|
|
|
Giulio Lupo
y Mercedes Daguerre
Entrevista con Massiomo Cacciari
Entrevista publicada originalmente
en la revista Materiales 5, PEHCH-CESCA, Buenos Aires, marzo
de 1985. Número especial
sobre la actividad del Departamento de Historia de la Arquitectura
de Venecia.
Massimo Cacciari es docente de estética en el Departamento
de Historia de la Arquitectura del IUAV; miembro del comité de
redacción de "Laboratorio Político"; es autor de
numerosos estudios entre los cuales recordamos: Metrópolis,
Officina 1973; Saggio sulla crisi del pensiero negativo. Da Nietzsche
a Wittgenstein, Feltrinelli 1974; Oikos, (con f. Amendolagine),
Officina 1975; Crisis, Feltrinelli 1976; Dialettica e critica del
politico. Saggio sul Hegel, Feltrinelli 1978; Dallo Steinhof. Prospettive
viennesi del primo novecento, Adelphi, Milano 1980; Das andere.
Adolf loos e il suo angelo, Electa 1981.
P- ¿Cuáles eran los fundamentos políticos
y culturales de la revista "Contropiano"? ¿Ha cumplido algún
rol en la formación del "grupo portante" de Dipartamento
di Storia dell' Architettura dell' IUAV?
R- "Contropiano", que he dirigido con A. Asor Rosa del '68 al
'71, constituyó un intento de repensar en términos
críticos y culturales más amplios, cierta vía
del obrerismo de los años '60.
Sus colaboradores principales venían todos de la experiencia de "Clase
Operaia" y, a la vez, esta experiencia deriva de otra precedente: los "Quaderni
Rossi", que eran dirigidos por Raniero Panzieri. Pretendía también
desarrollar cierto discurso, particularmente en relación al Partido
Comunista Italiano (P.C.I.). Desde este punto de vista fue violentamente atacada
por toda la llamada "nueva izquierda", que, en cambio, retenía totalmente
cerrada la posibilidad de una relación productiva-orgánica con
las fuerzas tradicionales del movimiento obrero. Entonces, "Contropiano" no
era de ninguna manera, como muchas veces se dice ahora, una revista "extra-parlamentaria",
era en cambio una revista de "área comunista".
Sosteníamos posiciones abiertamente polémicas, con luchas políticas
muy duras con todos los grupos de la "nueva izquierda" extra-parlamentaria
("Avanguardia Operaia", "Lotta Continua", etc.) que operaban en la Universidad
y en particular, en Venecia, en la Facultad de Arquitectura.
"Contropiano" fue, evidentemente, la última iniciativa editorial-cultural
de cierta importancia en esta dirección de investigación, interna
al marxismo crítico italiano de los años '60.
Tal vez una de las contribuciones más originales fue auqella que entonces
se llamaba "la crítica de la ideología", ciertamente desarrollada
en forma más conciente y también más amplia respecto a
las corrientes marxistas tradicionales. Dirección particularmente cultivada
por los historiadores de la Arquitectura. Me refiero principalmente a un ensayo
de M. Tafuri que tuvo mucha resonancia: Para una crítica de la ideología
arquitectónica, publicado por primera vez en "Contropiano". En torno
a Tafuri trabajaba un grupo de historiadores de la arquitectura que colaboraban
en este sector de la revista, particularmente dedicado a la crítica
de la ideología, el cual ha sido descuidado en las experiencias precedentes.
En este sentido, seguramente "Contropiano" tuvo un rol importante dentro de
esta "escuela" -si es válido el término- de Historia de la Arquitectura
de Venecia. Sin embargo, no sabría decir cuánto este hecho esté ligado
con la experiencia didáctica o de organización de la investigación
departamental. Ciertamente, casi todos los historiadores que estaban a la cabeza
del Instituto de Historia de la Arquitectura de entonces (que luego pasó a
ser el Departamento), o colaboraban directamente con la revista, o seguramente
la leían y estaban influidos por ella. Existía, entonces, esta
adhesión político-cultural a la revista por parte de la gran
mayoría de los que operaban dentro del Instituto.
P- ¿Cuáles estrategias o dispositivos quería
introducir esta experiencia respecto al resto de las facultades
y a la Universidad en general?
