes" que
pueden derivar de ello. Se podría decir que es una especie
de "sospecha"respecto a la civilización, de lucidez -a la
manera de Benjamin- frente a lo límites de nuestro tiempo
histórico, y de heideggeriana claridad hacia el significado
de la técnica para nuestra cultura occidental.
P- Nos parece significativa la interpretación que hacé de
arquitectos como Adolf Loos, Mies van der Rohe y del mismo Aldo
Rossi, que en realidad son quieneshan hecho una experiencia totalmente
individual, de una gran coherencia, siempre dentro de las propias
leyes de la disciplina...
R- Cierto. Cuando doy estos ejemplos quiero enfatizar también
estos aspectos. Es necesario tener conciencia de que la arquitectura,
la "gran arquitectura" se mueve con pasos muy lentos.
Lo que me molesta mucho en ciertas caricaturas de la modernidad es la fe en
los cambios fáciles y rápidos, cuando los grandes cambios son
lentísimos y fatigosos. Hoy todo parece fácil: el "post-moderno" a
menudo reduce la modernidad a un juego, cuando proyectar, en cambio, sigue
siendo un trabajo muy serio.
P-¿Pero esta confrontación entre "moderno"y "post-moderno" implica
un reconocimiento de este último?
R- Pienso que el "post-moderno" no es otra cosa que una repropuesta
de algunos aspectos de aquello que ha sido llamado "movimiento
moderno", pero sin duda con menos disciplina. Es el "movimiento
moderno que renace", pero además es un concepto tan amplio,
que queriendo abarcar todo, significa aún menos.
Nosotros tenemos necesidad de palabras precisas, mientras que el rasgo común
de "moderno"y "post-moderno" es su vaguedad y su carga ideológica.
P- De tu análisis en Abitare nel Moderno parecería
desprenderse que la disciplina arquitectónica debe batirse
en una tensión lacerante entre autonomía y politización
(considerando lo político -como dice Cacciari- como un nuevo
centro armonizante de la pluralidad de lenguajes); pero en ambos
casos, con la profunda conciencia de su crisis de identidad.
¿Qué sentido se debe dar a tus afirmaciones conclusivas: "la politización
de las prácticas y de los fines representa, en los resultados contemporáneos
de la investigación arquitectónica, la única "esperanza" concreta
que la disciplina arquitectónica misma puede proponer a su propia decadencia,
a su propia impotencia; es el único camino que ella puede recorrer para
abrirse al mundo"?¿Sería éste el único "Sentiere
del possibile" para nuestra disciplina?
R- Creo que este es el problema típico de la modernidad
desde el '400-'500 en adelante. A medida que las distintas disciplinas
y los distintos lenguajes se desarrollan. A medida que las distintas
disciplinas y los distintos lenguajes se desarrollan, aparece más
fuerte la cuestión del centro que organiza el sentido, o
que diciendo asegura la síntesis.
Es una característica de la modernidad el hecho de que la decisión
se vuelva siempre más de orden técnico-político. El problema
del "proyecto"es éste. ¿Pero cómo se puede definir la
arquitectura? ¿Qué cosa es proyectar? Es poner juntos saberes,
voluntades; pero esto hoy no basta, es necesaria una decisión ulterior
que empuje a todas estas voluntades a encontrarse en un sujeto. A esta voluntad
yo la llamo "lo político".
P- ¿Pero "político" en el sentido de que está fuera
de la disciplina?
R- sí, también. Son las modalidades de formación
de las decisiones las que empujan: lenguajes, saberes, poderes,
a integrarse en lo que es el proyecto moderno. La importancia de
esta decisión es tanto más grande cuanto más
amplio es el número de lenguajes, poderes y técnicas,
que el proyecto debe coordinar para un fin determinado.
La "esperanza" de la arquitectura consiste en reconocer su propia condición
de "síntesis" aparente. Una síntesis que no es capaz de producir
decisiones, pero que expresa todo su poder en reunir otras formas de poder,
otros lenguajes. Es decir que la arquitectura es un lenguaje entre lenguajes.
P- ¿Pero existe todavía esta posibilidad de síntesis?
R- No en términos clásicos, pero si con Heidegger
reconocemos que la técnica es el fondo, entonces podemos
admitir que la técnica produce síntesis. También
a esto me refería en la conclusión de Abitare nel
Moderno, o cuando me he detenido en la oposición entre los
conceptos de "tierra" y "mundo", de "patria" y "nación";
los primeros como metáforas de una mítica condición
de armonía, los segundos como expresiones de experiencias
de naturaleza exclusivamente histórica.
P- En Teorie del Moderno has operado a través de sondeos
aislados, si bien ellos se disponen siguiendo algunas direcciones
bien definidas. ¿Las "incongruencias", la "no metodología" de
tu trabajo, pueden ser explicadas a través de la teorización
de Tafuri en "Proyecto Histórico"?
R- No, no lo creo. Pienso que "Proyecto Histórico" es un
hermoso ensayo, epro yo no creo en un "proyecto histórico".
Quiero trabajar no por "proyectos históricos", sino a través
de investigaciones con carácter de ensayos, y me gusta el
empirismo que esta actitud me permite realizar. Mi trabajo se basa,
por ejemplo, en acercamientos de estudios de disciplinas distintas,
que no se fundamentan metodológicamente.
Teorie del Moderno es ciertamente un libro que procede a través de "sondeos
aislados", y esto se debe en parte al hecho de querer hacer una antología
de materiales que no eran conocidos en Italia, y ni siquiera en Alemania. Hacer
una antología implica siempre arbitrariedad, pero el ensayo que precede
la antología creo que es una válida demostración del modo
en que trabajo.
P- Franco Rella, en Critica e Storia, ha criticado el paradigma
indiciario de Carlo Ginzburg, marcando la distinción benjaminiana
entre una "construcción" y una "reconstrucción" histórica,
afirmando que toda reconstrucción presupone siempre una
complicidad con el sistema, y la construcción, en cambio,
la destrucción de este orden.
Si en Abitare nel Moderno afirmás que la investigación histórica
usa el método indiciario para poder llegar al "secreto significado de
los eventos", ¿en qué términos concebís la investigación
de estos indicios?
R- Yo concibo la historia como "construcción". En la reconstrucción
existe simplemente la posibilidad de equivocar el modo en que se
ponen las piedras, pero no se presenta el riesgo del "derrumbe",
que en cambio me fascina.
Como ya tuve ocasión de decir en la conclusión de Arquitectura
contemporánea, trato de "construir" la historia, de hacer investigación
histórica animada animada por la voluntad de proponer la construcción
como una forma de mostrarse del pensamiento (con el riesgo que ello puede significar).
P- El tema de la "modernidad" ha sido afrontado desde angulaciones
distintas dentro del Departamento de Historia. ¿Han existido
relaciones y discusiones en su desarrollo, o bien la temática
ha surgido de actividades e intereses comunes pero autónomos? ¿Existen
diferencias de interpretación y de evaluación?
R- Digamos que libros como Abitare nel Moderno y Miti e figure
del Moderno de Rella pueden representar los extremos del arco de
intereses presentes en el Departamento.
No hay dudas de que, actualmente, hay una cierta caída de tensión
en la investigación colectiva, pero esto es debido también a
hechos objetivos, y no puede decirse a priori que sea un mal. Pero a pesar
de todo, el balance de la experiencia representada por el Departamento me parece
positivo, teniendo en cuenta el desastre general en la Universidad.
Me parece evidente que el Departamento de Historia de Venecia ha representado,
y no sólo en Italia, un punto importante de discusión, de investigación
y de trabajo.
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