R- En aquellos años de "Contropiano", experimentación
departamental en cuanto tal, o nuevas formas de organización
de la investigación, no existieron. Había una cierta
afinidad político-cultural en el sentido que el Departamento
era el centro de la presencia del P.C. I. en Arquitectura y en
general en la Universidad de Venecia. Entonces existía una
relación política estrecha, naturalemente fundada
en esta investigación cultural en común. Esto dio
lugar a la experimentación de carácter organizativo
departamental a partir de 1972/73.
En relación a esta situación cultural, creo que estas investigaciones
no tuvieron ningún eco en la Universidad de Estudios de Venecia en Ca'Foscari.
La experiencia de la Facultad de Arquitectura, desde el punto de vista político
(movilización y lucha política interna) y cultural, era del todo
distinta respecto del Ca'Foscari, que en cambio estab bastante cerrada en una
académica condición disciplinaria.
P- ¿Qué rol ha jugado la presencia de un filósofo
en las reflexiones sobre la disciplina de la Historia de la Arquitectura?
R- Tal vez esto se debería preguntar al resto de los integrantes
del Departamento. Mi formación filosófica es también
estética-filosófica y he hecho siempre investigaciones
sobre la Historia del Arte y de la Arquitectura. En aquel tiempo,
trataba de estudiar particularmente la relación entre ciertos
momentos de la Historia del Urbanismo y de la Arquitectura europea
a principios de siglo (principalmente en Alemania) y el desarrollo
paralelo, no tanto del pensamiento filosófico, sino del
pensamiento político-sociológico europeo contemporáneo.
El analizar la nueva Arquitectura y el nuevo Urbanismo austroalemán
entre el '800/'900 junto a algunos autores, en aquel momento poco
conociedos en Italia, como Simmel o Scheffler (autores que he estudiado
sobre todo en Metrópolis), puede ser que haya enriquecido
también en modo profundo el horizonte cultural de los historiadores
de la Arquitectura.
P- ¿Qué direcciones de investigación has
desarrollado dentro del "Dipartamento di Storia dell' Architettura"?
R- Dado que los intereses de los estudiantes estaban orientados
más políticamente que en los últimos años,
busqué hacer cursos que ninguno desarrollaba en Arquitectura,
que trataban de ordenar el lenguaje en materia política.
Era la época de las grandes discusiones sobre el uso capitalista del
territorio, sobre la renta, etc., lo cual, sobre todo en una facultad como
la de Arquitectura, donde entonces faltaban casi completamente enseñanzas
de carácter económico, se hablaba sin fundamento. Por eso mis
cursos eran de clarificación lingüística sobre algunos de
los términos menos críticamente fundamentados y más circulantes
entre la gran masa de estudiantes. Por ejemplo, sobre la historia del concepto
de renta, a la cual me dediqué por varios años. Luego, en cambio,
desde el '76-'77 hasta el '79, elegí temas que me interesaban más:
estudié en aquellos años el pensamiento renacentista e hice cursos
monográficos sobre Arquitectura y Filosofía en el ámbito
de la crisis renacentista, y sobre el concepto de utopía referido siempre
a aquel período.
P- ¿Existe un hilo rojo que relacione Oikos, Metrópolis,
Krisis y Dallo steinhof, y éstos con las reflexiones sobre
el tema del poder? Si has considerado el pensamiento de Michel
Foucault dentro de esta temática, ¿cuál es
tu juicio sobre Foucault historiador?
R- Creo que entre libros como Metrópolis y Oikos las relaciones
son sólo temáticas. En todo caso, hay una relación
evidente entre éstos, que tal vez son los que más
han interesado a los historiadores de la Arquitectura, y Krisis,
que está aún en el ámbito de la crítica
de la ideología; es más, en la introducción,
este término vuelve a estar presente. Con este último
libro, de alguna manera, se cumple este arco de investigación.
Ya Dallo Steinhof se mueve sobre un horizonte muy distinto en el
plano teorético, en una dirección más autónoma
respecto a una orientación propiamente crítica. Por
lo tanto, las referencias entre estos ensayos son más que
nada temáticas, no teoréticas; y ahora me siento
muy lejano de Oikos, Metrópolis y Krisis.
He escrito sobre el tema del poder respecto a los genealogistas franceses,
y naturalmente la grandeza de foucaulto como historiador; como genealogista,
está fuera de discusión.
Mi crítica, desde el punto de vista del aspecto teorético de
este autor, no pone en discusión su riqueza analítica o la extraordinaria
importancia de algunos de sus análisis específicos. Además
tuve la suerte de trabajar en Padua con un profesor, Sergio Bettini, que estaba
ebn estrecha relación con Foucault cuando todavía en Italia nadie
lo conocía.
No hay duda que para mí ha sido un autor decisivo, como otros franceses
de la segunda posguerra, en particular Derrida, tal vez Deleuze menos, pero
los dos primeros son autores absolutamente fundamentales de la cultura europea
de este período; por lo tanto mi crítica no tiene nada que ver
con el juicio sobre su importancia.
Creo que existe en Foucault, y de manera más pronunciada en Deleuze
(sobre todo en el Deleuze de la infeliz colaboración con Guattari),
una visión del poder todavía demasiado bloqueada -por decirlo
en extrema síntesis- sobre el modelo del "panóptico". O sea,
Foucault como genealogista, no ha considerado suficientemente las extraordinarias
transformaciones que existieron en este concepto en el curso de la investigación
de los últimos cincuenta o sesenta años. No es casual que ni
siquiera cite la gran literatura alemana sobre el argumento del poder y su
transformación. Y esto, creo, limita el aspecto teorético de
sus investigaciones, prescindiendo de la riqueza analítica con que afronta
los temas específicamente genealogistas. Más que una crítica
sería una invitación a profundizar estos aspectos teoréticos.
P- En la revista "Casabella" se ha desarrollado un largo debate
sobre el término "proyecto", bajo un título "L' opinione
degli altr" ("Las opuiniones de los otros"), que pretende relacionarse
con otras disciplinas. ¿Qué significado creés
que haya tenido el privilegiar las opiniones de los filósofos?
R- Yo creo que en este debate, tal vez exista nuevamente la posibilidad
de restablecer una relación provechosa entre filósofo
y arquitecto respecto a la clarificación de los fundamentos
analíticos culturales del término "proyecto".
El debate en "Casabella" nace de un coloquio que tuve con Gregotti justamente
sobre este tema, luego del artículo que yo escribí en "Laboratorio
Político". (1)
Nos parecía que aquellas reflexiones podrían tener un significado
para la proyectación arquitectónica y para la superación
de unproyecto todavía tradicional de "vanguardia", para usar este término
en función de la proyectación. Es decir, el proyecto como forma
a priori que luego se debe realizar y aplicar en "corpore vivi". De aquí las
continuas lamentaciones del arquitecto contemporáneo sobre la refractariedad
de la materia política, económica y social, en el aceptar esta
forma a priori por él elaborada.
No hay duda de que en la arquitectura, y sobre todo en la arquitectura moderna,
la cuestión del "proyecto" como forma a priori a realizar, a aplicar
-esta visión logocéntrica- haya tenido una sólida tradición,
y haya generado una serie infinita de equívocos. Razonando juntos sobre
esta problemática, nos hemos esforzado por plantear un debate que focalizara
y puntualizara este aspecto. Es decir, la importancia de una crítica
de la idea de "proyecto" para la proyectación arquitectónica
hoy.
La iniciativa, para mí, no resultó. En efecto, se privilegió la
opinión de los filósofos, y de hecho se transformó en
una polémica entre Rella, Vattimo y yo, sobre la idea de nihilismo.
Los arquitectos intervinieron a través de Rykwert, con un razonamiento,
a mi parecer, insensato sobre Mies van der Rohe, demostrando total incomprensión
de sta figura extraordinaria. El verdadero debate ha sido entre los filósofos.
En sustancia es, sobre todo, una discusión con Vattimo sobre Nietzsche
y Heidegger, que nos interesa desde hace tiempo y que hemos continuado en una
sede impropia.
P- Vos declarás estar a la búsqueda de "un diseño
que sea signo, Riss -singularidad inaferrable al continuum-, composición
rítmica de elementos autónomos. (...) un diseño
(...) capaz, en el momento mismo en que aparece (...) de mostrar
(ya que lo inefable no se dice, pero se muestra, se muestra a sí mismo)
el silencio im-producible que lo abraza".
No nos parece una afirmación sustancialmente opuesta a la de Rella. ¿Cuáles
son los puntos en común y cuáles las divergencias?
R- también aquí, sobre esta cuestión específica,
justamente se llama la atención sobre el problema del "proyecto" que
interesa al arquitecto. Y tienen razón al decir que no hay
ninguna diferencia entre lo que digo yo y lo que dice Rella. La
diferencia de posiciones es sobre el tema del nihilismo y su eventual
superación. Ahí está la diferencia entre nosotros,
como entre Vattimo y yo, por razones completamente opuestas, dado
que Vattimo tiene una perspectiva de aceptación del nihilismo
cumplido. Para Rella en cambio el problema de la superación
del nihilismo se pone en términos casi acríticos,
en el sentido de que pasa a través de la búsqueda
de categorías filosóficas totalmente contaminadas
y que son copartícipes de la historia del nihilismo, y por
lo tanto, sería una superación muy débil,
que se sostiene sólo sobre un equívoco en relación
a la historia del nihilismo.
Entonces la diferencia no está en la cita que ustedes indican, sino
en una cuestión general de orden histórico filosófico,
cuya importancia para la proyectación arquitectónica hoy no sabría
delimitar. Advierto en cambio la importancia de una crítica, también
lingüística a la idea de "proyecto". Estas eran nuestras intenciones,
pero no tuvieron buen resultado en el debate, tal vez debido a mi primera intervención
que luego me llevó a privilegiar el aspecto filosófico del problema
y a dar la impresión, con las citas de Loos o de Mies van der Rohe,
de hacer sólo un razonamiento para lelo de historia de la arquitectura,
y no ejemplificar un problema actual.
P- F. Dal Co hace una referencia a Metrópolis escribiendo
en Abitare nel Moderno "...los más originales entre los
protagonistas del drama "Das Moderne" terminan por escuchar sólo
las palabras de la simia, ignorando la enseñanza de Zaratustra".
¿Cuál creés que sea la influencia nietzscheana en el pensamiento
arquitectónico contemporáneo?
R- Esta cita de Dal Co es uno de los puntos que se refiere a lo
que hemos dicho al principio. Es decir, esta lectura de Zaratustra
en Metrópolis puede haber servido a los historiadores de
la arquitectura para librarse de uno de los vicios de la modernidad
y de ciertas tendencias de "vanguardia", desde dos puntos de vista:
o una visión antimetropolitana -que a veces se apoyaba también
en el mismo Nietzsche, asumiendo no sus palabras, sino justamente
las de la simia- o en cambio, esta lectura, que retiene ausente
en Nietzsche toda nostalgia (a diferencia de otras tendencias de
la cultura alemana a él contemporánea, como por ejemplo
Troeltsch). Visión así presente e importante para
ciertos aspectos del pensar arquitectónico contemporáneo.
La crítica a esta tendencia comunitaria-organicista de algunos
sectores de la arquitectura podía encontrar a través
de esta lectura de Nietzsche un fundamento más sólido,
más amplio, culturalmente más rico y motivado. Por
otro lado, esta misma lectura permite también una crítica
de la simple racionalidad del lenguaje metropolitano, que evita
totalmente el problema -por decirlo con los precedentes términos-
de la superación de su nihilismo realizado. Ya que milectura
de Nietzsche desde entonces se mueve un poco sobre estas dos direcciones,
puedo decir que Nietzsche no es un reaccionario frente a la metrópolis,
pero tampoco es un apologista de la misma. Se esfuerza en ver o
prever el fuego que la quemará por las contradicciones y
las "aporías" insuperables dentro del lenguaje metropolitano.
Esta dirección de investigación histórico-filosófica
puede talvez haber contribuido a una crítica de ciertas
tendencias de la arquitectura o del pensar arquitectónico
contemporáneo.
P- Considerando la abundante producción editorial sobre
los problemas metodológicos de "Hacer Historia", ¿en
qué términos creés que deba ser concebida
la investigación histórica?
R- Yo creo que la investigación histórica es una
especie de frecuentación con los muertos, porque simplemente
no han dejado de morir -parafraseando a Benjamin-, entonces, se
sostiene mientras se sienta este reclamo y su débil fuerza
que nos llama a una redención tal vez imposible. Permanece
abierto este espiral y se siente la tenue fuerza que llama del
pasado, porque ese pasado no ha dejado de morir. Cuando ya no se
advierte, y entonces se trata de materiales, de "estados", que
se tratan en un modo o en otro, la total esterilidad de este acercamiento
me parece de todos modos evidente, prescindiendo de la metodología
del acercamiento mismo.
El historiador es tal mientras sienta que aún hay algo por salvar, mientras
sea así "vocatus". Si luego no lo es para nada, cualquiera sea el texto
que afronte, yb de la manera que lo afronte, genealógicamente, indiciariamente,
o en otra forma, para mí no cambia abosolutamente nada.
Diría que hoy estamos atormentados por un ultrametodologismo de estos
mecanismos de superfectación metodológica respecto también
a la "inmediatez" del acercamiento, que compromete la capacidad de escuchar,
retomar y también revivir. Por otro lado, los grandes historiadores
se han movido así y no se entiende la repentina necesidad de este metodologismo.
P- Sobre la base ya conquistada por obra de las investigaciones
del Deparamento de Historia, en cuanto el "movimiento moderno" no
es otra cosa que una fábula, "una construcción histórica
consumada pero paradójicamente mantenida en vida como falso
pasado", ¿no sería el "Post-modern" una ulterior
fábula que propone categorías absolutamente ineficaces
para cercar aquel "territorio inquietante"?
R- Estoy perfectamente de acuerdo con Tafuri y Dal Co, desde siempre,
en la idiotez de la definición canónica de "movimiento
moderno" y de estas grandes categorías en donde "todas las
vacas son negras y todos los gatos son grises". De la misma manera
soy absolutamente contrario a definiciones del tipo "post-modern",
que no comprenden aquella que, en todo caso, es el modo característico
actual, es decir: la "polivocita"(multiplicidad de voces), la explosión
de lenguajes corrientes, modos intraducibles en denominadores comunes.
Entonces este "post-modern" que quisiera todo al negativo, reintroduce
un común denominador que me parece una colosal mistificación,
todavía más que, en el "movimiento moderno", en el
cual tal vez algunos "istmos" podían resistir a una lectura
totalmente escolástica y superficial. Además lo que
cuenta es la diferencia, lo importante es el margen, el confín
y el riesgo que existe en torno a estos "pseudo-centros".
Pero además la cuestión se vuelve insensata cuando se habla de
un "post-modern", ya que por un lado nos damos cuenta de que también
estos últimos "istmos" se han desmoronado, que ya ni siquiera bajo el
perfil periodístico, escolástico o académico se sostienen.
Sin embargo, justamente entonces, se trata de re-introducirlos paradójicamente
al negativo, con esta definición que no define nada.
Sería necesario cancelar de nuestro lenguaje términos como "movimiento
moderno", "post-modern" o "vanguardia". Porque precisamente las últimas
investigaciones, como entre otras las de Tafuri en La esfera y el laberinto,
demuestran la abundancia, la riqueza de motivos no vanguardistas en la denominada "vanguardia",
al contrario: motivos tradicionalistas, motivos mítico-arquetípicos.
Es decir, motivos -en el sentido literal del término- "re-accionarios".
Ahora la investigación se ve liberada de estos mitos progresistas-vanguardistas,
por lo tanto aboliría totalmente estos términos en donde la mistificación
es por demás evidente.
P- ¿Cuáles son las recíprocas influencias
y afinidades de la producción historiográfica del
Departamento?. Y, aparte de las divergencias teoréticas, ¿sobre
cuáles nuevas orientaciones es aún posible llevar
a cabo investigaciones en común?
R- Diría que Abitare nel Moderno de F. Dal Co se liga más
a mis investigaciones en Metrópolis y Oikos. Tal vez La
esfera y el laberinto de M. Tafuri presenta también un interés
en este sentido. Es decir, una atención por la presencia
de momentos de estabilidad, de permanencia de las figuras, de las
formas, alrededor de las cuales se disponen también los
hechos artístico-arquitectónicos.
No hay duda de que en nuestras experiencias anteriores, como aquella alrededor
de "Contropiano", teníamos una impaciencia por la "novitas", por la
ruptura. Es decir que los elementos que mayormente se enfatizaban eran los
de la originalidad. Existía un poco esa juvenil ansia por estos aspectos
que, me parece está justamente, finalmente replanteándose.
Ahora, por el contrario, se están valorizando principalemnte aquellas
que en cambio llamaría "ondas largas"en la estructuración espacio-temporal
de las grandes formas arquitectónicas, artísticas, y justamente
por mi parte, también filosóficas. Existe entonces este elemento
de mayor "religiosidad" -extendiendo el término en su significado etimológico-,
hay mayor "vincolo-religio". Estamos más vinculados a situaciones, terrenos,
lenguajes, que tal vez demasiado "vanguardísticamente"creímos
haber superado. Para decirlo en otros términos, había una obsesión
de la superación -dicho a la manera de Canetti-. Hoy, en cambio, tal
vez estemos más atentos a estos momentos de "religio". Esto es importante
porque me parece que ya podría dar resultados también sobre el
plano histórico, como he notado en La esfera y el laberinto.
Por otra parte creo que la atención que Tafuri dedica ahora al Humanismo
va en esta dirección: repensar las grandes crisis a la luz de categorías
más sólidas. Vivimos en una época en la cual está en
crisis el concepto de "crisis", en la que todas las investigaciones se están
orientando más en la apreciación de estas "ondas largas", o de
los motivos de tradición, más sobre los aspectos de duración
que de violenta, y un poco ingenua, discontinuidad.
La "deconstrucción", que ha sido cumplida por el grupo de historiadores
del Departamento, del concepto de "Movimiento Moderno", de "vanguardia", seguramente
ha facilitado esta nueva dirección de la investigación. Porque
justamente deconstruyendo estos momentos que fueron siempre interpretados sobre
la base de categorías discontinuas, de ruptura "progresista", ha puesto
en evidencia, en cambio, estos motivos de permanencia y continuidad que no
son para nada contradictorios. Entre otras cosas, es muy curioso que críticos
abiertamente reaccionarios (también desde el punto de vista político)
de los movimientos artísticos del '900 como Sedlmayer, los interpreten
en la misma forma que los críticos progresistas, sobre la base de categorías
de discontinuidad y ruptura, unos para decir "bien-bien", los otros para decir "mal-mal",
pero desde el punto de vista de la estructura lógica de sus razonamientos
la operación es prácticamente idéntica.
Este tema se liga también a la crítica de la idea de "proyecto",
justamente porque es esta idea la que sostiene el impulso, esta obsesión
de la "superación", esta impaciencia progresiva. En definitiva, hacer
la "deconstrucción" de los movimientos artístico-figurativos
y cultural-filosóficos contemporáneos, para poner en evidencia
los aspectos sobre los cuales es posible hallar un resultado útil: una
relación muy distinta que en el pasado entre operadores de disciplinas
propiamente históricas (Historia de la Arquitectura, Historia del Arte)
y operadores de disciplinas filosóficas, si el término tiene
aún algún significado. Sobre esta base, tal vez se pueda seguir
una nueva fase de experimentación, porque si en la época de "Contropiano" éramos
un grupo, ahora no lo somos de ninguna manera, ni desde el punto de vista de
las investigaciones, ni desde el punto de vista temático, ni siquiera
probablemente desde el punto de vista teorético. Existen problemas comunes,
y sobre éstos, con planteos, angulaciones y resultados distintos, tal
vez se pueda trabajar juntos.
P-¿En este momento se podría hacer un balance crítico
de la producción historiográfica y del camino desarrollado
durante esta experiencia...?
R- Creo que sobre mi participación y sobre mis trabajos,
tendrían que juzgar los demás miembros del Departamento,
personalmente sólo puedo decir que estoy totalmente insatisfecho.
En efecto, ahora debo hacer otros trabajos lo antes posible. Con
respecto a la producción del Departamento me parece que
de todo se puede hablar excepto de fracaso; tanto en la operación
de la primera fase sobre la crítica de la ideología
arquitectónica, como en la fase intermedia de la crítica
de ciertas formas de proyectar arquitectónico-urbanísticas
contemporáneas -digamos "antimetropolitana"- de racionalización
de este dato insuperable de la organización de la ciudad,
y en el criticar los razonamientos de la simia de Zaratustra en
todos sus aspectos; y luego, últimamente, en el "deconstruir" -en
términos también nuevos- los macroconceptos que han
atormentado la investigación historiográfica contemporánea,
y también en el comenzar a indicar las grandes permanencias
de estructuras de fondo en la transformación de las formas.
En todos estos campos y en ttodos estos momentos, creo que los
historiadores del Departamento han dado resultados apreciables.
En ellos existe una trama de problemas de orden cultural y filosófico;
sobre esto no hay dudas, en el sentido que estos historiadores
de la arquitectura son, también en el ámbito de la
disciplina, seguramente los más filosófica y culturalmente
preparados.
|